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Draco Dormiens 2

Disclaimer: esta historia está basada en personajes y situaciones creadas y de la propiedad de JK Rowling, varias editoriales entre las que se incluyen Bloomsbury Books, Scholastic Books, Raincoast Books y la Warner BROS. No se gana ningún dinero y no hay ningún copyright ni marca de registro. Otras citas se harán cuando sea necesario.

Por Cassie Claire. Traducción de Estela R. G..

Capítulo Dos: Harry En la Mansión




Después de la comida Harry tenía práctica de quidditch. Draco fue al campo de quidditch pronto y se sentó al sol, con la Saeta de Fuego de Harry en la mano. Era algo que valía la pena, tenía que admitirlo. Su padre se había negado a comprarle una hasta que venciera a Harry jugando a quidditch, lo que, como Draco había señalado, era muy difícil que sucediera hasta que tuviera una Saeta de Fuego con la que poder alcanzar la velocidad de Harry.

Un movimiento por el rabillo del ojo le avisó de la presencia de alguien más en el campo, alguien que caminaba hacia él: una chica muy guapa con túnicas azules, con largos cabellos negros que le caían por la espalda. Draco la reconoció vagamente como la buscadora de Ravenclaw, contra quien había jugado anteriormente.

- ¡Hola, Harry! - le llamó ella con una voz cantarina.

Draco la saludó con la mano, aunque todavía estaba examinando la Saeta de Fuego. Estaba, de hecho, bastante nervioso por culpa de la sesión de entrenamiento. Harry tenía una manera muy personal de volar y, bien... a Draco no le gustaba tener que admitirlo, pero Harry volaba mucho mejor que él. Sus compañeros de equipo quizás...

La chica se dejó caer en la hierba junto a él, desconcentrándole. Draco estaba enfadado. Había estado esperando con ilusión tener unos pocos minutos más a solas con la Saeta de Fuego, acostumbrándose a ella.

- Harry, Harry, Harry - dijo la chica, mirándole como si fuera un osito de peluche adorable aunque algo sucio.

- ¿Sí? - preguntó Draco - ¿Querías algo?

- No me has pedido que saliera contigo durante dos días - dijo la chica -. Normalmente me hubieras acorralado o me hubieras mandado una lechuza a estas alturas.

- He estado ocupado - contestó Draco.

- ¿Ocupado? - escupió la chica con un tono que sugería que ningún chico le había dicho hasta entonces que no podía ir tras ella porque estaba ocupado.

- La mía no es una vida tranquila, siendo Harry Potter - continuó Draco, expresando sus pensamientos en voz alta -. Tengo que ir a las clases, además del quidditch, además de las entrevistas para El Profeta, hay muchas cosas buenas por hacer y mucha maldad que derrotar, además de que estoy bajo amenaza de muerte por el asesino sin conciencia que mató a mis padres. No puedo permitirme perder el tiempo corriendo detrás de las mujeres.

La chica le estaba mirando con la boca abierta. Francamente, parecía mucho menos guapa así.

- Si crees que vas a conseguir que salga contigo mientras me hablas de esa manera - dijo, con la voz tensa por la furia - estás muy equivocado, Harry Potter.

- Perfecto - contestó Draco -. No salgas conmigo. Soy muy famoso, podría tener de novia a cualquier chica que quisiera.

Con un grito de rabia, la chica se puso de pie y se alejó dando grandes zancadas por el campo de quidditch. Draco la contempló mientras se marchaba, agradeciéndole en silencio que hubiera apartado de su mente el horror al entrenamiento de quidditch.



***.



Si Harry hubiera sabido que Draco Malfoy estaba en ese momento arruinando cualquier oportunidad que pudiera haber tenido con Cho Chang se hubiera enfadado mucho. Pero como estaba dormido en la parte de detrás del carruaje invisible de Lucius Malfoy (Madame Pomfrey no había permitido que Lucius se desapareciera con su hijo mientras éste estaba inconsciente), siendo llevado hacia la Mansión Malfoy, no pudo enfadarse.



***.



En el campo de quidditch, Draco había descubierto que no había nada de lo que preocuparse: no sólo había heredado la aguda visión de Harry, sino que también había adquirido sus espectaculares habilidades con el quidditch. Draco subió y bajó a toda velocidad con su escoba, asombrado de lo fácil que era. Cuando practicaron un poco cogió la snitch rápidamente, y realizó unas pocas volteretas en el aire con ella en la mano mientras los compañeros de equipo de Harry aplaudían y silbaban. Hermione, que había venido a ver cómo iba el entrenamiento, también le empezó a aplaudir.

- ¡Eres impresionante, Harry! - le gritó.

Draco la saludó con la mano, justo cuando ocurrió todo: sin darse cuenta de que Hermione estaba en el campo, George golpeó una bludger hacia el suelo con todas sus fuerzas. La bludger fue directamente hacia Hermione, que estaba demasiado asustada como para moverse.

Sin detenerse a pensar, Draco lanzó la escoba de Harry en una espectacular bajada, lanzándose contra el suelo como una bomba, acelerando en dirección a la bludger. Iba tan rápido que casi no podía creerlo. Ya estaba al mismo nivel que la bludger, pero casi en el suelo... estaba frente a la bludger...

Draco dio media vuelta a su escoba violentamente, poniéndose entre la bludger y Hermione, y recibiendo un fuerte golpe en el estómago cayó de la escoba y se pegó contra el suelo, ahora a sólo medio metro de distancia. La Saeta de Fuego cayó sobre él.

Draco se quedó tumbado en el suelo durante un segundo, intentando respirar como bien podía. Oyó el sonido de unos pies golpeando el suelo y vio al equipo de Gryffindor al completo aterrizando para comprobar si estaba bien.

Lentamente, Draco se alzó sobre los codos. Le dolía el estómago, pero no parecía tener nada roto. Levantó la mirada y vio a Hermione contemplándole, blanca del susto.

- Harry - dijo ella -. Podrías haberte matado.

Draco apartó la mirada, sintiéndose muy incómodo, y vio al resto del equipo de Harry apiñado a su alrededor. George es estaba disculpando, Fred estaba pegando a George y Angelina, Katie y Alicia se estaban turnando en reconfortar a Hermione y en dar palmaditas a Draco en la cabeza. Finalmente, Draco se las arregló para ponerse de pie.

- Basta por hoy - dijo Fred, el capitán del equipo -. Vuelve al castillo, Harry. Ya has tenido el suficiente ejercicio.

- Yo iré con él - se ofreció Hermione, poniéndose de pie.



***.



Hermione, extrañamente nerviosa, habló durante todo el camino de vuelta hacia el castillo.

- Todo el mundo está hablando sobre cómo asustaste a Goyle durante Cuidado de Criaturas Mágicas, Harry, fue algo impresionante. ¿Qué le dijiste?

Draco sonrió.

- Nada, sólo le amenacé con un pequeño duelo entre magos... Ya sabes que no es bueno en ese tipo de cosas.

- Bueno, fue brillante, ¡si hubieras visto cómo te miraba! ¡Y cómo corrió luego!

Hermione empezó a reír. Draco se giró a mirarla, y, sin ni siquiera detenerse a preguntarse qué demonios hacía, dejó caer la Saeta de Fuego y la bolsa con su uniforme de quidditch, cogió a Hermione y la besó.

Por un momento, ella cedió ante el beso. Luego sus brazos se pusieron tan rígidos como los palos de las escobas voladoras mientras se apartaba de él.

- ¡Harry, no! - sus ojos le contemplaban demasiado asustados.

Por primera vez en su vida Draco no supo qué decir.

- No deberías reírte de mí de esta manera - dijo Hermione mientras se le llenaban los ojos de lágrimas -. No es justo.

- ¡No me estoy riendo de ti! - contestó Draco, encontrando su voz.

- No es justo - repitió ella -. Harry, eres mi mejor amigo y sé lo que sientes por Cho...

- ¿Cho? - la mente de Draco estaba en blanco - ¿La buscadora de Ravenclaw?

Hermione le dirigió una extraña mirada.

- ¡Esto explica por qué ha actuado así! - exclamó Draco antes de volver a mirar a Hermione y añadir rápidamente -. Escucha, estoy bien respecto a ella, Hermione. Ella ni siquiera es...

- ¡Harry! - dijo ella, dándole una advertencia sin necesidad de más palabras.

Se miraron el uno al otro. Luego Draco hizo algo que no había hecho nunca antes.

- Lo siento, Hermione - dijo.

Ella suavizó su expresión, así que Draco siguió hablando, algo más esperanzado.

- Me he estado sintiendo fuera de mí desde... eh... desde que Draco me golpeó la cabeza contra el suelo en Pociones...

Acababa de cometer el único error que podía haber cometido. Hermione dio media vuelta.

- No importa - dijo con una voz muy fina, empezando a caminar de nuevo -. Sé que no ha significado nada para ti.

Pero sí que ha significado algo para mí, pensó él mientras la seguía de vuelta hacia el castillo. Sí que lo ha hecho.



***.



Ya estaban a medio camino cuando vieron a Ron corriendo hacia ellos.

- ¡Harry! - gritó el pelirrojo - ¡No me puedo creer que me aya perdido Cuidado de Criaturas Mágicas! ¡He oído que has destruido completamente a Goyle!

- “Destruido” es un poco fuerte - protestó Draco, aunque se rió cuando Ron le palmeó en la espalda.

- Tengo que ir a la biblioteca - comentó Hermione cuando entraron en el castillo -. ¡Lo siento!

Y se marchó sin mirarles, mientras Ron la contemplaba con curiosidad.

- ¿Se encuentra bien?

- Sí, sólo está un poco nerviosa por el examen de Encantamientos de mañana. Ya la conoces - mintió Draco, sintiendo una desagradable punzada de culpabilidad según lo decía.

Cuando llegaron a la sala común de Gryffindor, Dean Thomas y Neville Longbottom les recibieron con gritos de bienvenida. Draco no estaba de buen humor, así que les empujó según pasaba a su lado y subió las escaleras hasta su habitación, donde se sentó durante un buen rato contemplando el álbum de fotos mágico lleno de fotografías de los padres de Harry, que le saludaron con la mano y sonrieron de una manera que Draco nunca había visto en sus padres.



***.



Hermione había, de hecho, ido a la biblioteca, aunque no para estudiar. Necesitaba unos momentos para pensar y estar sola. Harry la había besado. ¿No debería estar en éxtasis, o, al menos, contenta? Había estado encantada al poner él sus brazos alrededor de ella, pero segundos después había sido golpeada de lleno por un extraño sentimiento de... error... que no había sentido nunca antes. Por ese motivo se había apartado de él. Conocía a Harry tan bien, pensó, sabía qué aspecto tenía cuando se despertaba por las mañanas, cuáles eran sus reacciones cuando estaba cansado, feliz, asustado, preocupado; cómo olía, normalmente a jabón y a hierba del campo de quidditch. Pero esta vez, cuando había puesto sus brazos a su alrededor, había tenido un olor diferente... como... ¿pimienta?

Suspiró y apoyó la cabeza en la mesa. Hermione, pensó, eres una estúpida. Has estado enamorada de Harry durante muchos años. ¿Qué más da si él ha cambiado su colonia?

Cansada, Hermione se levantó y fue a cenar.



***.



Esa noche, en la mesa de Gryffindor, Draco se sentó entre Ron y Hermione (que parecía decidida a actuar como si no hubiera pasado nada), sintiéndose extraño, no hambriento; se dedicó a juguetear con la comida mientras les escuchaba hablar y reir. Su mente bullía con preguntas. ¿Por qué nadie se había dado cuenta de que él no era Harry Potter? Sabía que no actuaba demasiado bien como Harry Potter; si él odiaba a Harry, ¿cómo era posible que hiciera su papel tan bien? Sólo se parecía físicamente a Harry, pero de esta manera todo el mundo creía que él era Harry y precisamente por ese motivo, caía bien a todo el mundo, no sólo a los gryffindors, sino que también a lo hufflepuffs y ravenclaws; estudiantes cuyos nombres Draco nunca se había preocupado en aprender se dirigían a él y hablaban con él con toda tranquilidad. Era desorientador.

Pero lo más desorientador era que le gustaba, y que era como si tomando la apariencia de Harry se hubiera convertido también, de alguna manera, en el propio Harry, sin que pudiera evitarlo. El “Harry interior” estaba escondido en su pecho, y le obligaba a hacer cosas como rescatar al sapo de Neville, salvar a Hermione de la bludger y... besarla. No podía creerse que él hubiera hecho eso. ¿Por qué? Debía ser que Harry sentía alo hacia ella, por lo que ahora Draco también lo sentía. Pero si ella supiera... supiera quién era realmente...

Algo que había estado bullendo en algún lugar oculto de su mente se cristalizó súbitamente en un cortante y doloroso pensamiento. ¿Qué pasaría si Harry moría? ¿Qué pasaría si nunca se despertaba? ¿Estaría él, Draco Malfoy, condenado a ser Harry Potter para siempre?

- Harry - le llegó la voz de Hermione -, ¿qué te pasa? Pareces a mil kilómetros de aquí.

Draco apartó bruscamente su silla de la mesa y se levantó con un rápido movimiento.

- Tengo que irme - musitó, y, abriéndose camino entre unos asombrados Ron y Hermione, salió fuera del Gran Comedor, cruzando rápidamente el vestíbulo y subiendo las escaleras hasta la enfermería, donde golpeó la puerta cerrada hasta que ésta fue abierta por una enfadada Madame Pomfrey, cuyos ojos se abrieron de par en par al verle.

- ¿Qué te pasa, Potter, estás enfermo? - le preguntó.

- Estoy aquí porque... necesito ver... a Malfoy - susurró casi sin aliento - ¿Todavía está inconsciente?

Madame Pomfrey le dirigió una mirada de profunda sospecha.

- Supongo que es conveniente que sepas - dijo - que Draco Malfoy ya no se encuentra con nosotros.

El asombro hizo que Draco se tambaleara y que su visión se disolviera en una mala acuarela de muchos colores.

- Está... - intentó decir con una voz bastante tomada - Él está... está... está muerto, ¿verdad?

Madame Pomfrey se sobresaltó.

- ¡No, Potter, por supuesto que no está muerto! - contestó secamente - ¡Por favor! Ha sido mandado a su casa temporalmente. Su padre vino a recogerle esta misma tarde.

Y cerró la puerta en las narices de Draco.



***.



Había una luz, débil al principio, que se iba convirtiendo poco a poco en un desagradable resplandor. Harry gruñó y dio media vuelta, abriendo los ojos.

Quiso sentarse, pero el asombro le mantenía pegado a la cama. Se encontraba en un dormitorio, pero un dormitorio como nunca había visto antes. Las paredes estaban recubiertas por piedra sin pulir, y el techo era tan alto que desaparecía en la oscuridad, a pesar de la brillante luz del sol que se colaba a través de las ventanas de cristal con formas arqueadas. La gran cama de cuatro postes en la que estaba tumbado, adornada con terciopelo negro en el que brillaban varias serpientes doradas, era el único mueble en la habitación, aparte de un enorme guardarropa colocado contra la pared más alejada, que, por encima el armario, estaba cubierta por un adornado diseño de una letra “M”.

Fue la “M” la que le dio la pista definitiva. Harry se sentó y gritó, contemplando sus propias manos (que no eran sus manos), largas, pálidas y extrañas. Tocó su frente y no sintió la cicatriz. Finalmente, desesperado, se arrancó un poco de cabello y lo contempló mientras los finos hilos de plata caían sobre las sábanas.

Todavía era Draco. Y lo que rea peor; se encontraba, de alguna manera, en la casa de Draco Malfoy. Debía haber estado inconsciente durante bastante tiempo y alguien le habría traído hasta allí.

Justo en ese momento se abrió la puerta, apareciendo la silueta de Lucius Malfoy. Iba vestido con ropas de color negro, como en toda las ocasiones en las que Harry le había visto anteriormente. Harry sintió como se le congelaban las manos.

- Bueno, chico - dijo Lucius, acercándose a la cama -. ¿Sabes ahora quién eres?

Harry le contempló, dudando. Parecía que Lucius no sabía quién era realmente. Si supiera que Harry Potter estaba en su casa...

- Draco Malfoy - contestó -. Tu hijo.

La cara de Lucius se deformó en una fría sonrisa.

- Le dije a esa tal Pomfrey que no sabía de lo que estaba hablando - dijo, satisfecho -. No te ocurre nada, muchacho. Ningún Malfoy ha olvidado nunca quién es.

Harry miró a los fríos ojos grises del padre de Draco sin decir nada. Su garganta parecía negarse a dejar salir cualquier palabra.

- Muy bien, ya que estás aquí - dijo el señor Malfoy -, podemos divertirnos un poco.

Y se levantó la capa para que Harry viera una larga espada plateada que pendía de su cintura. El estómago de Harry se contrajo. No se cree que yo soy Draco, pensó desesperadamente, y ahora va a partirme en pedazos.

- ¿Qué te parece si practicamos un poco de esgrima? - sugirió Lucius Malfoy - Comprobemos tus habilidades, muchacho.

Genial, pensó Harry, sí se cree que yo soy Draco y aún así va a partirme en pedazos.

- De acuerdo, padre - dijo Harry, estremeciéndose al escuchar la arrastrada manera de hablar de Draco.

El señor Malfoy parecía impaciente, así que Harry sacó las piernas por un lado de la cama y casi dejó escapar un grito cuando sus pies tocaron el suelo: estaba helado. El señor Malfoy no pareció preocuparse porque su hijo se estuviera helando los pies, así que salió rápidamente de la habitación, y Harry, todavía descalzo, fue tras él, encontrándose casi corriendo para mantener el paso de Lucius Malfoy mientras recorrían un largo pasillo adornado con los retratos familiares de los Malfoy, entre los que se podían distinguir algunas mujeres muy guapas que eran, definitivamente veela (de las que Malfoy debía haber heredado el cabello), algunos hombres bastante pálidos que eran probablemente vampiros, y un mago de aspecto desagradable a quien habían retratado a lomos de una enorme araña cuyas bridas estaban anidadas en torno a sus venenosas pinzas. Ewcs, pensó Harry, qué grupo más horrible.

Lucius Malfoy abrió una gran puerta de piedra, con un movimiento de su varita, y entró, seguido de cerca por Harry, que se encontró en otra enorme habitación de suelo de piedra y decorada con tapices que representaban varias escenas de una batalla entre magos, en las que brujos de aspecto enfadado corrían unos contra otros, utilizando sus varitas para decapitar, apuñalar y quemar a sus víctimas. Mientras Harry miraba con la boca abierta, horrorizado, un gnomo con una larga espada centelleante perseguía a un mago de un tapiz a otro.

Lucius, siguiendo la mirada de Harry, asintió complacido.

- Sí, acabo de mandar que limpien los tapices; la sangre estaba empezando a parecer bastante sucia y no demasiado brillante. ¿Empezamos?

Y lanzó una larga y puntiaguda espada a Harry, quien la contempló dubitativamente.

- ¡En guardia! - dijo Lucius.

Harry levantó la espada, decidido a sangrar todo lo posible mientras moría para así, con un poco de suerte, destrozar el precioso suelo de piedra de los Malfoy. Afortunadamente para él, en ese momento sonó un golpe en la puerta de piedra, que se abrió. Un mago alto vestido con una túnica color verde oscuro entró en la habitación.

- Hola, McNair - dijo Lucius Malfoy, bajando la espada y dando la espalda a Harry -. ¿Ha sido Narcisa quien te ha dejado entrar?

- Me dijo que estabas aquí, sí - dijo el hombre alto, a quien Harry reconoció como al mago que trabajaba en el Departamento de Regulación de Criaturas Mágicas Peligrosas. También era, según recordó Harry, un mortífago.

- Tengo algunas noticias... - se paró al ver a Harry - Hola, Draco, no sabía que hubieras vuelto a casa.

- Su madre quería verle - dijo Lucius, restándole importancia -. Ya sabes cómo son las mujeres. Le echa mucho de menos mientras está en el colegio.

Lo que demuestra que esta mujer está loca, pensó Harry.

- Bueno, las noticias que te traigo tienen bastante que ver con Hogwarts - dijo McNair -. Lucius...

El hombre paseó la mirada de Lucius Malfoy a Harry.

- Puedes decir lo que quieras frente a Draco - dijo Lucius Malfoy -. Ya hace mucho tiempo que es parte del Plan.

- Cierto - asintió McNair -. Lo había olvidado - se giró hacia Harry -. ¿Cómo a tu trabajo? - le preguntó - ¿Estás predicando la palabra del Señor Tenebroso?

- ¿Qué? - preguntó Harry, anonadado. Siempre había sabido que Draco no era buena persona, pero...

- Ya sabes - dijo McNair -. Si estás manteniendo vivo el mensaje del Señor Tenebroso entre la gente de tu generación. Asegurándote de que la gente adecuada recibe el mensaje correcto. Arreglando los encuentros entre los mortífagos - añadió -. Manteniendo a raya a los sangre sucia.

- Oh, sí - contestó Harry, que temblaba de rabia y casi ni se daba cuenta de lo que estaba diciendo -, yo y los slytherins, fuimos todos juntos a hacer negocios y conseguimos mucho dinero para dedicar a planes malignos. Sin problemas.

McNair no pareció haber oído esto.

- Recuerdo cuando estuve en Slytherin - dijo -. ¡Eso sí que fueron grandes días! - se giró hacia Lucius Malfoy - Así que, Lucius - dijo -, quiero hablarte sobre el Plan. Y sobre Harry Potter.
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