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Draco Dormiens 3

Disclaimer: esta historia está basada en personajes y situaciones creadas y de la propiedad de JK Rowling, varias editoriales entre las que se incluyen Bloomsbury Books, Scholastic Books, Raincoast Books y la Warner BROS. No se gana ningún dinero y no hay ningún copyright ni marca de registro. Otras citas se harán cuando sea necesario.

Por Cassie Claire. Traducción de Estela R. G..

Capítulo Tres: Narcisa Malfoy




- ...Y sobre Harry Potter.

Harry dejó caer la espada que sostenía, que cayó al suelo con un fuerte golpe, haciendo que Lucius y McNair se giraran hacia él.

Lucius frunció el entrecejo.

- ¿Sí, Draco? ¿Tienes algo que añadir?

Con un esfuerzo, Harry se auto obligó a hablar.

- ¿Qué pasa con Harry Potter?

Lucius le miró con dureza.

- Draco - explicó a McNair - habla sobre el joven Harry a todas horas, ¿o no, muchacho?

Esta nueva información no satisfizo en absoluto a Harry.

- Tengo... tengo que jugar contra él en quidditch - dijo, incómodo.

- Donde, si no me falla la memoria - comentó Lucius fríamente -, él siempre te ha vencido.

Harry no pudo evitar una amplia sonrisa.

- ¡Sí, así lo ha hecho! - dijo.

Tanto Lucius y McNair le miraron asombrados, hasta que, para alivio e Harry, el padre de Draco se giró de nuevo hacia su amigo.

- Dijiste que tenías noticias que darme, McNair - dijo -. Por favor, asegúrame antes que no se trata de un nuevo y descabellado plan para matar al chico Potter.

McNair contempló el suelo.

- Esta vez es un buen plan, Lucius - dijo -. Es realmente diabólico y astuto.

- Por supuesto - rió burlonamente Lucius -. Pero deja que te recuerde que dijiste lo mismo sobre ese plan para matar a Harry mandándole un regalo de cumpleaños envenenado dentro a casa de su familia, donde, si no recuerdo mal, está protegido por el Hechizo Familius de Dumbledore. Todo lo que ocurrió fue que su primo Dudley se comió los bombones y terminó vomitando por la ventana, sobre los mortífagos que habían ido a recoger el cuerpo de Harry. ¿Te acuerdas de eso, McNair? Y también recuerdo esa vez en la que Nott intentó colarse en Hogwarts para raptar al chico y fue decapitado por el Sauce Boxeador. Y cuando Zabini intentó mandar al chico una escoba bomba, Dumbledore lo interceptó y lo mandó de vuelta en un paquete diferente. ¡Tuvieron que enterrar a Zabini en una caja de zapatos! - gritó Lucius, moviendo su espada para darle más énfasis - ¡Han muerto más mortífagos intentando llevar a cabo estúpidos planes para asesinar a Harry Potter que a manos de aurores experimentados del Ministerio de Magia!

Harry estaba atónito. No tenía ni idea de todo eso. Bueno, ahora que pensaba en ello, recordaba haber oído gritos de asco en el jardín aquella vez que Dudley había vomitado por la ventana, pero había asumido que sólo era la ruidosa vecina, la señora Figg.

- Venga, Lucius - pidió McNair -, sólo déjame hablar.

Lucius cruzó los brazos sobre el pecho.

- Tienes cinco minutos.

- Es verdad que el chico está protegido cuando se encuentra con su familia - dijo McNair rápidamente -, y es verdad que está protegido en Hogwarts. Ya antes hemos intentado apartarle del castillo (¿recuerdas cuando le mandamos entradas para ese concierto?) pero Dumbledore nunca le ha dejado marcharse.

- Y eso - comentó Lucius - no va a cambiar.

- No - dijo McNair -. Eso ya lo sabemos. Y hemos pensado en raptar a alguien cercano al chico, para que él tenga que dejar Hogwarts para rescatarlo, pero casi todo el mundo cercano al chico está en Hogwarts: odia a su familia muggle y los Weasley están protegidos por hechizos poderosos.

Lucius parecía aburrido.

- Pero - añadió McNair tan pronto como pudo - eso ha cambiado. Ahora tenemos a alguien... alguien a quien el chico protegería a cualquier precio.

Los fríos ojos grises de Lucius se alzaron del suelo.

- Así que tenéis a alguien cercano a Harry Potter entre las manos, ¿no? - comentó - ¿A quién?

El estómago de Harry se hizo súbitamente pesado. McNair tenía en el rostro la misma sonrisa desagradable que lo había adornado cuando había ido a Hogwarts para ejecutar al hipogrifo de Hagrid.

- A Sirius Black - dijo.



***.



Draco encontró casi sin darse cuenta el camino de vuelta desde la enfermería hasta la torre de Gryffindor.

- Boomslang - dijo dudando a la Dama Gorda, entrando por el agujero del retrato.

El chico caminó directamente hasta cerca de la chimenea, donde se sentó junto a Hermione, muy guapa en sus túnicas color rosa, y a Ron, que estaba leyendo un tomo de aspecto sucio y mugriento titulado “El arte de la guerra muggle”.

- El padre de Draco ha venido a llevárselo a la Mansión Malfoy - dijo Draco, malhumorado.

- ¿A dónde? - preguntó Ron, bajando el libro.

- A la Mansión Malfoy. Viven allí.

- Perfecto - dijo Ron, empezando a leer de nuevo -. Con un poco de suerte no volverá nunca.

Draco hizo un ruido un tanto extraño, y Hermione le miró preocupada.

- Harry - dijo amablemente -, no es tu culpa. Tú sólo le pegaste porque él te pegó antes.

Draco no contestó. Su mente estaba ocupada con la imagen de su padre, contemplándole enfadado. Si Harry no hacía bien su papel, si recuperaba su aspecto normal, si, de alguna manera, Lucius Malfoy se las arreglaba para descubrir que el chico al que había llevado a casa no era su propio hijo sino el famoso enemigo de Lord Voldemort, entonces mataría a Harry. De eso, rao no tenía ninguna duda. ¿Qué le había contado su padre que había dicho Lord Voldemort?

“Quien me traiga el cuerpo muerto del chico llamado Harry Potter será honrado sobre cualquier otro mortífago.”

La voz de Ron le hizo romper el hilo de sus pensamientos.

- Todo este asunto de la manera que tienen los muggles de hacer la guerra es muy interesante - comentó -. ¿Creéis que ay alguna posibilidad de conseguir que el gobierno nos deje lanzar una... cómo lo llaman... bomba nuclear... sobre la Mansión Malfoy?

Draco se levantó.

- Tengo que ir a la habitación.

Y se marchó, yendo hacia las escaleras del dormitorio de los chicos. Oyó unos pasos corriendo tras él y se giró para ver a Hermione, cuyos ojos estaban llenos de alarma.

- Harry - le pidió -. Harry, espera, por favor.

Draco se detuvo, esperando que Hermione llegara a su altura.

- Harry - dijo ella con tacto -, parees muy preocupado, ¿qué te pasa? No puede ser que te preocupe Malfoy.

Draco le devolvió la mirada. Todas sus emociones parecían haberse convertido en plomo en su estómago: el estrés de hacer de Harry Potter durante dos días enteros, la rabia, el asombro, el dolor, y ahora el miedo, el miedo de que, fuera lo que fuera que le ocurriera a Harry Potter, lo que fuera, sería culpa de Draco. No estaba muy seguro de si quería gritar a Hermione o si lo que deseaba era besarla de nuevo. Ambas opciones le parecían agradables.

- Estoy muy cansado, Hermione - dijo -. Quiero irme a dormir.

- ¿Es por lo que nos ha ocurrido hoy? - preguntó ella - Después... después de lo de la bludger. Porque no quería enfadarme contigo por besarme, Harry, de hecho...

Se acercó un poco más a Draco, con los ojos llenos de afecto.

Afecto por Harry.

Draco explotó.

- ¡No todo tiene que girar a tu alrededor, Hermione! - gritó, forzando su voz al máximo - ¡No todo gira alrededor de ti!

Y bajó las escaleras de nuevo, empujándola al pasar, y desapareciendo por el agujero del retrato.



***.



Al oír mencionar el nombre de Sirius, Harry sintió que sus rodillas empezaban a temblar. Disimula, se dijo a sí mismo. Disimula.

- Ya hace mucho tiempo que sabemos que es el padrino del chico - estaba diciendo McNair -. El único problema ha sido encontrarlo. Le hemos apresado... bueno, ha sido Colagusano quien le ha apresado, y de la manera más ingeniosa. Recordó una cueva a la que había ido de pequeño con Sirius, cuando había visitado a los Black; volvió a la cueva y puso un hechizo Inmovilizador sobre Black...

- Ve directo al grano, McNair - dijo Lucius -. ¿Qué pinto yo en todo esto?

McNair pareció decepcionado.

- Bueno - comentó lentamente -. En realidad es bastante sencillo. Mañana, Colagusano traerá a Black desde Cornwall, y necesitamos un lugar en el que mantenerle durante una noche o dos, mientras esperamos que llegue el chico. No podemos dejar el hechizo Inmovilizador sobre él, o morirá, y tú tienes las mejores mazmorras...

- Oh, gracias - dijo Lucius con sarcasmo -. Bueno, es un plan obvio y estúpido, pero es mil veces mejor que cualquiera de los que se os han ocurrido hasta ahora. Dejaremos a Black a aquí. No le he visto - sonrió fríamente - desde que estuvimos en el colegio. Será como una pequeña reunión.

McNair y él se echaron a reír, pero Harry no. Se sentía como si estuviera a punto de vomitar.

Se abrió la puerta y una mujer alta, rubia y delgada entró por ella. No iba vestida con una túnica, sino con un vestido largo y negro abierto por los lados. Harry la reconoció inmediatamente: era la madre de Draco.

- Narcisa - la saludó Lucius -. ¿Pasa algo?

La mujer sonrió; estaba muy guapa cuando sonreía. Harry recordó haberla visto en los Mundiales de quidditch, pensando que era de ella de quien Draco debía haber heredado su belleza pálida y delicada.

- Me gustaría llevarme a Draco - contestó ella calmadamente -. No le he visto desde que lo trajiste a casa, Lucius.

Lucius Malfoy movió una mano.

- Por supuesto, llévatelo - dijo.

Harry miró al padre de Draco. Estaba desesperado por quedarse y oír más cosas sobre Sirius.

- Pero yo...

- Draco - la voz de Lucius Malfoy era de hielo -. Ve con tu madre.

Harry siguió reluctantemente a Narcisa fuera de la habitación, donde había esperado que ella intentara abrazarle o besarle, o darle la bienvenida de alguna otra manera. Pero no lo hizo, limitándose a dar madia vuelta y comenzar a recorrer el pasillo. Harry trotó tras ella, abriendo mucho los ojos. Pensaba que sería una buena idea descubrir todo lo que pudiera sobre la disposición de las habitaciones en la Mansión Malfoy.

Narcisa se detuvo en un pasillo lleno de retratos que al principio le recordaron a un montón de muñecas con trajes de diferentes colores. Sobresaltándose, Harry descubrió que se trataban de fotos de Draco cuando era un bebé y un niño pequeño. Se detuvo, sonriendo.

Oh - comentó Narcisa, sonriendo -. Las fotos de cuando eras pequeño. Son muy bonitas, ¿no crees?

Harry paseó la vista de un retrato en el que un Draco de apenas tres años llevaba unos pantalones rosas y un gorrito hasta otro en el que tenía unos cinco años e iba vestido con el típico traje de los Malfoy, incluyendo la capa negra y los largos rizos rubios que le daban un aspecto extremadamente afeminado. El Draco de la foto tenía un aspecto enfurruñado y no dejaba de colocarse el cuello de sus elaboradas túnicas.

- Sí - dijo Harry -. Son bastante bonitas.

Narcisa le guió por varios pasillos más hasta un gran comedor, donde le indicó a Harry que se sentara mientras ella iba a buscarle un poco de comida.

Harry se sentó frente a la enorme mesa, sintiéndose muy pequeño. La mesa parecía alargarse durante kilómetros, vacía excepto por un gran candelabro de plata sobre el que había siete largas velas. Más feos retratos de la familia Malfoy colgaban de las paredes. Uno de ellos representaba a un brujo de aspecto mugriento que miró a Harry antes de realizar un amenazador gesto pasándose el dedo por el cuello. En la pared había también un gran tapiz de seda con el escudo de la familia Malfoy: una gran serpiente verde que se retorcía formando la letra M, mientras detrás de ella se veía a un mago agahado detrás de otro y apuñalándole por la espalda. La frase en latín “DE GUSTIBUS NO DISPUTANDEM” se podía leer a los pies del hombre que atacaba al otro. Harry no tenía ni idea de lo que significaba. Hermione lo sabría, pero pensar en Hermione era demasiado doloroso.

Narcisa volvió a entrar en la habitación, cargada con una bandeja de plata sobre la que había una tetera y una taza, un vaso de zumo y un plato de galletas.

- Aquí tienes - dijo, dejándolo todo sobre la mesa. Luego se sentó frente a Harry y le contempló mientras comía -. Madame Pomfrey dice que tienes que comer poco durante un día más o algo así - comentó, mirando como se llenaba la boca de galletas.

- Bueno, mamá - dijo Harry, queriendo llenar el desagradable silencio -, ¿qué has estado haciendo todo este tiempo?

- He estado cosiendo una manta para que la lleves al colegio - dijo ella rápidamente -. Tiene el lema de la familia bordado en oro sobre ella, fue tu padre quien lo sugirió. Pensó que era hora de que lo aprendieras de corazón. ¿Te gustaría verla?

Harry no quería verla en absoluto.

- Por supuesto - dijo.

Narcisa salió rápidamente de la habitación y casi inmediatamente volvió, llevando lo que parecía un rollo de terciopelo verde, que le tendió. Harry lo cogió y vio que había una serie de palabras cosidas con hilo dorado en la parte superior.

“EL CASTIGO LLEVA AL MIEDO. EL MIEDO LLEVA A LA OBDEDIENCIA. LA OBEDIENCIA LLEVA A LA LIBERTAD. POR LO TANTO, EL CASTIGO LLEVA A LA LIBERTAD.”

En ese momento le quedó claro a Harry exactamente por qué tenía Draco la desagradable personalidad que tenía.

- Vaya - dijo Harry, con una voz sin vida -. Es encantador, mamá. Me apuesto lo que quieras a que todos los demás chicos se morirán de envidia y querrán tener una manta con una frase realmente horrible, como la que tengo yo.

Durante un segundo, Harry pensó que había ido demasiado lejos, pero Narcisa simplemente sonrió sin expresión, y Harry apartó la mirada, lo que fue una lastima. Si hubiera mirado a la cara de la madre de Draco hubiera visto que sus ojos estaban llenos de lágrimas.

Las puertas dobles que había a un extremo del comedor se abrieron con un golpe y Lucius Malfoy y McNair entraron.

- Narcisa - dijo secamente Lucius -, trae una taza de té a McNair, ¿quieres?

Narcisa se apresuró a cumplir el mandato de su marido, mientras McNair se sentaba frente a Harry y le sonreía.

- Ya ves, Draco - dijo con un tono de voz ligeramente paternal -, recuerdo cuando estuve en Slytherin, en Hogwarts. Nos divertimos bastante. Supongo que siempre estarás metiendo a la gente en problemas, ¿no?

- Bueno - dijo Harry -, ya sabe, estamos bastante ocupados teniendo encuentros de jóvenes mortífagos, y también pasamos mucho tiempo haciendo que otros estudiantes se sientan mal por su falta de dinero y de posición social. A veces nos quedamos despiertos durante toda la noche e intentamos conjurar a demonios para hacer el trabajo sucio por nosotros, pero la mayor parte de las veces simplemente pedimos que nos traigan una pizza y nos limitamos a tirarnos por las ventanas y echar a volar.

Harry no era muy consciente de que estaba delirando, pero McNair no pareció darse cuenta.

- ¡Tu hijo es un gran muchacho, Lucius! - dijo, volviéndose hacia el padre de Draco - Debes estar muy orgulloso de él.

- Siempre fue un bebé muy poco prometedor - contestó Lucius Malfoy sin ningún rastro de emoción -, débil y enfermizo. Dije a mi esposa que en los antiguos tiempos dorados de los Malfoy, un chico como éste hubiera sido dejado en una montaña desierta para que muriera, pero ella insistió en que nos quedáramos con él.

McNair se echó a reír, pero Harry estaba bastante seguro de que Lucius Malfoy no había pretendido bromear al decir eso.

Narcisa volvió con un juego de té.

- Lo siento, Narcisa, pero tendré que llevarme ésto conmigo - dijo McNair, acercándose a ella -. Debo irme. Los negocios son los negocios - cogió una taza de la bandeja y saludó al padre de Draco -. Te veré mañana, Lucius - dijo, antes de desaparecerse.



***.



Draco se sentó en la oscura biblioteca, con la cabeza entre las manos. Sus codos estaban apoyados sobre una copia abierta del Moste Potente Potions, lo que resultaba bastante irónico si se tenía en cuenta que había sido un vaso de poción Multijugos lo que había causado todo este lío.

Su mente recorría rápidamente todas las opciones, pero ninguna de ellas parecía posible, Podía mandar una lechuza a su padre explicándole lo que había ocurrido, en cuyo caso Lucius Malfoy notaría que el chico que estaba en su casa era Harry Potter, y lo mataría. Podría intentar descubrir un antídoto que deshiciera el hechizo, que convertiría a Harry de nuevo en él mismo, en cuyo caso Lucius Malfoy también notaría que el chico que estaba en su casa era Harry Potter, y también lo mataría. Podía intentar llegar a la Mansión Malfoy por sí mismo e intentar sacar de allí a Harry, lo que sería un movimiento valiente y espectacular, desde luego, pero no le hacía demasiada ilusión que su padre pudiera descubrirle creyendo que era Harry y terminara siendo asesinado por su propio padre.

Sin embargo, no se le pasó por la cabeza la idea de pedirle ayuda a Dumbledore. Todavía era un Malfoy.

Se abrió la puerta de la biblioteca y entro una chica con una varita.

- Lumos - dijo, y la habitación se llenó súbitamente de luz.

Draco levantó la mirada, parpadeando.

Era Cho Chang.

- Pensé que te encontraría aquí - dijo ella con aspecto satisfecho.

- Y yo pensé que me había librado de ti en el ampo de quidditch - dijo Draco.

Lejos de parecer insultada, Cho sonrió.

- Eso fue antes de que me diera cuenta de que estabas jugando al si-me-quieres-tendrás-que-conseguirme - dijo.

- Y has vuelto para que continúe insultándote, ¿no? - comentó Draco - Mujeres.

- Me he sentido culpable - dijo Cho - de cómo te he estado tratando, diciéndote que eras demasiado joven para que salir contigo y que tu pelo estaba demasiado descuidado, bueno, no ha sido justo por mi parte.

- Sí, has sido muy mala chica - asintió Draco -. Quizás deberías irte y estar un rato a solas mientras piensas en todo lo que has hecho mal. Tómate el tiempo que quieras.

Ho se acercó y se sentó sobre la mesa, acariciándole suavemente el brazo.

- Sé que no has querido decir eso, Harry - dijo -. Sólo estás dolido, y yo lo respeto.

Draco levantó las manos, disgustado.

- ¡Mírate! - dijo - Me apuesto lo que quieras a que Harry ha ido detrás de ti durante años, llevando tus libros, mandándote flores, y todo lo que tú has hecho es ignorarle. ¡Y ahora viene él y es un bastardo contigo, y de pronto no quieres dejarle!

Ho le contempló extrañada.

- ¿Te estás dando cuenta de que estás hablando de ti mismo en tercera persona? - dijo.

- Eh... - intentó improvisar Draco.

- Perdonadme - dijo una voz.

Draco levantó la mirada. Había alguien más en la biblioteca, con ellos.

- Espero no estar interrumpiendo nada, pero...

Era Hermione.

- Sí estás interrumpiendo algo - contestó Cho -. Vete.

- ¡No! - dijo Draco - No estás interrumpiendo nada.

Se levantó con tanta prisa que tiró una pila de libros al suelo.

- Hermione...

Cho miró de él a Hermione, y a él de nuevo. Luego lanzó un chillido de rabia.

- ¡Es ella! - gritó - ¡Por eso me estás ignorando! No puedo creer que me hayas dejado por esta... esta... ¡esta muggle de dientes grandes!

- ¡No tengo los dientes grandes! - contestó secamente Hermione, que tenía una dentadura perfectamente normal desde cuarto curso.

- ¡Y no es una muggle! - gritó Draco - Y no te he dejado por ella... ¡tú y yo nuna hemos salido juntos! ¡Ahora márchate!

Los ojos de Cho lanzaban chispas.

- ¿Es por todo ese rollo de que eres Harry Potter y no tienes tiempo para mi? - preguntó desagradablemente.

- No - contestó Draco -. Lo único que pasa es que eres la persona más desagradable que he conocido nunca.

Cho cogió su varita y salió a toda prisa, cerrando la puerta de un portazo detrás de ella.

Draco se giró nerviosamente hacia Hermione.

- Le gusto mucho, mucho - dijo encogiéndose de hombros -. No sé cómo explicarlo.

En vez de responder, Hermione se acercó a él, cruzó los brazos y se quedó mirándole.

Nunca nadie había mirado a Draco de esa manera antes. Era como si pudiera ver a través de su cabeza, hasta su cerebro.

- Hermione, no- dijo, antes de poder evitarlo -. Escucha, siento lo que te dije antes.

- Tú no... - empezó Hermione, antes de que Draco la interrumpiera.

- Mira, ya te he dicho que lo siento, qué más...

- No - dijo Hermione con un tono muy seco, apartando sus palabras impacientemente con un movimiento de su mano -. No quiero decir que no lo sientas. Quiero deir que tó no... tú no eres él.

- ¿No soy quién?

- No eres Harry - contestó Hermione -. Tú no eres Harry Potter.

Draco se quedó mirándola, sintiéndose muy cansado.

- Por supuesto que no lo soy - dijo -. Yo soy Draco Malfoy.
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