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Draco Dormiens 5

Disclaimer: esta historia está basada en personajes y situaciones creadas y de la propiedad de JK Rowling, varias editoriales entre las que se incluyen Bloomsbury Books, Scholastic Books, Raincoast Books y la Warner BROS. No se gana ningún dinero y no hay ningún copyright ni marca de registro. Otras citas se harán cuando sea necesario.

Por Cassie Claire. Traducción de Estela R. G

Capítulo Cinco: Reunión




En el tren, Draco abrió los ojos, sobresaltado.

- Oh, no - dijo -. Harry, pedazo de estúpido, ¿qué has hecho?


***.



Por encima de los gritos del cuadro, Harry podía oír los sonidos de unos pies corriendo por el pasillo. El chico miró a su alrededor desesperadamente. Sólo había una salida de la habitación y ésta conducía directamente al corredor. ¡Si al menos supiera cómo desaparecerse!

La chimenea, dijo una voz a su oído. Harry se giró rápidamente, pero allí no había nadie. De todas maneras, no le importaba. Dirigiéndose hacia la chimenea, pudo llega a tiempo de ocultarse en ella justo cuando se abrieron las puertas de la salita auxiliar. Había un pequeño alféizar más o menos a la altura del pecho; trepó sobre él y se acurrucó allí, esperando.

A través de un agujero entre las piedras, Harry vio a Lucius Malfoy entrando en la habitación, seguido por los mortífagos y por Narcisa. Se veía más furioso de lo que Harry le había visto nunca, más furioso incluso que lo que había creído posible. Sus ojos recorrieron la habitación, notando la alfombra arrugada y la trampilla expuesta. Luego su mirada se posó sobre el cuadro.

- Mona - dijo -. ¿Quién ha hecho esto? ¿Quién ha cometido este ultraje?

Harry se abrazó a sí mismo.

- Un chico - respondió la mujer del retrato -. Un chico desconocido para mí.

- No... ¿no era Draco? - dijo Narcisa. Su expresión era tan furiosa y enfadada como la de su marido, pero sus ojos prácticamente estaban recorriendo la habitación de una manera frenética, dándole una expresión extraña, casi esquizofrénica. Harry esperó.

- El intruso no tenía sangre Malfoy - dijo el retrato.

- ¿Entró en las mazmorras? - preguntó Lucius.

- No - dijo el cuadro -. Huyó cuando empecé a gritar.

- ¿Y dónde fue?

Hubo una pausa. Finalmente, el retrato tomó la palabra.

- Yo no veo. Yo sólo siento. No sé dónde ha ido.

- En ese caso has fallado en tu misión de guardia - dijo Lucius con una voz helada, alzando la varita -. ¡Incendio! - gritó.

La mujer del retrato gritó una vez mientras las llamas azules la consumían. Luego un fino reguero de cenizas cayó hasta el suelo.

- Lucius... - empezó Narcisa, pero Lucius dio media vuelta y dirigiéndole una furiosa mirada. La expresión de ella no cambió, pero dio media vuelta y abandonó la habitación.

Uno de los mortífagos se aclaró la garganta.

- Vaya, mirad que hora es - dijo -. Lucius, gracias por esta encantadora noche, recuerdos a Narcisa.

Y se desapareció.

Uno por uno, el resto de los mortífagos también se desaparecieron, hasta que Lucius quedó a solas con Elefteria Parpis.

- Bien, bien, Lucius - dijo ella con coquetería -. Probablemente no pasaba nada, sólo eran las ganas del retrato de armar mucho jaleo por nada, lo hacen a veces, cuando los ignoran. Estoy segura de que no había nadie en la casa.

A Lucius no pareció convencerle este argumento; todavía estaba contemplando la trampilla ahora descubierta.

- De todas maneras - añadió Elefteria -, al menos ahora estamos a solas.

La mujer se acercó a Lucius, quien, para sorpresa de Harry, la tomó entre sus brazos y besó su cuello. Harry fue luego premiado con los diez minutos más desagradables de su vida mientras Lucius Malfoy y Elefteria tenían sexo apasionadamente en el sofá. Mantuvo los ojos cerrados, pero no pudo evitar escucharles; ni siquiera podía taparse los oídos con los dedos, ya que necesitaba las manos para sujetarse.

- Señorito Malfoy - dijo una voz suave junto a su oído.

Harry abrió un poco los ojos y vio a Anton flotando en el aire frente a él, con aspecto tranquilo. No parecía en absoluto sorprendido de encontrar al heredero de la Mansión Malfoy colgando de una chimenea, agarrándose gracias a sus propias uñas.

- Señorito Malfoy, ¿puedo sugerir que trepe un poco más por la chimenea? Se encontrará en un dormitorio desocupado de la segunda planta, si no estoy equivocado.

Harry le dio las gracias mientras empezaba a trepar. Le llevó más o menos tres minutos llegar a la chimenea vacía; pasó por ella y cayó rodando sobre un suelo de fría piedra, tosiendo y dejando un rastro de cenizas.



***.



Draco parpadeó y vio a Hermione contemplándole con la boca abierta.

- ¿Qué ha pasado? - preguntó ella -. Has dicho “Harry, pedazo de estúpido”, y luego has gritado “¡La chimenea!”

- ¿De verdad? - dijo Draco que tenía una pequeña sonrisa bastante extraña en el rostro.

- ¿Ha caído Harry en el interior de una chimenea? - preguntó Hermione - Y no sonrías así, pareces un paciente de un manicomnio.

- No estoy demasiado seguro de lo que ha pasado - replicó Draco -. Sabes, no veo exactamente lo que él ve, sólo noto pequeños flashes, como si él estuviera sintiendo algo particularmente fuerte.

- ¿Así que no es como ver una película? - preguntó Hermione.

- Se supone que no debo saberlo, ¿no? - contestó Draco - Nunca he visto una película.

El tren empezó a ir más despacio. Estaban llegando a una estación muggle. Mirando por la ventana, Hermione vio a un grupo de adolescentes sentados en un banco bajo las luces fluorescentes. Parecía que volvían a sus casas después de una fiesta; estaban riendo y bromeando ente ellos. Uno de ellos era un chico alto con cabellos oscuros y sucios, y con gafas. La verdad era que no se parecía demasiado a Harry, pero Hermione descubrió que se le había hecho un nudo en la garganta al verle.

- ¿Él está bien? - dijo, intentando no mirar a Draco.

- Si muere súbitamente - respondió Draco - te lo haré saber.



***.



Después de salir como pudo de la habitación del segundo piso, Harry fue a ducharse, ya que estaba negro de ceniza de la cabeza a los pies. Luego se puso uno de los pijamas de Draco (adornado con pequeñas llamas de fuego) y volvió a su dormitorio, donde encontró a Lucius y a Narcisa esperándole.

- Chico - dijo Lucius al ver que Harry entraba -, ¿dónde has estado?

- Fui a darme una ducha, padre - dijo Harry, bastante contento de haber dejado la toalla mojada y llena de cenizas en el cuarto de baño.

- Ven aquí - dijo Lucius, y Harry, dubitativamente, se acercó a él. Tan pronto como llegó a una distancia aceptable, Lucius le agarró furiosamente los brazos y le miró directamente a los ojos -. No soy estúpido, chico - dijo con un frío tono -. Has estado actuando de una manera muy extraña y quiero saber por qué. ¡Has ido al jardín de las estatuas encantadas! - dijo secamente. Harry miró a Narcisa, quien apartó los ojos -. ¡No has sabido nada sobre las túnicas clásicas de la familia! ¡Has pedido poder marcharte de una de MIS cenas! - gritó - Y si pudiera llegar a pensar que has tenido algo que ver con ese asunto después de la cena...

- Lo que tu padre está intentando decir, Draco - dijo Narcisa, agarrando su falda con las manos - es si... ¿estas metido en las drogas?

Harry abrió mucho la boca.

- Porque puedes hablar con nosotros si se trata de eso - continuó ella rápidamente -. Estamos aquí, eh... para escucharte.

Harry miró de Narcisa, cuyos ojos revoloteaban por toda la habitación de nuevo, a Lucius, cuyo rostro estaba tan contorsionado por la rabia que parecía una máscara de carnaval.

- No - dijo -. No pasa nada con las drogas. ¡Lo siento!

- Entonces... - Narcisa miró hacia donde estaba Lucius con incertidumbre.

- Tu madre - dijo Lucius, que ahora sonreía de una manera muy desagradable - teme que te estés volviendo loco, joven Draco. Por supuesto que se han dado casos de locura en nuestra familia, ya que descendemos en línea casi directa de Uric el Excéntrico, pero confieso que no había pensado que tú fueras uno de esos casos. Ahora que ella lo ha mencionado, sin embargo...

- Yo NO estoy loco - dijo Harry secamente -. Ayer me di un mal golpe en la cabeza, eso es todo. ¡De verdad! No es como si hubiera empezado a hablar conmigo mismo.

- Todavía no - dijo Lucius brevemente. Luego se acercó más a la oreja de Harry y siseó -. Algunas veces me pregunto qué es lo que he hecho mal como para que se me maldijera con un chico idiota en vez de con el heredero que debería haber tenido.

La irritación de Harry se desbordó.

- ¡Venga! - contestó malhumorado - Asesinato, tortura, un montón de Artes Tenebrosas, ¿qué es lo que no has hecho mal? Tienes suerte de no haber tenido un hijo con tres cabezas. ¡Debes ser la persona con peor el karma que yo haya conocido nunca!

Lucius le contempló, atónito. Narcisa dio un pequeño salto.

- Debes estar loco para hablarme de esa manera - dijo Lucius -. O quizás sólo quieres demostrar tu valor - sonrió, mostrando todavía más sus afilados dientes -. Lo admiro. No te castigaré.

Los hombros de Narcisa se destensaron, aliviados, y dio media vuelta para esconde su expresión. Tan ponto como lo hizo, Lucius se inclinó y susurró algo al oído de Harry.

- Si te sales en lo más mínimo de tus límites después de esto, chico, te espera el Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas. Podrán atarte con los Longbottom y podrás pasar el resto de tu vida atado a una cama, llenándote de babas.

La mención de los padres de Neville hizo que Harry se pusiera tan furioso como para olvidarse de sí mismo y lanzarse contra el cuello de Lucius, cosa que no ocurrió gracias a que la puerta de la habitación se abriera en ese momento, apareciendo dos hombres cubiertos con capas de viaje. Uno de ellos era Angus McNair. El otro era un hombre bajo con una capa de color verde oscuro cuya capucha ocultaba sus ojos. De una de las mangas de la capa asomaba una mano cubierta por un guante negro; de la otra, una mano brillante hecha completamente de metal.

Colagusano.

- Perdonad la interrupción - dijo McNair, apartándose la capucha que le cubría el rostro -. Anton nos dijo que estabais aquí.

- ¿Ya estáis de vuelta? ¿Tan pronto? - preguntó Lucius.

- Sí - contestó Angus, un poco nervioso -. El viaje desde Cornwall nos ha llevado menos tiempo del que esperábamos.

- ¿Y Sirius Black?

Por favor, que haya escapado, rezó Harry en silencio.

- Está aquí - dijo Colagusano brevemente.

La última vez que Harry había oído su voz había sido cuando gritaba para que Voldemort curara su mano cortada, algo que Voldemort había hecho: había dado a Colagusano una mano de metal, que ahora brillaba a la luz mientras la levantaba y apuntaba con ella hacia la puerta, casi como si fuera una varita.

- ¡Evericulum! - gritó, haciendo que una bola de luz blanquecina saliera de la palma de su mano de metal. La luz se hizo más brillante y se expandió en el aire hasta convertirse en una red de filamentos plateados, casi como los de la tela de una araña. Luego las cuerdas de la red se rompieron, y algo las golpeó, cayendo con fuerza sobre el suelo.

Era Sirius.

Estaba en su forma animal, como un gran perro negro. Todas sus extremidades estaban rígidas; sólo sus ojos se movían, yendo y volviendo continuamente desde Colagusano hasta Lucius.

- Impresionante, Colagusano - dijo Lucius, aunque sus ojos estaban posados sobre Sirius.

- Mi Señor me ha dado una mano de gran poder - contestó Colagusano, contemplando su mano con orgullo. La movió sin el menor cuidado en dirección de Sirius, y el perro negro se fue arrastrando por el suelo hacia Lucius, a pesar de todos sus esfuerzos por no hacerlo.

Narcisa dio un pequeño grito.

- Ya es suficiente - dijo Lucius secamente.

- Haz que se transforme de nuevo - añadió McNair con un tono de voz muy duro.

Colagusano chasqueó sus dedos de metal.

- Sapiens - siseó, y el perro negro dio un brusco salto para convertirse en Sirius de nuevo, en un Sirius vestido con harapos sucios y con feos cortes y golpes por sus brazos, algo que no había sido aparente mientras se encontraba en su forma canina. Todavía no podía moverse, pero tenía los ojos fijos en Lucius y llenos de odio.

Harry oyó como Narcisa contenía el aliento. Luego Lucius caminó rápidamente por la habitación y golpeó a Sirius en las costillas con una de sus botas. Harry intentó acercarse, pero tropezó con el dobladillo de los pijamas de Malfoy y cayó al suelo.

Estaba empezando a ponerse de pie de nuevo cuando le detuvo la imagen de Narcisa, que, súbita y silenciosamente, y para sorpresa de todos, había caído al suelo sin conocimiento.



***.



- Ya hemos llegado - dijo Draco, levantándose y dando una palmaditas a Hermione en el hombro.

La chica se enderezó y miró por la ventana. Estaban en una pequeña estación cuyo cartel de madrea proclamaba estar localizado en el pueblo CHIPPING SODBURY.

Esto no era exactamente lo que ella se había imaginado: más bien había esperado que Malfoy vendría de un antiguo castillo situado en la cima de una montaña rocosa en medio del desierto, donde los cuervos se alimentaran de todos aquellos que no se movieran lo suficientemente rápido. No exactamente de un pequeño y precioso pueblecito llamado Chipping Sodbury. Aunque nunca se sabía.

- Venga - dijo Draco, y ella le siguió fuera del tren, hasta la plataforma, donde él se giró hacia la izquierda y se dirigió directamente hacia la pared.

- Eh, Malfoy... - dijo ella, corriendo tas él mientras la mochila golpeaba su pierna - La estación está en esa dirección...

Justo en ese instante, el chico volvió a girar hacia la izquierda y caminó directamente a través de la pared que se encontraba al final de la plataforma.

- Mierda - dijo ella, corriendo hacia la pared -. ¿Cómo habrá hecho eso?

Un brazo salió de la pared. Era de Draco. La agarró y la empujó hacia delante, y Hermione se deslizó a través de la pared, cayendo al suelo al otro lado.

- Ay - se quejó Draco. La mochila de Harry le había golpeado en la cabeza.

- Perdona - dijo Hermione, levantándose y mirando a su alrededor con interés. Se encontraban al pie de una enorme puerta de hierro cuyo arco llevaba la inscripción “Malfoy Park” -. Supongo que ya no estamos en Chipping Sodbury, ¿no?

- Ciertamente no - contestó Draco, empezando a caminar -. Esto es Malfoy Park, el pueblo al pie de la colina donde se encuentra nuestra casa. Puedes llegar aquí desde Chippin Sodbury si sabes cómo.

- ¿Tienes un pueblo entero que lleva tu nombre? - preguntó Hermione, asombrada.

- Sí... qué raro que no sea un tipo muy creído, ¿verdad? - dijo Draco.

Hermione estaba a punto de hace un comentario cortante cuando se dio cuenta de que él estaba bromeando. Debo tener cuidado, se dijo a sí misma.

Salieron a un gran pueblo donde había tiendas y bares. Era en muchos aspectos un pequeño pueblo mágico como Hogsmeade, pero había una diferencia: todo parecía contener la palabra “Malfoy” o estar relacionado de alguna manera a la Magia Oscura: era el callejón Knockturn imaginado por Lucius Malfoy. Podía verse, por ejemplo, un mercado Malfoy situado entre el Hogar de Helga Hag de Horribles Hechizos y un bar llamado Las Frías Navidades, donde se ofrecía una comida Malfoy especial del día (bocadillo de murciélago frito).

- Debes caerles muy bien - dijo Hermione, intentando no echarse a reír.

- ¡Ja! - contestó Draco - Odian a mi familia; les hemos estado oprimiendo durante generaciones, y, una vez cada poco tiempo, mi padre baja al pueblo y hace un poco de magia oscura que aterroriza a todo el mundo y les mantiene en su lugar.

- ¿Y eso no te molesta? - preguntó ella cortantemente.

- Shhh - susurró Draco, negando con la cabeza -. Lo último que queremos es que alguien me vea aquí y vaya a decirle a mi padre que Harry Potter está en el pueblo.

- Claro - dijo Hermione, que no había estado prestando atención. Por alguna razón, cuando él se acercaba tanto a ella y susurraba como lo estaba haciendo ahora, pequeños escalofríos empezaban a recorrer su espalda.

Draco se giró y comenzó a recorrer la carretera que conducía fuera del pueblo. Hermione le siguió. Caminaron en silencio durante un rato; Draco parecía perdido en sus pensamientos. Finalmente, se acercaron a la cima de la colina y salieron a una carretera en un espacio vacío. Hermione contuvo el aliento sin poderlo evita: era exactamente como había imaginado que sería la Mansión Malfoy. Un enorme seto coronado por estacas se extendía en ambas direcciones; justo en el centro había una puerta abierta que parecía una enorme M. Grandes columnas adornadas por brillantes serpientes flanqueaban la entrada, y a través de la puerta Hermione podía distinguir la lejana forma de una enorme casa oscura.

Hermione comenzó a caminar; sólo había dado un par de pasos cuando Draco la agarró por el brazo.

- No - dijo secamente -. ¿Qué te dije?

- Oh - contestó ella, sintiéndose estúpida -. Diecisiete hechizos. De acuerdo.

- Mi padre inventó el que hay en esta puerta - comentó Draco, con aspecto orgulloso -. Se llama Hechizo Despedazador, porque si intentas pasar a través de la puerta si invitación, te cortará en trocitos muy pequeños.

- Parece que tu padre es una persona muy simpática - dijo Hermione.

Como respuesta, Draco sacó un bolígrafo de un bolsillo y lo lanzó por el suelo hacia la puerta. Justo cuando pasaba bajo el arco hubo un cegador rayo de luz verde y un fuerte sonido de algo rompiéndose a trozos. Hubo una pausa, y luego el bolígrafo rodó de nuevo hacia Draco, roto en dos mitades perfectas.

- Así que - dijo Hermione -, se trata de un de esos sencillos acertijos de dos piezas, ¿no?

- No es divertido - comentó él severamente mientras sacaba su varita y apuntaba hacia la puerta -. Raptus regaliter - dijo.

Hubo otro rayo de luz, esta vez azul, y Draco caminó a través de la puerta. Hermione se abrazó a sí misma, pero él continuó de una pieza, así que le siguió.

Ahora estaban dentro del terreno de la Mansión Malfoy. Había oscuros senderos yendo hacia todas las direcciones, y se podían ver las brillantes luces de la casa en la distancia.

- Podemos evitar casi todos los hechizos simplemente yendo por otro camino - dijo Draco -. Venga. Dame la mano.

Ella lo hizo.

Siguieron el sendero durante un rato, hasta que Draco la empujó hacia un pequeño camino que se escurría ente los árboles. Ocasionalmente se oían fuertes golpes como si algo estuviera rompiéndose cerca de ellos. Hermione no quería pensar sobre eso, así que se concentró en no hacer ruido.

Estaban justo frente a la casa. El camino terminó, convirtiéndose en un pequeño sendero blanco que se dirigía hacia la casa y luego alrededor de ella. Una alta torre negra se alzaba sobre sus cabezas, adornada con haces de luz donde las ventanas rompían la oscuridad. Draco señaló hacia arriba, donde una hilera de ventanas brillaban por la luz.

- Esa es mi habitación - murmuró.

- ¿Está Harry ahí dentro? - preguntó ella, ansiosamente.

Draco asintió, lo que demostró ser un error, ya que Hermione se adelantó inmediatamente hasta la zona iluminada. Él alzó una mano para detenerla, pero sus dedos se cerraron en el aire. Oyó, más que vio, la pequeña puerta de metal abriéndose en la base de la torre: sabía lo que iba a pasar, claro que lo sabía, especialmente teniendo en cuenta que había sido él mismo el que había colocado allí ese mecanismo de ataque. Se tensó, corrió hacia delante y empujó a Hermione hacia un lado con fuerza.

Hubo un fuerte sonido silbante que terminó en un golpe desagradable, y Hermione oyó cómo Draco caía al suelo junto a ella.

La chica se arrodilló y miró alrededor; el lugar estaba vacío salvo por ella y Draco, que estaba sentado en el suelo y miraba hacia abajo, a sí mismo, con expresión de sorpresa. El asta de una flecha, de más o menos treinta centímetros de longitud, asomaba por la parte superior de sus muslos. La sangre se esparcía a su alrededor, oscureciendo sus pantalones.

- Mierda - dijo Draco, añadiendo muchas otras cosas, casi todas ellas bastante rudas. Hermione, sin embargo, no le culpó, ya que había mucha sangre y parecía que realmente dolía mucho.

La chica se arrodilló junto a él y puso la mano sobre la flecha, extrañamente fría al tacto. Sintió como unas estúpidas lágrimas asomaban a sus ojos.

- Esto es culpa mía - dijo -. Y no tengo vendas... aunque podría cortar un poco de la mochila de Harry... y quizás necesites un torniquete... y oh, Draco, ¿podrías quitarte los pantalones?

Draco la contemplaba con incredulidad.

- No es que no aprecie tus intenciones, Hermione - comentó -. Quiero decir, en cualquier otra situación, por mí, perfecto, pero justo en este mismo momento, ¿por qué no piensas un poco? - siseó la última parte - ¿Quién es la bruja más inteligente de nuestra clase? ¿Quién ha estado tomando clases de Medicina Mágica Avanzada? ¿Quién puede curar mi pierna en menos de cinco segundos?

- Oh - contestó ella -, por supuesto. ¡Perdona! - buscó su varita, la sacó y puso la punta contra el agujero sangrante que había en la pierna de sus pantalones - Asclepio - dijo suavemente, y vio cómo se relajaban las líneas de tensión en su cuerpo mientas curaba la herida y salía la flecha, cayendo hacia un lado. Hermione la cogió con cuidado: estaba cubierta con sangre y algún otro tipo de sustancia brillante y pegajosa. La lanzó hacia los arbustos.

- Gracias - dijo Draco, sintiendo que su pierna dejaba de doler. Parecía estar bien.

- ¿Te encuentras bien? - preguntó ella, mirándole ansiosamente.

- Positivamente animado - dijo Draco, alzando una mano para que le ayudara a levantarse -. Ahora tendré una cicatriz encantadora que enseñar a mis nietos.

- Seis centímetros más hacia la izquierda y los nietos hubieran quedado en un imposible - dijo Hermione -. Ahí tienes algo por lo que estar animado.



***.



Harry estaba, efectivamente, en la habitación de Draco; de hecho, no tenía demasiadas otras opciones, ya que estaba atado a la cama.

De cierta manea, había tenido suerte de que Narcisa se hubiera desvanecido cuando lo hizo, ya que los desesperados intentos de Harry para llegar hasta Sirius habían sido interpretados por Lucius y los otros como deseos de llegar hasta ella. De otra manera, Lucius hubiera estado todavía más furioso cuando, al tratar de evitar que Harry pasara junto a él, el muchacho había perdido la cabeza y le había golpeado en un ojo. Furioso, Lucius había lanzado un hechizo encadenador que había atrapado a Harry por los codos, atándole a las columnas de la cama. Luego Lucius había conjurado una camilla para Narcisa y había salido de la habitación con ella, gritando a Colagusano y a McNair que llevaran a Sirius a las mazmorras y le encerraran allí.

Harry había estado intentando escapar del hechizo encadenador desde hacía varias horas, pero todo lo que había conseguido con ello había sido rasgarse la parte superior del pijama, de modo que ahora tenía mucho frío y se sentía extremadamente infeliz pensando lo que podía estarle pasando a Sirius en las mazmorras en ese mismo momento. Las cosas, pensó, no podían ponerse peor.

Y luego explotó la ventana.



***.



Después de una conferencia en susurros, Draco y Hermione decidieron utilizar hechizos levitadores para llegar a la ventana de Harry. Draco iría primeo mientas Hermione realizaba el hechizo; si iba bien, la subiría tras él.

- Bien - dio Hermione -. Allá vamos. Wingardium leviosa.

Y apuntó con su varita a Draco, que sintió que se elevaba lentamente en el aire, moviéndose tan poco que parecía que le estaban elevando con una cuerda. Vio como Hermione le contemplaba preocupada y le dirigió un gesto de ánimo. Ella le indicó que ya era hora de que la elevara, así que Draco la apuntó con su varita y susurró las palabras del hechizo.

Él, sin embargo, no era tan bueno como Hermione en ese hechizo en particular. En vez de elevarse lentamente en el aire, la chica salió disparada hacia arriba, demasiado asustada como para gritar, chocando contra Draco. Sin nada a lo que agarrarse, Malfoy voló hacia atrás, golpeándose contra la pared de la mansión. Hermione, bastante asustada, tenía los brazos alrededor de su cuello y las piernas alrededor de su cintura mientras se elevaban salvajemente en el aire.

- ¡Haz que pare! - siseó ella a su oído.

Draco se limitó a negar con la cabeza; estaba intentando sujeta su varita. El hechizo todavía parecía estar empujando a Hermione hacia el cielo; Incluso su pelo se alzaba hacia arriba mientras se agarraba a él desesperadamente (tenía las manos donde ninguna chica las había puesto nunca, pero Draco no estaba de humor como para disfrutarlo).

- ¡Leviosa! - gritó histéricamente, perdiendo la cabeza por completo, y fueron hacia un lado como una cometa fuera de control, antes de volar hacia arriba de nuevo, dar media vuelta y dirigirse hacia la mansión con la fuerza de un disparo de cañón. Hermione gritó mientras atravesaban la ventana, lanzando trocitos de cristal por todas partes, y aterrizaban en el suelo en un confuso montón de piernas y brazos.

Durante un momento se quedaron así, sin moverse. Hermione tenía la cabeza oculta en el cuello de Draco y respiraba de una manera larga e insegura. Durante un segundo pensé que no sobreviviríamos, pensó él. Supongo que ella también lo pensó.

En ese momento una voz habló desde encima de sus cabezas, una voz muy familiar.

- ¿Qué...? - dijo - ¿Cómo...?

Draco tenía los ojos cerrados, así que sintió más que vio que Hermione deshacía el abrazo mortal de sus bazos alrededor de su cuello y que se sentaba.

- ¡Oh! - oyó que exclamaba, en apariencia bastante aliviada - ¡Harry!



***.



- ¿Q-qué? - dijo Harry - ¿Cómo?

Harry sabía que debería mantener la boca cerrada, pero no parecía capaz de ello. Hermione, con el cabello cubierto de trocitos de cristal, le contemplaba desde el suelo, y a pesar de que Harry estaba muy contento de verla, se sentía profundamente asombrado de comprobar que no sólo tenía los brazos, sino también las piernas, alrededor de... ¿Draco Malfoy? Un Draco Malfoy que tenía exactamente el mismo aspecto que Harry, cierto, pero todavía Draco Malfoy.

- ¡Oh! - dijo ella, y Harry pensó que con una expresión bastante culpable - ¡Harry!

Draco también tenía los brazos alrededor de Hermione. Ahora sus ojos estaban abiertos y contemplaban a Harry con una expresión bastante divertida que Harry deseaba desesperadamente golpear.

- Hola, Harry - dijo él -. Veo que has encontrado mis pijamas. Aunque yo suelo llevar también la parte de arriba.

Hermione empezó a llorar.

- Harry - dijo de nuevo, levantándose y yendo hasta donde él estaba sentado -. ¡Estás vivo!

- Te dije estaba vivo - comentó Draco, con aspecto irritado.

Parecía que Hermione quería rodear a Harry con sus brazos, pero se contuvo al ver que el chico estaba sin camisa y atado a la cama.

- ¿Y eso...? - preguntó, señalando las ligaduras.

- Un hechizo encadenador - contestó Harry brevemente.

Hermione sacó la varita y apuntó hacia Harry.

- ¡Finite incantatum!

Los brazos de Harry cayeron sobre su regazo, y un segundo más tarde Hermione había lanzado sus brazos a su alrededor y lloraba contra su pelo. Por encima de su hombro, Harry pudo ver que Draco se ponía de pie y se quitaba los cristales de la ropa. Miraba hacia donde estaban ellos dos y sus ojos eran muy fríos.

Harry puso los brazos alrededor de Hermione sin demasiadas ganas. Por alguna razón que no podía entender, se sentía extremadamente enfadado con ella.

- ¿Dónde está Ron? - dijo cortantemente.

- ¿Ron? - Hermione se apartó de él, confusa, y se frotó los ojos - En... en el colegio - dijo, asombrada -. Le dejé una nota.

- ¿Le dejaste una nota? - la voz de Harry expresaba incredulidad.

Hermione abrió la boca y la cerró de nuevo. No podía creer que Harry fuera tan obtuso; tampoco podía creer que las primeras palabras que hubieran salido de su boca fueran “¿Dónde está Ron?” ¿Es que no estaba nada contento de verla?

- Ron odia a Draco - contestó con una voz temblorosa -. No hubiera accedido a venir.

- Sí lo hubiera hecho - dijo Harry.

Esto, como Hermione tuvo que admitir, era verdad.

- De acuerdo, lo hubiera hecho, ya que se trataba de ti - dijo -, pero hubiera tenido que explicarle todo el asunto y hubiera tardado horas en convencerle de que tenía que venir con Draco, y pensé que, de todas maneras, pronto estaríamos de vuelta, y Harry... - su voz se rompió - una vez que descubrí todo esto... en todo lo que pensé fue en sacarte de aquí y en asegurarme de que estabas bien.

Harry se limitó a mirarla con una expresión muy extraña en el rostro.

- ¿Te he oído bien? - preguntó - ¿Acabas de llamar Draco a Malfoy?

Draco se adelantó, poniéndose entre Harry y Hermione.

- Mira, Potter - dijo secamente -, sé que no te caigo bien. Tú tampoco me caes bien a mí. Si fuera por mí, hubiera dejado que mi padre te abandonara a la muerte en las mazmorras. Pero no. Y a pesar de que no quieras creerme a mí, al menos deberías creer a Hermione si te dice que ¡ESTAMOS AQUÍ PARA SALVAR TU VIDA, MALDITO DESAGRADECIDO! - Draco gritó la última parte - ¡Así que vámonos!

Harry parpadeó.

- No voy a irme con vosotros - dijo finalmente, con una voz perfectamente controlada.

Hermione y Draco se quedaron mirándole. Ni siquiera Draco parecía tener algo que decir.

- ¿Por qué no? - preguntó finalmente Hermione, con una voz muy débil.

Harry suspiró antes de explicarles todo lo de Sirius, lo del plan de McNair de atrapar a Harry en la Mansión Malfoy y dejarlo en manos de Voldemort, y lo de Colagusano.

- Y creo que pasa algo malo con tu madre, Malfoy - añadió finalmente.

- Ah - contestó Draco -. Insultos. Por supuesto.

- No - dijo Harry -. Me refiero a que pasa algo realmente malo con ella. Parece muy infeliz y esta tarde se desmayó, justo cuando trajeron aquí a Sirius.

Esto hizo que Draco se callara.

Los labios de Hermione temblaban, pero parecía muy decidida.

- Bien - dijo -. Estamos aquí en una misión de rescate. Lo único que tenemos que hacer es rescatar también a Sirius.

- Eso no será fácil - comentó Harry -. Hoy he intentado entrar en las mazmorras y hay todo tipo de alarmas...

- Hay hechizos en todas las entradas a los subterráneos - explicó Draco -. Necesitas tener sangre Malfoy en las venas para abrir las puertas. No nos gustan los extraños.

- Ni nadie más - añadió Harry -. No hay demasiada energía positiva en esta casa, ¿sabes, Malfoy? Eso es todo lo que he aprendido aquí. Eso, y que necesitáis urgentemente un mejor sistema de calefacción central.

- Harry, seguro que has aprendido muchas cosas - dijo Hermione con pedantería -. Estoy segura de que...

- Todo es trabajo escolar para ti, ¿no, Hermione? - interrumpió Harry bastante desagradablemente - De acuerdo entonces. He aprendido que los Malfoy tienen casos de locura en la familia, lo que tiene bastante sentido teniendo en cuenta que todo el mundo en esta casa está completamente ido; he aprendido que es mentira que los rubios se diviertan más; oh, y he aprendido que Draco tiene una marca de nacimiento en el trasero que representa exactamente la figura del Reino Unido.

- No es verdad - dijo Draco.

- Sí lo es.

- Oh, dejádmelo ver - pidió Hermione.

- No - dijeron Harry y Draco a la vez.

- A ti qué te importa, Harry, ni siquiera es tu cuerpo - señaló Hermione razonablemente.

- Bueno, si te portas bien te dejaré ver Escocia.

- Es mi cuerpo - dijo Draco cortantemente - y no te dejaré explotarlo. ¡Mírate! - añadió - Yendo por ahí sin camisa, no podías esperar para quitarte la ropa, ¿eh? Está bien tener músculos de una vez, ¿eh, Potter?

- No seas estúpido - dijo Harry -. Tienes los brazos como dos palos, Malfoy, y lo sabes - los movió para dar más énfasis a sus palabras -. ¡Mira! ¡Todo huesos!

- CALLAOS LOS DOS - gritó Hermione -. Deberíamos estar hablando sobre Sirius.

- Oh - dijo Harry, sintiéndose extremadamente culpable -. De acuerdo.

Y luego ocurrió. Hubo un golpe en la puerta del dormitorio. Todos se estremecieron, mirándose entre ellos con los ojos muy abiertos y esperando que fuera quien fuera, se limitara a marcharse. Pero, a medida que los golpes se hicieron más fuertes y más insistentes, la puerta empezó a temblar sobre sus goznes.

Harry señaló a Hermione y a Draco.

- Vosotros dos - siseó -. En el armario. ¡Ahora!
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