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Draco Dormiens 6

Disclaimer: esta historia está basada en personajes y situaciones creadas y de la propiedad de JK Rowling, varias editoriales entre las que se incluyen Bloomsbury Books, Scholastic Books, Raincoast Books y la Warner BROS. No se gana ningún dinero y no hay ningún copyright ni marca de registro. Otras citas se harán cuando sea necesario.

Por Cassie Claire. Traducción de Estela R. G

Capítulo Seis: El Niño Que Sollozó




Hermione y Draco corrieron hacia el guardarropa y se escondieron en su interior, cerrando la puerta detrás de ellos con un golpe. Harry señaló histéricamente la ventana con su varita y murmuró ¡Reparo!, y los trozos rotos del cristal se elevaron y volvieron a colocarse en el marco. Luego se dejó caer sobre la cama y se apoyó en uno de los postes justo cuando la puerta del dormitorio, a punto de romperse, se abrió bruscamente y Lucius Malfoy entró como un vendaval en la habitación, lívido de furia.

- ¡Muchacho! - gritó a Harry. Tenía el mismo aspecto que Draco cuando se enfadaba: muy pálido, con dos ardientes manchas de color rojo en las mejillas. Harry tenía la sensación de que Lucius podría haber abierto la puerta mediante la magia, pero que, en vez de eso, había decidido descargar su ira sobre ella - ¿Por qué no has abierto la puerta?

- No lo sé - dijo Harry con petulancia -. ¿Quizás porque tú me has atado a la cama?

Lucius tuvo la decencia de parecer avergonzado.

- Lo había olvidado - admitió, señalando a Harry con su varita y añadiendo bruscamente -. ¡Finite incantatum!

Harry dejó caer sus manos sobre su regazo.

- Gracias - dijo -. ¿Cómo está Nar... mi madre?

- Está bien - contestó Lucius con sequedad.

- ¿Puedo verla?

- No - dijo Lucius brevemente -. Necesito que me ayudes con algo. Tengo que bajar a las mazmorras y necesito que vengas conmigo.

Harry se quedó paralizado durante unos segundos. Era la invitación que había estado esperando... poder ir a ver dónde tenían a Sirius... aunque no estaba demasiado seguro de querer dejar a Hermione y a Draco encerrados en el armario. Por otra parte, llevar la contraria a Lucius Malfoy tampoco era una opción. Lucius tenia el aspecto de estar suficientemente enfadado como para torcer cuellos. - De acuerdo - dijo.

Harry se levantó, y pensando quedaos ahí hacia el guardarropa, siguió a Lucius fuera de la puerta.



***.



Dentro del armario todo era oscuridad. Un lado de la cara de Hermione estaba apretada contra gruesas telas, su rodilla se estaba clavando en la de Draco y su brazo, aplastado bajo la mochila de Harry, se le estaba durmiendo. Podía oír como Draco respiraba suavemente junto a ella, y más allá de la puerta del guardarropa podía oír a Lucius y a Harry hablando. Oyó a Lucius decir a Harry que le iba a llevar a las mazmorras, y oyó a Harry asentir. Luego oyó como salían de la habitación, cerrando la puerta tras ellos.

Draco fue el primero en hablar. En realidad, lo cierto es que no dijo nada más que un montón de insultos y maldiciones, con gran creatividad, cubriendo una amplia gama de tópicos. Tanto su vocabulario como las imágenes que sugería impresionaron a Hermione. Nunca se le hubiera ocurrido que se pudiera hacer eso con una escoba.

- Bien - dijo finalmente -. Perdona que te interrumpa, estaba disfrutando todo eso, pero creo que ahora tendríamos que salir del armario. Mi brazo me está matando.

- No podemos salir del armario - dijo Draco -. Se cierra desde fuera.

Hermione se quedó mirándole.

- ¿Qué quieres decir?

La voz de Draco era cortante.

- ¿Qué parte de “se cierra desde fuera” no has entendido? Honestamente, se suponía que tú eras inteligente.

- Un sencillo hechizo de apertura...

- No - dijo Draco -. Este armario está preparado contra ese tipo de cosas. Mi padre solía encerrarme aquí de pequeño, cuando me portaba mal, así que lo sé bastante bien.

- Tu padre parece una persona horrible.

- Deja a mi familia fuera de esto, Granger - dijo Draco bruscamente.

- ¿Granger? - Hermione soltó un bufido, exasperada - ¡Primero Harry, y ahora tú! ¿Por qué actuáis los dos como si de repente me odiarais? Todo lo que le he hecho a Harry a sido salvar su vida, y respecto a ti, no sé por qué estás enfadado, pero...

- ¿De verdad no lo sabes? - la voz de Draco, fría y distante, ahora sonaba como la voz que Hermione recordaba de innumerables encuentros desagradables por los pasillos de Hogwarts.

- No - contestó fríamente.

- Lumos - dijo Draco, y una luz brilló en la punta de su varita, iluminando el interior del armario.

Hermione se sobresaltó. Hablando con Draco a oscuras se había imaginado su rostro tal y como la recordaba del colegio. Y ahora estaba cara a cara frente a Harry de nuevo. La luz de la varita hacía que sus ojos brillaran como malaquita oscura. Pero tenía la sonrisa enfadada de Draco.

- Potter - dijo Draco secamente - está siendo un estúpido por dos razones. Una: odia la idea de ser rescatado por mí. Y lo entiendo. Yo me sentiría igual si estuviera en su situación.

- ¿Y la segunda razón? - preguntó Hermione con curiosidad.

- Está celoso - contestó Draco.

Hermione se sintió como si su corazón bajara hasta su estómago, antes de subir de nuevo e instalarse en su garganta.

- ¿Celoso? - repitió - ¿Por qué?

- No seas estúpida, Hermione.

Hermione alzó la mano y cogió la de Draco, apretándola suavemente.

- ¿Qué estás diciendo?

La mano de Draco quedó aprisionada entre la suya, sin moverse.

- Sé qué es lo que quieres oír - contestó él -. ¿Pero es de esta manera como lo quieres oír?

Hermione se detuvo. ¿Era así como quería oír que Harry quizás... probablemente... tenía sentimientos hacia ella (aunque fuera un sentimiento... cualquier sentimiento)? ¿De labios de un Draco que espiaba lo que había en la cabeza de Harry? Era una violación, aunque fuera una involuntaria. Y también cabía la posibilidad de que Draco se estuviera equivocando.

Negó con la cabeza y apartó la mano.

- No - dijo.

- Sólo porque puede sentir lo que Harry siente - comentó Draco inesperadamente - no quiere decir que haya dejado de sentir lo que yo siento.

Hermione se quedó mirándole.

- ¿Qué es lo que sientes? - preguntó... y para su sorpresa, estaba tan interesada en la respuesta a esta pregunta como lo había estado en la respuesta a su pregunta anterior.

Pero Draco había bajado la cabeza y ella ya no podía ver sus ojos, sino únicamente la luz reflejándose en las gafas de Harry.

- Justo ahora siento que tengo hambre - dijo -. Mucha, mucha hambre. No he comido nada desde ayer al mediodía.

- Oh - dijo Hermione, un tanto decepcionada, acercando la mochila de Harry. Ahora estaba sentada más cerca de Draco -. He traído un poco de comida... tengo Ranas de Chocolate, cerveza de mantequilla y pepinillos...

Draco hizo una mueca.

- He dicho que estaba hambriento, no embarazado.

Hermione soltó una risita.

- Bueno, es todo lo que tenemos.

- De acuerdo. Pásame una cerveza de mantequilla. Quizás si bebo las suficientes no me importará tanto quedarme encerrado en este armario.



***.



Harry siguió a Lucius Malfoy por los cada vez más familiares pasillos de la mansión hasta que llegaron a la sala auxiliar, donde Lucius abrió la trampilla e indicó a Harry que entrara tras él. Harry le siguió, con cuidado de no tocar nada. No quería que su falta de sangre Malfoy disparara más alarmas.

Los escalones de piedra gris le llevaron a una fría oscuridad iluminada únicamente por la luz de la varita de Lucius. El camino que seguían parecía un laberinto: finos pasadizos se ramificaban en cada dirección como si de serpientes se tratara. Harry intentó mantener la orientación murmurando para sí mismo izquierda, derecha, derecha, bruscamente hacia la izquierda, pero sabía que era inútil.

Lucius Malfoy habló una sola vez, mientras pasaban de un estrecho corredor a otro, éste segundo decorado con un mosaico de mármol roto.

- Esto será bueno para tu educación, chico - dijo.

Al final alcanzaron la entrada a las mazmorras, un gran arco de piedra con una oxidada puerta de hierro cerrada por un enorme candado que presentaba la forma de dos serpientes. Lucius puso una mano sobre él y lo abrió, permitiendo que la puerta se abriera hacia dentro. Harry siguió a Lucius al interior.

Lucius caminó por delante de las puertas con barrotes que se alineaban en las paredes de la mazmorra y se detuvo frente a una de ellas, mirando su interior. Harry se paró tras él, sabiendo qué era lo que vería.

La celda era una pequeña habitación con paredes de piedra de aspecto fino, y con suelos también de piedra. En la parte más alejada había un banco bajo, de piedra, sobre el cual había un hombre tumbado.

Era Sirius.

- Hola, Black - dijo Lucius, y Sirius se sentó. Harry se sintió aliviado al ver que le habían quitado el hechizo inmovilizador -. ¿Estás cómodo?

Sirius soltó un gruñido largo y grave, como un perro.

- Bien - dijo Lucius -. Está bien saber que estás tan orgulloso de haber sido un animago durante tanto tiempo que ya no puedas hablar como un ser humano.

Sirius giró la cabeza.

Lucius hizo un gesto de disgusto, miró hacia abajo y levantó la manga izquierda de su túnica, alzando el brazo, en el cual se distinguía claramente el diseño negro de la serpiente y la calavera: la Marca Tenebrosa. Luego la alzó hasta su rostro y habló contra ella, como si se tratara de un walkie-talkie.

- McNair - gritó -. Peter. ¿Dónde estáis?

La calavera del brazo de Lucius movió la mandíbula y se oyó una pequeña voz.

- No podemos entrar en las mazmorras sin ti. Necesitamos que alguien abra la trampilla.

- Mierda - dijo secamente Lucius, dirigiendo la mirada a Harry -. ¿Tienes tu varita, chico?

- Sí - dijo Harry, sacándola y mostrándosela a Lucius.

- Muy bien, Draco - aprobó Lucius, mostrando sus dientes puntiagudos al sonreír -. Quiero que vigiles a Black hasta que yo vuelva con Peter y McNair. SI se mueve, lánzale algún hechizo inmovilizador. Ahora eres lo suficientemente mayor como para tomar algunas responsabilidades - añadió -. Es hora de que todos veamos de qué estás hecho.

Harry sospechó que esto tenía menos que ver con dar a Draco la oportunidad de demostrar de qué estaba hecho que al hecho de que Lucius necesitaba ayuda y Narcisa no estaba en estado de proporcionársela. Sin embargo, no iba a protestar.

- De acuerdo, padre - dijo -. Me quedaré aquí.

Lucius se marchó, dejando a Harry de pie en la oscuridad, impaciente. Tan pronto como oyó que la puerta se cerraba en la distancia tras Lucius, se agarró a los barrotes y llamó:

- ¡Sirius! Sirius, no estés asustado, soy yo...

Sirius alzó la cabeza.

- Harry - dijo -. ¿Qué te has hecho en el pelo? Tiene un aspecto horrible.

Harry casi se atragantó de la sorpresa.

- ¿Me reconoces?

Sirius rió.

- Soy un perro, Harry - contestó -. Puedo reconocerte por tu olor antes que por tu aspecto. He sabido que estabas aquí desde que llegué.

Harry apoyó la cabeza contra los barrotes de la celda. Era un alivio saber que alguien le reconocía, aunque fuera sólo por cómo olía.

- Que te hayas disfrazado como el hijo de Lucius Malfoy es algo increíblemente arriesgado - dijo Sirius con desaprobación -. ¿Qué has usado? ¿Poción Multijugos?

- Más o menos - respondió Harry, y de un tirón puso a Sirius al día sobre todo lo que había ocurrido en los últimos días.

Sirius escuchó en silencio, ocasionalmente asintiendo o haciendo una exclamación de sorpresa, hasta que Harry llegó a la parte en la que Colagusano y McNair habían llevado a Sirius al dormitorio de Draco y Narcisa se había desmayado.

- Narcisa - dijo Sirius pensativamente -. Ahí hay un misterio.

- ¿Qué?

- Narcisa Hardestry - dijo Sirius - era la chica más guapa de su curso en Hogwarts. Tenía dos años más que James y Lily y el resto de nosotros, era muy buena estudiante y muy popular. Y luego, durante su último curso, se prometió a ese imbécil, Lucius Malfoy. Nadie pudo entenderlo. Fue el misterio del año, porque ella nunca le había aguantado antes, ni a él ni a ninguno de sus compañeros de Slytherin. Narcisa - añadió - estaba en Ravenclaw.

Harry dirigió a Sirius una mirada penetrante. Era difícil asegurarlo, pero parecía que bajo toda la porquería y la sangre y el polvo, Sirius parecía un poco sonrojado.

- ¿A ti te gustaba, Sirius? - preguntó.

- Puede - admitió Sirius -. La conocía bastante bien, Harry. Era una buena persona, me hubiera apostado lo que fuera a que lo era... pero claro, hubiera dicho lo mismo sobre Peter, y mira lo que ocurrió con él.

- Así que estás diciendo que yo debería... - empezó Harry antes de que Sirius le interrumpiera.

- Sólo mantén los ojos abiertos cuando ella esté cerca, Harry, es todo lo que estoy diciendo.

- Olvídala, Sirius - dijo Harry -. Lo que importa es que tenemos que sacarte de aquí.

Sirius negó con la cabeza.

- Ahora no - replicó -. Malfoy estará de vuelta en cualquier segundo.

- Ya lo sé - dijo Harry -. Estaba pensando en volver aquí algo más tarde, por la noche. Tengo la capa de invisibilidad de mi padre arriba. Nos cubrirá bien a todos. Dejaría a Draco detrás - añadió malhumorado -, pero le necesito para que abra las puertas. Sólo se abren para los Malfoy.

Sirius alzó la mano derecha para pasarla por su pelo, y Harry vio que su muñeca izquierda estaba encadenada al banco sobre el que se sentaba.

- Harry - dijo -, sé que ese chico Malfoy no te cae bien, pero asegúrate de que lleva la capa de invisibilidad, ¿de acuerdo? Porque si lo cogen, pensaran que eres tú. Y ese sería su fin.

La garganta de Harry estaba seca.

- Están planeando matarme, ¿verdad, Sirius?

- Peor - dijo Sirius con tristeza -. Oí a McNair y a Colagusano hablando sobre ello mientras me traían aquí. Su plan era utilizarme a mí para atraerte a la Mansión Malfoy, y cuando te atraparan aquí, llamar a Voldemort. Quiere utilizar la Maldición Lacertus sobre ti...

Sirius se detuvo: el inconfundible sonido de la puerta de las mazmorras abriéndose era perfectamente audible a través de las paredes. Harry se apartó de los barrotes, y permaneció con la varita en la mano hasta que Lucius, McNair y Colagusano entraron en la mazmorra.

Ignoraron a Sirius. Lucius hizo un breve gesto con la cabeza en dirección a Draco.

- Quédate aquí, chico - dijo -. Quiero que veas esto.

Harry apretó los puños. Sabía que no iban a dañar a Sirius --un rehén muerto no es ningún rehén -- pero no le gustaba el aspecto que tomaba esto.

Lucius había sacado su varita y la estaba moviendo en el aire frente a él. McNair sacó su propia varita y tocó con ella la punta de la de Lucius; luego Colagusano alzó a mano y la puso sobre las dos varitas.

- Dominus vocare - dijo con su voz cascada y siseante.

Un rayo de luz verde salió de las puntas de las varitas y de la mano de Colagusano, concentrándose bajo la forma de una cabeza y un par de hombros. El rostro estaba borroso, pero Harry lo reconoció al instante: no había ninguna otra cara como ella, delgada y diabólica, con rojos ojos de gato.

Voldemort.

- Amo - dijo Lucius con una voz aceitosa y desagradable.

- ¿Por qué me habéis llamado? - preguntó la imagen de Voldemort con una voz dura y como de humo.

- Deseábamos mostrarle que hemos tenido éxito capturando a Sirius Black - dijo Colagusano, mientras una sonrisa se extendía por su cara regordeta -. ¿Puede verle?

La imagen de Voldemort volvió la cabeza hacia la celda que contenía a Sirius. Mientras lo hizo, su mirada pasó por Harry, quien sintió el familiar dolor en la frente. Se clavó las uñas en las palmas de las manos, pero no se movió.

- Ya le veo - dijo la imagen-Voldemort -. ¿Y el chico Potter? ¿Ya ha sido avisado?

- Mandé una lechuza a su colegio, Amo - contestó McNair.

- Bien, entonces - aprobó Voldemort -, habéis hecho un buen trabajo. Seréis recompensados - y, mientras todos sonreían, añadió secamente - cuando tengáis al chico en vuestro poder, claro está.

Sus sonrisas se desvanecieron ligeramente.

- Eso será pronto, Señor - dijo Lucius.

Pero Voldemort estaba mirando a Harry de nuevo, y el dolor en la frente del chico se hacía cada vez más fuerte.

- ¿Es éste tu hijo, Lucius?

- Sí, Amo.

La mirada de Voldemort no se desvió de su sitio.

- Se parece a ti, Lucius - dijo finalmente -. ¿Me lo enviarás cuando tenga la edad suficiente?

- Por supuesto, Señor.

Y con eso, la imagen de Voldemort se desvaneció. Aparentemente no era alguien que se extendiera mucho en las despedidas. Lo que, en opinión de Harry, era perfecto: un segundo más y el dolor de su cicatriz hubiera hecho que cayera sobre sus rodillas.

Y, sin embargo, estaba contento de que le hubiera dolido. Eso significaba que al menos seguía siendo él mismo; por debajo del disfraz, todavía era Harry Potter.

Lucius, sin embargo, parecía contento, o al menos más contento que como Harry le había visto nunca. Llegó a poner una mano sobre el hombro de Harry cuando abandonaron la mazmorra. El chico se giró para mirar a Sirius mientras pasaban por la puerta, pero Sirius había vuelto la cara hacia el muro y no le vio.



***.



Draco había bebido ahora cuatro cervezas de mantequilla, al igual que Hermione. Se habían peleado brevemente y entre risitas por ver quien se bebía la última. Draco había ganado. El alcohol que contenía una única cerveza de mantequilla era bastante poco, pero haber bebido cuatro con el estómago vacío había hecho que Hermione se sintiera habladora e inconsciente.

- ¿Y qué pasará si tu pequeño novio no vuelve nunca? - preguntó Draco - Sería muy embarazoso que muriera encerrado en mi propio armario.

- No es mi novio - dijo Hermione automáticamente -. Y volverá.

Draco la miró duramente por encima de su cerveza de mantequilla.

- ¿Por qué? - preguntó.

- Porque Harry no nos dejaría morir aquí - contestó Hermione, sorprendida -. Puede estar enfadado conmigo, pero no es un homicida... ¿verdad?

- No - dijo Draco -. Quiero decir, ¿por qué no es tu novio?

Hermione descubrió que estaba teniendo unos cuantos problemas al intentar enfocar los ojos sobre Draco. Por supuesto, eran las cuatro de la mañana y no había dormido desde hacía veinte horas.

- Porque - contestó con tristeza - no le gusto. Él mismo lo dijo.

- Menudo estúpido - comentó Draco, como sin darle importancia -. No creo que sepa lo que quiere.

- ¿Cómo se está sintiendo ahora? - preguntó Hermione, a pesar de sí misma.

Draco pensó por unos segundos.

- Triste - contestó.

- ¿Sabes qué es lo que voy a echar de menos? - dijo Hermione, que ahora experimentaba una sensación muy extraña, como si se estuviera quedando dormida sin tener sueño.

- ¿Estar rodeada por todos estos Armani? - sugirió Draco.

- No - dijo Hermione -. A ti. Siendo así. Cuando os quitemos el hechizo a ti y a Harry volverás a ser desagradable y horrible, ¿no?

- Piensa en el lado bueno - replicó Draco, intentando no darle importancia -. Probablemente Harry dejará de ser un imbécil.

- No le llames así - pidió Hermione, aunque su protesta fue más automática que lo que realmente sentía.

- ¿Sabes tú lo que yo voy a echar de menos? - preguntó Draco, y ahora no la estaba mirando, sino que contemplaba fijamente lo que había por encima de sus cabezas.

- ¿Qué?

- Tenerte como amiga - dijo él rápidamente -. Quiero decir, incluso cuando creías que yo era Harry, estaba bastante bien... Tengo amigos, ya sabes, como Crabbe y Goyle, pero nunca he sentido que morirían por mí. Bueno, podrían morir por mí, si les pidiera que bebieran veneno seguramente lo harían, pero eso es más bien estupidez que lealtad, en mi opinión - suspiró -. Pero tú morirías por Harry, ¿no?

- Sí - contestó Hermione -. Y creo que también podría morir por él - añadió, y Draco sonrió sin ganas.

Hermione se movió hacia un lado de modo que pudiera apoyar la nuca en el hombro de él, que estaba sentado en una posición muy recta. Podía ver la línea de su perfil, muy seria y familiar a la luz de la varita.

- Lo sentiré mucho cuando empieces a afeitarte - dijo Hermione como en sueños (a estas alturas tenía la cabeza en las nubes) -. Me encanta esa cualidad traslúcida que tiene tu piel, siempre me ha gustado. Y cuando pases la primera cuchilla por ella, se irá para siempre.

Movió la cabeza y le besó en la mejilla.

Él bajó los ojos para mirarla, dejándolos a milímetros de los de ella.

- Hermione - dijo -, ¿con quién estás hablando?

- No lo sé - admitió ella, y esta vez le besó en los labios.

Fueran cuales fueran los pensamientos que él pudiera tener no los mostró: la cogió por los hombros y le devolvió el beso con fiereza, y cualquier idea que ella pudiera tener de que se tratara de Harry se desvaneció. Nunca había besado a Harry antes, pero estaba segura de que si lo hubiera hecho no sería así. Esto era besar a un extraño, o casi a un extraño; cada roce de sus labios sobre los de ella mandaban escalofríos de excitación por sus nervios. Tampoco olía como Harry, olía como Draco: pomelo, pimienta, aire frío de la noche.

Pero cuando él dijo su nombre fue con la voz de Harry.

A ella no le importó. Rodaron a un lado y a otro, besándose en los rincones más alejados del armario, chocando contra las paredes, tan ocupados que ninguno de los dos se dio cuenta de que alguien estaba abriendo la puerta del guardarropa mientras dejaba entrar la luz del exterior, tan ocupados que no pararon hasta que una voz habló y rompió su concentración con una cortante y furiosa finalidad:

- ¿QUÉ DEMONIOS ESTÁ PASANDO AQUÍ? - dijo Harry.



***.



Hermione se sentía bastante miserable. Harry no hablaba con ella, y parecía que había decidido no volver a hablar con ella nunca más. Extrañamente todavía hablaba a Draco, aunque no con lo que podía ser llamado “gran entusiasmo”.

Draco y Hermione se habían separado violentamente en cuanto habían notado la presencia de Harry, pero había sido demasiado tarde. Hermione se había tambaleado fuera del guardarropa, medio histérica y bastante débil por la cerveza de mantequilla y los besos, y había intentado coger a Harry del brazo, pero él se había limitado a mirar su mano que había quedado sobre su manga como si se tratara de un Excreguto de Cola Explosiva y había dicho “No. Me. Toques.” Con una voz muy fría, muy dura y muy terminal. Luego había dicho “Sal del armario, Malfoy. Necesito hablar contigo.”

Draco había salido del guardarropa con aspecto aprehensivo, como si temiera que Harry fuera a pegarle un puñetazo, pero no había sido así. Harry parecía convencido de que toda la culpa era de Hermione, que ahora estaba sentada con aspecto miserable a los pies de la cama de Draco, mirando como los dos chicos esbozaban un plan para sacar a Sirius de las mazmorras.

- Tendremos que ir los dos - decía Harry. Había explicado la situación de Sirius, y ahora él y Draco tenían las cabezas inclinadas sobre un esquemático plano que Harry había dibujado de la mansión y de sus pasajes subterráneos -. Tendrás que dejarme entrar ahí abajo, porque necesito a alguien con sangre Malfoy para abrir las puertas. Los dos podemos caber dentro de la capa de invisibilidad, pero probablemente sería más fácil que fueras tú antes y que yo te siguiera un poco después. Si las puertas se empezaran a abrir por todas partes sin que nadie lo causara la gente empezaría a hacerse preguntas. Y permanece bajo la capa... eres el Enemigo Público Número Uno por estos lugares, con el aspecto que tienes.

Draco asintió.

- Sería mejor que fuéramos lo antes posible - dijo -. Esperan que Harry Potter venga pronto, y si no lo haces...

- Sí - asintió Harry brevemente -. Estaba pensando en hacerlo ahora mismo.

- Buen plan - aprobó Draco -. ¿Y qué pasa con Hermione?

Harry dirigió a Hermione una mirada larga, fría y sin muestras de amistad.

- Encerrémosla en el armario - sugirió.

- No voy a quedarme en el armario - dijo Hermione rápidamente -. Voy con vosotros.

- No, no vienes- dijo Harry sin mirarla -. Va a ser peligroso, y no puedo preocuparme continuamente de que hagas algo estúpido y pongas en peligro tu integridad física.

- Sabes perfectamente que yo no hago nada estúpido - dijo Hermione, furiosa.

- Creo que acabas de demostrar que sí que lo haces - dijo Harry, sin molestarse en ocultar lo que pensaba.

Sin detenerse a considerar lo que hacía, Hermione dio rápidamente cinco pasos en dirección a Harry y le golpeó con dureza en la cara. El mapa cayó de las manos de él mientras se quedaba mirándola, con aspecto tan atónito como si su varita acabara de saltar de su bolsillo y se hubiera puesto a cantar el himno nacional.

Draco estaba sonriendo.

- Puede que quieras sentarte, Harry - dijo -. La última vez que ella me hizo eso vi las estrellas durante días.

Tanto Harry como Hermione se giraron hacia Draco simultáneamente.

- ¡Cállate, Malfoy!

- Bien, vale - dijo Draco -. Me iré a sentar allí.

Y se alejó hacia el extremo de la habitación. Parecía resentido, pero Hermione presentía que estaba encantado de poder marcharse y dejarles continuar con su discusión en paz.

- No me voy a disculpar - dijo ella con un tono helado -. Te lo merecías.

- Sí - contestó Harry, todavía en estado de shock, y, decidiendo hacer caso del consejo de Draco, se sentó a los pies de la cama -. Supongo que no es asunto mío.

Parecía tan miserable que Hermione se sintió culpable.

- Harry... sé lo que debes estar pensando...

- Oh, no, no lo sabes.

- Sé que no te gusta Draco...

- ¿Qué no me gusta? - parecía que a Harry le acabaran de decir que Hermione iba a cenar con Voldemort - Esto es Draco Malfoy, Hermione, ¿te has dado cuenta de que es Draco Malfoy de quien estamos hablando? ¿El que ha intentado mil veces mandar a Hagrid a Azkaban? ¿El que te llama sangre sucia? ¿El que consiguió que su padre echara al de Ron del Ministerio de Magia?

- ¡Eh, yo no sabía nada de eso último! - dijo la voz de Draco desde el otro extremo de la habitación.

- ¡Cállate! - gritó Harry sin apartar los ojos del rostro de Hermione - ¿Del Draco Malfoy que dijo que deseaba que murieras? ¿Recuerdas eso, Hermione?

- Ahora es diferente - protestó ella, sabiendo lo estúpido que sonaba esto -. Ha cambiado.

- ¿Cambiado? - repitió Harry, ahora pareciendo como si le hubieran dicho que Hermione iba a salir a cenar con Voldemort y que iba a llevar una botella de buen vino - ¿Qué diría Ron si supiera que te estabas liando en un armario con el chaval cuyo padre quitó el trabajo a su padre y prácticamente dejó en bancarrota a toda la familia? ¡Si no fuera por la tienda de bromas de Fred y George hubieran acabado en la calle, y lo sabes!

- Eso no es justo - dijo Hermione, dolida por esta mención de Ron -. Eso fue Lucius, no Draco. Yo no te culpo por nada de lo que hayan hecho los Dursley, ¿no? - dejó que su voz se redujera a un susurro - Harry... - dijo de nuevo - Ahora es diferente. Cuando intentamos entrar en la casa, saltó frente a una flecha que estaba dirigida a mí. Salvó mi vida. ¿Es que eso no significa nada?

Harry la miró; sus ojos cafés eran enormes en su cara blanca, y sus labios temblaban.

- Es la Poción Multijugos, Hermione - dijo él -. Ya lo sabes. Pareces Hagrid, adoptando algún nuevo monstruo horrible e insistiendo en que esta bien educado. Uno de esos días te comerá la mano. Quizás cuando le quitemos el hechizo, o quizás antes.

- ¿Como sabes que se trata del hechizo, Harry? - preguntó Hermione, lanzando una mirada ansiosa a través de la habitación, hacia Draco.

- Porque - dijo él, se detuvo y alzó la mirada. La chica podía adivinar que estaba decidiendo decir o no una cosa -, porque puedo sentir como a mí me ocurre todo lo contrario, ¿de acuerdo?

- Quieres decir que... ¿puedes oír lo que él está pensando?

Él negó con la cabeza.

- No. Otra cosa - sacó la varita e hizo que ella se acercara más a él -. Mira esto, Hermione - dijo, y señaló con la varita hacia un par de arañas que caminaban por la separación de las baldosas.

- ¡Cruoris! - siseó.

Un rayo de luz negra salió de la punta de su varita golpeó a una de las arañas. Instantáneamente, el animal dio media vuelta y atacó salvajemente a su compañero, arrancándole la cabeza y procediendo a devorarla. Harry contempló la carnicería con una expresión de tristeza en el rostro.

Hermione sintió como abría mucho los ojos.

- Harry - dijo, con voz desmayada -, eso era... Magia Negra, ¿verdad?

- Y eso ni ha sido desagradable para ser un hechizo - dijo Harry sombríamente, mirando como la araña que quedaba, mucho más gorda que antes, se escurría por el suelo -. Muchos de ellos son más desagradables.

- Pero tú no has hecho Magia Negra en toda tu vida - dijo Hermione, asombrada -. Y se necesita mucha práctica...

- No, yo no he hecho nunca - dijo Harry -, pero el sí - e hizo un gesto con la cabeza en dirección a Draco -. ¿Lo entiendes ahora?

- Oh, Harry... - se lamentó ella, sentándose junto a él en la cama. Ahora podía ver lo mal que se sentía él, e, incluso, ella misma sentía como su propio corazón se estaba rompiendo en pedazos. Se había prometido a sí misma que no se sentiría culpable por haber besado a Draco en el armario, pero sí se sentía mal. No tenía sentido; no debía nada a Harry, y, probablemente, él nunca se había fijado en ella de esa manera, pero así eran las cosas y no había nada que hacer. Prometiéndose en silencio a sí misma que nunca más volvería a besar a Draco, dijo con furia - Saldremos de esto, Harry. Sacaremos a Sirius de la mazmorra, y te quitaremos el hechizo, y todo volverá a hacer como era antes.

- ¿Y de qué puedo servir a Sirius así? - dijo Harry, con tristeza - ¿Qué pasará si de pronto me vuelvo loco y diabólico ¿Y que pasará si el hechizo no desaparece nunca?

- Entonces te llevaremos al Ministerio cuando todo esto acabe - dijo Draco, que se había acercado desde la otra parte de la habitación y ahora miraba a Harry, irritado -. ¿Quieres dejar de auto compadecerte, Potter? No te vas a volver loco y diabólico. No olvides que tienes un pedazo de mi en ti, no de Voldemort.

- No veo ninguna diferencia - contestó Harry, mirando hacia el suelo.

- De acuerdo - dijo Draco -. Dime, ¿cuándo se convirtió el Niño-Que-Vivió en el Niño-que-Sollozó?

- Oh, muy divertido - replicó Harry -. Qué lástima que ninguno de los slytherins esté aquí para apreciarlo, Malfoy.

- Yo tampoco escogí tener los poderes de Mellizos Fantásticos contigo, pero no acuesto y me pongo a llorar - contestó Draco brevemente.

- No - dijo Harry con sarcasmo -. Tu método de resolver el problema cor la útil técnica de liarte con Hermione cada vez que se presenta la ocasión está obrando maravillas. Tú enfréntate a las crisis a tu manera, Malfoy. Yo me enfrentaré a ellas a la mía.

- Mi manera es más divertida - señaló Draco.

- Tu manera - contestó Harry - va a acabar llevándote a que te den un buen golpe en la cabeza.

- Ah, ahora soy yo quien está hablando, sí - comentó Draco, aparentemente complacido -. Reconozco el mal humor.

Harry no parecía tener ni siquiera la energía suficiente para decir a Draco, que ahora sonreía para sí mismo, que se callara; le miró, se puso de pie, cogió el mapa y dijo:

- Si tenemos que ir, más vale que vayamos ahora.

Se prepararon, Draco cogiendo la capa de invisibilidad y Hermione recogiendo su varita, que había caído dentro del armario durante toda la confusión. Mientras caminaban hacia la puerta, Harry pasó junto a Draco y siseó en voz baja, para que Hermione no le oyera:

- Sólo le gustas porque tienes mi aspecto.

Draco dejó de sonreír.

***.



La primera parte del plan fue remarcablemente bien. Draco, en su capa de invisibilidad, entró en la sala auxiliar, comprobó que no había nadie cerca y abrió la trampilla para Harry y Hermione, que bajaron por las escaleras mientras Draco les seguía.

Usando una combinación de los recuerdos de Draco de los pasajes subterráneos y del mapa incompleto de Harry, recorrieron su camino lentamente por los túneles. Hermione estaba sorprendida viendo lo grandes que eran. Pasaron por salas subterráneas del tamaño de pistas de tenis, algunas con joyas brillantes como estalactitas colgando del techo.

- Hay más salas debajo de tu casa que en tu casa, Draco - comentó Hermione.

- Ya lo sé - dijo la voz sin cuerpo de Draco a su izquierda -. La mansión sólo tiene seiscientos años de antigüedad, pero estos pasadizos llevan un milenio aquí, como mínimo. Mi madre cree que se trataba de una ciudad subterránea.

- ¿Sabías que tu madre fue al colegio con mis padres? - dijo Harry, que todavía no tenía un aspecto demasiado amigable, pero parecía resignado a la situación.

- Sé que fue a Hogwarts, sí.

- Parece ser que era amiga de Sirius - dijo Harry.

La voz de Draco era bastante desganada. No parecía que quisiera hablar de su madre.

- Nunca lo ha mencionado.

Hermione caminaba junto a ellos. Estaba pensando en lo que había sucedido entre ella y Draco en el armario, preguntándose si Draco también estaba pensando en ello. Era un poco difícil adivinarlo, debido a su actual estado invisible.

No era la primera vez que había besado a alguien. Había besado a Ron varias veces durante quinto curso, pero no había surgido nada de ello; cada vez que sus labios se encontraban Ron se alejaba, y luego la ignoraba durante varios días. Esto había empezado a poner nerviosa a Hermione, que había anunciado que a partir de entonces serían sólo amigos, para gran alivio de ambos.

Luego había estado Viktor. Hermione sorió para sí. Nunca le había gustado demasiado, aunque le había permitido besarla en innumerables ocasiones. Le había prestado atención pensando que así Harry se pondría celoso, lo que no había ocurrido. Harry, como de costumbre, parecía capaz de ver a través de ella y averiguar sin molestarse que, realmente, nunca había estado del todo interesada en Viktor.

Recordaba lo feliz que había estado antes de la segunda prueba del Torneo de los Tres Magos, cuando le habían dicho que iba a ser la prenda de uno de los campeones... “lo que el campeón más puede valorar”. Había asumido que sería la prenda de Harry. El recuerdo de lo decepcionada que había estado al descubrir que quien la había rescatado había sido Viktor Krum borró la sonrisa de su rostro.

- Ya hemos llegado - dijo Draco, desde algún lugar hacia su derecha -. Venga.

Estaban en la entrada de las mazmorras, ahora cerrada y con el candado en forma de serpiente. Hubo algunos ruidos mientras Draco se acercaba y, presumiblemente, hizo lo que hubiera que hacer para que el candado se abriera. Éste cayó hacia un lado y la puerta se abrió.

Harry le dio la mano mientras pasaban por la puerta, y ella la apretó suavemente. Todo allí abajo estaba en tinieblas, y la misma mazmorras estaba muy oscura. Harry la empujó hacia delante, y pudo oír cómo iba Draco detrás de ellos.

Harry se puso de rodillas frente a una reja, y Hermione le imitó.

- Sirius - dijo Harry en un susurro -. Sirius, ¿estás despierto?

No hubo respuesta.-

- Sirius - repitió Harry, ahora con más urgencia.

Una pequeña luz brilló como una chispa en la impenetrable oscuridad de la celda. Mientras su tamaño aumentaba, Hermione cayó en la cuenta de que se trataba de la luz de una varita, que se expandió para iluminar la celda, mostrando el suelo vacío, las rugosas paredes, y a Lucius Malfoy y a Colagusano, sentados juntos en el banco de piedra sobre el cual había estado tumbado Sirius una hora antes. Lucius, con la varita en su mano derecha, miraba a Harry con una expresión de profunda rabia.

- Draco - dijo, a través de sus dientes entrecerrados -. ¿Qué estás haciendo aquí?

Detrás de ella, Hermione oyó como el verdadero Draco soltaba una audible exclamación de asombro. Pero Harry estaba demasiado atontado por la sorpresa como para hablar. Sus ojos se movían salvajemente desde Lucius hasta el frío banco de piedra donde había visto a Sirius por última vez, volviendo de nuevo al padre de Draco.

Hermione se dio cuenta de que si alguien tenía que hacer algo, aquel alguien debería ser ella. Se levantó de pronto, dejando caer la mano de Harry mientras lo hacía.

- Señor Malfoy - dijo -. Todo esto es culpa mía.

La mirada de Lucius se dirigió hacia ella, y se pudo ver incredulidad en su rostro.

- ¿Y quién - preguntó él, con algo de dificultad - eres tú?

- Soy la novia de Draco - contestó Hermione -. Soy... Lavender Brown.

Se mordió los labios y dirigió en silencio una disculpa a Lavender, cuyo nombre había utilizado porque los Brown era, una antigua y respetada familia de magos, algo que Lucius Malfoy debía saber.

Harry, que la contemplaba como si fuera una rana, intentó agarrarla de la muñeca, como advirtiéndola de algo. Ella le cogió la mano.

- Draco y yo estábamos discutiendo - dijo la chica, parpadeando en dirección a Lucius -. Él decía que vuestra familia tiene las mazmorras más grandes de Gran Bretaña, mientras que yo creía que eran los Rockwoods los que las poseen, y, bueno... - bajó la mirada - Hice que me trajera aquí abajo. ¡Todo es mi culpa!

Y rompió a llorar, lo que no fue demasiado difícil teniendo en cuenta lo estresante que estaba resultando la situación. Como había esperado, Lucius Malfoy, mientras que estaba perfectamente acostumbrado a todo tipo de torturas y de desagradable Magia Negra, no estaba preparado para el espectáculo de una adolescente llorando. Parecía muy nervioso.

- Para - dijo a Hermione -. ¿Cómo has llegado aquí, de todas maneras?

- Por polvos flu - contestó Hermione, llorando más fuerte que antes -. Echaba tanto de menos a Draco porque no estaba en el colegio... Y quería ver a Sirius Black, porque es uno de los magos más temidos de Inglaterra, y no podía creer que usted le hubiera capturado, señor Malfoy... oh, nunca imaginé que el padre de Draco fuera un mago tan poderoso...

Esto hizo que Lucius se enderezara.

- Bueno - dijo -. No ha habido ningún daño, supongo, especialmente ahora que Black ya no está aquí. Le hemos llevado a otra celda.

Hermione le miró por entre los dedos, esperando que dejara caer un poco más de información, pero no parecía demasiado inclinado a hacerlo.

- Debo decir - añadió Lucius, mirando ahora a Harry -, que es un alivio ver que tienes novia, Draco. Estaba empezando a pensar que eras gay.

Hubo un sonido ahogado desde detrás de Hermione, mientras el Draco real soltaba una exclamación de indignación.

- Um - dijo Harry -. Ya. Vale. Bueno, no lo soy. Aunque entiendo por que lo has pensado - añadió -. Toda esa ropa cursi...

Se detuvo cuando Draco le golpeó en el tobillo con un pie invisible.

- Y es bastante guapa, sí - comentó Lucius, que ahora miraba a Hermione de nuevo. No era una mirada que a la chica le gustara demasiado -. ¿Por qué no volvemos todos arriba y nos... conocemos un poco mejor? - se volvió hacia Colagusano - Peter, tú quédate con el prisionero en la otra celda hasta que él llegue.

Colagusano asintió, mientras miraba a Hermione con una expresión confundida en el rostro. Con un retortijón en el estómago, Hermione se dio cuenta de que probablemente se estaba preguntando dónde la había visto antes. Porque la verdad era que la había visto antes... con Harry. Por supuesto, en aquel entonces había tenido trece años, y ahora tenía dieciséis, y no hay mayores cambios en la apariencia de una chica que los que se producen entre los trece y los dieciséis. Ahora era como mínimo veinte centímetros más alta, tenía el cabello largo, liso y suave en vez de la mata de pelo que había tenido en otro tiempo, y, por supuesto, sus dientes eran diferente, y en cuanto a su figura... vaya, esperaba que Colagusano no estuviera mirando su figura.

- Mientras tanto - dijo Lucius -, Lavender y yo iremos arriba a hablar. Draco, levántate del suelo. Puedes venir con nosotros si quieres.

Y salió de la celda, cogiendo el brazo de Hermione mientras lo hacía y llevándola a la fuerza hacia arriba. Un Harry de aspecto enfadado fue detrás de ellos.
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