Manuel Gomez (manuelj) wrote in dtespanol,
Manuel Gomez
manuelj
dtespanol

  • Mood:

Draco Dormiens 7

Disclaimer: esta historia está basada en personajes y situaciones creadas y de la propiedad de JK Rowling, varias editoriales entre las que se incluyen Bloomsbury Books, Scholastic Books, Raincoast Books y la Warner BROS. No se gana ningún dinero y no hay ningún copyright ni marca de registro. Otras citas se harán cuando sea necesario.

Por Cassie Claire. Traducción de Estela R. G

Capítulo Siete: la Novia de Draco Malfoy




Hermione se sentó frente a Lucius en su despacho. Era una habitación que le hubiera gustado bajo otras circunstancias, ya que las paredes estaban cubiertas por libros desde el suelo hasta el techo. Un fuego rugía en la chimenea, y Lucius había acercado dos sobre decoradas sillas junto a la zona iluminada, una para él y otra para Hermione.

No había ningún sitio donde se pudiera sentar Harry, así que se quedó de pie junto a la silla de Hermione.

- Así que, Lavender - estaba diciendo Lucius, que tenía los dedos colocados bajo la mejilla y estaba sonriendo, mostrando sus dientes puntiagudos. Hermione pensó que le gustaba más cuando estaba enfadado -, ¿cómo conociste a mi hijo? Me interesaría saber qué puede ver una chica tan guapa como tú en Draco.

Qué horrible es este hombre, pensó Hermione furiosa.

- A muchas chicas les gusta Draco - contestó -. Es muy popular.

- ¿Estás tú también en Slytherin? - preguntó Lucius.

- No - dijo Hermione rápidamente, en parte porque le daba asco la idea de poder estar en Slytherin y en parte porque tenía miedo de sí decía que lo era, Lucius se preguntara por qué Draco no la había mencionado ni una sola vez durante los últimos seis años. Pero por otra parte, tampoco podía mencionar que estaba en Gryffindor -. Estoy en Ravenclaw.

- Entonces debe ser muy inteligente - comentó Lucius.

Hermione no supo qué contestar a esto, así que no dijo nada. Harry se aclaró la garganta.

- Es la mejor estudiante de nuestra clase, padre - dijo.

Los ojos de Lucius pasaron hacia Harry antes de volver a Hermione. Era como si Harry no estuviera allí.

- Estoy encantado de tenerte aquí, Lavender - dijo Lucius -. Has elegido un momento propicio para visitarnos. Están ocurriendo grandes cosas en la Mansión Malfoy. De hecho, muchos de mis amigos van a venir esta tarde y había planeado una pequeña recepción. ¿Puedo suponer que asistirás - sus ojos se posaron momentáneamente en Harry - como la... pareja de Draco?

Lucius dijo “pareja” como si fuera una palabra que no había pronunciado durante treinta años.

- No... tengo nada... que ponerme - dijo Hermione, sonrojándose sorprendida.

Los ojos de Lucius recorrieron a Hermione, desde sus usados vaqueros y su camiseta hasta su pelo, que se estaba empezando a poner de punta (hacía mucho tiempo que no se había acordado de utilizar la poción alisadora) y a sus sucias botas.

- Eres pequeña y delgada - dijo, y ahora a Hermione definitivamente no le gustaba la expresión de su rostro. La mano de Harry cayó de pronto sobre su hombro y lo apretó -. Como mi esposa - añadió Lucius como sin darle importancia -. Estoy seguro de que ella podría prestarte algo. ¡Draco!

- ¿Sí? - dijo Harry, sobre cuyas mejillas se veían las dos brillantes manchas rojas que tenía Draco cuando se enfadaba - ¿Qué?

- Ve a buscar a tu madre - dijo Lucius -. Pregúntale si puede conseguir un vestido a tu joven amiga. Creo que quedaría encantadora en algo color... lavanda.

Lucius sonrió. Claramente encontraba que era divertido. Y aparentemente Harry no estaba de acuerdo; miró salvajemente de Lucius a Hermione, quien le dirigió una sonrisa desesperada. Vete, vocalizó ella sin hacer ningún sonido. Estaré bien.

- De acuerdo - dijo Harry, que dio media vuelta para marcharse, y luego se giró de nuevo rápidamente, se inclinó y dijo al oído de Hermione, lo suficientemente alto como para que Lucius lo oyera -. Volveré enseguida, cariño.

- Por supuesto - contestó ella.

Sus ojos se encontraron con los de Harry, que estaban llenos de enfado, ansiedad... y algo más. Sin avisar, él se acercó más y la besó en los labios.

Fue un beso rápido, que acabó casi antes de que Hermione se diera cuenta de lo que estaba pasando. La chica cerró los ojos y se abandonó al beso, pero Harry ya se había apartado. Durante un segundo la miró a los ojos, y ella hubiera jurado que estaba mirando los ojos verdes de Harry y no los grises de Draco... se parecía tanto a Harry en ese momento...

Luego él se levantó y miró a Lucius.

- Volveré enseguida - dijo de nuevo, dando media vuelta y abandonando la habitación.

Tan pronto como se cerró la puerta tras ella, Hermione descubrió que estaba muy asustada. Siempre había pensado que podía enfrentarse a todo mientras tuviera a Harry a su lado... incluso había estado bien cuando tenía a Draco, porque al menos se parecía a Harry. Pero enfrentarse a solas con Lucius Malfoy hacía que se sintiera enfermar.

- Así que, Lavender - dijo Lucius, con una sonrisa en su rostro pálido y puntiagudo -, nunca me has contado cómo conociste a Draco.

- ¡Quidditch! - contestó ella rápidamente - Ya sabes que es el buscador de Slytherin, y estaban jugando contra Gryffindor y ganaron, y después del juego fui a felicitarle por vencer a Harry Potter. Así que él me pidió para salir.

Los ojos de Lucius brillaron a la mención del nombre de Harry.

- ¿Conoces al chico Potter?

- Todo el mundo conoce a Harry Potter - contestó Hermione con total honestidad.

- ¿Es un amigo tuyo?

Hermione tomó aire profundamente.

- No - dijo. Dolía, en algún lugar por debajo de las costillas, decir que no era amiga de Harry, incluso aunque fuera una mentira -. Es muy desagradable con Draco. Así que no me gusta - tomó aliento de nuevo -. Y él es el Enemigo, ¿no?

Ahora la sonrisa de Lucius se amplió.

- He estado en lo cierto al llamarte inteligente - comentó -. ¿De modo que estás de nuestra parte?

- Oh, sí. Draco me lo ha explicado todo y tiene sentido. Cuando... cuando el Plan sea puesto en acción, todos aquellos que sean leales serán recompensados.

- Cierto. ¿Y eres tú una de esos leales... Lavender?

- Soy leal a Draco - contestó ella gravemente.

- ¿De verdad? - dijo Lucius pensativamente - Acércate un momento, querida. Quiero enseñarte algo.

Se levantó y fue hacia las estanterías de libros, y Hermione le siguió. Lucius cogió un libro llamado Manufacturas de Hechicería Epicíclica y lo abrió, pasando rápidamente las páginas.

- ¿Has visto este libro antes? - le preguntó.

- No - contestó Hermione, que tenía un fuerte presentimiento de que, si hubiera buscado este libro en la biblioteca de Hogwarts, lo hubiera encontrado en la Sección Prohibida.

- Mira esto - dijo Lucius, dejando el libro sobre la mesa y mostrándole una ilustración de un hombre, un mago adulto con túnicas muy elaboradas. Tenía una varita en la mano izquierda. En la mano derecha, de hecho en todo el brazo derecho, llevaba lo que parecía un guante de metal que acababa en una extremidad con aspecto punzante y aspecto bastante desagradable. Hermione se estremeció.

- ¿Es eso... algún tipo de arma? - preguntó, señalando la ilustración.

- Eso - dijo Lucius, mirando el libro con orgullo -, es la maldición Lacertus, una forma muy avanzada de magia, en la que un brazo de metal creado mediante Magia Negra se inserta en el brazo de un hombre vivo.

- ¿Con qué propósito? - preguntó Hermione.

- Cuando se injerta el brazo en un ser humano, éste se vuelve un arma poderosa y selectiva. En esencia, su toque destruye a cualquier persona no mágica.

- Mata a los muggles - dijo Hermione, deprimida.

- Y a los sangre sucia - añadió Lucius -. Es muy efectivo.

Ella lo miró: el hombre tenía aspecto de estar complacido, como si le estuviera mostrando la foto de unas bonitas rosas que hubiera plantado, y no de un arma terrorífica.

- Vas a poner este hechizo sobre Harry Potter - dijo ella dubitativamente.

- No yo personalmente - dijo Lucius, cerrando el libro de golpe -. El Señor Oscuro. Por supuesto, yo le ayudaré.

La estaba mirando de esa manera de nuevo. De esa manera que no le gustaba. Hermione comentó a caminar hacia atrás hasta la pared según Lucius se movía hacia ella.

- Una vez que la maldición Lacertus esté sobre él, nuestro Amo lo pondrá bajo la maldición Imperius. Piensa qué impresión dará que el gran Harry Potter vaya por ahí utilizando Magia Negra para eliminar a los muggles y a los que tengan mezcla de sangre. Muchos vendrán corriendo a Voldemort para que les proteja. Y él lo dará, con un precio.

Ahora estaban justo contra las estanterías de libros, y Lucius puso una mano sobre cada lado de su torso, apretándola definitivamente contra la pared. Hermione estaba dividida entre la desesperada urgencia de apartarle y la igualmente desesperada urgencia de descubrir más cosas sobre lo que tenían planeado para Harry.

- ¿Por qué Harry? - preguntó, corrigiéndose rápidamente - ¿Por qué Harry Potter? ¿Por qué no se limita Voldemort a matar a Harry Potter y a poner el arma sobre alguna otra persona... sobre alguien con quien no tenga que usar la maldición Lacertus?

- Llevar la maldición Lacertus es mortal - dijo Lucius -. Absorbe la energía del portador y lo mata lentamente. De modo que Harry morirá, pero lo hará en servicio de nuestro Amo. Una ironía que estoy seguro apreciarás. Ahora quédate quieta, chica estúpida, estoy intentando besarte.

Hermione le miró.

- Pero tú eres el padre de Draco - dijo.

- Y, por lo tanto, me encuentro en una posición excelente para comprobar si eres lo suficientemente buena para él - dijo Lucius, como sin darle importancia.

- Ni siquiera me conoces - contestó Hermione, apartando sus manos.

- Eso - dijo Lucius - está a punto de cambiar.

E intentó cogerla de nuevo, esta vez agarrándola firmemente por la cintura. Hermione intentó evitarlo, pero él tenía los brazos alrededor de ella. Era bastante rápido para tratarse de un hombre tan alto.

Algo pasó cerca de la cabeza de Hermione, despeinándola.

¡THWACK!

- ¡Aaaaay! - gritó Lucius, apartándose hacia atrás y llevándose una mano a la sien, que estaba sangrando. Un pesado candelabro había volado por el aire y había golpeado el lado de su cabeza con una fuerza bastante impresionante.

- ¿Quién ha tirado eso? - Lucius miró a su alrededor salvajemente - ¿Dónde estás?

Otro objetó llegó atravesando el aire... una porcelana china con la forma de una iguana. Lucius lo esquivó y la pórcala se estrelló contra la pared tras él.

Hermione se dio cuenta de que estaba sonriendo.

Draco.

- ¿Tiene un poltergeist, señor Malfoy? - preguntó en voz alta, sobre el ruido que hacían los cristales rompiéndose, mientras un alguien invisible lanzaba el mostrador de las bebidas del rincón.

Lucius dijo un buen número Maldiciones y Groserías. Era fácil ver de dónde había sacado Draco su extenso vocabulario de Insultos.

Manufacturas de Hechicería Epicíclica voló de pronto por el aire y se dirigió directamente a la cabeza de Lucius. Lucius se giró, cogió a Hermione y la puso frente a él, cubriéndose con ella. El libro la golpeó en el hombro y cayó al suelo.

- Ay - le reprochó ella, mirando a Lucius, que estaba pálido y sudaba, y tenía una mano sobre el pecho. Durante un segundo pensó que le estaba dando un ataque cardíaco, antes de darse cuenta de que estaba protegiendo algo con su puño cerrado.

El despacho estaba silencioso. Hermione tuvo el presentimiento de que Draco había decidido que valía más salir de la habitación.

Lucius bajó las manos y Hermione vio algo brillante sobre su pecho. Estaba a punto de decir algo cuando se dio cuenta de que él estaba mirando por encima de su cabeza, hacia la puerta, y, siguiendo su mirada, vio a Harry y a Narcisa de pies bajo el arco de entrada. Harry la estaba mirando ansiosamente, mientras Narcisa estaba inexpresiva.

- He traído el vestido que has pedido, Lucius - dijo. Tenía un montón de telas en los brazos.

- Gracias - contestó Lucius, con mucha calma si se tiene en cuenta que acababa de ser atacado por fuerzas invisibles y que su sien todavía estaba sangrando. Se puso la mano sobre la cabeza y, según lo hacía, Hermione distinguió lo que brillaba sobre su pecho de nuevo.

Se trataba de un colgante circular y de cristal que pendía de una bonita cadena de plata. El cristal era muy claro, y en el centro Hermione podía ver algo suspendido. Algo que tenía el aspecto de ser... un diente.

Qué raro, pensó. Pero claro, ¿qué había en Lucius Malfoy que no fuera raro?

A través de la habitación, sus ojos se encontraron con los de Harry. Sácame de aquí, pensó con furia.

Harry se acercó a ella y la tomó de la mano.

- Creo que a Lavender le gustaría descansar un rato antes de la fiesta - dijo -. ¿Puedo acompañarla a...? - se detuvo, con aspecto avergonzado. Había estado a punto de decir “mi habitación”, pero Lucius y Narcisa no parecían el tipo de padres que quisieran que la novia de su hijo adolescente durmiera en la habitación del chico.

- ¿Su habitación? - terminó Lucius - No. Tu madre puede acompañarla. Te necesito conmigo un momento, Draco.

Harry miró a Hermione con aspecto desolado; ella apretó su mano y se dirigió hacia Narcisa, quien inmediatamente dio media vuelta y la guió hasta fuera del despacho. Hermione trotó tras ella. Narcisa no dijo nada hasta que no llegaron a una decorada puerta de roble, que abrió, mostrando así una pequeña habitación que tenía las paredes de piedra que Hermione se había acostumbrado a ver en este lugar, aunque la ropa de cama era bastante bonita, decorada con un diseño de flores azules.

- Ésta es tu habitación - dijo Narcisa, tendiendo a Hermione el montón de tela, frío y con tacto de seda -. Y éste es el vestido.

- Eh... gracias - contestó Hermione.

- Narcisa miró a Hermione, como considerando algo.

- Espera - dijo. Luego dio media vuelta y dejó la habitación, reapareciendo un momento después con un par de tacones plateados y una caja -. Supongo que querrás esto - dijo -. Y la fiesta es a las cuatro.

Se marchó de nuevo, esta vez cerrando la puerta tras ella. Con curiosidad, Hermione abrió la caja, que parecía contener cosméticos. Extraño, pensó. La mayor parte de las brujas simplemente utilizaban encantamientos para resaltar los labios y cosas por el estilo.

Dejó la caja y los zapatos sobre la cama y empezó a quitarse la camiseta. Luego se le ocurrió algo y bajó los brazos lentamente.

- ¿Draco? - preguntó - ¿Estás aquí?

No hubo respuesta, pero Hermione pensó que había notado una especie de silencio culpable emanando de una zona cercana al armario.

- ¡Sé que estás aquí! - dijo - ¡Necesito vestirme!

- Tú sigue - contestó la voz de Draco, en un tono bastante ahogado -. A mí no me importa.

- Malfoy - amenazó ella.

- Oh, de acuerdo - dijo Draco, y apareció de pronto junto al armario, con la capa en una mano y una amplia sonrisa en el rostro -. Casi te habías...

- No, de eso nada - contestó Hermione -. ¡Ahora da media vuelta y quédate cara a la pared!

El chico la obedeció, gruñendo. Vigilándole por el rabillo del ojo, Hermione se quitó la camiseta y los vaqueros y se puso el vestido. La tela era muy rica y pesada, y, sin duda, cara. Se sentía frío contra su piel mientras ataba los lazos y se agachaba para ponerse los zapatos. Finalmente se levantó y se acomodo bien el pelo.

- Echo - dijo.

Draco dio media vuelta, su boca abriéndose totalmente.

- Hermione - dijo -, estás increíble.

- ¿De verdad? - preguntó ella, atónita.

- Mírate en el espejo - dijo él, indicándole el tocador que había junto a la cama.

Hermione se acercó al espejo y se miró. Se sonrojó. Nunca había entendido cómo podían chicas como Lavender y Parvati gastar tanto dinero en ropa, pero ahora lo hacía. El dinero no servía para nada si un vestido podía conseguir que tuvieras este aspecto. El bello y pesado tejido reflejaba la luz como si fuera agua, y el bonito color lavanda realzaba sus cabellos morenos (aunque, pensó, de ninguna manera hubiera quedado bien a la verdadera Lavender, que tenía el pelo rubio). El vestido encajaba en todos los lugares adecuados y le quedaba tan bien que Hermione se pregunto si no estaría encantado para quedar bien. Aunque no le importaba. Se movió frente al espejo y contempló cómo se ondulaba la falda.

- Vaya - dijo.

Draco estaba sentado sobre la cama, mirándola. Podía verle reflejado en el espejo. Se sentó frente al tocador, sacó un cepillo de la caja de Narcisa y empezó a pasárselo por el pelo. Todavía podía ver a Draco tras ella a través del espejo, apoyado contra uno de los postes de la cama.

- Deberías ser un golpeador, no un buscador - le dijo -. Eres muy bueno lanzando cosas.

Draco soltó una risita.

- No puedo creer que haya golpeado a mi padre en la cabeza con un candelabro.

- No sabes lo contenta que estoy de que estuvieras allí.

- ¿De verdad? - preguntó Draco. Intentaba hacer que pareciera que no le daba importancia, pero su mano izquierda estaba golpeando ansiosamente la varita contra el lado de su pierna - Vi que Harry te besaba. Pensé que estarías contenta...

- Sólo estaba demostrando a tu padre que tenía, ya sabes, un cierto derecho sobre Lavender - contestó Hermione en una voz bastante baja.

- No funcionó, ¿no crees? - dijo Draco, golpeando la varita todavía más rápido.

- Draco... -Hermione dio media vuelta y se acercó a él.

El chico le apartó la mano.

- Está bien. Ya sé que mi padre es un bastardo.

Ella se sentía desesperadamente mal por él, pero no sabía qué decir.

Se hizo el silencio durante un momento. Luego Draco dijo:

- ¿Crees que... cuando volvamos al colegio... seguiremos siendo amigos, como ahora?

- Cuando te quitemos el hechizo de encima no querrás que lo seamos - replicó Hermione.

Él no pareció convencido por esto.

- No sé - dijo -. Pero tú no estás bajo ningún hechizo. ¿Tú qué crees?

- Draco, ya casi no queda tiempo para estar en el colegio. Es junio.

Draco se interesó muchísimo en el nudo de su zapato.

- Quizás podría ir a visitarte durante el verano, entonces.

Hermione abrió mucho la boca.

- ¿Qué?

- Si no tienes nada planeado - añadió él rápidamente.

- ¿Qué? - preguntó ella de nuevo.

Ahora él parecía irritado... un poco del viejo Draco brilló en sus ojos, el Chico Borde, como solía llamarle Parvati.

- ¿Estás diciendo que no quieres que vaya?

Una súbita y alocada imagen apareció en la cabeza de Hermione, de Draco sentado frente a la mesa de su sala de estar entre su gorda tía Matilde y su tío abuelo ciego Stuart, que habían sido contables. Estaban intentando meter a Draco en una conversación sobre Wimbledon, y Draco, pareciendo muy fuera de lugar con largas túnicas negras y un sombrero puntiagudo, no quería. Eventualmente sacaba su varita y convertía a todo el mundo en la mesa en ranas.

Finalmente pasó la loca imagen.

- ¡Draco! - dijo Hermione! - ¡Les odiarías! ¡Todos son muggles!

- Puede estar bien - contestó Draco -. Estoy bastante bien educado.

Una imagen igualmente vívida se le ocurrió, de Draco con su familia en sus vacaciones estivales anuales en Brighton. Draco llevaba un traje de baño (¿acaso tenía algún traje de baño?), y rechazaba desagradablemente la invitación de su madre de un helado. “Venga, te gustará”, decía la madre de Hermione. Draco sacaba su varita y la convertía en una rana.

Te estás volviendo loca, Hermione, se dijo a sí misma. Se movió en su silla y miró a Draco.

- Mira - dijo -, si cuando volvamos al colegio todavía quieres venir a verme durante el verano, entonces sí, puedes.

Él se animó.

- ¿De verdad?

- Eh, sí - contestó Hermione, pensando que cuando llegara septiembre, toda su familia estaría, probablemente, saltando por el mundo de flor en flor.

- ¿Ha ido Harry a visitarte durante el verano? - preguntó Draco con neutralidad.

- Sí - dijo Hermione -, pero está bastante acostumbrado a los muggles y mis padres le adoran - se detuvo al ver la expresión de Draco -. ¿Quieres dejar en paz lo de Harry? - dijo secamente - Es mi mejor amigo, y si eso resulta un problema para ti...

- No ha sido exactamente un beso de mejor amigo el que te ha dado en el despacho - contestó Draco de mal humor.

- ¡Ya te lo he dicho! ¡Sólo estaba fingiendo ante tu padre!

- Convéncete antes a ti misma de eso, Hermione - dijo Draco -, pero me apuesto lo que quieras a que te gustó. ¿O no?

- Oh, cállate, Malfoy.

- ¿O no te gustó?

Hermione lanzó el cepillo sobre la mesa con un golpe.

- ¡Sí! ¡Me gustó!

- Será mejor que te aclares, Hermione - dijo él, con una punzada de rabia -. Somos magos, sabes, no mormones.

- Lo tendré en cuenta si decido casarme con alguno de lo dos.

Se miraron el uno al otro.

- Ya sabes lo que quiero decir - dijo él sombríamente.

- Quizás no lo sé - dijo Hermione, bastante desagradablemente -. Quizás deberías decirlo claramente.

Draco se limitó a mirarla enfadado, y ella le devolvió la mirada. Siempre había pensado que sólo Harry podía exasperarla así, pero aparentemente ése no era el caso.

- No soy tu novia - dijo ella secamente -. Y tampoco soy la novia de Harry. Y déjame señalar que NINGUNO DE VOSOTROS ha indicado nunca que quiera ser mi novio. Así que si quiero... liarme con... con Neville Longbottom, es asunto MÍO y no vuestro.

Draco dejó de mirarla con rabia y bufó de la risa.

- ¿De verdad quieres liarte con Neville Longbottom? Porque Hermione Longbottom es un nombre horrible.

Hermione sintió que sus labios se curvaban en una sonrisa reluctante. Ahora Draco estaba apoyado en el respaldo de su silla. Sus rostros estaban reflejados en el espejo, uno junto al otro. Sus cabellos negros estaban despeinados en todas direcciones; parecía que no podía controlarlo mucho mejor que Harry. Se nos ve tan bien juntos, pensó Hermione, sintiendo luego una punzada de culpable confusión recorriendo su estómago e instalándose en su pecho. Date un respiro, se dijo a sí misma, y empezó a mirar lo que había en la caja de cosméticos de Narcisa.

Hubo un golpe en la puerta de la habitación; ésta se abrió y Harry entró. No podía creerse lo cansado que parecía. Tenía círculos negros bajo los ojos y parecía todavía más pálido que como estaba Draco normalmente. Pero sonrió cuando la vio.

- Hey - saludó.

- Harry - dijo ella -, ¿estás bien?

- Por ahora - replicó él -. ¿Tú?

- Estoy bien - dijo ella, poniéndose de pie.

El resultado de esto fue de alguna manera inesperado. Pareció que algún peso había caído sobre la cabeza de Harry, ya que, literalmente, dio un paso hacia atrás y se quedo mirándola.

- Hermione - dijo, sonando exactamente igual que como lo había hecho Draco -, tú... pareces... estás...

- ¿Sí? - preguntó ella.

Pero no parecía que Harry tuviera nada más que decir. Simplemente se quedó mirándola.

- Bueno, eso nos ha librado de él por el momento - dijo Draco a Hermione -. ¿Podemos continuar con nuestra conversación?

Decidido, pensó Hermione para sí misma. Pase lo que pase, me voy a quedar con este vestido. Lucius Malfoy tendrá que pasar por encima de mi cadáver para quitármelo.

- Claro - contestó Hermione.

- ¿De qué estábamos hablando? - pregunto Draco.

- De Historia de Hogwarts - respondió Hermione, sonriendo.

Esto hizo que Harry saliera de su asombro y mirara a Draco, atónito.

- ¿Has leído Historia de Hogwarts?

- ¿Por qué os resulta tan sorprendente? - se preguntó Draco en voz alta.

Harry no parecía demasiado contento.

- Si tú no lo sabes, yo no pienso decírtelo.

Draco le contempló fríamente.

- No puedes ir a la fiesta con ese aspecto, Potter - comentó -. Parece que te has quedado dormido con la ropa puesta.

Harry volvió un rostro enfadado hacia Draco.

- Lo siento si no soy lo suficientemente elegante para ti, Malfoy - dijo secamente -. Estoy un poco cansado. Acabo de pasar la última hora ayudando a tu maldito padre a limpiar su estúpido despacho. Que tú ensuciaste.

- Supongo que no debería haberlo hecho - dijo Draco con falsa constricción -. Supongo que debería haberme quedado sentado y dejar ¡QUÉ LE QUITARA LA ROPA A HERMIONE Y SE LA TIRARA ENCIMA DE LA MESA!

Gritó la última parte y Harry se estremeció, sorprendido. Sus ojos fueron inmediatamente a Hermione.

- ¿Es eso verdad? - preguntó tensamente.

Hermione se mordió los labios y asintió.

- Voy a matarle - dijo Harry, sin entonación -. En cuanto saquemos a Sirius de aquí, voy a volver a matarle. Si no puedo lanzarle un Avada Kedavra, le cortaré la cabeza con una de sus malditas espadas de esgrima.

Hermione estaba demasiado asombrada como para hablar. Nunca había visto a Harry con ese aspecto, nunca. La asustaba.

- Es bastante maleducado - dijo Draco - hablar de matar a mi padre cuando yo estoy delante, ¿no crees, Potter?

- ¿Vas a intentar pararme, Malfoy? - dijo Harry - Porque no creas que voy a hacerte caso.

Draco, que había estado tumbado sobre su estómago en la cama, se sentó lentamente.

- Y yo te aconsejo que lo dejes pasar - dijo. Sus propios ojos brillaban de enfado ahora -. Hermione está bien.

- No está bien - replicó Harry -. Ha tenido a Malfoys intentando ligar con ella durante todo el día, ¿cómo puede estar bien?

- Que te follen, Potter - dijo Draco, poniéndose de pie y sacando la varita. Harry hizo lo mismo. Hermione se puso rápidamente entre ellos, sintiéndose profundamente resentida por toda la situación.

- ¡ESTOY BIEN! - gritó - ESTOY PERFECTAMENTE BIEN. SOIS VOSOTROS DOS LOS QUE TENÉIS PROBLEMAS.

- Yo no tengo problemas - contestó Draco. Estaba sonriendo de una manera horrible, que hizo que Hermione le contemplara con incredulidad; nunca, en toda su vida, había visto una expresión como la de la cara de Harry, era tan extraño para ella como si hubiera encontrado a Lucius Malfoy bailando salsa en el vestíbulo -. Él tiene problemas.

- Oh, por el amor de dios - bufó Hermione disgustada, sacando su varita del bolsillo y añadiendo -. ¡Expelliarmus!

Las varitas de los dos chicos volaron hasta su puño y ella las guardó. Ellos la miraron, atónitos.

- Ahora - dijo ella -, si queréis empezar a mataros el uno al oro, tendréis que hacerlo con la técnica pasada de moda de derramamiento de sangre. Aunque os aviso a los dos que evitéis ensuciar mi vestido de sangre mientras os matáis entre vosotros, o que lo dañéis de alguna otra manera, porque si lo hacéis, se hará Magia Negra en esta habitación. Y seré yo quien la haga.

Draco estaba sonriendo de nuevo, pero esta vez era una sonrisa mucho más agradable.

- Como tú digas - replicó.

Pero Harry no estaba sonriendo. Hermione miró hacia él, y lo que vio hizo que se le contrajera el estómago. Harry estaba muy pálido, más de lo que Draco estaba normalmente, y sus cabellos color rubio platino estaban pegados a su frente por el sudor. Estaba respirando con dificultad.

- Harry - dijo ella, alarmada -, ¿estás bien?

Harry negó con la cabeza antes de sentarse súbitamente en el suelo. Hermione se lanzó junto a él, quien le agarró la muñeca y se la apretó suavemente. Ninguno de los dos se movió durante varios segundos. Luego Harry se levantó, con aspecto cansado pero, por lo demás, bastante normal.

- Tengo que arreglarme para la fiesta - dijo -. Volveré enseguida - y dejó la habitación, cerrando la puerta tras él.

- Se ha vuelto loco - dijo Draco como sin darle importancia, tan pronto como se cerró la puerta.

- No - replicó Hermione, poniéndose de pie -. Lo único que pasa es que está sintiendo muchas cosas que no había sentido nunca antes y no sabe cómo luchar contra ellas. Harry no está acostumbrado a sentir odio, nunca ha odiado a nadie. Ni siquiera a ti - añadió, con la sombra de una sonrisa.

- Oh, vamos - dijo Draco -, ¿seguramente me odia a mí?

Hermione negó con la cabeza.

- Debo estar perdiendo facultades - dijo Draco, y, al ver que ella no sonreía, añadió más seriamente -. Él no es ningún santo, Hermione.

- No - contestó Hermione en voz baja -. Sólo es la persona más buena y valiente que he conocido.

Draco no dijo nada después de eso. Se sentó silenciosamente en la cama, y después de un par de segundos Hermione se sentó junto a él y puso la cabeza sobre su hombro.. Draco puso la mano sobre su cabeza y le acarició el pelo con mucha amabilidad.

- Hermione... - empezó él.

- Calla -- contestó Hermione -. No estoy haciendo nada que tenga un significado especial, Draco. Sólo estoy haciendo esto porque justo ahora, me apetece. ¿Queda claro?

- Sí - dijo él -. Queda claro.



***.



La fiesta era tan horrible como Hermione había esperado. Tenía lugar en una de las enormes y frías salas de baile, y toda la habitación estaba ocupada por mortífagos con túnicas negras. Ella era la única mujer presente, aparte de una mujer relativamente grande vestida en satén negro cuya risa sonaba como una máquina mezclando cemento.

- Ésa es Eleftheria Parpis - dijo Harry al oído de Hermione -. La pillé haciéndolo con Lucius en la salita auxiliar.

- Ewcs - dijo Hermione.

Harry sonrió. Parecía haberse recobrado de alguna manera. Todavía estaba un poco pálido, pero bastante sereno, vestido con una de las túnicas de gala negras de Draco. Varios mortífagos se detenían a saludarle, y no era difícil averiguar que le estaba costando mucho trabajo fingir que sabía quienes eran todos, pero a pesar de eso seguía con un aspecto frío e inconmovible. Muy del estilo de Draco, de hecho. Era extraño, pensó Hermione, pero siempre había odiado a Draco demasiado como para fijarse en lo guapo que era, a pesar de todo lo que pudieran decir Parvati y Lavender. Pero ahora podía verlo; lo cierto es que era, en un sentido clásico, mucho más guapo de lo que podía Harry esperar ser nunca. No era una belleza que hiciera que su estómago se encogiera, como la de Harry, pero reconocía que estaba allí.

- Lucius es algún tipo de maníaco sexual, creo - susurró a Harry.

- Puede ser - contestó Harry -. Después de todo, intentó hacerlo contigo, ¿no? - y ocultó una risita mientras Hermione le golpeaba juguetonamente en el brazo.

- ¿Es que aquí no hay nada para comer? - preguntó Hermione, mirando a su alrededor con esperanza.

- No creo - dijo Harry -. Creo que Lucius ha reunido a todo el mundo aquí para contarles todo sobre su último plan diabólico, no para alimentarlos.

- ¿Crees que podemos marcharnos ya? - preguntó Hermione, girando la cabeza para mirar a la multitud. En algún lugar junto a la pared se encontraba Draco, cubierto por la capa invisible. Hermione había explicado los detalles del plan de Lucius a los chicos, y habían decidido ir a rescatar a Sirius lo antes posible. Habían esperado que, durante la confusión e la fiesta, los tres pudieran ir sin que nadie lo notara a la salita auxiliar y bajar a las mazmorras a rescatar a Sirius. Pero por ahora no había habido ningún momento para que ella y Harry se marcharan.

- Podríamos intentarlo - comentó Harry -. Si nos pillan pensarán que simplemente estábamos pensando en hacerlo.

- Hurra por las hormonas adolescentes - dijo Hermione -. Vamos a hacer el amor detrás de una cortina.

- Por supuesto - dijo una voz tras ella.

Era Lucius. Hermione dio un salto y se sonrojó. Eleftheria Parpins estaba con él, y miraba a Hermione de una manera ciertamente maternal.

- ¿Quién puede culparte, querida? - replicó - Draco se está volviendo muy guapo. Justo como su padre - añadió, mirando a Lucius de una manera que daba un poco de asco.

- Uh - dijo Hermione.

- Lavender sólo estaba bromeando - aclaró Harry.

- Estoy seguro - dijo Lucius, con una sonrisa que no alcanzó sus ojos. Hermione sentía que todavía estaba enfadado con ella por haber rechazado sus intenciones -. Eleftheria, ésta es Lavender Brown, la novia de mi hijo.

Hermione sonrió educadamente a Eleftheria.

- Buenas noticias, Draco - añadió Lucius -. Harry Potter ha sido visto en Malfoy Park por el dueño de Las Frías Navidades. Acaba de mandarme una lechuza.

- Esas son buenas noticias - contestó Harry débilmente -. ¿Estaba con alguien?

- Al menos tenemos noticia de una persona - dijo Lucius -. Una chica.

- Así que estará aquí pronto - comentó Harry.

- Y encontrará una fiesta preparada para recibirle - dijo Lucius.

Un silencio terrible descendió sobre Harry y Hermione. A ninguno de los dos se les ocurría qué decir. Finalmente, fue Hermione quien habló.

- Harry tiene miles de novias, puede ser cualquiera de ellas.

- Estoy seguro - les dirigió una mirada especulativa antes de decir -. Divertios, niños.

Y desapareció entre la multitud con Eleftheria tras él.

- A pesar del riesgo de sonar como un personaje de cómic - dijo Harry -, creo que esto significa que se nos está yendo el tiempo. Será mejor que lo hagamos ahora.

Hermione asintió con un asentimiento ferviente, y los dos fueron hacia el extremo de la mesa junto al cual habían dejado a Draco. No dijeron nada, pero un sonido vibrante indicó que se había unido a ellos, y los tres pasaron por la puerta más cercana. Los dos siguieron las instrucciones susurradas de Draco para llegar a la salita auxiliar.

- Miles de novias - dijo Harry, negando con la cabeza mientras doblaban la esquina -. Yo no tengo miles de novias. No soy ningún mujeriego, Hermione.

- Ya lo sé - asintió ella, intentando no reír.

- En este momento - continuó Harry -, la cuenta de mis novias asciende a cero.

- Eso es porque siempre estás perdiendo el tiempo persiguiendo a Cho - dijo Hermione, divertida -, quien, de todas maneras, no quiere salir contigo.

- Yo no estaría demasiado seguro de eso - dijo la voz sin cuerpo de Draco.

Harry miró con sospecha hacia el espacio vacío donde probablemente estaba Draco.

- ¿Qué quieres decir?

- Creo que puede haber experimentado un drástico cambio en sus sentimientos hacia ti.

- ¿Has hecho algo a Cho, Malfoy? - preguntó secamente Harry.

- No a ella, por cierto - dijo Draco. Hermione pudo oírle bufar -. Con ella, quizás. Un poco del viejo hechizo de los Malfoy y me estaba pidiendo una cita.

- Ah, sí - comentó Harry -, el famoso hechizo de los Malfoy. ¿Fue eso lo que convenció a tu padre de que eras gay, o fue sólo el pelo?

Draco le ignoró.

- De todas maneras, le dije que no estabas interesado en ella.

- ¿Y por qué hiciste una cosa tan estúpida como esa? - preguntó Harry de una manera muy cortante.

- Porque - explicó Draco - no lo estás. Oh, mirad - añadió, antes de que Harry pudiera decir nada más -, aquí estamos.

Un fuego ardía en la chimenea de la salita auxiliar, pero la habitación estaba benditamente vacía. Un nuevo retrato colgaba de la pared sobre la trampilla, esta vez de un hombre bajo y de aspecto enfadado con un obvio tupé cuyo nombre proclamaba que era SORVOLO MALFOY .

Harry se arrodilló par apartar la anilla.

- No creo que quieras hacer eso, Draco - dijo una suave voz desde detrás de ellos.

Dieron media vuelta. Lucius Malfoy estaba de pie bajo el arco de la puerta, rodeado por una multitud de mortífagos. Eleftheria estaba junto a él, y ahora no pàrecía de ninguna manera maternal. Sus grandes ojos negros parecían cavernas en su blanca cara.

- Tú - dijo a Hermione -. ¿Cómo dijiste que te llamabas?

- Lavender - contestó Hermione rápidamente -. Lavender Borwn.

- Yo conozco a los Brown - dijo Eleftheria, adelantándose dentro de la habitación -. Y conozco a su hija, Lavender. Tú no eres Lavender - se giró hacia los mortífagos que la rodeaban -. Cogedla - ordenó.

Varias cosas ocurrieron a la vez. Los mortífagos se adelantaron. Hermione se apartó, aterrorizada. Y Harry dejó caer la esquina de la alfombra que tenía en la mano, se adelantó y se puso entre Hermione y los mortífagos.

- Apártate del camino, Draco - dijo Lucius con dureza.

- No - replicó Harry -. Dejadla en paz.

- Es una espía - dijo Eleftheria con frialdad -. Es una amiga del Enemigo. Ha sido reconocida, Draco, por el dueño de Las Frías Navidades de Malfoy Park. No ha venido aquí a visitarte aquí, sino con Harry Potter. El guardia la vio en la recepción y nos lo hizo saber.

- No puedes ser culpado, supongo - añadió Lucius -, por tener un desafortunado gusto en chicas. Hombres mejores que tú han sido engañados por mujeres hermosas. Pero te aconsejo que te apartes, Draco. No quiero hacerte daño, pero lo haré.

- Mientes - contestó Harry -. Te encanta hacerme daño.

Lucius sonrió.

- Quizás - dijo, y asintió hacia los dos mortífagos que esperaban frente a Harry.

Harry intentó coger su varita, pero fue inútil. Había dos de los otros contra él sólo, Tuvo tiempo de golpear a uno de ellos con el encantamiento Impedimenta, pero el otro ni siquiera se molestó en coger su propia varita. En vez de eso, fue a coger a Harry, le golpeó y le lanzó al suelo. Mientras Harry caía, el mortífago le golpeó en la sien con una de sus botas claveteadas.

Harry se desmayó.

El mortífago le golpeó de nuevo.

- Con cuidado - dijo Lucius con un tono sedoso -. Es mi único heredero al que estás golpeando.

El mortífago bajó la mirada hacia Harry.

- Está vivo - explicó -, pero no se despertará hasta dentro de un rato.

- Entonces dejadle así - dijo Lucius -. Traedme a la chica.

Los dos mortífagos cogieron a Hermione de los brazos, pero ella prácticamente no lo notó; estaba mirando a Harry, que estaba tumbado sobre el suelo en una piscina de sangre cada vez más extensa. Los mortífagos la empujaron hasta dejarla directamente frente a Lucius.

- Hola, Lavender - dijo -. ¿Debería molestarme en peguntarte tu nombre real? Creo que no, ya que no estamos realmente interesados en ti. Estamos interesados en el chico Potter. ¿Dónde estás?

Hermione tenía todavía los ojos firmemente cerrados, pero aun así podía ver la imagen de Harry contra sus párpados apretados.

- Le has matado - dijo, y llamó a Lucius un nombre que nunca había sabido que conocía. Debía haberlo aprendido de Draco.

- Draco estará bien - dijo Lucius impacientemente -. Y no finjas que te importa. Viniste aquí con Harry Potter. ¿Dónde está?

Hermione abrió sus ojos y miró en los grises de Lucius. Eran tan fríos como el invierno.

Negó con la cabeza.

- Bien - dijo Lucius con indiferencia, sacó su varita y colocó la punta contra el pecho de la chica, justo sobre su corazón. Acercó su cara a la de ella, lo suficientemente como para besarla.

- Crucio - dijo.

Era el peor dolor que había sentido nunca, incluso que había imaginado nunca. Estaba siendo quemada, cortada, despedazada; estaba siendo herida y apuñalada; su cuerpo nunca volvería a ser el mismo. Podía oírse a sí misma gritando de agonía, y, sin embargo, parecía que se había vuelto ciega y sorda, el mundo se estaba volviendo blanco; gritó y gritó; estaba muriendo.

Lucius apartó la varita y paró el dolor. Hermione cayó de rodillas mientras los mortífagos dejaban caer sus brazos, y se cubrió la cara con las manos.

- Duele, ¿verdad? - dijo Lucius.

- No seas estúpido - replicó Hermione. Su voz sonaba débil y extraña incluso a sus propios oídos -. Por supuesto que duele.

Lucius se adelantó un paso, puso un pie embotado sobre su hombro y empujó. Sin la fuerza necesaria para mantenerse firme, Hermione cayó de espaldas y quedó mirando al padre de Draco. Voy a morir, pensó desesperadamente. Voy a morir sin haber tenido la oportunidad de decir a...

- No tienes que morir - dijo Lucius, como si estuviera leyendo sus pensamientos -, Basta con que nos digas dónde está Harry Potter.

Hermione no contestó nada.

Lucius suspiró y alzó la varita de nuevo.

- Cru...

- ¡Para! - gritó alguien desde el otro lado de la habitación... sonando a Hermione como a millas de distancia - ¡Déjala en paz!

Supo inmediatamente quién había hablado, y una fuerte sensación de despecho la arañó como una uña. No, pensó. Draco. No.

Pero no había nada que pudiera hacer. Draco había apartado la capa invisible a un lado y estaba con su varita en la mano, visible y desprotegido. Todos los mortífagos se giraron a mirarle, asombrado, mientras una expresión de triunfo aparecía en el rostro de Lucius Malfoy.

- Dejadla en paz - dijo Draco de nuevo, con una voz bastante insegura. Parecía aterrado... estaba blanco como un fantasma, y el sudor había pegado sus cabellos negros a su frente. Pero parecía decidido.
- Soy yo. Harry Potter. Aquí estoy.
  • Post a new comment

    Error

    default userpic
  • 0 comments