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Draco Dormiens 8

Disclaimer: esta historia está basada en personajes y situaciones creadas y de la propiedad de JK Rowling, varias editoriales entre las que se incluyen Bloomsbury Books, Scholastic Books, Raincoast Books y la Warner BROS. No se gana ningún dinero y no hay ningún copyright ni marca de registro. Otras citas se harán cuando sea necesario.

Por Cassie Claire. Traducción de Estela R. G

Capítulo Ocho: Sangre Malfoy



Había una luz, que se movía a través de la piel de sus párpados como relucientes puntos de fuego. Harry gruñó y abrió los ojos.

Estaba en la habitación de Draco, tumbado sobre la cama con los brazos en cruz... no podía estar tumbado de ninguna otra manera, ya que sus muñecas estaban atadas a cada uno de los postes de la cama. La cabeza le dolía de una manera molesta, como golpeándole, igual que si alguien estuviera tocando un gong junto a él.

- Quédate quieto - dijo una voz.

Harry giró la cabeza hacia un lado y miró. Era Narcisa. Tenía en la mano un largo puñal de mango de hueso.

Harry cerró los ojos de nuevo. Estoy teniendo una pesadilla, se dijo a sí mismo. Una pesadilla especialmente loca.

Abrió los ojos, pero Narcisa todavía estaba allí. Había colocado la punta del cuchillo sobre las cuerdas que ataban su mano izquierda a la cama, cortándolas. Estaba muy pálida, y sus ojos se movían de lado a lado con ese extraño tic al que Harry estaba empezando a acostumbrarse. Aunque hubiera deseado que no lo hiciera mientras sujetaba un cuchillo tan cerca de su arteria, de todas maneras.

- Narcisa - dijo -, quiero decir, madre. ¿Qué...?

Su brazo izquierdo se liberó y el chico se giró hacia el otro lado para ver como la mujer cortaba las cuerdas de su derecha.

- Tu padre - dijo Narcisa concisamente - no quiere que intentes entrar en las mazmorras para rescatar a tu novia - de pronto captó la expresión de pánico de Draco e intentó tranquilizarle -. Ella está bien. Tu padre la encerró con Sirius Black - sus ojos se movieron de nuevo -. Sirius cuidará de ella.

Su brazo derecho quedó en libertad. Harry se sentó y empezó a masajearse las manos para que la sangre volviera a ellas. Lo último que recordaba era que había sido tirado al suelo por uno de los mortífagos de Lucius Malfoy.

- No hicieron ningún daño a Hermione, ¿verdad? - preguntó - Porque Lucius estaba a punto de...

- Oh, la habría matado - dijo Narcisa con tristeza -. Realizó la maldición Cruciatus sobre ella para conseguir que le dijera dónde estaba Harry Potter. Pero ella no quiso.

Harry pasó de sentirse mareado a sentir que tenía ganas de vomitar.

- ¿Qué pasó?

- Tu padre - contestó ella (y Harry se dio cuenta de que nunca había pronunciado el nombre de Lucius; nunca, según recordaba, lo había dicho, ni una sola vez) - dice que Harry Potter estaba allí. Aparentemente tenía una capa de invisibilidad de algún tipo. Apareció ante los demás - no demostró ninguna emoción al decir esto -. Los mortífagos le atraparon.

Harry se las arregló para sentarse, y puso sus manos sobre las de Narcisa, que estaban tan frías como el hielo. Todavía tenía el cuchillo en la mano.

- Madre- le dijo -. Por favor, créeme, esto es muy importante. Sé que es difícil para ti, pero... ¿vive todavía Harry?

Ella asintió.

- ¿Dónde está?

- En la sala de esgrima - dijo ella.

Mientras hablaba dos grandes lágrimas aparecieron en sus ojos y rodaron por su delgada cara. Harry lo sintió mucho por ella, pero su mente estaba en Draco. Salió de la cama, probó sus piernas (funcionaban) y corrió fuera de la puerta. Narcisa contempló cómo se marchaba.



***.



En su sueño, Hermione estaba en el callejón Diagon. Estaba con Harry, comprando calcetines. Esto era una novedad para Hermione... nunca había soñado con ir a comprar calcetines con Harry antes. Harry hacía apariciones frecuentes en sus sueños, normalmente con un aspecto mucho mejor que el que tenía en la vida real, y a veces no llevando nada más que calcetines, pero este sueño no parecía dirigirse en esa dirección. Este Harry estaba completamente vestido y parecía muy serio.

No estaban yendo demasiado lejos con su búsqueda de calcetines. Todas las tiendas parecían cerradas, oscuras y vacías. La gente de la calle se apresuraba junto a ellos sin mirarles, con los ojos fijos en el suelo. Hermione intentó tomar a Harry de la mano, pero él negó con la cabeza.

- Tengo que sentarme - dijo -. Duele.

- ¿Qué duele? - preguntó ella.

Harry se desabrochó la camisa. Ella miró hacia abajo vio el mango negro de un cuchillo de veinte centímetros asomando por entre sus costillas. Su camisa blanca se estaba volviendo roja, y la sangre goteaba sobre sus zapatos como si fuera lluvia.

- El cuchillo - dijo él - no es mío, ya sabes. Es de Draco.

Hermione gritó.

- Enervate - dijo una voz junto a su oído -. Venga, Hermione. ¡Despiértate!

La chica abrió los ojos y vio el rostro de Sirius. Que sueño tan horrible, pensó. Normalmente no cortaría voluntariamente un sueño en el que estuviera Harry, pero estaba contenta de librarse de ése.

- Sirius - dijo con una voz ronca -. Hola.

En el rostro del hombre se dibujó una sonrisa cansada.

- Estás despierta - contestó -. Eso es bueno. Perdona que te haya gritado. No tengo mi varita, así que lo he hecho como mejor he podido.

Hermione empezó a enderezarse sobre los codos. Cada parte del cuerpo le dolía como si la hubieran dado una paliza. Miró alrededor. Estaba en una lúgubre mazmorra de piedra, una de cuyas paredes estaba formada por barrotes. Un banco de piedra cubría la pared opuesta. Parecía estar sola con Sirius.

- Oh, Dios mío - dijo, sentándose erguida y cogiendo el brazo de Sirius -. ¡Harry! ¡Y Draco! ¿Dónde están?

- No lo sé - contestó Sirius, con aspecto deprimido -. Esperaba que tú me lo dijeras.

Ella negó salvajemente con la cabeza.

- Un grupo de mortífagos te trajo aquí abajo - explicó él con reluctancia -. Harry y Draco no estaban con ellos. Te dejaron conmigo y se marcharon - le dio unas palmaditas de ánimo en el hombro -. ¿Recuerdas lo que ocurrió, Hermione?

Hermione sintió que estaba a punto de llorar de pánico.

- Fue horrible - dijo -. Los mortífagos cogieron a Draco. Creen que es Harry. Y Harry - las lágrimas amenazaban con desbordarse, pero ella se obligó a hablar despacio, informando a Sirius de todos los eventos de la tarde - Y luego Draco se quitó la capa de invisibilidad, y ellos le... le rodearon. No sé qué ocurrió después de eso, y no vi lo que ocurrió con Harry o Draco. Creo que Lucius me lanzó un hechizo para que perdiera el conocimiento - ahora se derramaron las lágrimas -. Draco puede estar muerto, Sirius.

- No le matarán - dijo Sirius -. Creen que es Harry: van a poner la maldición Lacertus sobre él. Y para eso necesitan a Voldemort. Así que todavía nos queda un poco de tiempo.

- ¿Cuánto tiempo se necesita para convocar a Voldemort? - preguntó Hermione con rabia - ¿Cuánto tardará en venir?

- Bueno... - contestó Sirius con reluctancia - No es que vaya a coger un bus, Hermione. Voldemort puede probablemente aparecer aquí instantáneamente. Pero - añadió -, si conozco a Lucius, querrá tener todo preparado y perfectamente controlado, sin sorpresas desagradables para el Señor Tenebroso cuando llegue aquí.

- Odio a Lucius - dijo Hermione con vehemencia -. Es un pervertido desagradable y diabólico, se pone joyas, y no se preocupa ni siquiera por su propio hijo.

- Es mucho más que eso - replicó Sirius, con una media sonrisa -. Es...

Se detuvo y la miró pensativamente.

- ¿Qué? - preguntó Hermione.

- ¿Qué has dicho sobre que Lucius lleva joyas?

- Lleva un colgante muy feo - contestó Hermione -. Parece muy unido a él. Constantemente ponía la mano sobre él cuando estaba... ya sabes... intentando hacerlo conmigo en el despacho - enrojeció con furia.

- Descríbelo - le pidió Sirius.

Hermione lo describió: una cadena plateada con un colgante de pálido cristal en el que se veía un objeto, un objeto que presentaba el mismo aspecto que un diente humano. Cuando llegó a la parte del diente, Sirius se puso de pie de un salto y empezó a pasear arriba y abajo por la celda.

- Eso pensé... - murmuró - Ha estado en el fondo de mi mente todo este tiempo... Simplemente no se me ocurrió cómo lo había estado haciendo.

- ¿Haciendo qué? - preguntó Hermione, girando la cabeza para seguir el ansioso progreso de Sirius.

- Controlarla - dijo Sirius.

- ¿Controlar a quién? - demandó Hermione.

- A Narcisa - contestó él, sentándose pesadamente sobre el banco.

- Sirius - dijo ella con firmeza -. Ya basta de asociaciones libres. Por favor, habla inglés.

- En primer lugar, no sé cómo se casó con él - comentó Lucius, obviamente todavía pensando en voz alta -. Siempre le había odiado. Supongo que habría utilizado algún tipo de Hechizo de Coacción sobre ella, sino la maldición Imperius misma.

- ¿Estás diciendo que obligó a Narcisa a que se casara con él? - dijo Hermione, interesada a pesar de sí misma - Oh, eso es exactamente el tipo de cosa que él haría, ¿no? - se estremeció - Pero no tiene sentido... no puede haberla tenido bajo la maldición Imperius durante diecisiete años; a estas alturas ya estaría muerta, o loca.

- No lo hubiera necesitado después del primer año o así - dijo Sirius en voz baja -. Tenía algo mucho mejor - bajó la mirada hacia la expresión asombrada de Hermione -. ¿Has oído hablar de los encantamientos Epicíclicos?

- Lucius tiene un libro sobre ellos en su despacho. La maldición Lacertus se encuentra en él - se estremeció -. Parecía muy desagradable, el libro, quiero decir.

- Son hechizos que se encargan de transferir la esencia de las personas y de los animales dentro de objetos. Es difícil de explicar, pero hay mucha magia negra involucrada por razones que deberían ser obvias. Puedes tomar algo de una persona... mejor cuanto más joven sea cuando lo haces... como pelo, o dientes, y convertirlo en un objeto. Como un colgante. Un objeto que contendrá la esencia de esa persona, lo que los griegos llamaban la chispa de la vida. Si destruyes o dañas ese objeto...

- ¿Matas a la persona? - dijo Hermione.

- Exactamente.

- Así que Lucius... ¿crees que quitó uno de los dientes de Draco cuando era un bebé?

- Creo - dijo Sirius - que ha estado llevando la vida de Draco en torno a su cuello desde el día del nacimiento de Draco. Draco no sabe nada de esto, por supuesto. Pero Narcisa sí. Todo lo que Lucius tendría que hacer sería romper el colgante, destrozarlo, y Draco moriría. Si Narcisa le dejara... si le desafiara...

- Pero Draco es su hijo - dijo Hermione -, su único heredero, él mismo lo dijo.

- Sólo es una posesión más para Lucius - replicó Sirius -. Tú no le conoces, pero yo le conocí en el colegio. Incluso entonces era un maestro en la manipulación. Sólo se preocupa de sus propios fines. Draco puede ser sólo un objeto para él, algo que poseer y controlar.

Hermione pensó en sus propios y aburridos padres dentistas.

- Pobre Draco - dijo.



***.



Harry corrió por los pasillos, rezando por no ser visto (“¡Eh! ¡Chico! ¡Más despacio!”, Gritó el retrato de uno de los ancestros vampiros de Draco mientras pasaba junto a él) y entró por las puertas dobles de roble de la sala de esgrima. Era tal como había sido el primer día, cuando Lucius trajo a Harry a la Mansión... o casi igual. Los tapices que mostraban escenas de la batalla de los magos no habían cambiado, al igual que el aro para practicar esgrima, pero en el extremo más alejado se había erigido una estructura bastante extraña. No era como nada que Harry hubiera visto antes.

Brillantes barrotes de luz, cada uno a más o menos diez centímetros de distancia de las otras, se alzaban desde el suelo hasta el techo. Estaban colocadas formando una especie de cuadrado, más o menos de metro y medio por dos metros. Era una celda, pensó, una celda hecha de luz... y dentro de la celda estaba Draco.

Harry se acercó a la celda con cautela. Era evidente que, fuera lo que fuera, se trataba de un objeto mágico muy poderoso, y la experiencia de Harry con los objetos mágicos poderosos le indicaba que era mejor no mezclarse con ellos.

Draco estaba tumbado con la espalda sobre el suelo, mirando hacia el techo. Por un momento Harry se asustó de que hubieran realizado un hechizo paralizador sobre él, pero giró la cabeza cuando Harry se acercó, y casi sonrió.

- Eh - saludó.

Tenía un ojo morado y su labio superior presentaba un corte. Bajo los harapos de la manga izquierda de su túnica, Harry pudo ver que su muñeca tenía un corte del tamaño de una pelota de tenis.

- Te dieron una paliza - dijo Harry desanimado.

- No pasa nada - comentó Draco, volviendo a dirigir su mirada hacia el techo -. Si hay una cosa que haya aprendido de niño es a aceptar los golpes.

Harry se arrodilló junto a los barrotes.

- Malfoy - dijo -. Narcisa me ha contado lo que hiciste. Es la cosa más valiente que he oído nunca. También la más estúpida. Pero fue muy valiente.

- Gracias - contestó Draco -. Probablemente eras tú. La parte “valiente” y la parte “estúpida”.

Harry negó con la cabeza.

- No creo. Bueno - admitió -, quizás la parte “estúpida”.

Draco sonrió sin ánimos.

- Mira - dijo Harry -, vine aquí a ponerte en libertad. Luego tú me puedes llevar a las mazmorras y podremos...

Draco negó con la cabeza.

- No es posible - replicó -. Conozco este encantamiento aprisionador. Se necesitaría a un mago tenebroso muy poderoso o a un auror para quitarlo. Y los barrotes son físicamente irrompibles.

Harry no podía creer que Draco pareciera tan resignado.

- No te dejaré aquí - contestó.

- Éste puede ser el momento de que aprendas que hay algunas cosas que ni siquiera tú puedes hacer - dijo Draco -. Puede ser bueno para ti.

- Pero no para ti - replicó Harry -. Venga, Malfoy... piensa.

- De acuerdo. Hay una cosa - Draco miraba hacia el techo de nuevo.

- ¿Qué?

- Creo que ya lo sabes, Potter - dijo Draco -. De hecho, se trata de algo que probablemente disfrutarás.

Harry movió la cabeza, asombrado.

Draco se sentó y se arrastró hasta donde se encontraba arrodillado Harry, teniendo cuidado de no poner peso sobre su muñeca herida.

- Es bastante simple, la verdad - dijo -. Necesito que me mates.

Harry se quedó mirándole.

- ¿Qué?

- Puedo enseñarte a realizar el Avada Kedavra - dijo Draco, con el mismo tono de voz que utilizaría una persona amable que le ofreciera un bolígrafo que había pedido -. No será difícil.

- Estás loco - dijo Harry, asombrado -. No te voy a matar, Malfoy.

Draco estaba ahora de rodillas frente a Harry, mirándole intensamente.

- Piensa en ello, Potter - dijo -. Sólo moriré un poco antes de lo que de todas maneras moriría, en cuanto pusieran sus manos sobre mí y realizaran la maldición Lacertus... ¿y qué pasará si funciona? Me pondrán bajo a maldición Imperius y me utilizarán para matar a los muggles y a los sangres sucia. Puede que yo no dure tanto como tú... no tengo una voluntad tan fuerte como la tuya... pero duraré lo suficiente para matar al primer hijo de muggles con el que me encuentre. ¿Y de quién crees que se tratará?

Harry cerró los ojos.

- Oh, no.

- Mi padre - dijo Draco, sin ánimos - pensará que es divertido hacer que Harry Potter asesine a su propia novia. De hecho, si está manteniendo a Hermione viva, ése es probablemente el motivo.

- Odio a tu padre, Malfoy - dijo Harry sin abrir los ojos.

- Sí - asintió Draco -. Yo también le odio.

Y se quedaron en silencio un momento, ninguno de los dos mirando al otro, con las cabezas inclinadas y pensando fieramente, una oscura y otra clara, una fuera de los barrotes de la prisión y otra dentro.

- Es una lástima que no seamos parientes - dijo Draco finalmente, con una voz muy lejana -. Supongo que tu amigo Sirius, el de la mazmorra, podría quitar este encantamiento aprisionador. Se supone que es un mago muy poderoso.

- Sí - asintió Harry -. Si sólo... - se detuvo, alzó la cabeza y contempló intensamente a Draco - ¡Eso es! - siseó - ¡Eso es! ¡Eres brillante, Malfoy! ¡Te besaría, pero eso sería asqueroso!

Draco le miró sin expresión.

- ¿Eh?

- Dame tu mano - dijo Harry.

- ¿Por qué? - preguntó Draco, con sospechas.

- Sólo dámela - dijo Harry impacientemente.

Con la expresión de alguien que ya no se preocupa de lo que pueda ocurrirle, Draco pasó la mano a través de los barrotes y Harry la cogió. Buscando en el bolsillo de sus pantalones con su otra mano, sacó el cuchillo que Sirius le había regalado durante su catorce cumpleaños y abrió la cuchilla.

Luego la pasó viciosamente por encima de la palma de Draco. La sangre empezó a salir del corte, ensuciando la manga de la camisa de Draco.

- ¡Eh! - exclamó Draco, intentando recuperar su mano - ¿Qué estás haciendo?

Pero Harry ahora había girado el cuchillo hacia él mismo, cortando su propia palma. Dejó caer el cuchillo, extendió la mano y agarró la palma sangrante de Draco, apretando con fuerza los cortes entre sí.

- Me emociona que quieras ser mi hermano de sangre - dijo Draco, contemplando sus manos sangrantes y entrelazadas -, ¿pero crees que es el momento oportuno?

- Cállate, Malfoy - dijo Harry, que sonreía como si estuviera loco -. Venga, piensa en ello. Sangre Malfoy. Sólo alguien con sangre Malfoy en sus venas puede abrir la trampilla.

Draco abrió la boca. Luego se inclinó hacia delante y agarró la mano de Harry todo lo fuerte que pudo, tan fuerte que sus nudillos se volvieron blancos.

- ¿Qué estás haciendo? - dijo Harry, riendo.

- ¿Qué parece que estoy haciendo, Potter? Estoy intentando sangrar más rápido.



***.



Harry se acercó nerviosamente a la trampilla y puso su mano derecha, todavía pegajosa por su propia sangre y por la de Draco, sobre la manilla. No ocurrió nada. No hubo gritos ni alarmas. Aliviado, Harry abrió la puerta y se deslizó en el espacio bajo ella.

Se preguntó cuánto tiempo tendría antes de que Lucius y los demás fueran a por Draco. Draco... ahora pensaba en él por su nombre de pila, algo que nunca hubiera creído posible, especialmente porque se sentía físicamente enfermo cada vez que Hermione decía la palabra Draco. Sé que no te gusta Draco, Harry, pero ha cambiado.

Cambiado. Puede que haya cambiado, pensó Harry mientras daba la vuelta a una esquina. Había estado convencido de que se trataba de la poción Multijugos, pero ¿era una poción como esa lo suficientemente poderosa como para contrarrestar una vida dirigida completamente a sus propios intereses y convertir alguien no interesado en el heroísmo a arriesgar su propia vida por la vida de una chica que casi no conocía? Harry no estaba seguro. Todo lo que sabía era que, por alguna razón, Draco había salvado a Hermione de la tortura, y probablemente de la muerte. Eso ponía a Harry en una posición de deuda hacia Draco. No quería ser como Snape, condenado a una vida entera de culpa y resentimiento; no iba a dejar que Draco Malfoy muriera mientras tuviera que saldar alguna deuda con él.

Ahora se encontraba frente a la puerta de la mazmorra. Sacó su mano sangrante y la cerró alrededor del candado, que salió como si estuviera hecho de spaguetti. Lo soltó, abrió la puerta y se apresuró a entrar.

Sirius y Hermione estaban sentados juntos sobre el banco de piedra en el extremo más alejado de la celda, Sirius con un aspecto... bueno, extremadamente serio mientras le explicaba algo, Hermione asintiendo y todavía ridículamente guapa con el vestido de satén de Narcisa. Pareció darse cuenta de que Harry estaba allí antes incluso de que él dijera nada; se puso de pie y corrió por la celda, alargando el brazo entre los barrotes para cogerle de la mano.

- Harry... ¿estás bien?

- Sí... ¡ay!

Se estremeció mientras ella apretaba su mano cortada. Ella vio la sangre y susurró entrecortadamente:

- ¿Es que Lucius...?

- No. No todo esto es sangre mía - aclaró -. Un poco es de Draco.

Hermione se puso más verde.

- ¿Él está bien?... ¿está herido?

- Le dieron una paliza, pero no demasiado fuerte. Le están guardando para Voldemort - dijo Harry tensamente. Se giró hacia Sirius -. ¿Sabes algo sobre encantamientos aprisionadores?



***.



Draco estaba tumbado sobre su espalda, mirando hacia el techo. Suponía que debería estar retorciéndose de terror, pero no lo estaba. Un helado tipo de paz había descendido sobre él y casi no sentía nada.

Harry estaba en los túneles bajo la casa ahora. Draco cerró los ojos; podía encontrar a Harry mejor en la oscuridad. Era un poco como si hubiera una cuerda de luz invisible conectándole a él, con él en un lado y Harry en el otro... a veces le estiraba, reclamándole su atención; otras veces resultaba muy difícil encontrar a Harry en el extremo opuesto. Justo ahora era fácil, casi podía verle. Alucinaciones, pensó. Estoy teniendo alucinaciones Pero así evitaba sentir que estaba solo.

Ahora Hermione estaba con Harry. Le dolía pensar en ella, como lo que dolía un diente roto. Pero estaba viva, y eso era al menos en parte, gracias a él. No lamentaba lo que había hecho; siempre se había sentado a contemplar a Harry haciendo las ridículas cosas heroicas que hacía, y se había preguntado no sólo por qué las hacía, sino cómo. Ahora lo sabía. Sólo hacías lo que tenías que hacer: sólo había una elección que tenía sentido, una manera de continuar, y era la que se escogía. Era envidiablemente sencillo. Se preguntó, sin embargo, si la elección parecería tan fácil si Harry no estuviera dentro de su cabeza.

Cuando la puerta de la sala de esgrima se abrió, Draco pensó por un momento que se lo estaba imaginando. Giró la cabeza lentamente.

Era su padre.

Y Lucius no estaba solo. Un hombre muy alto y encapuchado, vestido con una larga túnica, le acompañaba. Llevaba guantes rojos y una varita. Caminó rápidamente a través de la habitación y junto a la celda.

- Liberos - dijo, y su voz era un sonido horrible y siseante.

Los barrotes de la cámara se desvanecieron y Draco se sentó. Súbitamente se sintió desnudo, desprotegido. El hombre alto se acercó a él y bajó la mirada hacia su rostro. Luego alzó una mano y se apartó la capucha hacia atrás.

Draco atajó un grito: era una calavera calva y sin pelo, del color de la sangre, con ojos estrechos y amarillos con pupilas verticales de gato, líneas por agujeros de la nariz y una boca sin labios.

- Lucius - dijo la horrible voz, que pertenecía, como sabía ahora Draco, a Lord Voldemort -, lo has hecho muy bien aquí, muy bien.



***.



Una vez que dejó a Hermione y a Sirius salir de la celda, Sirius hizo que Harry describiera la celda brillante en la que mantenían prisionero a Draco varias veces antes de quedar satisfecho.

- Puedo quitar el hechizo - dijo -, aunque necesitaré mi varita.

- Puedes usar la mía - ofreció Hermione, pero Sirius negó con la cabeza.

- Éste es un hechizo muy avanzado - dijo -. Necesito mi propia varita. Sé dónde está, vi que Lucius la guardaba en un cajón de su estudio. Mirad - añadió -, con mi forma de perro puedo llegar allí arriba mucho más rápido que vosotros. Creo que yo debería ir delante, con vosotros dos siguiéndome. Quitaré el hechizo aprisionador, si puedo, y me encontraré con vosotros en la habitación de Draco.

- Y qué pasa si... - Hermione se estremeció violentamente - ¿si quien-tú-sabes ya está con él?

Sirius pareció triste.

Entonces también me encontraré con vosotros, y ya miraremos qué hay que hacer a partir de allí - dijo. Luego puso una mano sobre el hombro de Harry y el chico alzó la mirada hacia él durante un segundo. Luego asintió.

- De acuerdo.

Sirius dejó ir a Harry, volviendo inmediatamente a su forma canina, con la que abandonó la mazmorra. Harry y Hermione le siguieron más lentamente. Harry estaba silencioso y parecía muy triste; caminaba muy rápido, casi corriendo.

- ¿Está Draco bien? - preguntó tímidamente Hermione - Me refiero a que dijiste que no estaba tan malherido, pero debe estar muy asustado.

- No está tan bien. De hecho, me pidió que le matara - dijo Harry, trepando por encima de una pila de piedras rotas. Se giró para ayudar a Hermione para pasar por encima de las piedras y vio que había dejado de trepar y se había quedado mirándole.

- ¿Qué? ¿Y qué dijiste tú, Harry?

- Saqué mi fiel cuchillo y se lo clavé en el cuello. ¿Qué crees que dije? - dijo secamente Harry, molesto -. Le dije que estaba loco, que no le iba a matar.

Hermione empezó a trepar tras él sin ayuda.

- ¿Por qué? No por qué no le quisiste matar, sino por qué, ya sabes... por qué te lo pidió.

- Si pusieran la maldición Lacertus sobre él acabaría muerto, de todas maneras - dijo Harry con tristeza -. Él no quiere que lo hagan, no quiere arriesgarse a acabar asesinando a la gente. Dice que, de todas maneras, sólo moriría un poco antes de lo que le tocaba.

Hermione se detuvo en estado de shock de nuevo. Harry empezó a preguntarse si alguna vez iban a conseguir progresar lo más mínimo.

- Harry... - dijo ella.

- ¿Qué?

- Eso es algo que tú dijiste. Durante nuestro primer curso, cuando ibas tras la Piedra Filosofal... dijiste que si quien-tú-sabes te cogía, sólo morirías un poco antes de lo que de todas maneras hubieses muerto.

Se miraron entre ellos.

- ¿Crees que era yo quien hablaba? - dijo Harry, incómodo.

Hermione parecía extremadamente infeliz.

- No lo sé - contestó -. No quiero pensarlo.

- Yo no creo que lo fuera - comentó Harry, muy inesperadamente.

Hermione le sonrió.

- Espero que no - dijo -. Ya le he invitado a venir a visitarme durante el verano.

Ahora era el turno de Harry de dejar de caminar.

- Convertirá a toda tu familia en ranas, Hermione - dijo, haciéndose eco de los miedos de la chica.

- No lo hará - dijo ella con obstinación -. A mis padres les gustará. Está muy bien educado, y viste bien, y... y ha leído Historia de Hogwarts.

Harry dio media vuelta, se acercó a Hermione, la cogió de los brazos y la miro a la cara, algo que nunca había hecho antes.

- ¿A ti te gusta, Hermione? Ya sé que le besaste y todo eso, pero... ¿te gusta?

- Sí - dijo ella, sorprendiéndose a sí misma -. Me gusta, de verdad que me gusta.

- ¿Le quieres?

- ¡Harry!

- ¿Podrías quererle?

- ¡Sí! - exclamó ella - ¡Sí, podría! - intentó liberar sus brazos, pero él la tenía atrapada con fuerza - Estoy harta de todo este asunto de hermano mayor, Harry - añadió con dureza -. No tengo doce años, y no soy una idiota, y es asunto mío a quien quiera...

- Hermione - la interrumpió él con furia -, eres una estúpida.

Y la besó.

No se parecía en nada a besar a Draco. Besar a Draco era dulce, e intoxicante, y divertido. Besar a Harry no era ninguna de esas cosas cosas; Para Hermione, besar a Harry era la culminación de seis años de amor frustrado, seis años de devoción y resentimiento, seis años de esperanza y dolor y despecho. Era como una bomba estallando en su cabeza. Se sintió agarrándose a Harry como si se fuera a caer si no lo hiciera, sintió a Harry apretando sus brazos con una fuerza que resultaba dolorosa. Le quedarían heridas, pero no le importaba. No podía respirar, pero no le importaba. Había una roca clavándose en su espalda, pero no le importaba. Podía sentir el corazón de Harry latiendo salvajemente contra el suyo y eso era lo que importaba.

Fue un shock que Harry la soltara y se alejara, y ver que su pecho subía y bajaba rápidamente como si hubiera estado corriendo. El chico continuó apartándose hasta que quedó de pie contra la pared opuesta, contemplándola con lo que parecía horror.

- Lo siento - dijo -. No quería hacer eso. Lo siento mucho.

Ella estaba asombrada.

- ¿Por qué? ¿Por qué lo sientes?

- Por esto... - indicó vagamente hacia ella, hacia él mismo - Tú y yo. Las cosas ya son lo suficientemente caóticas. No pretendía hacer que la situación fuera aún peor.

- ¿Peor? - Hermione se quedó mirándole - ¿Estás diciendo que besarme fue algo malo?

- ¡No! Besarte... fue grandioso - dijo Harry débilmente. Luego se enderezó, con aspecto de determinación -. Pero aun así no volveré a hacerlo.

- ¿Por qué? - preguntó Hermione.

- Porque... - empezó Harry, que había sacado el cuchillo del bolsillo y estaba jugueteando con él. Todavía tenia sangre - puede estar mal.

¿Mal? ¿es que estaba loco? - Draco tenía razón - dijo finalmente -. Te has vuelto loco.

- No. He pensado mucho en esto, Hermione, no pienses que sólo soy...

- No quieres saber lo que pienso - dijo ella secamente.

- Si quiero saber - replicó Harry. Parecía desesperadamente triste, pero a Hermione no le quedaba la paciencia suficiente como para sentirse mal por él. Se adelantó dos pasos y le agarró por la parte frontal de la túnica.

- Dilo - le dijo.

Él se negó a mirarla.

- No puedo.

- Dilo, Harry.

Ahora él parecía enfadado y obstinado, tan obstinado como sólo Harry podía ser.

- Si me estás pidiendo que te diga lo que siento por ti - dijo -, no puedo. No puedo y no lo haré.

- Ya te lo pedí una vez antes - contestó ella -. No te lo voy a pedir de nuevo. Esta es, Harry, tu última oportunidad, ¿lo entiendes?

- No puedo - repitió él de nuevo.

- Bien - dijo ella, soltándole. El cuchillo calló al suelo y la chica se inclinó a recogerlo. Cuando se incorporó vio que Harry se había quedado mirándola.

- ¿Bien? - se había hecho eco de sus palabras con incredulidad.

- Sí - dijo ella, tendiéndole el cuchillo. Mecánicamente, él lo cogió -. Bien. Durante seis años me he estado preguntando, ya sabes, si eras la persona ideal para mí. Y ahora - dijo -, ahora sé que no lo eres.

Los ojos de Harry estaban completamente abiertos.

- Hermione, yo...

Pero ella pasó rápidamente junto a él y empezó a caminar. Harry quedó de pie allí durante un instante, apretando el cuchillo fuertemente entre sus manos. Luego la siguió.



***.



Con su forma de perro, Sirius se apresuró por los retorcidos pasillos de las mazmorras y salió por la trampilla. Manteniéndose en las sombras pasó por los vestíbulos dirigiéndose en la dirección en la que recordaba que se encontraba el despacho de Lucius. Era una suerte, pensó, una verdadera suerte que la casa estuviera tan desierta. No podía imaginarse dónde se encontrarían Lucius y los mortífagos, pero no parecían encontrarse demasiado cerca.

Giró el pomo de la puerta del estudio de Lucius con un golpe y entró. Lo que vio en el interior le asombró tanto que pasó de nuevo a su forma humana sin pensarlo siquiera, y lanzó un grito.

Narcisa estaba sentada tras la mesa de roble de Lucius. Estaba muy pálida, y tenía la varita de Sirius en sus manos. Cuando le vio, sus ojos empezaron a recorrer salvajemente la habitación.

- Sirius - dijo, tendiéndole la varita con una mano temblorosa -, sabía que vendrías a por esto. Cógelo rápidamente, y vete.

Él cogió la varita, sintiendo la loca urgencia de tocar su mano mientras lo hacía, aunque la reprimió.

- La sala de esgrima - dijo amablemente -. ¿Cómo puedo llegar allí?

Ella negó con la cabeza.

- Simplemente márchate, Sirius.

- Narcisa - dijo él -, necesito llegar hasta Harry antes de que el Señor Tenebroso venga a por él. ¿Lo entiendes?

- Lo entiendo - replicó ella -. Pero el Señor Tenebroso ya ha venido a por él-



***.



Draco nunca se había imaginado lo horrible que era Voldemort. La verdad es que nunca había pensado en ello, pero siempre había asumido que el Señor Tenebroso sería como cualquiera de sus mortífagos, quizás un poco más alto o más pálido, pero todavía humano. Mirando hacia los ojos de gato y sin pestañas de Voldemort y a su rostro sin nariz, Draco sintió pena por Harry. Tener que enfrentarse contra él continuamente... ver esa cara en sus pesadillas... debía ser horrible.

Draco sabía que debería sentirse aterrado, pero no lo estaba. No sabía por qué. En parte, supuso, era porque todavía podía sentir a Harry y a Hermione al final de la cuerda invisible: se acercaban a través de los túneles, y podía sentir su preocupación, lo que le hizo sentir menos solo, incluso a pesar de que sabía que era imposible que llegaran a tiempo.

Miró hacia su padre, que parecía a la vez ansioso y esperanzado.

- ¿Está contento, Amo? - preguntó Lucius Malfoy.

- Lo estoy - dijo el Señor Tenebroso -. Lucius, tú y tus mortífagos lo habéis hecho muy bien.

- Lucius y los Mortífagos - comentó Draco, esperando que su voz no pareciera demasiado ronca -. Suena como el nombre de una banda de música.

Tanto Lucius como Voldemort le miraron, y Draco les devolvió la mirada. Si iba a morir, estaba determinado a morir siendo cínico, que, después de todo, era en lo que destacaba.

El Señor Oscuro se arrodilló y uso la mano contra la frente de Draco, directamente sobre la brillante cicatriz de Harry. Su mano estaba fría.

- ¿Te quema mi piel? - dijo con su horrible voz - ¿Te duele, Harry Potter?

- No - dijo Draco -, pero hace unas cosquillas que lo flipas.

Era evidente que Voldemort no tenía ningún sentido del humor; miró a Lucius, que le devolvió la mirada sin expresión y se encogió de hombros.

- Está mintiendo - dijo Lucius.

Los feos ojos de gato de Voldemort estaban entrecerrados.

- ¿Sí?

Bajó la mano y se quitó uno de sus guantes. La mano que se reveló bajo él era de color rojo oscuro, casi del color de los ladrillos, con largas uñas negras. Había profundas arrugas por su palma, como cortes curados o quemaduras.

- Toma mi mano, Harry Potter - ordenó, tendiéndosela a Draco.

- No hasta que te pongas un poco de crema sobre esos cortes - dijo Draco -. Se ven realmente asquerosos.

- ¡Coge mi mano!

La mano de Voldemort se movió con la rapidez de una serpiente atacando y cogió la de Draco, que él apretó contra su pecho. Era la mano que Harry había cortado, y el dolor era muy fuerte. La mano del Señor Tenebroso era tan seca y escamosa como la piel de un lagarto. No tenía pulso en absoluto. Draco liberó su mano tan pronto como pudo.

El Señor Oscuro se giró hacia Lucius Malfoy, y la expresión de su rostro no era nada agradable.

- ¿Es esto algún tipo de broma, Lucius?

- No... no sé lo que quiere decir - contestó Lucius.

- Éste - y Voldemort movió una mano despreocupadamente hacia Draco - no es Harry Potter. ¿Pensaste que un simple disfraz podría engañarme a mí? ¿A mí, que llevo la propia sangre de Harry Potter en mis venas? No sé quién es éste... seguramente un muggle al que disfrazase mediante poción Multijugos... ¿Qué esperabas conseguir, Lucius?

El rostro de Lucius Malfoy se había vuelto del color de un queso en mal estado.

- ¿No... Harry... Potter? - gorgoteo.

- No finjas que no lo sabías - dijo Voldemort, aunque Lucius estaba en un estado tan avanzado de shock que fue incapaz de contestarle. Estaba contemplando a Draco, quien le saludó con la mano.

- ¿Quién eres tú? - le dijo Lucius, con una voz muy aguda - ¿Uno de los amigos de Harry...?

- Frío frío - contestó Draco.

- Hay una solución muy sencilla a esta pregunta, Lucius - sacó su varita y metió la punta en la garganta de Draco, lo que le dolió bastante -. ¡FINITE INCANTATUM! - dijo el Señor Tenebroso.

Durante un segundo no pasó nada, y Draco estuvo seguro de que el hechizo no había funcionado. Luego la sensación de derretirse que recordaba bien se extendió de nuevo sobre él, acompañada por un dolor que se esparció por todos sus miembros como una lluvia de pequeñas flechas. Era como si le estuvieran arrancando su propia piel y le fundieran los huesos para darles una nueva forma. Se alzó y cayó al suelo a cuatro patas, respirando abruptamente, mientras la vista se le nublaba, dolorida.

Parecía ver su propio cuerpo a mucha, mucha distancia, se vio a sí mismo cambiando. Y vio que la cuerda de luz que se extendía entre él y Harry se rompía como una carga de pescar con demasiado peso. La visión de Harry que distinguía en su interior se desvaneció en la oscuridad... y se quedó solo.

Draco se sentó lentamente, sintiendo que el dolor disminuía. Su visión todavía estaba borrosa... pero eso, según notó, era porque todavía lleva puestas las gafas de Harry, que ya no necesitaba. Alzó las manos para quitárselas, pero temblaba tanto que tuvo que hacer tres intentos antes de conseguirlo.

Alzó la mirada. Su padre y Voldemort le estaban contemplando, Voldemort con curiosidad y Lucius con una expresión que decía que todas sus peores pesadillas se habían hecho realidad en un horrible momento.

- ¿No es ese tu hijo, Lucius? - preguntó el Señor Tenebroso.
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