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Draco Dormiens 9

Disclaimer: esta historia está basada en personajes y situaciones creadas y de la propiedad de JK Rowling, varias editoriales entre las que se incluyen Bloomsbury Books, Scholastic Books, Raincoast Books y la Warner BROS. No se gana ningún dinero y no hay ningún copyright ni marca de registro. Otras citas se harán cuando sea necesario.

Por Cassie Claire. Traducción de Estela R. G

Capítulo Nueve: Lucius y los Mortífagos




- Hola, padre - dijo Draco.

Lucius todavía tenía el aspecto de alguien a quien han obligado a la fuerza a comer una rodaja de limón atada a un enorme ladrillo.

- ¿Draco?

- La verdad es que sí que se parece a ti, Lucius - dijo Voldemort, dirigiendo a Draco una mirada evaluadora -. Especialmente en los ojos - alzó la varita -. Qué lástima que se los tenga que arrancar.

- Mi Señor - dijo Lucius desesperadamente, girándose hacia Voldemort -, por favor, créame... - durante un desesperado segundo, Draco creyó que su padre iba a interceder para salvarle la vida - Por favor, créame, yo no sabía nada de esto.

- Lo extraño es que te crea, Lucius - contestó Voldemort -. Siempre has sido un estúpido, y no me sorprende que no hayas tenido conocimiento alguno de las actividades de tu hijo. Pero eso no cambia el hecho de que el chico sea un traidor y deba morir.

- ¿Me permite hacer una sugerencia, Amo? - pidió Lucius.

- Padre - intervino Draco.

Lucius le ignoró.

- Hazla rápido - aceptó el Señor Tenebroso.

- La maldición Veritas - dijo Lucius delicadamente -. Es posible, incluso probable, que Draco sepa algo sobre el paradero del verdadero Harry Potter... si han utilizado poción Multijugos deberán haber necesitado estar cerca...

Voldemort sonrió fríamente.

- Una excelente idea - sacó su varita de nuevo y señaló hacia Draco.

- Padre... - dijo Draco de nuevo.

- Veritas - siseó el Señor Tenebroso.

De modo que, por segunda vez en su vida, el gancho se clavó en el pecho de Draco y lo abrió, y él se atragantó del dolor y del horror al verse tan expuesto. Esta vez era incluso peor, quizás porque esta vez se estaba resistiendo. Aunque no tenía sentido. Fuera lo que fuera lo que quisiera decir al abrir la boca, sabía que en vez de eso revelaría la verdad.

Voldemort empezó con sencillez.

- ¿Cómo te llamas, chico?

- Draco Thomas Malfoy.

- ¿En mi honor, Lucius? - dijo Voldemort - Me siento halagado.

Lucius intentó sonreír.

- ¿Dónde está Harry Potter?

Draco se mordió el labio con fuerza, aunque inútilmente.

- No lo sé - se oyó a sí mismo decir.

De cualquier modo, eso era un alivio. La cuerda que le había unido a Harry se había roto al disolverse el hechizo: ya no tenía ni idea de dónde podría estar Harry.

- ¿Por qué tomaste su apariencia y fingiste ser él?

- Mi padre iba a matar a Hermione - dijo Draco -. No podía permitir que eso ocurriera.

Lucius pareció sorprendido.

- ¿En verdad era ella tu novia?

- No - contestó Draco -. No lo era. Es la mejor amiga de Harry.

- Y sentiste la necesidad de arriesgar tu propia vida por la vida de la mejor amiga de otra persona - comentó el Señor Tenebroso -. ¿Por qué?

- Porque la amo - dijo Draco, sintiendo cómo se ruborizaba. Había pensado que ya había llegado al límite de la humillación, pero aparentemente no era así.

- Vaya, qué situación tan embarazosa - dijo Voldemort, aunque parecía un tanto divertido -. ¿Por qué no nos cuentas, joven Malfoy, cómo llegaste a esta casa, en compañía de la mejor amiga de Harry Potter, a quien tú... amas, y con el propio Harry Potter, presumiblemente disfrazado como tú?

- No - dijo Draco, luchando para ponerse de pie, sobre sus manos y sus rodillas. Había algo húmedo en su rostro; cuando intentó limpiárselo su mano quedó roja. Sangre. Se había mordido el labio -. No.

Pero no podía levantarse. El dolor en su pecho era demasiado intenso, la sensación de ser abierto, demasiado fuerte. Cayó de nuevo al suelo.

- Padre - se oyó a sí mismo decir, y se estremeció al oír lo infantil que parecía -. Padre, por favor.

Lucius pareció incómodo.

- Quizás debería lanzarle ese hechizo de nuevo, Amo - sugirió.

- Por supuesto - replicó Voldemort, y así lo hizo.



***.



Ya estaban prácticamente en la base de las escaleras que llevaban a la sala auxiliar cuando Harry soltó un medio grito y cayó hacia atrás, al suelo. Hermione dio media vuelta, sorprendida.

- ¡Harry! - le llamó - ¿Estás bien...?

Su respuesta sonó ahogada; parecía ser presa de un fuerte dolor, un triste montón negro tirado al suelo con las manos sobre la cara. Ella fue hacia él y el chico alzó la cabeza.

- ¿Hermione? ¿Eres tú?

Ella estaba a punto de responder con impaciencia cuando la luz de su varita cayó sobre su cara, y su respuesta se convirtió rápidamente en una especie de grito. Se puso una mano sobre la boca y le contempló.

- Harry - dijo -. Eres tú.

- Pues claro que soy yo - contestó él con irritación -. ¿Quién querías que fuera, Lucius? No importa, no contestes a eso.

- Cállate - dijo ella -. Hablo en serio, Harry, eres realmente tú... estás de vuelta, ¿lo entiendes?

Y lo estaba, con el sucio pelo negro, los ojos verdes, la cicatriz con forma de relámpago y todo lo demás. Él se apartó las manos de la cara y le dirigió una media sonrisa.

- Eso ya me lo había imaginado - dijo -, más que nada por ese dolor horrible y por el hecho de que no puedo ver nada.

Hermione no pudo evitar seguir mirándole. Era muy extraño ver su cara como su cara de nuevo, sus familiares rasgos animados otra vez por la inteligencia que vivía en él y le pertenecía. Hubo un momento de incómodo silencio mientras le contemplaba.

- Ya no te duele, ¿verdad? - preguntó ella finalmente.

Él negó con la cabeza.

- No. Pero desearía poder ver.

Ella se arrodilló junto a él.

- Puedo arreglarte los ojos, Harry, ¿quieres que lo haga?

Durante un momento él se quedó en silencio, mordiéndose los labios. Luego, con reluctancia, dijo:

- Supongo que será lo mejor.

Ella sabía por qué Harry nunca la había dejado a ella ni a nadie más arreglar su vista mediante magia con anterioridad: sus gafas se habían convertido en algo así como un símbolo de Harry Potter, y si alguna vez se librara de ellas, Corazón de Bruja tendría un día muy ajetreado. Ya se habían inventado historias sobre cómo se cortaba el pelo (en el baño, él mismo, con tijeras de cortar las uñas) y cómo conseguía su ropa (“dejo que Hagrid la escoja por mí”). Si se librara de sus gafas aparecerían titulares como HARRY POTTER, DEMASIADO VANIDOSO PARA LLEVAR GAFAS; ¿SE LE ESTÁ SUBIENDO LA FAMA A LA CABEZA AL CHICO QUE SOBREVIVIÓ?, y Harry odiaba ese tipo de cosas.

- Será algo temporal - dijo ella amablemente -. Un encantamiento corrector. Hasta que consigamos tus gafas.

- Está bien - asintió él, cerrando los ojos.

Hermione sacó su varita y tocó sus párpados amablemente con la punta. Luego se acercó más y puso los dedos sobre sus mejillas.

- No te muevas - le advirtió, y él la cogió de los antebrazos para mantener el equilibrio -. Oculus - dijo.

Harry dio un salto, como si le hubieran golpeado, y abrió los ojos. Luego una reluctante sonrisa se extendió por su rostro.

- Eh - dijo -, gracias, Hermione.



***.



Sólo habían pasado quince minutos, pero a Draco le pareció que pasaban varias horas antes de que Voldemort terminara con él. Se las había arreglado para hacerse a un lado, y para oír su propia voz como si estuviese a mucha distancia, contando todo a su padre y al Señor Tenebroso, desde el primer momento en el que había adoptado la apariencia de Harry hasta su creencia de que Harry estaba ahora en las mazmorras, rescatando a Sirius.

Eventualmente, cuando ya no tuvo nada más que decir, el Señor Tenebroso anuló la maldición Veritas que le había lanzado. El alivio fue intenso, pero también lo fue la horrible sensación de culpabilidad.

- Así que - oyó que decía su padre -, quizás deberíamos buscar al chico Potter en las cámaras bajo la casa, Amo.

- No es necesario - replicó Voldemort, con aspecto de estar contento -. Sólo tenemos que esperar. Harry Potter vendrá a nosotros. Vendrá a por tu hijo.

Lucius Malfoy pareció dudarlo.

- Pero, Amo... ni siquiera son amigos, Draco dijo que como mucho...

Voldemort negó con la cabeza.

- Conozco a Harry Potter - dijo-. Es justo como su padre. Vendrá por tu hijo, Lucius. Te lo garantizo.



***.



Cuando llegaron a la salita auxiliar encontraron a Sirius esperándole en su forma canina. Harry abrió la boca para decir algo, pero Sirius negó rápidamente con la cabeza y les indicó que debían seguirle. Caminaron siguiéndolo por los pasillos hasta el despacho de Lucius, cuya puerta abrió Sirius con la pata, y entraron.

Narcisa estaba sentada tras la mesa de Lucius, tal como había estado al encontrarla Sirius allí, sólo que esta vez tenía la cabeza entre los brazos y lloraba.

Sirius se convirtió de nuevo en un hombre tan rápidamente que hubo un audible “pop” mientras lo hacía. Indicó a Narcisa con un movimiento de la cabeza.

- Tuve que contarle todo - dijo a Harry y Hermione en voz baja -. Está muy triste - miró a Harry -. Vuelves a ser tú, ¿eh? Supuse que lo habrías hecho.

Harry pareció sorprendido.

- ¿Por qué lo pensaste?

Sirius arrastró los pies por el suelo, con aspecto de estar muy infeliz.

- Voldemort ya ha llegado - dijo, mirando ansiosamente a Hermione mientras lo hacía -. Fue a buscar a Harry... - Sirius suspiró - Bueno, digo yo que debería haber descubierto rápidamente que Draco no eras tú, ¿verdad? Probablemente anuló el hechizo.

Hermione pareció sorprendida y preocupada; Harry, sin embargo, no demostró sorpresa, sólo resignación.

- Pensé que era eso lo que había ocurrido - dijo en voz baja -. Me ha estado doliendo la cicatriz desde hace una hora.

Hermione estaba furiosa.

- ¿Y por qué no me lo dijiste? - preguntó.

Harry le dirigió una mirada irritada y la chica recordó que una hora antes ella y Harry se habían estado besando en las mazmorras, tras lo cual le había dicho que la dejara en paz con bastante vehemencia. Probablemente no le había parecido el momento ideal para mencionar que le dolía la cicatriz.

- Oh - dijo, ruborizándose -. Lo siento.

Harry se giró hacia Sirius.

- ¿Crees que Draco está bien? - lanzó una mirada ansiosa en dirección a Narcisa y bajó la voz - ¿Crees que está vivo?

Sirius se encogió de hombros.

- No lo sé. El Señor Tenebroso puede haberle matado en un ataque de rabia. Aunque claro, Draco es el hijo de uno de sus mortífagos más cercanos y poderosos. Si Draco logra convencerle de que estaba actuando bajo la influencia de la poción Multijugos... si da al Señor Tenebroso información sobre ti...

- Él nunca haría eso - intervino Hermione con dureza.

- Puede que no - dijo Sirius con cautela, aunque ni él ni Harry miraron a Hermione a los ojos.

- ¿Crees que Narcisa estará bien? - preguntó Harry finalmente, rompiendo el silencio.

- Espero que sí - contestó Sirius -. Lucius... - dijo el nombre con un odio inmenso - Lucius la ha tenido bajo todo tipo de hechizos y encantamientos durante mucho tiempo... hechizos de coacción, a veces la maldición Imperius, le ha prohibido tener una varita... le ha prohibido bajo pena de muerte decir el nombre de Lucius, no sea que lo use en un hechizo.

Hermione movió la cabeza.

- ¿Y no le habría resultado más fácil a Lucius casarse con alguien que estuviera realmente enamorada de él? - se preguntó en voz alta.

- Los hombres como Lucius no hacen las cosas porque sean fáciles - contestó Sirius secamente -. Las hacen para demostrar lo poderosos que son. Lucius quería casarse con la chica más guapa del colegio. Y lo hizo.

- Debería estar en Azkaban - comentó Hermione, enfadada.

- Y nosotros deberíamos estar rescatando a Draco - dijo Harry.

Hermione se estremeció.

- Voy a tener que enfrentarme a él - comentó Harry, con aspecto triste.

- ¿Y qué harás, Harry?

- Un cambio - contestó Harry -. Me cambiaré a mí mismo por Draco.

- Oh, claro - dijo Hermione enfadada -, porque Voldemort es tan conocido por mantener su palabra...

- Creo que lo que Hermione quiere decir - intervino Sirius - es que te matará de todas maneras. De hecho, creo que espera que hagas justamente lo que has sugerido.

- Bueno, no podemos dejarle con Lucius y Voldemort - protestó Harry -, y los mortífagos.

- Los mortífagos no están con ellos - dijo una voz débil. Era Narcisa, ahora sentándose más recta y secándose los ojos -. Están en la sala de baile de la planta baja, intentando preparar la maldición Lacertus.

Sirius se acercó a ella y se sentó a su lado, poniendo una mano sobre su hombro.

- Todo está bien - dijo -. Él estará bien - pero no parecía demasiado convencido de esto.

Harry miró hacia Hermione en busca de ayuda, pero la chica tenía un aspecto extremadamente pensativo, hasta que se dirigió hasta la parte más alejada de la habitación y cogió un enorme libro verde de la estantería: Manufacturas Epicíclicas de Hechicería.

Sirius se giró y la miró.

- Hermione, ¿qué estás haciendo?

- Ssssh - dijo Harry, poniéndose un dedo sobre los labios -. Déjala.

Hermione empezó a girar rápidamente las páginas.

- He pensado que... quizás... si conseguimos que funcione... podría ser...

Sirius pareció confuso. Incluso Narcisa pareció confusa. Pero Harry se limitó a quedarse quieto, contemplándola mientras leía y procurando hacer el menor ruido posible. Finalmente ella dejó el libro y se giró hacia Sirius.

- Tengo una idea - dijo.

Sirius pareció tener sus dudas.

- Eso es bueno - le aseguró Harry -. Hermione tiene excelentes ideas.

- Pero necesitaré tu ayuda, Narcisa - añadió Hermione.

Ahora incluso Harry pareció tener sus dudas. Pero Narcisa se enderezó en su silla.

- ¿Qué puedo hacer? - dijo.



***.



Voldemort ordenó a Lucius que se quedara a vigilar a su hijo, antes de cruzar la habitación y mirar por la venta, hacia el exterior. Eso dejó efectivamente a Draco y a su padre juntos y a solas. Si Draco había esperado que Lucius se disculpara por el horror que se había infligido a su hijo, quedó decepcionado: se limitó a mirar a Draco arriba y abajo y a decir:

- Has hecho que me entristeciera, chico.

A pesar de sí mismo, Draco casi estaba impresionado por la falta total de remordimiento en su padre. Quitaba el aliento.

- Quizás deberías pegarme - sugirió.

Lucius frunció el ceño.

- Y tu pobre sentido del humor no está trabajando en tu ayuda - dijo -. Si te comportaras como si lo sintieras mucho tal vez el Señor Tenebroso podría perdonarte. Una vez puso grandes esperanzas en ti, Draco. El puede ser misericordioso. Y si de verdad actuabas bajo la influencia de esa poción multijugos...

Draco negó con la cabeza.

Me temo que tendré que decepcionarte de nuevo, padre - dijo -. No siento ningún deseo de pasarme al bando del Señor Tenebroso. Me temo que no puedo ver lo qué tu ves en él. No es precisamente la persona más estable. Y tampoco es que sea demasiado guapo - añadió, como en un pensamiento tardío.

- No sé qué esperas conseguir desafiándome, Draco - dijo Lucius, con el mismo tono enfadado que un padre normal y corriente descubriendo que su hijo adolescente había cogido su coche sin permiso y lo había empotrado contra un montón de nieve.

- Si tú no lo sabes, padre - dijo Draco fríamente -, yo no te lo voy a explicar.

- Y si tú no dejas de desafiarme - dijo Lucius todavía más fríamente -, dejaré de ser tu padre.

Después de eso se sentaron en silencio.



***.



Harry, Hermione y Sirius estaban sentados nerviosamente en el despacho, sin mirarse entre ellos. Narcisa se había marchado hacía cinco minutos. Cuando la puerta se abrió finalmente y Narcisa volvió a la habitación, llevando un gran objeto alargado y envuelto, Sirius estuvo tan contento que se convirtió en perro, en hombre y de nuevo en perro en rápida sucesión.

- Quieto ahí, Sirius - dijo Harry, aunque él también estaba obviamente aliviado - . Demasiadas emociones, no es bueno para ti.

Narcisa dejó el objeto sobre la mesa y se apartó mientras Harry, Hermione y Sirius (de vuelta a su forma humana de nuevo) se pusieron a su alrededor.

- Les he dicho que iba a llevárselo a Lucius - dijo, sonando casi feliz -. Cuanto más resisto más fácil es - continuó.

Hermione desenvolvió el paquete, conteniendo el aliento. Un enorme brazo de metal yacía ante ella, desagradable, feo, y horrible. Cada uno de sus siete dedos de acero terminaba en desagradables armas y había grotescas marcas de magia oscura grabadas por toda su superficie. A pesar de que su interior estuviera completamente vacío, parecía extremadamente sólido y pesado.

Harry lo estaba contemplando con el estómago revuelto.

- ¿Eso es el brazo Lacertus?

- Es horrible, ¿verdad? - dijo Hermione, asintiendo.

- Después de todo es una buena cosa que no vayan a ponerle ese trasto a Draco - comentó Harry -. No existe ninguna manera de obligarlo a llevar algo tan feo. Bueno - añadió, con la sombra de una sonrisa -, tal vez sí si le dijeras que se trataba de un Armani.

- Oh, cállate, Harry - dijo Hermione, ausentemente -. Sólo tenemos unos pocos minutos con esta cosa antes de que Narcisa tenga que llevarlo a Quien-tú-sabes. Déjame trabajar.



***.



Mientras Hermione trabajaba, Sirius llevó a Narcisa a la esquina de la habitación.

- Lo has hecho muy bien, muy bien - le dijo -. Sabemos que es duro para ti...

- Lo estoy haciendo por Draco - contestó ella, un tanto secamente.

- Lo sé - asintió Sirius.

- Y cuando todo esto acabe - continuó Narcisa - sabes que tendré que quedarme aquí, ¿verdad? No me atreveré a marcharme. No mientras el padre de Draco tenga ese collar.

- Pero no pensará Lucius que...

Narcisa negó con la cabeza.

- Nunca pensará que he actuado contra él, no por mi propia voluntad, no después de diecisiete años. Pero si me marchara contigo...

Sirius pareció entristecerse.

- Lo entiendo.

Narcisa sonrió. Era la primera vez que él veía su sonrisa en dieciocho años. Le recordó su juventud.

- Todo irá bien, Sirius.

- Sí - dijo él -. Quizás.



***.



Si no le doliera tanto todo el cuerpo, Draco podría haberse quedado dormido allí donde yacía, sobre el suelo de la sala de esgrima. Estaba exhausto. Casi ni oyó que se abría la puerta mientras Narcisa entraba en la habitación.

Ella se acercó a Lucius.

- Quieren que te traiga eso - dijo, y, sin ceremonias, le tendió el brazo Lacertus.

Lucius pareció atónito.

- ¿Qué... por qué?

- Harry Potter está en la casa - dijo Narcisa, perfectamente sincera -. Va a venir aquí.

Esto despertó a Draco, quien se enderezó y miró a su madre, que no le devolvió la mirada. Estaba bastante seguro de que allí ocurría algo raro. No le parecía probable que los mortífagos hubieran pedido a Narcisa que llevara a Lucius un objeto mágico tan poderoso e importante sin ellos estar presentes. No a menos que tuvieran una razón que ella no hubiera mencionado.

Obviamente, Lucius también tenía sus sospechas, pero no quería decir nada frente a Voldemort. Ya había demostrado una vez ese mismo día que no podía controlar a su propia familia, y seguramente no le ilusionaba demasiado volver a aclarar ese detalle. En su lugar, alzó su brazo izquierdo hacia su rostro y habló hacia la Marca Tenebrosa.

- Colagusano. McNair. Venid. Traedlos a todos.

Instantáneamente empezaron a aparecerse mortífagos por toda la habitación, Colagusano, McNair, Zabini, Rozier, Parkinson y muchos otros, gente que Draco había conocido desde niño, a los que había visitado, y con cuyos hijos había jugado. Ninguno de ellos le miró, sentado sobre el suelo, lleno de sangre y con aspecto maltrecho.

Voldemort dio media vuelta junto a la ventana.

- Harry Potter está aquí - dijo, flexionando sus largos dedos -. Está fuera de esta habitación.

Su voz golpeó a los mortífagos como un látigo, que prestaron atención y miraron a su alrededor. Draco vio que Narcisa se apartaba del grupo en silencio y dejaba la habitación por la puerta de atrás.

Hubo unas pisadas en los pasillos, claramente audibles. Las puertas dobles se abrieron: primero una, luego la otra. Draco se tenía cogidas las manos con fuerza, aunque no se dio cuenta.

Primero entró Sirius bajo la forma de un perro. Había un silencio total. Hermione le siguió, con aspecto pálido e infeliz. Y detrás de Hermione... llegó Harry.

Una especie de suspiro se elevó entre los mortífagos, como el viento entre las ramas de los árboles.

Harry estaba todavía más pálido que Hermione, con un tono muy blanco, pero parecía resuelto. No llevaba sus gafas, lo que producía el efecto de hacerle parecer más joven de lo que era. Había sangre seca sobre su mano, todavía, y en su túnica... un poco de la suya propia y un poco de la de Draco.

- Aquí estoy - dijo.

Voldemort se detuvo en el centro de su círculo de mortífagos y se rió.

- Y yo sé por qué - replicó -. Has venido a por él - y señaló hacia Draco.

- Sí - dijo Harry.

- Él no se lo merece, Harry Potter - dijo Voldemort -. ¿Qué crees que ha estado haciendo durante toda la mañana, mientras tú estabas ocupado rescatando a tu compañero canino? Nos ha estado contando todo. Desde que destruí ese hechizo que os unía a los dos, y que debo descubrir cómo estaba hecho, porque era de lo más ingenioso, ha estado cantando una canción bastante interesante.

- ¡No me lo creo! - le interrumpió Hermione - ¡Estás mintiendo! ¡Podrías haber descubierto todo eso sin que Draco te dijera todo eso!

Voldemort volvió su venenosa mirada hacia ella.

- Debes haber disfrutado mucho tu pequeño encuentro en el armario con el señor Malfoy - contestó - para defenderle tan ciegamente.

El color desapareció del rostro de Hermione. Draco intentó que le mirara, pero ella no quiso.

- Entonces... entonces es que le torturaste - dijo la chica, aunque con un tono más lleno de incertidumbre.

- No puedo imaginar por qué podría querer torturarle a cambio de la información de que pasó una sórdida media hora dentro de un armario con una chica estúpida - dijo el Señor Tenebroso -. No. Él me lo contó por propia voluntad. Me lo contó todo.

Hermione no respondió nada, pero unas lágrimas habían empezando a deslizarse por su rostro.

- En cualquier caso, eso importa poco - dijo Voldemort, girándose hacia Harry -. Yo tengo todas las cartas y tú no tienes ninguna. Me costaría imaginar que fueras tan irremediablemente estúpido como para venir aquí pensando que podrías luchar conmigo. Aunque conocí a tu padre, chico... y eso es justo lo que él hubiera hecho. Más estúpidos que valientes, vosotros dos.

Harry alzó su varita.

- Tengo esto - contestó -. No te atreverás a luchar contra mí mientras tenga esto.

- No - accedió Voldemort antes de chasquear los dedos: unas cuerdas aparecieron de la nada y rodearon con fuerza a Harry, atando su brazo armado contra su cuerpo. Voldemort caminó hacia él, cogió la varita de su mano y la tiró al suelo -. Y ahora ya no lo tienes - se enderezó y miró pensativamente hacia Sirius y Hermione -. Podría matar a tus amigos - dijo suavemente al oído de Harry -, pero será mucho más divertido que lo hagas tú.

Harry no dijo nada; únicamente miró al Señor Tenebroso con odio.

Voldemort chasqueó los dedos de nuevo y el brazo Lacertus voló de las manos de Lucius aterrizando en la suya propia, extendida. A pesar de estar tan delgado, el Señor Tenebroso era muy fuerte: manejó el Lacertus con una sola mano como si se tratara de un bate de béisbol, antes de agarrar el brazo de Harry (el que no estaba pegado a su cuerpo - y le pasó el brazo Lacertus hasta el antebrazo, como si no fuera nada más que un guante enorme.

Harry chilló. Las cuerdas que le ataban cayeron a un lado, y el chico cayó al suelo, sin gritar más pero retorciéndose como si el brazo fuera de hierro candente y le estuviera quemando. Draco pudo ver que el metal se retorcía como si se estuviera derritiendo, uniéndose a la propia carne de Harry y esparciendo hilos de metal blanco por su brazo.

Draco colocó su propia mano sobre su brazo, comprendiendo su dolor. No sabía que lo estaba haciendo, pero lo hizo igual.

Finalmente Harry se sentó. E incluso los mortífagos contuvieron el aliento. El brazo de Harry se había convertido en una cosa de metal y de cuchillos y de fea muerte. El color plata del brazo Lacertus se había extendido lo suficiente por su cuerpo como para cubrir la parte izquierda de su pecho. Había una especie de halo de luz negra a su alrededor; un anti-halo, brillante y oscuro. Su piel brillaba blanca bajo su luz negativa; sus ojos refulgían como esmeraldas. Parecía inhumano.

Draco oyó que Hermione se atragantaba en medio de una especie de sollozo sin lágrimas.

- Harry - dijo el Señor Tenebroso con una voz un tanto ronroneante -, ¿qué eres?

- Soy un arma - dijo Harry con una voz extraña y distante -. Soy tu arma.

El Señor Tenebroso sonrió y se giró hacia Lucius.

- No estoy seguro de que necesitemos la maldición Imperius aquí - dijo -, pero mejor estar seguros que arrepentidos.

Alzó su varita y señaló con ella a Harry.

- ¡Imperio!

Harry inclinó la cabeza mientras el rayo de luz verde le golpeaba. Cuando la alzó de nuevo, sus ojos parecían todavía más desenfocados.

. Ahora - dijo Voldemort -. Ahora. Harry, gira el Brazo sobre... ella - indicó a Hermione -. Tu pequeña novia. Adelante. Hazlo.

Harry se giró, alzó el brazo, cuyos dedos de filos de metal estaban apretados en un puño, y apuntó con él a Hermione, quien se quedó mirándole con los ojos abiertos. Luego dijo:

- Y tú dijiste que yo era estúpido.

Dio media vuelta de nuevo, y esta vez la maldición Lacertus apuntó directamente a Voldemort, y el pequeño grupo de mortífagos se reunió a su alrededor. Empezó a caminar hacia ellos, lentamente, como si le costara mucho. Todos le miraron con la boca abierta.

- Sabes que la maldición Imperius no funciona conmigo - dijo Harry -. Y deberías ser lo suficientemente inteligente como para no dotar a tu enemigo de un arma mortal.

- No es mortal para mí - contestó Voldemort secamente - niño idiota.

- Quizás sí - dijo Harry -, quizás no.

Y abrió la mano.

Los filos plateados se separaron, y de su palma de metal salió un rayo de luz azulada. Su fuerza era tan grande que Harry se movió hacia atrás. Draco se lanzó contra el suelo mientras una lengua de fuego azul pasaba sobre su cabeza, golpeando la pared más lejana y tirando al suelo una caja de cristal de espadas antiguas, que cayeron con un gran estrépito.

Harry cayó sobre sus rodillas, todavía dirigiendo la luz hacia Lucius y sus mortífagos. Draco vio que la luz golpeaba de uno en uno a todos los mortífagos, y los oyó gritar mientras se enredaba a su alrededor como las ligaduras de Voldemort se habían enredado en torno a Harry. Uno por uno cayeron al suelo, Lucius incluido, gritaron y se desvanecieron.

Voldemort fue el último en marcharse. Parecía mantenerse allí sólo por la fuerza de su odio hacia Harry, aunque el chico alzó el brazo y señaló con él al Señor Tenebroso, y él también se vio obligado a desaparecer.

La luz azul se desvaneció con él. Y Harry cayó al suelo como si le hubieran pegado un tiro.

Draco se levantó y empezó a correr hacia Harry. De todas maneras, Hermione llegó antes que él, y se arrodilló a su lado. Tenía aspecto de estar muerto. Hermione empezó a mover su varita frenéticamente alrededor del feo brazo de metal.

Draco se acercó para ayudarla, sujetando el brazo de Harry, pero Hermione, con aspecto pálido y desesperado, dijo secamente:

- ¡No le toques!

Draco apartó la mano.

Hubo un flash de luz blanca de la punta de la varita de Hermione, y el brazo de metal Lacertus se desvaneció. Harry empezó a moverse.

Los hombros de Hermione se relajaron, aliviados.

- Lo siento - dijo en voz baja, sin mirar a Draco -. Es sólo que... el brazo le estaba arrebatando su fuerza, le hubiera matado en un minuto. Tenía que quitárselo.

- Eso no era la maldición Lacertus - comentó Draco, triste. ¿Por qué no iba a querer ella mirarle?

- No - contestó Hermione, con la mirada todavía clavada en Harry -. No. Lo cambiamos. Pero aún así, el brazo es un objeto transfigurado muy peligroso, y usarlo podría haberle matado fácilmente.

Una enorme lágrima bajó por su nariz y goteó sobre la cara de Harry. Harry abrió los ojos.

- Para - dijo, con una voz gutural.

Hermione le sonrió, y Harry le devolvió la sonrisa.

- Has estado asombroso, Harry - dijo -. De verdad.

Sirius, que se había acercado más tranquilamente, se sentó junto a Harry y le cogió de la mano.

- Eso ha sido fantástico - dijo -. Verdaderamente fantástico. Felicidades, Harry.

Harry se sentó lentamente. Todavía estaba muy pálido, pero el color estaba empezando a volver a su cara.

- Todavía tenemos que salir de aquí, ¿no? - dijo, como si no importara -. Hermione, ¿dijiste que el hechizo no era permanente?

Ella negó con la cabeza.

- Sólo se trataba de un encantamiento alejador muy potente en lugar del hechizo asesino que normalmente utiliza la maldición Lacertus - explico -. No les matará del todo, aunque les mantendrá lejos durante algún tiempo. Y eventualmente aparecerán en algún otro sitio. Espero que Voldemort aparezca en el tanque de las pirañas del zoo - añadió, enfadada.

Draco pensó que quizás debería decir algo, pero no sabía qué. Probablemente debería agradecer a Harry que le salvara la vida. Pero Harry y Hermione estaban ocupados sonriéndose el uno al otro como idiotas, y luego estaba allí Sirius, palmeando a Harry en la espalda y tratándole como si fuese alguna especie de héroe. Bueno, de acuerdo, admitió Draco, Harry era una especie de héroe. Aunque claro que no habría estado en posición de necesitar que le salvaran la vida si no hubiera fingido ser Harry en primer lugar para salvar la vida de Hermione, algo por lo que ella no le había dado las gracias. De hecho, ni siquiera parecía haberlo advertido.

Volvieron algunos sentimientos que él había pensado dejados y olvidados, celos y rabia y miedo. Ni Harry ni Hermione le mirarían... pensaban que les había traicionado... estaban enfadados con él.

- Potter - dijo brevemente, metiendo la mano en el bolsillo, sacando de él las gafas de Harry y lanzándolas en el regazo del otro chico -. Tus gafas.

Harry alzó la vista.

- Gracias, Malfoy - dijo, aunque sus ojos no eran amables.

Esto sólo sirvió para incrementar la rabia de Draco.

- Venga - dijo -. Pregúntamelo.

- ¿Preguntarte qué? - contestó Harry, ahora con un aspecto todavía menos amable.

- Si Voldemort me torturó para que le dijera dónde estabas - dijo -. Te lo has estado preguntando a ti mismo. Pregúntamelo a mí.

- No lo hagas - intervino Hermione secamente, aunque ninguno de los dos la estaba escuchando, sino que se miraban el uno al otro, ojos verdes clavados en grises.

- ¿Y bien? - dijo Harry - ¿Lo hizo?

- No - contestó Draco.

Hubo un largo silencio.

- Tú me has salvado la vida, Potter - dijo Draco, antes de indicar con un movimiento de la cabeza hacia Hermione -. Pero yo le salvé la vida a ella. Lo que en mi mente nos deja en paz.

Hubo otro silencio.

- De acuerdo - dijo Harry finalmente -. Estamos en paz.

Hermione miró de uno a otro. Harry todavía estaba pálido y tembloroso, pero Draco tenía el mismo aspecto calmado y controlado como si únicamente hubiera acabado de pasar por un mal corte de pelo, aunque su cara y sus ropas todavía estaban llenas de sangre.

- Draco - empezó ella, aunque él ni siquiera la miró.

- No quiero saber nada de ti, Granger - le respondió secamente.

Draco se alejó y recogió su varita del suelo, allí donde había caído. Luego se enderezó y la metió en su bolsillo... todavía llevaba puestas las ropas de Harry, con las túnicas usadas y todo lo demás. No miró a Hermione mientras hacía todo esto, y no vio que la cara de la chica demostraba sus sentimientos miserables.

- Os veré en el colegio, entonces - dijo Draco, marchándose.

Hermione agarró a Harry del brazo.

- Harry... no puede irse...

Harry sólo pareció cansado.

- Déjale marcharse si quiere, Hermione.

Ella negó violentamente con la cabeza.

- Nunca saldremos de la Mansión sin él... hay diecisiete hechizos protegiendo únicamente la puerta delantera, y sólo él sabe cómo quitarlos...

Harry se giró hacia Sirius.

- Atrápale - dijo.

Sirius pasó a su forma canina y corrió contra Draco, lanzándose hacia su espalda y tirándole al suelo. Draco rodó sobre las piedras, gritando, y Sirius se sentó sobre su pecho. Harry se levantó y, seguido por Hermione, se acercó lentamente a él.

- Vigila mas a tu perro, ¿eh, Potter? - comentó Draco, contemplando a Sirius con inmenso desagrado - Odio a los perros.

- Deberías ser más amable con alguien que acaba de ayudar a salvarte la vida - comentó Harry.

- Pensé que estábamos en paz - replicó Draco.

- No me refería a mí - dijo Harry -. Me refería a Sirius.

- Oh, callaos los dos - les interrumpió Hermione, agitada -. Necesitamos irnos. Draco... tendrás que venir con nosotros, nunca saldremos de los jardines sin ti.

- ¿Y ese es mi problema porque...?

La petulancia de Draco estaba de vuelta. La petulancia que Hermione recordaba, la que odiaba.

Sirius recuperó de pronto su forma humana, se puso de pie y levantó bruscamente a Draco sobre sus pies.

- Te diré por qué es tu problema, chico - dijo, chasqueando los dedos; unas finas cuerdas aparecieron en el aire como lo habían hecho antes para Voldemort y se enrollaron alrededor del brazo izquierdo de Draco, atándolo contra el brazo derecho de Sirius. Antes de que Draco pudiera reaccionar Sirius le había cogido su varita y la había guardado -. Porque lo estoy convirtiendo en tu problema.

Draco parecía tan enfadado que sus ojos estaban casi negros de furia. Luego sonrió a Harry y Hermione, con una sonrisa astuta y despiadada.

- Si así es como queréis que sea el juego - dijo -, de acuerdo.

- ¿Por qué no te limitas a venir con nosotros simplemente porque quieres? - le preguntó Hermione, con la voz rota - No te hemos hecho nada más que intentar ayudarte...

- Mi padre dice que ya no será mi padre nunca más - contestó Draco -. El Señor Tenebroso me quiere muerto, y cuando vuelva al colegio probablemente seré expulsado. Si la moraleja de todo esto era demostrarme lo desagradable que es ser tú, Potter, entonces lo has conseguido.

Los ojos de Harry brillaron de rabia.

- En primer lugar, Malfoy, nada de esto tenía que ver contigo.

Parecía que Draco había esperado que Harry dijera eso.

- Claro que no - bufó con arrogancia -, porque todo tiene algo que ver contigo, ¿verdad, Potter? Ninguna de nuestras vidas estaría en peligro si no fuera por ti.

- Harry no puede evitar ser quien es - intervino Hermione con la voz temblorosa.

- Quizás no - admitió Draco -, pero podría evitar arrastrar a sus amigos al peligro una y otra vez. ¿Qué harás, Potter, cuando falles y uno de ellos muera? Sólo es cuestión de tiempo; la única pregunta es si será Weasley, o el Hombre Perro aquí presente, o Granger...

- Cállate, Malfoy - dijo Harry, con un tono amenazador en la voz.

- Aunque no creo que Granger necesite demasiados ánimos para morir por ti - siguió Draco, mientras le brillaban los ojos -. Os oí allá abajo, en los túneles, a los dos: “dilo, Harry, dilo...”

- ¡Cállate! - gritó Hermione, y Draco se echó a reír.

- Sólo está intentando enfadarnos lo suficiente como para que nos vayamos sin él - dijo Harry en el mismo tono amenazador de voz -. Bueno, no le funcionará.

Y se alejó. A medio camino de las puertas se detuvo, se agachó y cogió una de las espadas que habían caído de la caja de cristal. La sujetó a su cinturón y se giró a mirar a los otros tres.

- Nos vamos - dijo -. Ahora.



***.



Era casi medianoche, y el cielo sobre la mansión Malfoy era un tazón invertido decorado con manchas. Los terrenos de la finca eran oscuros, plateados, y mortales. Por supuesto, si no hubiesen tenido a Draco con ellos, hubieran sido definitivamente mortales: podía ser sarcástico y arrogante, pero aún así era un Malfoy, y sabía como moverse por sus territorios.

Sirius caminaba delante, empujando ligeramente a Draco frente a él. Harry y Hermione les seguían. Harry estaba callado con el silencio propio de la gente cansada. Sortearon un gran número de obstáculos, entre los que se incluía un nido de arañas gigantes que Draco señaló y que Sirius se apresuró a aturdir con su varita.

Hermione se sentía destrozada. No era sólo por estar en los terrenos de la familia Malfoy, lo que era aterrorizador, o porque Harry todavía estaba pálido y tenía miedo de que el brazo Lacertus, incluso en su forma alterada, le hubiese causado algún tipo de daño... era también porque Draco no le hablaba.

Había querido agradecerle que le salvara la vida, pero no había podido, porque él no quería hablar con ella. Cuando intentaba acercarse él se apartaba. De hecho sólo había hablado con ellos una vez, para preguntar si Narcisa estaba bien. Ninguno de ellos tuvo el valor suficiente como para contarle lo del Encantamiento Epicíclico, ni siquiera ahora, así que Sirius no había podido responderle nada más que Narcisa estaba bien. Esto, por supuesto, sólo molestó más a Draco.

Hermione dirigía continuamente miradas a Draco por el rabillo del ojo. ¿Cómo podía haberse equivocado tanto con alguien? Había estado segura, positivamente segura, de que no había sido la poción Multijugos, de que no había podido ser la poción Multijugos... pero por la manera en la que la había mirado y había hablado respecto a ella en la sala de esgrima parecía que la semana pasada no había pasado nunca, y que él la odiaba de nuevo.

Habían llegado a un puente bajo sobre un fino río. Draco se detuvo bruscamente. Harry, que no había estado prestándole atención, estaba a punto de pisar el puente cuando Draco extendió una mano y le agarró de la manga.

- Yo no caminaría por allí si fuera tú, Potter - dijo, arrastrando las palabras.

Harry se alejó rápidamente y miró a Draco con sospecha.

- ¿Por qué? ¿Qué pasaría si lo hiciera?

- El procedimiento estándar - contestó Draco - es volar a veinte metros por encima del suelo antes de estrellarte en un área ciertamente profunda mientras gritas con toda la fuerza de tus pulmones.

Harry le miró, y Draco le obsequió de nuevo con su sonrisa maníaca. Por un momento pareció que Harry iba a perder los estribos y le iba a pegar un puñetazo en el ojo. Draco esperaba que lo hiciera, pero acabó decepcionado.

- De acuerdo - dijo Harry, respirando profundamente para tranquilizarse -. Así que se trata de una bomba.

- No sé si ése es su nombre - replicó Draco, con aspecto de estar aburrido -. No hablo muggle.

- Se trata de algún tipo de hechizo explosivo, Harry, limitémonos a evitarlo - dijo Hermione, que parecía desesperadamente triste.

- No - contestó Harry, todavía contemplando el puente pensativamente -. Devuélvele su varita, Sirius.

Sirius parecía tener sus dudas.

- Harry...

- Dásela - repitió el chico, antes de girarse y mirar a Draco -. Quita el hechizo, Malfoy.

- ¿Y si no lo hago?

- Entonces todos pasaremos por él - contestó Harry -, pero tú primero.

Draco se encogió de hombros. Sirius sacó la varita y la puso en la mano de Draco, manteniendo su propia mano apretada firmemente contra su antebrazo.

Draco señaló el puente con la varita.

- Raptus regaliter - dijo.

Hubo un brillante rayo de luz; Sirius cogió la varita de nuevo y caminaron sobre el puente, con Sirius empujando a Draco frente a él. No pasó nada, así que Harry y Hermione les siguieron.

Sirius no había dicho nada a Draco desde que le hubiera informado que salir de los terrenos de la mansión también era su problema. Ahora, sin embargo, se giró hacia él y dijo:

- ¿Qué han usado contigo, chico? ¿Veritaserum?

Cogido por sorpresa, Draco dudó.

- ¿Qué?

- Vi tu cara cuando entramos en esa habitación, y otra vez ahora, cuando Harry estuvo a punto de pasar por encima de ese puente - dijo Sirius -. No hubieras contado nada al maldito Lucius, eres demasiado orgulloso, para empezar. Te has olvidado de que yo estaba por aquí en los tiempos en los que Voldemort iba por el mundo torturando a la gente y utilizando Veritaserum como si fuera poción Pepper up. Sé qué aspecto presenta la gente que se resiste a la magia tenebrosa - agarró a Draco por la barbilla y le obligó a alzar la cabeza -. Te has mordido el labio, ¿eh? - añadió, como si lo aprobara - Muy bien.

Draco apartó la cabeza.

- ¿Y a ti qué te importa?

- No mucho - admitió Sirius -. Pero significaría mucho para ellos - e indicó hacia Harry y Hermione, que les seguían por el camino.

- No me creerán.

- Compruébalo - sugirió Sirius.

- No - dijo Draco -. Estaban deseosos de creer que tan pronto como que quitaran el hechizo de encima, cambiaría de bando y les apuñalaría por la espalda - añadió con inmenso sarcasmo -. Parecía que Hermione iba a escupirme. Ni siquiera preguntaron.

- Tú tampoco te ofreciste.

- Si fuera Harry - replicó Draco secamente - no hubiera tenido que preguntar. Ella lo sabría.

- Tú no eres Harry - dijo Sirius con brutal honestidad -. Ya no.

Draco inclinó la cabeza para que Sirius no le viera la cara.

- Harry el héroe - dijo con una voz aguda -. Él vuelve a casa con Hermione, mientras que yo acabo encadenado al Hombre Perro.

- Entonces acepta un consejo del Hombre Perro - contestó Sirius -. No te estás ayudando demasiado a ti mismo en estos momentos. Sólo diles la verdad, Malfoy.

- No estoy seguro de que siga siendo un Malfoy - dijo Draco -. Y tampoco soy Harry. No sé quién soy.



***.



Hermione había empezado a perder la noción del tiempo cuando oyó a Harry dar un súbito silbido de asombro. Alzó la vista y miró hacia lo que señalaba Harry, un enorme precipicio que dividía la tierra frente a ellos. Era delgado, posiblemente de no más de doce metros de ancho, pero parecía profundo, muy profundo. Iba delante y detrás por el suelo como una larga serpiente. Obviamente, no había ninguna manera de rodearlo.

Es un pozo sin fondo - dijo Draco, mirándolo con un poco de incomodidad -. O puede ser un precipicio eterno, no estoy seguro. No... creo que mi padre dijo que había encargado un pozo sin fondo al guardabosque - Draco se encogió de hombros -. Sea como sea, no os aconsejo que caigáis por él. Puede no tener fondo, pero pasaréis mucho tiempo cayendo.

- Sólo tu familia podría tener un agujero sin fondo, Malfoy - comentó Harry, enfadado -. Otra gente tiene setos en los jardines. Vosotros tenéis un agujero sin fondo.

- Más inusual que los setos - dijo Draco -. Más interesante, también.

- Ya basta de sarcasmos - ordenó Sirius, cortante -. ¿Cómo podemos pasar?

- No podéis - contestó Draco -. Si tuvierais sangre Malfoy podríais pasar por encima del agujero sin necesidad de un puente. Pero no la tenéis - movió a cabeza hacia Harry -. Bueno, quizás tú sí, Potter. ¿Te apetece comprobarlo?

Harry, que no tenía ni idea de la rapidez con la que unas nuevas células sanguíneas reemplazaban a las antiguas, y que no tenía ningún deseo de descubrirlo mediante la fórmula de dirigirse voluntariamente hacia un enorme acantilado, negó fervientemente con la cabeza.

- De eso nada.

- Aunque claro - añadió Draco -, si tuviera mi varita...

Sirius se la tendió y le cogió de la muñeca mientras realizaba un hechizo. No hubo ninguna luz, pero apareció un puente, que más que tal parecía un fino caminito por encima de los lados del pozo. No era casi ni lo suficientemente ancho como para que dos personas caminaran por él lado a lado.

- No me gusta mucho el aspecto de eso - comentó Sirius.

Draco se encogió de hombros.

- Es lo que utilizamos cuando tenemos que cruzar con alguien que no es un Malfoy - dijo -. Es lo suficientemente seguro. Cruza el pozo bastante más lejos.

- Tú primero - dijo Harry a Draco, siguiéndole.

Estaban a mitad del camino a través del puente, caminando dos a dos por el estrecho tablón, cuando lo oyeron: una especie de ruido rugiente y chirriante por encima de sus cabezas. Hermione alzó la mirada, intentando ver más allá de los cuatro metros o así en los que se elevaba, sobre ellos, el acantilado, y vio que los demás hacían lo mismo.

- ¿Qué es eso? - preguntó.

Todos miraron a Draco, que pareció abatido.

- Ni idea - admitió brevemente.

- Apóyense todos en la pared del acantilado, rápido - dijo Sirius cortantemente, y los cuatro se apretaron contra la sombra de la roca. Después de unos pocos minutos el ruido desapareció, y todos empezaron a caminar de nuevo, aunque más lentamente.

- Eso sonaba casi como... un helicóptero - dijo Harry en voz baja a Hermione -. Pero no puede ser. Aquí no.

- No funcionaría - asintió ella -. Demasiada magia en el aire.

- ¿Algún tipo de monstruo volador? - preguntó Harry preocupado.

- No sonaba como un animal...

Se detuvo al volver de nuevo sobre ellos el sonido, esta vez acompañado por flashes de una luz intensamente brillante. Fuera lo que fuera, había girado y había vuelto. Volvieron a apretarse contra el acantilado. Luego, de pronto, algo cruzó el aire sobre sus cabezas, algo grande... si Hermione no hubiera estado tan segura, podría haber pensado que se trataba de un helicóptero o de un avión, pero no podía ser...

- ¡Vuelve aquí! - rugió Sirius, y Hermione se dio cuenta de que estaba hablando a Draco, quien se había movido hacia delante y estaba sobre el puente, pero fuera de las sombras. El brillo sobre ellos hacía que su pelo se volviera del incoloro color de los rayos. Estaba haciendo algo con sus manos... pero su mano izquierda estaba atada... ¿no?

- ¡Sirius! - dijo Harry secamente - Tiene su varita...

Sirius se movió rápidamente. Draco saltó hacia atrás, masajeándose con furia los antebrazos. De alguna manera, en medio de la confusión, había sacado la varita del bolsillo de Sirius y se había liberado. Arranco la última de las cuerdas mágicas de sus muñecas y las tiró al suelo. Tenía una extraña expresión en el rostro, mitad triunfo y mitad despecho.

- Podéis seguir sin mí a partir de aquí - dijo, girándose y corriendo de vuelta por donde habían venido.

Sirius cayó a cuatro patas en su forma canina y corrió tras él.

Ocurrieron varias cosas a la vez.

Draco, oyendo a Sirius tras él, se detuvo, giró y corrió hacia un lado... fuera del puente, sobre el aire. No había mentido: podía caminar sobre el aire que había por encima del pozo. Sus pies provocaron brillantes luces plateadas mientras corría, como las que produciría un cuchillo sacando chispas de un metal.

Sirius, obviamente asombrado, dio un grito de susto y empezó a detenerse.

Harry, viendo que Sirius se detenía, empezó a correr hacia delante. Y de pronto se tropezó, mientras su pie resbalaba sobre las ligaduras sueltas de Draco. Se inclinó hacia delante en silencio, rodó por el suelo y cayó por un lado del puente, desapareciendo de la vista.

El corazón de Hermione se detuvo.

- ¡Harry! - gritó, corriendo hacia el lado del puente y mirando alrededor desesperadamente - ¡Harry!

- Estoy aquí - dijo una voz débil directamente bajo ella -. Pero creo que mi brazo está roto.

Hermione cayó sobre sus rodillas, se arrastró hasta el mismo borde del puente y miró hacia abajo. Al principio sólo vio oscuridad, lo que se convirtió luego en una mezcla de sombras y algo menos de sombra hasta que logró distinguir el rostro pálido de Harry girado hacia el de ella. El chico estaba agarrado a una piedra un tanto desprendida con un brazo. Su otro brazo colgaba en un extraño ángulo a su lado. Sus piernas se balanceaban sobre el agujero, profundo y negro, y sin fondo.

- Harry - dijo ella en un suspiro, tumbándose sobre su estómago y arrastrándose hacia delante hasta poder agarrar la mano con la que él se asía a la roca, que ella le cogió por la muñeca, sujetándola con fuerza -. Estás bien - dijo frenéticamente -, sólo agárrate, Harry... - giró al cabeza, buscando desesperadamente a Sirius, y le vio a más o menos veinte metros de distancia, contemplando cómo Draco corría sobre el aire hasta el lado opuesto del agujero - ¡Sirius! - gritó ella - ¡Sirius, ven rápido!

Hubo un fuerte ruido de algo rompiéndose, y la roca en la que Harry estaba agarrado cayó hacia el agujero. Harry bajó unos cincuenta centímetros, arrastrando a Hermione con él; la chica pasó el brazo con el que no estaba aguantando a Harry alrededor de una piedra y apoyó sus rodillas con fuerza. La gravilla le hería la piel, pero al menos evitó continuar avanzando hacia delante.

Bajó la mirada hacia Harry de nuevo. Nada salvo su propia fuerza le impedía que cayera, y le estaba agarrando tan fuerte de la muñeca que podía ver como sus propias uñas se clavaban en su piel.

- Sujétate - dijo, con la voz alarmantemente rota -, sólo sujétate, Harry, Sirius ya está en camino...

Podía ver a Sirius corriendo hacia ellos a máxima velocidad, avanzando con las cuatro patas, pero aún así no parecía estar acercándose en absoluto.

- No puedo - dijo la voz de Harry, bajo ella.

A chica miró de nuevo a Harry. Estaba muy pálido, y la suciedad y las gafas destacaban claramente sobre su blanco rostro, pero parecía extrañamente calmado.

- No puedo - dijo él de nuevo, y ella vio que tenía razón, su mano se estaba soltando de la suya... Hermione se arrastró rápidamente hacia delante, hasta quedar colgada con más de medio cuerpo fuera del precipicio, y le cogió de la manga, apretándola en un puño mortal.

- Harry - dijo ella -. Harry, por favor.

Pero sabía que era inútil. No podía agarrarse con el brazo roto, era un peso muerto al final del brazo, y un dolor en la espalda la estaba matando a estas alturas. Era consciente del ruido chirriante y fuerte sobre sus cabezas, pero no se atrevía a alzar la mirada.

- Hermione - la llamó Harry.

Estaba sonriendo. ¿Cómo podía sonreír en una ocasión como ésta?

- Te amo, sabes.

O al menos eso pareció que dijo. El sonido chirriante era tan fuerte que no podía estar segura.

- ¿Qué? - preguntó Hermione, atontada por el asombro - ¿Qué acabas de decir?

Harry abrió la boca para replicar. Hubo el sonido de unas ropas rompiéndose, y su manga quedó en la mano de la chica, como iba a pasar, como ella había sabido que pasaría. Vio que los ojos de él se abrían horrorizados... y luego empezó a caer, caer lejos de ella, directamente hacia la oscuridad bajo él.
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