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Draco Dormiens 10

Disclaimer: esta historia está basada en personajes y situaciones creadas y de la propiedad de JK Rowling, varias editoriales entre las que se incluyen Bloomsbury Books, Scholastic Books, Raincoast Books y la Warner BROS. No se gana ningún dinero y no hay ningún copyright ni marca de registro. Otras citas se harán cuando sea necesario.

Por Cassie Claire. Traducción de Estela R. G

Capítulo Diez: Manufacturas Epicíclicas de Hechicería




Inconsciente, Harry cayó, y mientras caía soñó. En su sueño, estaba en una fiesta en el jardín de la casa de los Weasleys. El señor y la señora Weasley estaban allí, así como todos sus hijos: Charlie, con el mismo aspecto ligeramente quemado de siempre, y Bill y Fleur Delacour, que ahora cumplían un año de estar salido juntos. Fred, George y Ron estaban jugando a Snap Explosivo junto a Ginny en una mesa verde y coja, en una esquina.

Draco Malfoy también estaba allí, de pie bajo la sobra de un roble, con tenis blancas y parecia estar muy contento de sí mismo. Estaba hablando con una chica delgada que llevaba un vestido amarillo y un enorme sombrero blanco.

¿Estoy muerto?, se preguntó Harry. ¿Es esto el Cielo? Y si esto es el Cielo, ¿por qué está Malfoy aquí?

La chica con la que había estado hablando Draco se giró de pronto, y Harry vio que se trataba de Hermione, que se dirigió hacia él pasando sobre el césped, con una raqueta de tenis en la mano. Reconoció el vestido amarillo que ella había llevado puesto durante unas vacaciones de verano que había pasado con ella y con sus padres. Siempre le había gustado.

- ¡Hola, Harry! - le llamó ella.

- Hermione - dijo él, acercándose a ella -. Creo que estoy cayendo...

- ¿Cayendo enamorado de mí?[1] - preguntó ella, con aspecto de sentirse halagada.

- No, quiero decir que estoy cayendo literalmente - dijo el chico -. Ya sabes, al más puro estilo de “atravesar el aire mientras se cae”. De hecho, creo que tengo ganas de vomitar.

La expresión de halago desapareció del rostro de Hermione para ser reemplazada por una de furia.

- Eres un completo idiota, Harry Potter - dijo ella, alzando el brazo y golpeándole con fuerza en la cabeza con su raqueta de tenis.

Harry gritó de dolor.

- ¿Por qué has hecho eso? - le gritó -. ¡De verdad!

- ¡Eh! - dijo una voz junto a su oído... una voz que no era la de Hermione - ¡Harry! ¡Venga!

- Quizás la caída le ha hecho perder el conocimiento - dijo otra voz preocupada.

- ¿Harry? - le llamó la primera voz de nuevo -. Harry, venga, despierta.

Y esta vez Harry supo de quién se trataba. Abrió los ojos.

Estaba tumbado en el asiento trasero de un coche y Ron Weasley estaba inclinado sobre él, muy pálido pero sonriendo como si se hubiera vuelto loco. George estaba en el asiento del conductor, y Fred estaba sentado junto a él. Ambos se habían girado para mirarle, lo que hubiera sido un problema si el coche se hubiera estado moviendo, pero no lo era porque estaba estático.

En el aire.

Harry se sentó de un salto.

- ¿Qué... qué? - preguntó - ¿Cómo? ¿Vosotros? ¿Aquí? ¿Coche volador?

- Exacto - asintió George -. Nosotros. Aquí. Coche volador.

- Parece ser que el chico tiene un don para captar los detalles esenciales, ¿verdad? - observó Fred.

Harry lo intentó de nuevo.

- ¿Cómo habéis...?

- Te cogimos al vuelo mientras caías - explicó George con entusiasmo -. Fue lo mejor del mundo.

- Qué bien que papá arregló este convertible - añadió Ron.

- Y yo te he curado el brazo - intervino Fred, doblando su varita como si fuera una rama.

-. Sin problemas.

- ¿Pero qué estáis haciendo aquí? - preguntó Harry asombrado -. Y no me digáis que simplemente habíais cogido el coche de vuestro padre para dar un paseo a medianoche y que casualmente me visteis cayendo de un acantilado.

- Pues casi - dijo Ron -. Sobre eso... - metió la mano en su bolsillo y sacó un trozo de papel bastante doblado, que lanzó al regazo de Harry - Iba a enfadarme mucho contigo - continuó Ron -, pero dado que acabas de caerte por un precipicio enorme, mejor te daré un respiro.

Harry desdobló el papel preguntándose de qué se trataría. Era una carta, dirigida a HARRY POTTER, y tuvo que leerla dos veces antes de que su contenido llegara a su cerebro.

- Es la nota del cebo - dijo, asombrado -, la que me mandó Colagusano al colegio diciendo que tenían a Sirius aquí - miró a Ron, intrigado -. ¿Cómo la has conseguido?

- Harry, pedazo de estúpido - contestó Ron, disgustado -. Abrí tu correo, por supuesto. ¿Qué crees que iba a hacer? Tú y Hermione os desvanecisteis y yo recibí esa carta loca de su parte... recuérdame que te la enseñe... diciéndome que se iba contigo en algún tipo de misión de rescate y que no se lo dijera a nadie. Bueno, naturalmente, supe que estaba ocurriendo algo muy extraño, así que cuando al día siguiente llegó ese desagradable pájaro negro con una carta para ti, claro que la abrí.

- Y menos mal que lo hizo - intervino Fred.

- Así que se la enseñé inmediatamente a Fred y a George, y fuimos rápidamente a casa para coger el coche nuevo de mi padre, el que había comprado con el dinero de la tienda de bromas, que por supuesto había hechizado para que volara... le amenazamos con decírselo a mamá, así que tuvo que prestárnoslo... seguimos las instrucciones de la carta y llegamos aquí - Ron se inclinó -. Y justo en el momento oportuno, me atrevería a añadir... nos las arreglamos para volar por encima de los campos y cuando miramos hacia abajo te vimos allí, colgando del borde de un precipicio mientras Hermione te agarraba. Fue todo un shock, de verdad. Y luego te dejaste ir y caíste, hacia abajo, y era aterrador, y George dio una patada al acelerador y bajamos como un cohete, hasta quedar debajo de ti para poder cogerte - Ron suspiró, satisfecho -. Fue mejor que el Amago de Wronski.

Harry no compartía el entusiasmo de Ron, y en su lugar se cubrió la cara con las manos.

- Oh - se lamentó -. Hermione. Oh, no.

- No dejabas de gritar su nombre mientras volvías a estar consciente - dijo George, en el mismo tono que utiliza normalmente una persona para compartir una información importante.

- Tuve un sueño en el que ella me golpeaba con una raqueta de tenis - murmuró Harry entre sus dedos.

- Claro - replicó Ron, que obviamente no le creía.

- Tenemos que volver al camino - dijo Harry ansiosamente -. Probablemente Hermione y Sirius pensarán que estoy muerto. Y Malfoy... huyó...

- Eso me recuerda otra de las preguntas que quería hacerte - comentó Ron -. Había un montón de cosas sobre Malfoy en la nota loca de Hermione... ¿de qué diablos estaba hablando, Harry?

- Lleva el coche hacia arriba - contestó Harry - y te lo explicaré por el camino.



***.



Les llevó muy poco tiempo volver a la cima del pozo. Sobre la marcha, Harry describió los eventos de los últimos días a los otros ocupantes del coche. Fred y George eran una audiencia muy buena, aplaudiendo y gritando en los trozos correctos. Ron, sin embargo, era un asunto completamente diferente.

- ¿Hermione besó a Malfoy? - demandó, una vez que Harry hubo acabado de hablar -. ¿A Draco Malfoy?

- Sólo esa vez - contestó Harry -, al menos, que yo sepa - añadió, rascándose la barbilla.

- ¿Hermione besó a MALFOY? - preguntó Ron de nuevo.

- ¿Por cierto, he mencionado el gran brazo de metal del demonio? - replicó Harry.

- Sí - dijo Ron -, pero Hermione...

- Oh, cállate, Ron, por favor - le pidió George -. Me estás dando dolor de cabeza.

- No es su tipo - dijo Ron, asombrado -. Siempre pensé... quiero decir, ya sabes... ella y tú... - siguió, y se detuvo ante la expresión del rostro de Harry - O quizás no - añadió rápidamente.

- Ya hemos llegado - les informó George.

Habían llegado al nivel del suelo. Los Weasleys salieron del coche y Harry, con piernas todavía muy temblorosas, les siguió.

Al principio parecía que sólo había una persona sentada en el camino. Luego, a medida que se acercaban, vieron que se trataba de Sirius abrazando a Hermione, que lloraba sobre su hombro.

Hermione raramente lloraba, y Harry nunca la había oído llorar así. Era un sonido horrible y perdido. El chico intentó avanzar pero fue incapaz de hacer que sus piernas funcionaran correctamente. Se tambaleó, y George le sujetó.

- Cuidado ahí, Potter - dijo.

Oyendo a George, Sirius alzó la mirada. Sus ojos se abrieron enormemente al ver a Harry, y una amplia sonrisa se extendió por todo su rostro. Amablemente, puso las manos sobre los hombros de Hermione y la apartó de él.

- Uh, Hermione - dijo él -. Hermione - y le puso la mano bajo la barbilla para que girara la cabeza. La chica siguió su mirada y vio a...

¿Ron?

Ni siquiera se detuvo a pensar cómo podía haber llegado Ron allí, sólo tomó aire una vez y se levantó, lanzándose sobre él y sollozando histéricamente contra su camisa.

- Ron, oh, Ron, Harry está muerto, lo siento tanto, es mi culpa, de verdad que intenté...

Ron le dio unas palmaditas en la cabeza.

- ¿Muerto, has dicho? - preguntó, sin sonar triste en lo más mínimo - Bueno, algún día tenía que suceder.

Hermione se apartó un poco y le miró con incertidumbre.

- ¿Qué?

- Bueno, llevaba un estilo de vida muy arriesgado - dijo Ron, ignorando la expresión de shock del rostro de ella -, ¿no crees? Supongo que lo único que podemos hacer nosotros ahora es dedicar el resto de nuestras vidas a asegurarnos que el recuerdo de Harry nunca se desvanezca en el mundo mágico. Quizás lo mejor en ese caso sea un gran monumento... algún bloque de mármol con la estatua de nuestro enano con gafas favorito en la parte superior. Podemos conseguir que Fred y George carguen con los gastos - viendo su expresión, Ron se arrepintió y se calló -. Hermione, tontita - dijo con una sonrisa -, mira frente a mí.

La chica giró la cabeza y vio a Fred y George Weasley de pie tras ella, sonriendo como locos. Y entre ellos, con el peor aspecto de toda su vida, el pelo completamente despeinado y las gafas medio rotas, pero, al fin y al cabo, vivo, estaba... Harry.

Las rodillas de Hermione se dieron por vencidas, y la chica se sentó en el suelo.

Un segundo después, Harry había apartado a Ron del camino (de una manera bastante brusca) fuera de su camino, y se había sentado junto a ella en el suelo.

- Hermione - suspiro, rodeándola con sus brazos -. Lo siento... lo siento... Ron es un idiota - se giró y miró a Ron -. ¡Ron, eres un idiota! - Ron puso los ojos en blanco - Estoy bien - siguió Harry -. No llores.

Pero ella no estaba llorando... más bien respiraba de una manera difícil, larga y temblorosa, como si no pudiera tomar el suficiente aire. Harry la abrazó y ella se apoyó en él, sin aliento, ocultando la cabeza en su hombro. El chico miró por encima de su cabeza, hacia Ron, y vocalizó silenciosa y desesperadamente “¿Qué debo hacer?”.

Ron imitó que daba unas palmaditas en la cabeza de un alguien invisible, cosa que Harry hizo.

Los suspiros de Hermione se hicieron más breves.

Ahora Ron imitó que cogía a la misma persona invisible y la besaba desesperadamente.

Harry le miró con furia. “¡Ahora no, imbécil!”, vocalizó.

Los gemelos Weasley contemplaron cómo Harry y Hermione se abrazaban como si el mundo fuera a acabarse, y movieron las cabezas en desaprobación.

George suspiró.

- Mírale - dijo en voz baja -, tiene una de las mejores líneas de actuación de todos los tiempos a su alcance... la de “ey, he vuelto de entre los muertos”, y no la utiliza.

- Es un cretino - asintió Fred.

- Aunque yo estoy contento de que esté vivo - dijo Ron, que estaba escuchando.

- Yo también - accedió George -. Tendremos un partido contra Slytherin la semana que viene, y, sin él, nos ganarían fácilmente.



***.



Nadie quería moverse por el camino del que había caído Harry (incluso a pesar de que él estuviera bien), especialmente Hermione, así que entraron en el coche y condujeron hasta la parte superior del acantilado, donde aparcaron en mitad de un bosquecillo de árboles y Sirius hizo un anuncio bastante asombroso.

- No nos vamos a marchar - dijo.

- Oh, de acuerdo - comentó George -, quedémonos un rato más, ¿queréis? Hagamos una fogata y algunos brindis. Quedémonos hasta que vuelva “el-que-no-debe-ser nombrado” y nos mate a todos.

- No nos vamos a marchar - aclaró Sirius - sin Draco.

- ¡Venga, Sirius! - exclamó Ron, horrorizado - Durante seis años mi sueño ideal ha sido dejar a Malfoy acorralado en un lugar horrible lleno de arañas gigantes, y ahora que finalmente tengo la oportunidad... ¿quieres estropeármela?

- Son sus arañas gigantes, Ron, no le harán daño - señaló Harry.

- Bueno, no se puede tener todo, ¿verdad? - comentó Ron.

- Sirius tiene razón - dijo inesperadamente Hermione.

- Oh, claro, cómo no ibas a pensar eso - replicó secamente Ron -. Has estado besando a Malfoy, después de todo... es natural que quieras salvar su trasero. Tú... tú, niña mala, Hermione. Amante del demonio.

Hermione puso sus ojos en blanco.

- ¡Ron! ¡Por favor!

Sirius cruzó los brazos sobre su pecho.

- No me voy a marchar sin Draco - dijo de nuevo-.

- ¿Es que te ha estado besando a ti también? - preguntó George - Sí que se hace querer este Malfoy...

Harry se había girado y estaba mirando hacia otra parte, en dirección a la Mansión.

- Él no querrá venir, Sirius - dijo.

- Tenéis que creerme si os digo que no darle ninguna oportunidad sería lo peor que podríais hacer - contestó Sirius.

- ¿Lo peor? - preguntó Ron, enfadado - A la primera oportunidad que tuvo él os traicionó por la espalda, ¿verdad?

- Sólo porque Voldemort usó la maldición Veritas sobre él - dijo Sirius secamente.

Tanto Harry como Hermione empezaron a hablar a la vez, y Sirius alzó una mano.

- Draco no me lo dijo - explicó -. Lo adiviné yo. Y no iba a decíroslo, porque supuse que era asunto suyo, pero quizás será mejor que lo sepáis. Y me gustaría verte a ti, Ron - dijo con rabia en dirección a Ron - luchando con tanta fuerza como él luchó.

Hermione y Harry se miraron entre ellos con idénticas expresiones de horror y culpabilidad. Luego se giraron hacia Sirius.

- ¿Y por qué no nos lo contó? - preguntó Hermione - Nos dijo que Voldemort no le había torturado para conseguir que hablara.

- La maldición Veritas no es una tortura - aclaró Sirius - técnicamente hablando.

- Es tan cabezota... - dijo Harry, enfadado.

- Como alguien que yo conozco - replicó Sirius.

Harry miró hacia sus zapatos como si fueran la cosa más interesante del mundo.

- Ve por él, Sirius - pidió.

- Sé práctico - protestó George -. ¿Cómo se supone que le encontraremos?

Sirius se dio unos golpecitos en la nariz.

- Olvidas que soy un perro - dijo -. Puedo seguir su olor. Cazarle.

- Eso es muy desagradable de pensar - comentó Fred -. Lo sabes, ¿verdad?

- Pero es muy efectivo - dijo Sirius -. Vosotros cinco me esperaréis aquí. Yo le buscaré durante veinte minutos, no más. Tengo el presentimiento de que no se ha alejado demasiado.



***.



- Tengo una pregunta para ti, Harry - dijo Ron.

Harry y los Weasleys rodeaban el coche, aparcado cerca del agujero. George había comentado que el coche estaba haciendo un ruido bastante extraño, y él y Fred estaban manipulando cosas por debajo del capó, intentando averiguar de qué se trataba. Los Weasleys habían traído comida con ellos, así que en esos momentos Harry se estaba llevando un bocadillo a la boca, en medio de sorbos de zumo de calabaza.

- ¿Sí? - preguntó Harry con la boca llena de bocadillo.

- ¿Cuándo vas a contarle a Hermione lo que sientes por ella?

Harry escupió su zumo de calabaza.

- ¿Qué?

Miró alrededor nerviosamente. Hermione, diciendo que estaba exhausta, se había retirado a una esquina del claro con su bocadillo y su zumo, y estaba tumbada en la hierba, a cierta distancia.

- Ya me has oído - dijo Ron -. Pedazo de estúpido, está escrito en tu cara, ¿es que nunca le vas a decir nada?

A estas alturas Fred y George habían salido de debajo de la máquina y escuchaban con gran interés.

Harry miró hacia su zumo.

- Ya se lo dije - contestó.

- ¿Cuándo? - le preguntó Ron.

- Cuando me caí del precipicio - dijo Harry -. Justo antes de que se me rompiera la manga. Le dije que la quería.

- Menuda manera de hacer una salida de escena - comentó Fred, al parecer muy impresionado.

- Sí, casi me arrepiento de que te hayamos salvado - añadió George -. En toda su vida, nunca te habría olvidado si esas hubieran sido las últimas palabras que le hubieras dicho.

- Claro. Y así es como yo quería que Hermione me recordara durante el resto de su vida - dijo Harry -. Como el Chico del Agujero Sin Fondo.

- Mejor de esa manera que como el Chico Que Llegó Tarde - replicó Ron -. Mejor que como El Que Se Quedó Mirando Como Un Imbécil Mientras Ella Se Iba Con Malfoy.

Harry dejó su zumo de calabaza.

- No me estás ayudando demasiado - dijo -. De todas maneras, ni siquiera estoy seguro de que me oyera.

- Hay una manera de descubrirlo, ¿no? - comentó Ron.



***.



Sirius pasó sin llamar la atención por encima de los oscuros campos plateados, salteando todo lo que parecía un obstáculo desagradable, fuera lo que fuera. Aunque estaba convencido de que estaba seguro en su forma de perro, no quería poner en funcionamiento nada que pudiera descargarse sobre él.

Sus sospechas de que Draco no había ido muy lejos se vieron confirmadas al acercarse a un pequeño grupo de árboles, sombrío y espectral en la oscuridad. Sirius volvió a convertirse en un hombre y pasó bajo las ramas exteriores.

Draco estaba sentado con la espalda apoyada contra el tronco de un árbol, con las piernas dobladas y la cabeza entre las rodillas. A Sirius le recordó de una manera extraña a Narcisa, quizás porque parecía muy vulnerable y porque su pelo, como el de ella, era de un extraño color entre blanco y plateado a la luz de la luna.

Al acercarse Sirius, Draco extendió el brazo, mostrando su varita. La dirigió directamente a Sirius y dijo:

- No te acerques más.

- Soy yo - replicó Sirius con calma.

- Ya sé quién eres - contestó Draco, alzando la cabeza -. Y te he dicho que no te acerques más.

Sirius rebuscó en su bolsillo, sacó su propia varita y la dejó en el suelo. Draco le miró sin cambiar de expresión.

- Tienes buenos reflejos - comentó Sirius, alzándose de nuevo -. Estás en el equipo de Slytherin, ¿verdad? ¿Qué posición ocupas?

- Buscador - respondió Draco.

- Deberías ser golpeador - dijo Sirius -. Eres bastante fuerte.

- Eres la segunda persona que me ha dicho eso mismo en el último par de días - dijo Draco sin cambiar de tono -. De todas maneras, ¿por qué estás aquí? No creo que me hayas querido dar caza para hablar sobre deportes.

Sirius se sentó y apoyó su espalda contra el árbol frente a Draco, que todavía le apuntaba con la varita.

- Supongo que lo que quería decirte - contestó Sirius - es que me recuerdas mucho a alguien a quien conocí cuando fui a Hogwarts.

- En serio - dijo Draco, sin mucho interés -. ¿A quién? ¿A mi padre?

- No - replicó Sirius -. A mí.

Draco rió brevemente.

- No me lo creo - dijo -. ¿A ti? Tú eras el mejor amigo del padre de Harry; mi padre me lo contó todo sobre ti y James Potter. Estabais en la Casa Gryffindor, donde van las buenas personas, eras exactamente... como... Harry - dijo, con énfasis.

- Quizás James lo era - replicó Sirius -, pero yo siempre fui el niño malo, la mala persona. Mis padres... bueno, no creo que te resulte agradable oír eso. Basta decir que en casa no tuve la vida feliz que tuvo James. Éramos compañeros de habitación en Hogwarts, y durante nuestro primer año lo odié.

- ¿Lo odiaste? - ahora, a pesar de sí mismo, Draco estaba interesado.

- Por supuesto. Era un estudiante excelente, amable, buen jugador de quidditch, caía bien a todo el mundo y era capaz de ser bueno sin ni siquiera intentarlo. Mientras que yo siempre seguía mis primeros instintos, que la mayoria de las veces estaban equivocados. Y siempre me metía en problemas por pelearme. Le pegue a Severus Snape más veces de las que puedas contar, a veces sin ningún motivo. De acuerdo, siempre sin ningún motivo, a menos que se cuente como tal que Snape era un pequeño pelota empalagoso y que yo le odiaba. Dumbledore estaba desesperado conmigo.

Ahora Draco pareció sorprendido.

- ¿Tuviste problemas con Dumbledore?

- A todas horas - dijo Sirius.

- Ahora no me cuentes - intervino Draco - que un día James te salvó de un horrible destino y que te diste cuenta de que, después de todo, era un tipo genial, y que fuisteis amigos por siempre jamás.

- No - contestó Sirius -. La verdad es que al final, un día le llegué a hartar, y él me golpeó. Yo le devolví el golpe, por supuesto. Al final nos dimos una buena paliza. Dumbledore prohibió a Madam Pomfrey que nos curara los cortes y las heridas, así que tuvimos que curarnos a la manera antigua, encerrados juntos en la enfermería. Al salir éramos amigos, y seguimos siendo amigos.

- ¿Estás sugiriendo que le dé una paliza a Harry? - preguntó Draco, con una sombra de su antigua sonrisa -. Porque ése es el tipo de consejo al que podría hacer caso.

- Si lo que quieres es su amistad, esa es una manera bastante poco ortodoxa para conseguirla. ¿Es eso lo que quieres?

- No - contestó Draco -. Oh, mierda - bajó la varita -. No lo sé.

Sirius seguía en sus trece.

- Aprendí muchas cosas sobre mí mismo en Azkaban - dijo -. También pensé muchas veces en James. Me di cuenta de que parte de la razón por la que habíamos sido tan buenos enemigos y luego tan buenos amigos era que los dos éramos muy parecidos. Orgullosos. Cabezotas. Decididos...

Draco sonrió de nuevo, esta vez un poco más ampliamente.

- ¿Cuándo se convirtió el Hombre Perro en el Hombre Consejero?

- Molestos - añadió Sirius -. Olvidé molestos.

- Veo a dónde quieres llegar - admitió Draco -. Pero yo no soy como Harry, y debería saberlo. Mientras el hechizo Multijugos funcionaba... era como si alguien hubiera encendido una luz en el interior de mi cabeza y yo pudiera ver qué había en mi mente, saber por qué hacía las cosas, lo que quería, qué era lo correcto, y como si quisiera hacerlo. Y ahora... - chasqueó los dedos - se ha ido.

- Lo que estás diciendo - dijo Sirius amablemente - es que cuando tenías a Harry en ti podías ser bueno sin proponértelo. Ahora tendrás que intentarlo, como hacemos el resto de nosotros.

- No me sermonees - dijo Draco -. Odio los sermones - pero no parecía enfadado, sino más bien triste, y todavía más parecido a Narcisa, con la misma belleza pálida y melancólica -. Aún así no hay ninguna razón para que vuelva contigo - dijo -. Me odian.

- No, no lo hacen. Harry no te odia, y Hermione, definitivamente, tampoco.

Draco miró rápidamente a Sirius.

- ¿Dijo ella algo... de mí?

- Si quieres saber lo que piensa Hermione tendrás que pedírselo a ella - comentó Sirius -. Créeme. Es ese tipo de chica.

- ¿Por qué estás siendo tan amable conmigo? - preguntó Draco, alzando la mirada hacia Sirius.

- Ya te lo he dicho - contestó el adulto -. Me recuerdas a mí mismo. Y además, creo que Harry te necesita.

- Harry no necesita a alguien como yo.

- Ahí es donde te equivocas - dijo Sirius -. Ven conmigo - le tendió una mano, y Draco la cogió. Sirius le ayudó a ponerse de pie -. Quizás debería decirte que los Weasley están aquí - comentó.

- De acuerdo, sé que ellos me odian - dijo Draco, conocedor de la situación.

- No, no te odian - empezó Sirius, antes de detenerse -. De acuerdo, te odian. Pero como me dijo una vez un hombre sabio, si lo que esperas es ser universalmente popular, tendrás que esperar mucho tiempo.



***.



- Hermione.

Era la voz de Harry. La chica abrió los ojos y alzó la mirada. Él estaba de pie junto a ella, la sombra de la figura de Harry se recortaba contra las nubes de un cielo estrellado. Durante un segundo se limitó a sonreírle... se parecía mucho a los sueños que había tenido, y pensó que era posible que todavía no estuviera despierta. Aunque en sus sueños Harry nunca había parecido tan ansioso.

- Harry - dijo Hermione, sentándose -. ¿Va todo bien?

- Sí - contestó él, mirándola con una expresión extraña -. ¿Te apetece dar un paseo conmigo?

- ¿Por dónde?

- Sólo un poco más lejos - dijo él -. No quiero que nos oigan.

- De acuerdo - accedió ella, levantándose y siguiéndole.

Harry estaba alejándose del coche, a lo largo del acantilado.

- Quería agradecerte - dijo él - que me salvaras la vida.

- No te la salvé, Harry, te caíste - señaló ella, pesarosa.

- Si no me hubieras sujetado durante todo el tiempo que estuviste haciéndolo, Ron y los otros hubieran llegado demasiado tarde. ¿Oíste lo que te dije?

- ¿Qué? - replicó ella, sorprendida por su abrupta pregunta - ¿Cuándo?

Él dejó de caminar y la miró. Su rostro a la luz de la luna era oscuro y estaba delineado por líneas plateadas; era el rostro más familiar para ella en todo el mundo y, sin embargo, el menos conocido. Mirarle producía el efecto sobre ella, como siempre, de hacer que el resto del mundo no pareciera del todo real.

- Cuando estaba a punto de caer - dijo él -. ¿Me oíste?

- Creo que dijiste que me amabas - replicó ella, apartando la vista -. Pero quizás no lo hiciste.

Hubo un largo silencio hasta que Harry dijo:

- Lo hice.

El corazón de la chica empezó a latir con fuerza mientras ella bajaba la mirada hacia la hierba.

- Sé que me quieres, Harry - dijo -. Soy tu mejor amiga. ¿Es eso lo que quieres decir?

- Ya sabes que no - replicó él bajando la voz.

- Te lo dije - contestó ella -. Te dije que nunca más volvería a tener esta conversación contigo.

- Entonces no hables - dijo él -. Sólo escúchame.

La chica alzó la cabeza y le miró de nuevo. Tenía esa expresión en el rostro, la expresión de decisión de Harry. La expresión que tenía cuando se quería convencer de que debía hacer algo horrible, algo como enfrentarse a un Colacuerno Húngaro, o como derrotar al Señor Tenebroso, o como contarle lo que sentía por ella.

- Te amo - le dijo él -. Y no sólo te quiero, estoy enamorado de ti. Y lo he estado durante años.

Hermione se quedó quieta. Se sentía como si hubiera dejado su cuerpo y la verdadera Hermione estuviera flotando en algún lugar por encima de su cabeza, contemplando con interés todo lo que pasaba.

Harry parecía ansioso.

- Se supone que en este trozo es cuando tú te pones muy feliz y me besas - dijo.

- ¿Durante años? - se oyó Hermione decir a sí misma -. ¿A qué te refieres con “durante años”?

Harry pareció incómodo. Obviamente no estaba preparado para que le hiciera ese tipo de preguntas.

- Lo... lo supongo, quiero decir, lo he sabido durante más o menos dos años. Antes, probablemente, también era verdad, pero yo no lo sabía. Recuerdo cuando me di cuenta. Estábamos de vacaciones con tus padres y tú llevabas ese vestido amarillo... no era tan bonito como el que llevas ahora, pero... - le dirigió una sonrisa preocupada - Estabas preciosa.

Hermione se acordaba. Había llevado el vestido amarillo porque era la primera vez que vería a Harry después de dos meses de vacaciones, y había esperado que a él le gustara, pero el chico no había dicho nada, nada en absoluto.

- El año pasado - dijo ella lentamente - te dije que te quería. Y tú me contestaste que no sentías nada hacía mí aparte de amistad.

- No quería perder mi amistad contigo. Supongo que estaba asustado.

- ¿Asustado? - se hizo eco ella - ¿Sabes lo que me hiciste con eso, Harry? ¿Sabes por lo que me hiciste pasar? Oírte decir que no me querías fue lo peor que me hubo pasado nunca. No puedo creer que tu... - ahora estaba tan enfadada que se le rompía la voz - Me mentiste, Harry. ¡Y sobre algo como eso!

Harry parecía atónito.

- Nunca quise herirte - protestó -. Sólo que... pensé que lo nuestro nunca funcionaría, ¿de acuerdo? Pensé que éramos demasiado diferentes. Y pensé que si intentaba arreglármelas para salir con Cho...

- Ésa es la diferencia entre tú y yo - le interrumpió Hermione -. Yo nunca hubiera intentado salir con alguien que no fueras tú.

- Lo estoy intentando contigo ahora - dijo Harry, haciendo un visible esfuerzo para estar calmado.

- Pero nunca lo hubieras intentado si no hubiera sido por Draco. Si no hubiera sido por él, nunca se te hubiera ocurrido que podrías perderme. Pensaste que me quedaría sentada, esperando que algún día me interesara por ti, como si fuera... ¡como si fuera un equipaje abandonado!

- ¿Equipaje? - Harry estaba blanco de la sorpresa.

La chica cruzó los brazos y le miró. Estaba llena de una rabia irracional, y ella sabía que era irracional, pero eso no le ayudaba. La expresión de su rostro la ponía todavía más furiosa. Había estado tan seguro de ella... con tanta certeza...

- No tenías que decirme todo esto - dijo él finalmente -. Hubiera bastado con que me dijeras que no me amabas.

- Pero es que yo te amo, Harry - contestó ella -. Te amo más que a nada. Te amo tanto que tengo miedo.

- ¿Entonces, por qué?

Pero ella negó con la cabeza.

- Ya no quiero tener miedo - dijo, y empezó a alejarse de él, volviendo hacia el coche.

- ¡Hermione! - la llamó él a su espalda, desesperado.

Ella se detuvo, sin girarse.

- Él no te quiere tanto como yo te quiero - dijo él a su espalda -. Él no te conoce tanto como yo te conozco.

- No - asintió ella -. Y él no puede hacerme el daño que tú puedes hacerme.

Se marchó.



***crack (ése sería el sonido que haría el corazón de Harry rompiéndose en mil pedazos) ***



- Nunca más voy a tomar en serio un consejo tuyo - dijo Harry a Ron.

Había ido a sentarse en el coche, junto a los Weasley. Hermione, que todavía se negaba a hablar con él, estaba de pie a cierta distancia, mirando hacia la Mansión.

La sonrisa de Ron empezó a desvanecerse.

- ¿Qué...?

- Ella me odia - dijo Harry, dándole el tono de algo acabado.

Ron, Fred y George se veían completamente atónitos. Obviamente habían estado más seguros incluso que Harry sobre los sentimientos de Hermione.

- Hermione no te odia - dijo George al final, con un tono de voz bastante movido.

- Sí lo hace - dijo Harry -. Bueno, quizás sólo mi parte masculina.

- ¿Qué es lo que le has hecho? - preguntó Ron - Debes haberle hecho algo.

- Gracias, Ron, por el voto de confianza - dijo Harry, en un tono de voz muy grave.

- Sólo me refería a que...

- Toma un poco de zumo de calabaza - le ofreció Fred pasándole un vaso.

- No quiero zumo de calabaza - dijo Harry -. Quiero vodka. ¿Tenéis vodka?

Ron movió la cabeza, pesaroso.

- La verdad es que sólo tenemos zumo de calabaza.

- Y aceite para el motor - intervino George -. ¿Quieres un poco de aceite para el motor?

- Ya está, lo tengo - dijo Harry en la misma voz grave -. Me he caído y me he dado contra el fondo del precipicio.

- Eh, mirad - señaló Fred -, Sirius está de vuelta. Y tiene a Malfoy con él.

- Estaba equivocado - dijo Harry -. Aquí hay un lugar todavía más bajo.

Se enderezó reluctantemente. En efecto, Sirius y Draco se estaban dirigiendo hacia ellos, Sirius en su forma humana y Draco con el mismo aspecto con el que Harry le había visto por última vez.

Los Weasleys saltaron del coche al acercarse Draco y Sirius. Harry les siguió más lentamente. Por el rabillo del ojo, vio que Hermione también se acercaba a ellos desde una de las zonas más alejadas del claro.

Visto más de cerca, Draco parecía... diferente. Harry no estaba muy seguro de cómo. Pero lo parecía.

Ron, Fred y George tenían los brazos cruzados sobre el pecho, y miraban a Draco como si fuera una bomba a punto de explotar.

- Malfoy - dijo Ron, saludándole brevemente con la cabeza.

- Hola, Weasley - dijo Draco - Weasleys - añadió, mirando a George y a Fred. Luego se giró hacia Harry y extendió la mano.

- Quería darte las gracias por salvarme la vida - dijo.

Harry se quedó mirándole, y Draco continuó serenamente donde estaba, con la mano extendida. Por encima de la cabeza de Draco, Harry podía ver que Sirius le estaba contemplando con severidad.

Sacó su propia mano, cogió la de Draco y la estrechó.

- No hay de qué - dijo.

Se soltaron las manos rápidamente y Draco se giró hacia los Weasley.

- Mirad - dijo -, sé que no os caigo bien. No caigo bien a mucha gente.

- Eso me lo creo - dijo Ron.

- Y yo... - Draco se estremeció - Maldita sea, Weasley, me has distraído.

- Nos estabas diciendo que no caes bien a nadie - se ofreció Fred, con ganas de ayudar.

- No he dicho que a nadie - dijo secamente Draco, cuyo aire de serenidad empezaba a disiparse. El chico miró a Sirius.

- Mejor déjalo ahora que puedes - le aconsejo Sirius.

De pronto George chasqueó los dedos, recordando algo.

- Sirius - dijo -, ¿podrías venir aquí y ayudarme con el coche un momento? Ha estado haciendo un ruido raro... y pensé que, ya que tú tienes una moto voladora...

- Claro - dijo Sirius.

Siguió a los Weasley hacia el coche, y Harry, queriendo estar tan lejos de Hermione como fuera posible, fue tras ellos. Eso dejó a Draco con Hermione, que había estado muy silenciosa durante todo ese rato.

- Eh - la saludó Draco.

Ella le miró, y como Harry, pensó que tenía un aspecto... diferente, de alguna manera.

- Lo siento tanto... - le dijo - Sirius nos contó lo de la maldición Veritas. Ahora veo que estaba deseosa de pensar lo peor de ti, y que te malinterpreté completamente, y lo siento.

Draco negó con la cabeza.

- No me malinterpretaste - replicó -. Pensaste que era un capullo, y soy un capullo. Y probablemente siempre lo seré.

- Quizás - asintió Hermione -. Pero eres un capullo con sentido moral. ¿Eso tiene sentido?

- No, la verdad es que no - dijo Draco.

- Quiero decir - explicó Hermione - que aunque no me fío de que digas las cosas correctas... nunca... me fío de que hagas las cosas correctas. Siempre.

Draco sonrió.

- ¿Esto quiere decir que la invitación para pasar las vacaciones en casa de los Granger todavía está abierta?

- Claro - asintió Hermione -. Y creo que le caerás bien a mis padres, después de todo, considerando que me salvaste la vida.

- Ya sabes - comentó Draco -, dicen que una vez que salvas la vida de una persona eres responsable de esa persona para siempre. Así que a partir de ahora tendré que cuidar de ti.

- Eso me parece una regla injusta - dijo Hermione.

- Cualquier regla que diga que tengo que pasar más tiempo contigo será, en mi libro, una buena norma - dijo Draco.

Hermione se sonrojó. No pudo evitarlo. Se le ocurrió que los únicos dos chicos en todo el mundo que parecían capaces de hacer que se sonrojara sin decir una sola palabra estaban en la cima de ese precipicio. Aunque, por supuesto, uno de ellos no quería hablar con ella.

Draco parecía capaz de leer su mente.

- Estás pensando en Harry - dijo.

- Hemos tenido una charla - replicó ella - y no ha ido bien.

- Tiene un aspecto horrible - comentó Draco.

- También lo tendrías tú si te hubieras caído de un precipicio - dijo Hermione defensivamente.

Draco sonrió.

- Eso no es lo que quiero decir, y lo sabes - replicó -. No tienes ni idea de lo que quieres, ¿verdad?

- Siempre pensé que quería a Harry - dijo -. Ahora no lo sé - suspiró -. Me pone tan furiosa...

- Pasando del tópico de Harry - dijo Draco -, aunque me encanta hablar de él, por supuesto, se me acaba de ocurrir algo.

- ¿Qué?

- Que nunca te he besado estando en mi cuerpo - dijo Draco.

Hermione sintió que se sonrojaba de nuevo.

- ¿Sería... diferente?

- Sólo hay una manera de saberlo - replicó él, dirigiéndole una sonrisa perezosa y como de gato.

- ¡Hermione!

Era Sirius el que llamaba. La chica se giró y le vio haciendo señas para que Draco y ella fueran hacia el coche. Él y Harry y los Weasleys ya estaban sentados en él, listos para marcharse.

Ella volvió la mirada a Draco, que parecía imperturbable.

- No pasa nada - dijo él -. Tendremos multitud de ocasiones durante las vacaciones.

Confía increíblemente en sí mismo, ¿verdad?, pensó Hermione mientras volvían al coche. Justo lo contrario que Harry. Harry, que estaba sentado en el asiento trasero, junto a Ron, y miraba fijamente hacia el agujero.

Draco entró y se sentó junto a Harry, que no se giró. Esto dejó a Hermione sin sitio donde sentarse.

- ¿No queda sitio? - preguntó George animadamente - Hermione, te tendrás que sentar encima de alguien.

Tanto Harry como Draco la miraron. Harry apartó rápidamente la vista. Hermione miró enfadada a George, y se sentó en el regazo de Ron.

- ¿No podíais haber hecho esto más grande con magia? - preguntó a George mientras se colocaban.

- ¿Y lo que quieres decir con eso es que...? - preguntó él airadamente y poniendo en marcha el coche, que se lanzó hacia delante y hacia arriba con un fuerte bang.

George gritó de alegría mientras Ron se quejaba en voz alta y junto al oído de Hermione de que le estaba aplastando la pierna, y, por encima de todo ese ruido, se pudo oír a Harry haciendo un ruido que sonaba casi como un grito de dolor.

La chica se giró para ver que Harry se alzaba de su asiento. De hecho, no se estaba alzando mucho, aunque parecía arrastrado por manos invisibles que le agarraban del cuello de su camisa y le llevaban hacia atrás, fuera de su asiento. Harry tenía las manos en torno a su cuello, intentando evitar que su camisa le arrebatara el aire.

- ¡George! - gritó Hermione - ¡Para el coche!

Ahora estaban más o menos a metro y medio por encima del suelo. George dio media vuelta, vio a Harry, dijo algo ininteligible y pisó bruscamente los frenos. El efecto de esto fue que Harry salió disparado al aire, resbaló por encima de la parte trasera del coche y cayó ocho metros al suelo.

George volvió a poner el motor en marcha, hizo que el coche realizara un círculo en el aire y lo propulsó de vuelta hacia el suelo. Aterrizaron con un golpe sordo y empezaron a abrir las puertas.

La primera cosa que vio Hermione al salir del coche fue a Harry arrodillado en el suelo. Tenía las manos a la espalda.

La segunda cosa que vio fue a Lucius Malfoy, de pie a más o menos un metro de donde se encontraba Harry. Tenía la varita en una mano extendida, y apuntaba con ella directamente al corazón de Harry.

- Todos vosotros - dijo, sin mirarles - quedaos donde estáis.



***.



- ¿Cómo nos ha encontrado? - siseó Hermione hacia Sirius.

- Por el Encantamiento Epicíclico - respondió Sirius en un susurro. Estaba mirando ansiosamente a Lucius -. Actúa como un dispositivo buscador.

Lucius se acercó un poco más a Harry, siempre con la varita sobre él.

- Harry Potter - dijo. Lucius presentaba, probablemente, el peor aspecto que había tenido en toda su vida: su cabello se alzaba salvajemente de su cabeza, y sus túnicas, donde no estaban rotas ni retorcidas, estaban cubiertas de sangre y suciedad -. Me has causado una buena cantidad de problemas - alzó la cabeza y miró a los otros, de pie junto al coche, con las bocas abiertas de la sorpresa. Sus ojos se detuvieron en Draco -. Todos vosotros me habéis causado una buena cantidad de problemas.

- Déjalo en paz, Lucius - gruñó Sirius.

- ¿Por qué tendría que hacer eso? - preguntó Lucius, ahora mirando de nuevo a Harry.

Parecía, pensó Hermione, que había puesto algún tipo de hechizo inmovilizador sobre las manos de Harry: podía ver las cuerdas alrededor de sus muñecas.

- Porque no nos puedes matar a todos - dijo Sirius cortantemente -. Y si tocas a Harry...

- ¿Qué dice que no os puedo matar a todos? - dijo Lucius, con aspecto de loco - ¡Soy un Malfoy! ¡Por mis venas corre la sangre del propio Salazar Slytherin!

- No lo hace - contestó Harry de pronto -. ¡Dumbledore me dijo que, aparte de Voldemort, no quedaba ningún descendiente vivo de Slytherin!

Lucius giró bruscamente la cabeza y miró airadamente a Harry.

- Está por encima de mi comprensión cómo todos nuestros esfuerzos por matar a un crío estúpido han acabado en nada - dijo -. Pero nunca más. Mi amo desearía tener el placer de matarte, pero tendrá que contentarse con el placer de que le presente tu cadáver.

Señaló a Harry con su varita.

- Avada...

Y se detuvo. Porque Draco se había adelantado corriendo y se había puesto entre la varita de Lucius... y Harry. Se enfrentó a su padre, temblando ligeramente y mirándole con severidad.

Lucius Malfoy frunció el ceño.

- Apártate de aquí, Draco - ordenó impacientemente.

- No - contestó Draco, que parecía muy pálido -. Si quieres matar a Harry, tendrás que matarme a mí primero.

Lucius parecía furioso.

- No seas un estúpido - dijo.

Detrás de Draco, Harry empezó a contorsionarse. Estaba haciendo algo con sus manos, pero Hermione no podía ver qué era.

- Sé que hubieras dejado que el Señor Tenebroso me matara - dijo Draco, todavía mirando a su padre -. Pero no sé si puedes hacerlo por ti mismo.

- Te aseguro que puedo - replicó Lucius -. Y lo haré. Apártate.

- Si le matas también perderás a Narcisa - intervino Sirius.

- Cállate, Black - soltó Lucius. Su mano fue al collar y se detuvo sobre el colgante que sostenía, alzándolo por encima de su cabeza. Draco lo contempló, confuso.

- Eres mi hijo y mi único heredero - dijo Lucius a Draco -. Por última vez, ¿quieres apartarte?

Draco negó con la cabeza.

- No.

- Ah, bueno - comentó Lucius -. Soy joven. Puedo casarme de nuevo. Puedo tener más hijos.

Y apretó la mano alrededor del colgante que sostenía, clavando las uñas en él.

Draco gritó y cayó al suelo como un árbol rompiéndose. Mientras caía chocó contra Harry, que cayó también, con Draco sobre él... con el rostro azul, pero todavía respirando.

Lucius detuvo un momento la presión de su puño sobre el colgante, y Hermione lo vio brillar... dañado, pero no roto.

No todavía.

Lucius empezó a caminar sobre la hierba hacia Harry y Draco. Hermione miró hacia un lado y vio que Ron, Fred y George estaban cogiendo sus varitas, y estaban a punto de apuntar con ellas hacia Lucius.

- ¡Ahora no! - les susurró.

Ellos la miraron como si estuviera loca.

- Esperad - siseó.

Lucius alcanzó las formas caídas de Harry y Draco; agachándose, cogió la parte trasera de la camisa de Draco y lo separó bruscamente de Harry. Apartó el cuerpo inerte de Draco a un lado.

Harry estaba tirado en el suelo con las manos bajo el cuerpo, mirando a Lucius.

- Adiós, Harry - rió Lucius mientras alzaba a varita.

- Hola, Lucius - contestó Harry, sentándose.

Hermione vio de pronto un rayo de luz plateada centellear y brillar en su mano derecha: era la espada que había cogido en la sala de esgrima de la Mansión. Esgrimiéndola, cortó con ella la varita de Lucius en dos. El chico se puso de pie de un salto mientras Lucius gritaba y caía hacia tras, con los dedos de la mano derecha sangrando y los de la otra mano todavía sujetando el encantamiento Epicíclico.

Harry giró la cabeza hacia Hermione y la chica adivinó inmediatamente qué era lo que quería hacer.

- ¡Hermione! - gritó él - ¡Ahora!

Hermione apuntó con su varita.

- ¡Accio! - gritó, y el colgante Epíclico salió disparado de la mano izquierda de Lucius para volar por el aire hacia ella, que lo cogió muy cuidadosamente y se giró hacia los Weasleys, quienes tenían sus varitas apuntando hacia Lucius.

- Adelante - les dijo.

- ¡Desmaius! - gritaron Ron, Fred y George.

Una luz blanca surgió de sus varitas y golpeó a Lucius en la cabeza. Hermione había visto antes qué podían hacer las fuerzas combinadas de varios hechizos aturdidores, pero esta vez no fue menos impresionante. Lucius fue empujado hacia un lado y voló por el aire, golpeándose contra el tronco de un árbol, donde quedó muy quieto.

Harry cayó sobre sus rodillas cerca de Draco, todavía con la espada en la mano. Hermione y Sirius corrieron junto a ellos mientras los Weasleys se apresuraban a comprobar que Lucius no estuviera todavía consciente y fuera, por lo tanto, peligroso.

Arrodillándose, Hermione puso una mano sobre el hombro de Draco. Todavía mostraba un aspecto un tanto azul, pero su respiración parecía ser regular. La chica alzó la mirada hacia Sirius, preocupada.

- ¿Se va a poner bien? - preguntó.

- Creo que se ha desmayado del dolor - contestó Sirius en voz baja.

Draco se movió y sus ojos se abrieron.

- No, de eso nada - dijo -. Yo nunca me desmayo.

- Claro - replicó Harry -. Sólo decidiste tomarte un descanso en mitad de la acción.

Draco miró a Hermione.

- ¿Y mi padre?

- Está vivo - respondió ella rápidamente -. Le hemos aturdido.

De pronto, Draco pareció muy, muy cansado.

- Eso está bien.

Tenía sombras negras por debajo de los ojos. Hermione extendió una mano y, muy lentamente, tocó su rostro.

- Has estado increíble - le dijo -. De verdad.

Draco miró hacia Harry.

- ¿Cómo te has podido quitar esas cuerdas de encima? - preguntó.

Harry alzó la espada.

- Las corté con la punta de esto - dijo, y Hermione se fijó en que tenía cortes en las muñecas y sangraba un poco -. ¿Y sabes qué? - añadió, girando la espada - Creo que tu padre puede tener razón sobre eso de que sois familia de Slytherin.

Y giró la hoja de manera que los demás pudieran ver las palabras inscritas en su empuñadura, justo por encima de las gemas verdes: Salazar Slytherin.

- Siempre supe que era especial - dijo Draco, y cerró los ojos de nuevo.

Harry miró hacia Hermione. Ya no parecía enfadado, sólo cansado, preocupado, y triste.

- Buen hechizo convocador, Hermione - dijo -. Gracias.

Ella asintió, sin atreverse a hablar.

En ese momento se les acercaron Ron, Fred y George. Ron caminaba un poco más hacia delante, y Fred y George arrastraban a Lucius entre ellos. Sirius alzó la mirada hacia ellos.

- Ponedle en la parte trasera del coche - dijo.

Aunque sin duda Sirius les había indicado que pusieran a Lucius en el asiento trasero, los Weasleys obedecieron metiéndole, en su lugar, en el maletero. Sirius les miró, se encogió de hombros y se volvió hacia Draco.

- Y cuando volvamos al colegio - dijo Draco, girándose para mirar a Sirius -, ¿me explicaréis que era esa cosa del collar?

- Claro - contestó Sirius, con aspecto preocupado.

- Y Potter, ¿me devuelves esa espada? Porque no es tuya, ya sabes. Ha estado en mi familia durante generaciones.

- Malfoy - dijo Harry, sin rencor -, nunca te fijaste en ella hasta hoy, ¿verdad?

- Puede que sí, puede que no - dijo Draco, sonriendo en dirección a Harry, suyo rostro, para sorpresa de Hermione, reflejó una muy cansada y reluctante sonrisa.

- Como tú digas, Malfoy - dijo -. Como tú digas.
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