Manuel Gomez (manuelj) wrote in dtespanol,
Manuel Gomez
manuelj
dtespanol

  • Mood:

Draco Dormiens 11 (Primera Parte)


Disclaimer: esta historia está basada en personajes y situaciones creadas y de la propiedad de JK Rowling, varias editoriales entre las que se incluyen Bloomsbury Books, Scholastic Books, Raincoast Books y la Warner BROS. No se gana ningún dinero y no hay ningún copyright ni marca de registro. Otras citas se harán cuando sea necesario.

Por Cassie Claire. Traducción de Estela R. G

Capítulo Once: De Magids y Espejos



- Como tú digas, Malfoy - dijo Harry, y, con sorprendente amabilidad, dejó la espada de Salazar Slytherin en poder del brazo de Draco.

Draco cerró la mano a su alrededor.

- Gracias, Potter - dijo, con visible esfuerzo.

Sirius, Harry y Hermione intercambiaron miradas preocupadas. Dejando a Harry y a Hermione sentados a ambos lados de Draco, Sirius fue hacia el coche volador. Los hermanos Weasley acababan de meter al inconsciente Lucius Malfoy en el maletero, y se miraban entre ellos con ademanes de satisfacción.

- Hola, Sirius - le saludó Ron al acercarse -. Pusimos a Lucius en la parte trasera, como nos dijiste.

- Gracias - respondió Sirius -, pero él no es el Malfoy que me preocupa en este momento.

Fred movió la cabeza.

- Nunca pensé que un día pudiera llegar a sentir lástima por Draco Malfoy - dijo -. Pero ahora lo hago. Vale, todavía no me cae bien. Pero que su padre haya intentado matarle de esa manera... - Fred se estremeció - Me hace sentir que tengo suerte en comparación con él.

- Vosotros tenéis suerte - afirmó Sirius brevemente.

Ron se estaba mordiendo el labio inferior.

- ¿Lucius estaba intentando matarlo en serio? - preguntó.

- Oh, sí - contestó Sirius -. Y casi lo ha conseguido, y aún puede hacerlo si no llevamos a Draco de vuelta a Hogwarts pronto. Está muriéndose.

George dejó caer las llaves del coche.

- ¿Muriéndose? - repitió, mirando a Sirius en estado de shock.

- Preparad el coche - dijo Sirius brevemente, antes de volver hacia Draco para arrodillarse y preguntarle -. ¿Puedes caminar?

Draco parecía estar pensándoselo. Luego dijo, con expresión de sorpresa:

- La verdad, no.

Parecía que Hermione iba a romper a llorar, pero no lo hizo.

- No importa - dijo Sirius sin darle importancia, inclinándose y cogiendo a Draco como si no pesara más que un niño pequeño, mucho menos que un adulto. Al levantarle, la espada cayó del puño de Draco y golpeó contra el suelo.

Harry la cogió y se la tendió a Sirius, que extendió su mano libre y la cogió por la empuñadura.

Y la dejó caer de nuevo, inmediatamente, como si se hubiera quemado.

Cuando habló de nuevo, fue en una voz extrañamente contenida.

- Harry, tú coge la espada.

- De acuerdo - asintió Harry, con aspecto de estar sorprendido.

- Y no dejes que nadie la toque - añadió Sirius antes de comenzar a caminar de vuelta hacia el coche, con Draco en brazos.

- ¿A qué ha venido eso? - preguntó Hermione.

Pero Harry no estaba prestando atención, sino que mirando hacia Sirius y Draco dijo:

- Había olvidado lo fuerte que es Sirius.

La chica se giró y miró a Harry, y él le devolvió la mirada. Era la primera vez que la miraba a los ojos desde su conversación en la cima del acantilado. Ella no podía evitar sentir como si hubiera algo diferente en la manera en la que él la miraba, algo que no podía especificar.

- ¿Crees que va a morir? – preguntó ella.

Harry negó con la cabeza.

- Espero que no - dijo, se levantó, cogiendo la espada mientras lo hacía -. Pero Sirius parece pensar que está muy débil. La verdad es que no lo sé.

Mientras seguía a Harry de vuelta al coche, Hermione bajó la mirada hacia el Encantamiento Epicíclico que tenía en la mano. Era una cosa desagradablemente bella... oro blanco bordeando un colgante de cristal, en cuyo interior se veía uno de los dientes de bebé de Draco. Podía distinguir dónde se habían clavado las uñas de Lucius en el suave y puro oro, donde su mano había apretado el cristal hasta que éste se curvara como la lente de un telescopio.

Sirius había puesto a Draco en la parte trasera del coche, donde el chico se apoyó contra la ventana con los brazos a su alrededor, como si tuviese frío. Dirigió a Hermione una desmayada sonrisa al verla acercarse y sentarse junto a él, y luego cerró los ojos. Sirius entró junto a ella. Harry estaba sentado en la parte delantera, junto a los Weasleys. Hermione contempló cómo respiraba Draco mientras George daba marcha atrás, elevaba el coche en el aire y se alejaba pasando por encima del precipicio. Tenía la impresión de que, por encima de su hombro, Sirius también estaba contemplando cómo respiraba Draco. Aunque no tenía ni idea de qué hacer si dejaba de pronto de hacerlo.

Según pasaban por encima del Pozo, negro e infinito bajo el brillo del cielo nocturno, Hermione bajó la mirada. Todavía tenía el Encantamiento en la mano, y de pronto se le ocurrió algo: fuera donde fuera que estuviera el Encantamiento, siempre sería un peligro para Draco, pues era vulnerable a la rotura. Pero si lo lanzara al Pozo... el Epicíclico caería, caería para siempre, intocable para cualquier fuerza que no fuera la del viento. Se había estado preguntando qué hacer con él, y ahora...

Se giró hacia el fondo del coche, apretando el Encantamiento y preguntándose si debería lanzarlo. Luego sintió un ligero roce en la muñeca.

Hermione miró hacia abajo y vio con sorpresa que se trataba de Draco. Estaba muy pálido, y la piel bajo sus ojos era casi translúcida, pero estaba despierto.

- No lo hagas - musitó el chico.

Ella se quedó mirándole. ¿Es que acaso sabía lo que era?

- Creo que sé lo que es - aclaró él -. Siempre lo he sabido. Pero quiero que te lo quedes tú.

- ¿Que me lo quede? - protestó Hermione, horrorizada - No quiero...

- Por favor - dijo él, cerrando los ojos.

Lentamente, Hermione apartó la mano, y con un sentimiento de reluctancia, abrió la cadena, la colocó alrededor de su cuello y cerró el broche, sintiéndolo frío contra su piel según el colgante pasaba por debajo de su camisa. Era pesado, mucho más pesado que lo que habría creído posible. Como un ancla alrededor de su cuello.



***.



El cielo se había aclarado a un azul celeste cuando aterrizaron en los terrenos de Hogwarts, y Draco estaba ahora bastante inconsciente y no era posible despertarle. Tan pronto como tocaron el suelo, Sirius saltó del coche.

- Voy a buscar a Dumbledore - dijo, cayendo a cuatro patas en su forma canina y corriendo hacia el castillo.

Nadie podía pensar en nada que decir. Los Weasleys se aseguraron que Lucius siguiera inconsciente en el maletero. Hermione y Harry se quedaron sentados, contemplando cómo respiraba Draco. Hermione quería preguntarle si todavía estaba enfadado con ella, pero de alguna manera no le parecía correcto tener esa conversación con Draco presente, aunque estuviera inconsciente. Al final, dijo:

- Harry, ¿estás bien?

Él alzó la mirada hacia ella.

- Estoy bien - dijo. Su voz estaba vacía de significado, y todavía tenía esa extraña expresión en el rostro que no podía identificar.

- Tus muñecas todavía están sangrando - dijo ella con una voz débil -. Quieres...

Harry salió del coche sin mirarla, y se dirigió hacia los Weasleys. Hermione se quedó donde estaba, intentando no llorar.

Y entonces llegó Sirius de vuelta, con Dumbledore y Madame Pomfrey, y todo fue un caos. Madame Pomfrey les apartó a todos de Draco, convocó mágicamente una camilla, lo subió a ella y se alejó rápidamente, sin ni siquiera mirar hacia atrás. Todos la contemplaron marcharse con diferentes grados de decepción.

- Profesor - intervino Hermione en voz baja -, ¿ha dicho ella si se pondrá bien o no?

Dumbledore negó con la cabeza.

- Respecto a eso - dijo pesadamente - no puedo, por ahora, decir nada - se giró hacia los Weasleys -. Sé que debéis estar cansados, chicos - comentó, y añadió, con un pequeño guiño -. Y sé que vuestro padre querrá ese coche de vuelta. Pero me gustaría pediros que hicierais una última cosa por nosotros.

Ellos asintieron, mostrando su conformidad.

- Necesitamos que llevéis a Lucius al departamento de policía mágica y se lo entreguéis a los aurors que haya allí - dijo Dumbledore -. He hablado con ellos, y os estarán esperando - se giró hacia Sirius -. Sirius, dales tú los detalles. Necesito ir a la enfermería y ver si Madame Pomfrey necesita mi ayuda. Harry y Hermione... venid conmigo, por favor.

- Pero hay una cosa, profesor... - intervino Sirius rápidamente - La espada de la que le he hablado... Harry la tiene.

Dumbledore miró a Harry.

- ¿Puedo verla?

Harry se la mostró, y Dumbledore la contempló pensativamente.

- Ya veo - dijo, después de una larga pausa, devolviéndosela a Harry -. No dejes que nadie más la toque - dijo, tal y como había hecho Sirius. El director dio media vuelta y caminó hacia el castillo, y Harry y Hermione corrieron tras él.



***.



- ¿Cómo está? - preguntó Dumbledore, contemplando al pálido chico tumbado en la cama.

Harry y Hermione, uno a cada lado, alzaron la mirada con expresiones tristes.

- Vivirá - dijo Madame Pomfrey, que parecía cansada pero mucho menos preocupada -. Le he dado varios elixires de fuerza y una poción energética. No habrá daños permanentes, y podrá levantarse pronto. La verdad es que el chico es bastante fuerte, aunque no lo parezca.

- Quiero que se me notifique en cuanto se despierte - pidió Dumbledore.

La puerta se abrió de pronto y Sirius entró por ella.

- Se han ido - dijo a Dumbledore.

Madame Pomfrey se veía irritada.

- Esto es una enfermería, no una estación de tren - dijo secamente -. Este chico necesita descansar.

Hermione quería sonreír a Harry. Estaba tan acostumbrada a oír esas palabras mientras Harry estaba bajo su cuidado, como estaba a menudo, después de haberse metido en alguna de sus extrañas aventuras. Pero Harry se negaba a mirarla.

- Tienes razón, Poppy - asintió Dumbledore -. Harry, ven a mi oficina conmigo, me gustaría que habláramos. Sirius y la señorita Granger... pueden quedarse aquí, con Draco, si querien.

Dumbledore se marchó con Harry, y Sirius y Hermione tomaron asiento a ambos lados de la cama de Draco. Era verdad que estaba mejor. Un poco de color había vuelto a su rostro. Hermione estaba contenta de estar a solas con Sirius. Había querido preguntarle algo. Metiendo la mano debajo de la blusa, cogió el Encantamiento Epicíclico y se lo mostró.

- Draco quería que me quedara esto, pero no sé qué hacer... - dijo - Iba a tirarlo en el Pozo Sin Fondo, pero...

- Menos mal que no lo hiciste - la interrumpió Sirius -. Si Lucius va a juicio, lo necesitaremos como evidencia. Son diez años en Azkaban los que le costarán haber creado una de estas cosas, y probablemente más por haber intentado matar a alguien con ella. Y cuando esa persona es tu propio hijo...

- Bien - dijo Hermione, dando por finalizada la explicación -. Sirius...

- ¿Sí?

- ¿Por qué no has dejado que nadie que no fuera Harry tocara esa espada? - preguntó Hermione.

Como respuesta, Sirius alzó la mano y la chica vio lo que parecía una enorme quemadura roja a lo largo de su palma.

- Por esto - contestó él -. Si la hubiera sostenido más tiempo, me hubiera quemado completamente la mano.

- Pero Draco la tocó, y él está bien - dijo ella.

- Sí, lo está - asintió Sirius, volviendo a mirar a Draco de nuevo -. Lo que da lugar a un montón de interesantes posibilidades.

- No me vas a decir nada, ¿verdad? - dijo ella, malhumorada - Sólo vas a ser críptico.

- Ése soy yo - coincidió Sirius -. El Hombre Críptico. El Hombre Perro Críptico, para ser más precisos.

Hermione sonrió.

- Aunque había algo que quería decirte - dijo Sirius.

Hermione alzó las cejas inquisitivamente.

- No seas demasiado dura con Harry - dijo él con calma -. Toda la gente a la que ha querido en su vida ha tendido a morir. Le resulta difícil expresar sus emociones.

- Quizás podríamos dejarnos de dar consejos - interrumpió Draco - y empezar a preocuparnos un poco más por el paciente. Yo soy el centro de atención aquí, ¿no?

Los otros dos dieron un salto y se giraron a mirarle. Estaba despierto y contemplándoles, sin sonreír pero con una clara expresión de diversión en sus claros ojos grises.

- ¡Draco! - gritó Hermione con felicidad, mientras le rodeaba con sus brazos.

- Ay - protestó Draco, aunque ahora sonriendo.

- Lo siento - dijo ella, apartándose -. ¿Te he hecho daño?

- Que me asaltaran diez mortífagos es lo que me ha hecho daño - dijo Draco -. Tú sólo... me lo has recordado.

Sirius le estaba mirando intensamente.

- ¿Cuánto tiempo has estado despierto? - preguntó - ¿Nos has oído hablar sobre el Encantamiento Epicíclico?

- Sí - respondió Draco, ya sin sonreír.

Sirius abrió la boca, pero Draco negó con la cabeza.

- No pasa nada - dijo -. Lo entiendo. Lo entiendo tanto como puedo. No me expliques nada.

Sirius cerró la boca y se levantó, todavía con aspecto preocupado.

- Voy a buscar a Dumbledore - dijo -. Volveré enseguida.



***.



- Harry - dijo Dumbledore, después de una larga pausa.

- ¿Sí, profesor?

Harry había acabado de contar a Dumbledore su versión de los eventos de la semana pasada. Estaban sentados en la oficina del director, una bonita habitación circular que gustaba mucho a Harry. Eso era una suerte, ya que parecía terminar allí bastantes veces. Dumbledore tenía el aspecto de estar pensando lo mismo.

- Había deseado que éste fuera el curso que no acabara contigo sentado en mi oficina, con el mismo aspecto que tendrías como si justo hubieras sobrevivido a una rebelión de los gnomos. Aunque claro, parece haber sido esperar demasiado - se lamentó -. Y además, en este momento tenemos aurores recorriendo toda Inglaterra, intentando poner hechizos desmemorizantes en todos los muggles que han hablado de ver a un montón de magos por el cielo. Y sobre Lord Voldemort... - Dumbledore suspiró - No tenemos ni idea de dónde está.

- Siento mucho todo esto, profesor - dijo Harry con pena.

Las cejas de Dumbledore se alzaron.

- Venga, Harry - dijo -. Ya debes saber que no te culpo. Al menos, no más que lo que te culpé por que tu nombre saliera del Cáliz de Fuego.

- Sí - dijo Harry, con el mismo tono de voz apenado -. Todo me pasa a mí, ¿verdad?

- Eres especial - replicó Dumbledore -. Ni siquiera tú sabes lo especial que eres.

- Pues dígamelo - pidió Harry.

- Planeo hacerlo - dijo Dumbledore inesperadamente -. Pero estoy esperando que el joven Malfoy despierte, ya que esto también le concierne - añadió, todavía más inesperadamente.

Harry dio un brinco.

- ¿Qué tiene que ver esto con Malfoy?

Ahora Dumbledore le estaba mirando pensativamente.

- No te cae bien, ¿verdad?

- No demasiado - respondió Harry mirando hacia el suelo.

- Y aún así ofreciste tu vida por la suya, por lo que tanto tú como Sirius me habéis contado - dijo Dumbledore -. ¿Por qué?

- No... no lo sé - dijo Harry, con aspecto sorprendido -. Profesor...

- ¿Sí?

- Lucius Malfoy dijo que su familia era descendiente de Slytherin. Y esta espada, aquí, era suya. Pero usted me dijo que no había ningún descendiente de Slytherin vivo aparte de Voldemort.

- Me equivoqué - contestó Dumbledore animadamente -. Sí los hay. Salazar Slytherin vivió hace muchos cientos de años. Ciertamente, todavía hay algunos descendientes suyos vivos, aunque ninguno con una concentración realmente significante de sangre Slytherin. O eso creía. Es casi como pasa contigo, teniendo sangre Gryffindor...

Harry derramó la tinta del bote con el que había estado jugueteando.

- ¿Tengo sangre Gryffindor?

- Oh, vaya - dijo Dumbledore, muy animado -. Se suponía que eso era un secreto...

- Bueno, entonces no me extraña que Malfoy y yo no nos caigamos nada bien - comentó Harry -. Gryffindor y Slytherin tampoco se gustaban demasiado, la verdad.

- Tú y Malfoy me recordáis a otro par de chicos que conocí una vez - dijo Dumbledore -. Estuvieron en mi oficina más veces de las que puedo contar. ¡Cómo se odiaban el uno al otro! Y eso que... al final hubieran muerto el uno por el otro. Eso lo sé.

Harry miró a Dumbledore con curiosidad.

- James Potter y Sirius Black - aclaró Dumbledore.

Atónito, Harry estaba a punto de protestar cuando se abrió la puerta y Sirius asomó la cabeza por ella.

- Profesor - dijo -. Draco Malfoy está despierto. Creo que debería verle.



***.



- Qué pena que papá no esté aquí - dijo George Weasley, usando su varita para dirigir a un inconsciente Lucius Malfoy mientras subía las escaleras de la sede central de la Policía Mágica (Ron se había quedado en la calle con la nada envidiable tarea de evitar que los peatones se tropezaran con el coche invisible) -. Siempre ha querido ver a los Malfoy metidos en problemas.

- Deja de hacer que Lucius se golpee contra las columnas, George - dijo Fred.

- Lo siento - contestó George, con aspecto de no estar arrepentido en absoluto -. Mi varita está un poco temblorosa.

Un pequeño grupo de policías mágicos estaba esperándoles dentro del edificio. Entre ellos estaba Ojoloco Moody, de pie junto a una bruja alta con el rostro cubierto por una capucha. Les guiñó el ojo mágico según entraban.

George apartó su varita de Lucius, que cayó al suelo en el centro del círculo de magos y se quedó allí, roncando ligeramente.

- Aquí lo tenéis - dijo animadamente -. Lucius Malfoy. Todo suyo, caballeros.

Los magos le miraron.

Ojoloco Moody tomó el liderazgo.

- Dumbledore dice que habéis atrapado a Malfoy con un Encantamiento Epicíclico ilegal - gruñó -. ¿Es verdad?

Fred y George empezaron a hablar a la vez.

- Secuestró a Sirius Black...

- Usó la maldición Cruciatus sobre Hermione Granger... una estudiante de Hogwarts...

- Un montón de cosas de magia negra en su casa...

- Intentó matar a su propio hijo con esa cosa Epicíclica... lo vimos...

- ¡Es un criminal! - dijo George como conclusión - Lanzadle la primera piedra.

- O - añadió Fred, esperanzandamente - lanzandle otras cosas más grandes y pesadas.

- Como enormes rocas - sugirió George.

- ¿Testigos? - preguntó irritado uno de los magos.

- ¿Qué? - dijo Fred, cogido con la guardia baja.

- Testigos - gruñó Ojoloco Moody -. No es que no sepamos que Lucius Malfoy es mala gente. Lo hemos sabido durante años. Pero no ha habido nadie que testificara contra él.

Fred y George se miraron entre ellos.

- Bueno - dijo George, dubitativamente -. Nosotros. Somos testigos.

Los magos parecían dudar.

- Y Sirius Black - añadió George.

Los magos todavía parecían dudar. Aunque el año anterior se había retirado el cargo de asesinato contra Sirius (gracias a Dumbledore y al hecho de que era evidente que Peter Pettigrew todavía estaba vivo y era siervo de Voldemort), todavía no se le consideraba completamente un miembro en pleno derecho de la comunidad mágica.

- Y Harry Potter - dijo Fred desesperadamente.

Hubo unos cuantos murmullos al oír esto. La mayor parte de la comunidad mágica consideraba a Harry un héroe, pero había muchos que no confiaban en sus todavía misteriosos poderes y su historia. George oyó las palabras "habla pársel" y "siempre está metido en alguna loca historia, ¿verdad?".

Fred y George se miraron entre ellos con ansiedad.

- Yo testificaré - dijo una voz.

Todo el mundo se giró para mirar quién había hablado: era la esbelta bruja que había estado de pie junto a Ojoloco Moody, hasta ahora sin decir nada. La bruja alzó las manos y se apartó la capucha del rostro. Era Narcisa.

Ojoloco Moody estaba sonriendo; obviamente, había estado esperando algo así. Fred y George, en cambio, estaban como atontados.

- Yo testificaré - dijo ella de nuevo -. Soy Narcisa Malfoy. Lucius Malfoy era mi esposo. Puedo confirmar que es culpable de todos los cargos que se han expuesto hasta ahora. Además, abriré la Mansión Malfoy al Departamento de Seguridad Mágica, y permitiré a todos vuestros aurores que recorran todos sus pasadizos. Debe haber tanto material relacionado con las Artes Oscuras allí que les mantendrá ocupado durante un año. También - siguió, ahora hablando directamente a Ojoloco Moody, que tenía el mismo aspecto que un niño al que le dicen que la Navidad se ha adelantado - os daré todos los papeles de Lucius. Hay muchas cosas allí relacionadas con Lord Voldemort y con lo que él y mi esposo denominaban El Plan. Debe resultar una lectura interesante.

- Pero... ¿pero por qué? - consiguió articular uno de los magos.

- Porque quiero algo a cambio - replicó Narcisa.

- ¿De verdad? - preguntó Ojoloco Moody, con aspecto de ya conocer la respuesta - ¿Y qué es?

- No quiero que llevéis a Lucius a Azkaban - dijo Narcisa.

George y Fred estaban horrorizados.

- ¿Por qué no? - gritó Fred.

- ¿No querrás decir que deberían dejarle en libertad? - protestó George.

Narcisa miró la postrada figura de su marido durante largo rato.

- No lo pido por mí - dijo -. Yo sería feliz si pudiera verle en Azkaban durante el resto de su vida. Pero tenemos un niño. Draco. Mi hijo - alzó la vista hacia Moody -. No quiero que piense que su padre está en Azkaban, que sufre o que se está volviendo loco - se giró hacia el resto de los magos -. Os pido que en su lugar le llevéis al hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas. A la sección de los criminales locos.

- Creo que podemos acceder a eso - dijo Ojoloco rápidamente.

Hubo un largo silencio antes de que los otros magos asintieran.

- Ese lugar... es horrible, ¿verdad? - preguntó George esperanzado.

Ojoloco le sonrió, pero los otros magos estaban ocupados hablando entre ellos e ignoraron a los Weasleys. Uno de los magos convocó mágicamente una camilla y levitó a Lucius sobre ella. Otro grupo de magos se apartaron del grupo para escoltar a Lucius, presumiblemente a alguna celda. El resto de magos parecían interesados sólo en hablar con Narcisa, pero ella se apartó y caminó hasta donde se encontraban Fred y George.

- Querría daros las gracias - dijo -. Dumbledore me envió a Ojoloco para que me contara todo lo que ha pasado. Quería agradeceros todo lo que habéis hecho por Draco.

George se sonrojó. Narcisa Malfoy podría ser mucho mayor que él, y la madre de Draco Malfoy, pero no por eso dejaba de ser muy guapa.

- De nada - dijo.

- ¿Podríais hacerme un favor? - siguió ella, tendiéndoles un sobre - He escrito una carta a Draco, ya que no puedo estar con él en este momento. ¿Se la daréis?

- Claro. Por supuesto - asintió George, cogiendo la carta.

- Gracias - dijo ella de nuevo, agachándose, besándoles en las mejillas y volviendo junto a los magos, que la acompañaron fuera del lugar.

Fred y George, ahora con la piel del mismo color que el cabello, volvieron al coche.



***.



Cuando Harry, Dumbledore y Sirius entraron en la habitación, Hermione y Draco estaban hablando. Ella estaba inclinada hacia delante con los codos sobre la almohada del chico, que tenía la cabeza girada hacia ella. Estaban hablando animadamente, y sólo se callaron cuando Dumbledore se aclaró la garganta.

- ¿Se siente mejor, señor Malfoy? - dijo, con los ojos brillantes.

El director tomó asiento junto a Draco, y Harry y Sirius se giraron frente a él. Harry tenía la espada de Salazar Slytherin sobre su regazo, que parecía incongruente en la enfermería.

- Harry - dijo Dumbledore -. Y Draco - Dumbledore miró del uno al otro por encima de la montura de sus gafas doradas -. ¿Sabéis alguno de los dos - preguntó - qué es un Magid?

Harry y Draco le miraron sin reaccionar. Dumbledore se giró hacia Hermione, que tenía la expresión que solía tener en clase, cuando sólo ella sabía la respuesta a una determinada pregunta.

- ¿Señorita Granger?

- Bueno, el profesor Binns me dijo que un Magid es una extraña especie de mago, nacido con poderes especiales - respondió Hermione rápidamente -. Salazar Slytherin lo era, al igual que Rowena Ravenclaw. Usted lo es, profesor. Y... - dudó – Quien-Usted-Sabe también lo es.

- Sí, un Magid es una extraña especie de mago o bruja - asintió Dumbledore -. Raro y muy poderoso. Un Magid puede utilizar la magia sin una varita, puede resistirse a muchas maldiciones y hechizos, y puede sobrevivir a hechizos que matarían fácilmente a otros magos o brujas. ¿Recuerdas, Harry, cuando me preguntaste por qué quería matarte el Señor Tenebroso cuando eras un bebé?

Harry asintió con triste expresión.

- Usted dijo que no me lo podía decir entonces, pero que me lo diría con el tiempo.

- Te lo diré ahora - dijo Dumbledore -. Eres un Magid, Harry.

Tanto Draco como Hermione se giraron a mirar a Harry, que estaba pálido por la sorpresa. Sirius no parecía sorprendido en absoluto; obviamente ya lo sabía.

- ¿De verdad? - preguntó Harry, atónito.

- Sí, lo eres - contestó Dumbledore -. Y un Magid muy poderoso.

- Oh, típico - dijo Draco, irritado -. Ahora, además de todo lo demás, ¿es que resulta que Potter es un Magid?

Dumbledore se giró hacia Draco, que se encogió durante un segundo, pensando que el director estaba a punto de decirle que cerrara la boca. En su lugar, Dumbledore dijo:

- Usted también es un Magid, señor Malfoy. Y, si no estoy equivocado, mucho más poderoso que Harry.

Draco se puso todavía más pálido que Harry.

- ¿Está seguro? - preguntó con un tono dubitativo.

- No lo estaba - contestó Dumbledore -. Siempre lo he sabido sobre ti - dijo, girándose hacia Harry -. Lo supe en cuanto naciste. Por eso quería matarte Voldemort, y por eso te escondían tus padres. El Señor Tenebroso no quería que un niño Magid naciera de dos de sus más grandes enemigos, dos de mis mejores aliados. Sabía que cuando crecieras lo suficiente te convertirías en un arma que podríamos usar contra él.

- ¿Y qué pasa conmigo? - interrumpió Draco - ¿Por qué no intentó matarme?

- ¿Por qué hubiera debido hacerlo? - contestó Dumbledore razonablemente - Eres hijo de uno de sus más cercanos colaboradores. ¡Piensa qué arma hubieras sido en su arsenal! Podrías haber sido el mortífago más grande de todos - Dumbledore movió la cabeza -. Tu padre lo guardó en secreto, Draco. Los padres de niños Magids deben registrarlos en el Ministerio cuando nacen, y él nunca te registró. Dudo que nadie lo supiera, aparte de Lucius y el propio Voldemort. Varios trucos de Adivinación que yo mismo utilicé me dijeron que había otro Magid en Hogwarts, pero nunca supe de quién se trataba.

Draco estaba callado, recordando algo que su padre le había dicho esa misma mañana.

- El Señor Tenebroso tenía tantas esperanzas para ti, Draco...

- ¿Cómo lo sabe? - preguntó a Dumbledore - ¿Cómo sabe que soy uno?

- Por esa espada, por ejemplo - dijo Dumbledore, señalándola, sobre el regazo de Harry -. Es un objeto mágico muy poderoso, Draco. Sólo un Magid puede tocar esa espada. Luego está el hecho de que Lucius hizo un Encantamiento Epíciclico a partir de uno de tus dientes cuando eras un bebé. Lo usó para controlaros a ti y a tu madre, es verdad, pero también le permitió utilizar algunos de tus poderes de Magid. Le hizo un mago mucho más poderoso de lo que hubiera sido de otra manera.

Draco y Harry estaban contemplando asombrados al director.

- ¿Profesor Dumbledore? - interrumpió Hermione.

- ¿Sí?

- ¿Es por eso por lo que la poción Multijugos afectó a Harry y a Draco tal como lo hizo... es porque son Magids?

- Una buena suposición, señorita Granger. En muchos aspectos, una suposición acertada. El hechizo Multijugos duró todo ese tiempo, de hecho, porque el señor Malfoy lo quiso.

- ¿Que Lucius quiso qué? - preguntó Harry, perdido.

- Se refiere a mí, idiota - dijo Draco -. ¡Y yo no hice nada por el estilo! - añadió, mirando enfadado a Dumbledore.

- Oh, sí, lo hiciste - dijo Dumbledore, sonriendo -. Si no os molestara que hiciera la afirmación de que tú y Harry siempre habéis tenido... cómo expresarlo... una cierta rivalidad...

- Está celoso de mí, si es eso lo que quiere decir - interrumpió Draco.

Harry puso sus ojos en blanco.

- Sí, sí, claro - dijo Dumbledore -. Bueno, tengo esta teoría: cuando tomaste la poción Multijugos, señor Malfoy, y ésta te convirtió en Harry, inmediatamente viste las ventajas que te ofrecía esa situación. Ser Harry. Vivir su vida. Ver como él veía. Aprender sus secretos. Tu padre te ha enseñado a encontrar la debilidad y a explotarla como si nada, ¿verdad?

Draco parecía incómodo.

- Yo...

- Profesor - protestó Sirius.

Dumbledore les ignoró a los dos.

- Te ha enseñado otras cosas por el estilo - continuó en el mismo tono calmado -. Ver el mal cuando se te ofrece el bien, utilizar a todos los que se encuentran por debajo de ti y conseguir favores de los que se encuentran por encima de ti. No favorecer nada que no sean las ganancias personales.

- Yo nunca... - dijo Draco débilmente - No a propósito...

- He dicho que él te enseñó - dijo Dumbledore -. No he dicho que tu aprendieras. Creo que había otras ventajas para ti al ser Harry. Siempre habías pensado en Harry como en alguien para quien el bien viene fácilmente. En la piel de Harry podías permitirte seguir las mejores y naturales inclinaciones que, en tu propio cuerpo, no te podías permitir. Podías ser bueno. Valiente. Heroico - miró muy fijamente a Draco por encima de sus gafas -. No estoy diciendo que afectaras conscientemente a la poción Multijugos - siguió -. Estoy diciendo que tú querías que continuara, y ningún mago ordinario podría haberlo conseguido. Tú hiciste que el encantamiento durara tanto como lo hizo. Usaste tu propia energía, energía Magid, para evitar que el hechizo desapareciera. Y, tal y como lo entiendo, hizo falta otro Magid para eliminar el encantamiento.

Draco estaba mirando al director con la boca abierta.

- Tengo una pregunta más, profesor - dijo Hermione en voz baja.

- ¿Sí, señorita Granger?

- Si Draco y Harry son Magids... ¿por qué Harry nunca ha mostrado una señal de ello? ¿Y por qué Draco no lo ha demostrado nunca hasta ahora?

- Es una característica que no se activa hasta la más tardía adolescencia. Puede ser aleatoria, o puede necesitar varias condiciones para activarse.

- ¿Cómo cuáles? - preguntó Harry con curiosidad.

Harry no estaba completamente seguro pero le parecía que Dumbledore estaba un poco avergonzado.

- Una emoción fuerte de cualquier tipo - contestó el director -. Un peligro. De hecho, antiguamente, si un niño Magid no había demostrado ninguna señal de habilidad cuando llegaban a los dieciocho años o así, el Ministerio lo enviaba contra un dragón u otro monstruo.

Harry parecía ansioso.

- Ya me he enfrentado a un dragón y no mostrado ninguna señal de ser un Magid, profesor...

- No pasa nada, Harry - contestó Dumbledore animadamente -. Esperaremos dos años más, y si no muestras ninguna señal, luego te entregaremos a un basilisco.

Harry sonrió. Estaba casi seguro que Dumbledore bromeaba. ¿Verdad?

- Hablaré de esto con vosotros dos más tarde - dijo Dumbledore -. Temo que si alargamos más esta bienvenida,, Madame Pomfrey se enfade conmigo.

Hermione sonrió a Draco mientras se ponía en pie.

- Volveré mañana - le dijo.

Harry colocó la espada en la cama de Draco, donde el chico rubio podría tocarla si le apetecía.

- Nos vemos, Malfoy - se despidió

- ¿Hay alguna oportunidad, profesor - preguntó Harry, mientras salían de la habitación -, de que mi sangre de Magid venga de Godric Gryffindor?

- ¿Del Viejo Godric el Cascarrabias, como lo llamaba mi compañero Nicolás Flamel? - dijo Dumbledore con expresión animada -. Oh, no creo, Harry. No era un Magid. En absoluto. Era un gran guerrero, por supuesto. Muy valiente, siempre estaba gritando. Así era como asustaba al enemigo, sabes, con sus gritos de batalla; era terrible escucharle.

- Siempre he creído que era con su coraje y brillante táctica - comentó Harry.

- Oh, no - dijo Dumbledore -. Para él todo se reducía a los gritos.



***.



Sirius y Dumbledore volvieron a la oficina del director para hablar, y unos agotados Hermione y Harry caminaron lentamente hacia la torre Gryffindor. Se detuvieron frente al agujero del retrato y Hermione se volvió hacia Harry.

- ¿Estás contento -le preguntó en voz baja - de ser un Magid?

- Claro- contestó Harry, con aspecto de estar completamente cansado y bolsas negras bajo sus ojos verdes -. Puedes estar segura de que lo estoy.

Ella lo miró fijamente, y comprendió de repente qué era lo que parecía diferente en su rostro. Era inexpresivo, ilegible... y nunca antes había sido incapaz de leer la expresión de Harry. Creía que conocía cada tono y cada matiz de emoción en su voz, en su rostro, pero ahora... lo que fuera que él estaba sintiendo, lo estaba escondiendo de ella.

- Harry, sobre lo de antes...

- No - a interrumpió él bruscamente.

Ella se detuvo

- No, ¿qué?

- No, no quiero hablar contigo en este momento - dijo él.

- Pero...

- Permíteme que lo adivine - dijo él, volviendo su rostro y con el aspecto más enfadado que ella le había visto nunca -. Se te ha ocurrido algo más hiriente todavía que decirme y no quieres esperar hasta mañana para soltarlo porque, claro, la parte más divertida del asunto es la expresión de mi rostro cuando lo dices.

Hermione estaba muy dolida.

- Harry, de verdad lo siento...

- No quiero hablar más de esto - interrumpió el chico -. No sé por qué sacas el tema de nuevo. Tal vez quieras restregarme de nuevo por la cara lo mucho que te he herido y que mi comportamiento ha arruinado cualquier posibilidad que pudiera haber tenido contigo, los dos juntos. Y que después de eso te vas a ir y te vas a poner a ligar con Malfoy, como hiciste antes. Porque obviamente nada de lo que él ha hecho ha arruinado sus posibilidades contigo.

Hermione abrió la boca para protestar antes de cerrarla de nuevo. Harry estaba en lo cierto. Había tonteado con Draco delante de él. Y tal vez lo había hecho para herirle. Si había sido así, obviamente había funcionado. Aunque eso era un pobre consuelo a esas alturas.

Harry se giró.

- Boomslang - dijo al retrato de la Dama Gorda, que se abrió sobre el agujero.

- Harry, lo siento mucho - dijo ella de nuevo, ahora desesperada -. Qué es lo que quieres que te diga...

- Justo ahora hay una sola cosa que quiero - contestó él -. Quiero acabar de una vez por todas con esta conversación.

Y pasó a través del hueco del retrato, hasta dentro de la Sala Común. Un momento después, Hermione le siguió.

Ron, Fred y George estaban sentados juntos alrededor de la chimenea y saludaron su entrada gritando de alegría. Harry se acercó a ellos y se dejó caer en una silla. Hermione, notando que estaba a punto de ponerse a llorar, se dirigió hacia el otro lado de la Sala y subió corriendo las escaleras que conducían al dormitorio de las chicas.

A mitad de oyó que alguien pronunciaba su nombre y se giró.

Era Ron.

- Hermione, espera - le pidió el chico pelirrojo.

Hermione bajó un par de escalones hasta que estuvo justo por encima de él, de modo que el chico tuviera que inclinar su cabeza hacia atrás para mirarla (una experiencia rara para Ron, uno de los chicos más altos del colegio)

- ¿Qué pasa? - dijo.

- ¿Estás enamorada de Malfoy? - le preguntó él bruscamente.

- ¿Qué?

- Ya me has oído - dijo él con dureza -. Porque Harry cree que lo estás. Yo ya le he dicho que no , pero no quiere creerlo.

- Si es Harry quien quiere saberlo, ¿por qué no me lo pregunta él mismo? - preguntó ella, enfadada.

- Oh, yo qué sé - contestó Ron, irritado -. ¿Tal vez porque la última vez que te preguntó algo casi le arrancaste la cabeza de cuajo?

- Vaya, así que ahora todo el mundo lo sabe, ¿no?

- Hermione - le pidió Ron, cuya voz ahora sonaba un poco desesperada -. No puedes estar pensando seriamente en intentarlo con Draco Malfoy, ¿verdad? Porque si lo estás... estás completamente loca. Él jamás te hará feliz, se limitará a llevarte a algún que otro baile mientras anda de juerga con otras chicas sin que tú lo sepas, y qué te apuestas a que con el tiempo se unirá a una banda de rock y se teñirá el pelo de azul y tú no tendrás más remedio que esperarle en casa con los niños mientras él se divierte, y con el tiempo te dejará sin nada más que recuerdos y un montón de niñitos débiles de pelo rubio.

- Ron - dijo Hermione sin alzar la voz -. Déjame en paz, ¿vale? No tienes ni idea de lo que estás hablando. Parece que te has vuelto loco.

- ¡Al menos a mí no se me ha ocurrido de salir con Draco Malfoy!

- Ya, porque él nunca te lo pediría. Verás... no eres su tipo. Y estás equivocado acerca de él.

- ¿Ah, sí? - preguntó un furioso Ron - ¿Y en qué estoy equivocado, si puede saberse?

- Nunca se teñiría el pelo de azul, es demasiado vanidoso - dijo Hermione, antes de dar media vuelta y entrar en el dormitorio de las chicas.

Ron se quedó de pie en las escaleras, sintiéndose cada vez más irritado según se daba cuenta de que no había conseguido ningún tipo de respuesta a su pregunta.



***.



Tan pronto como los demás se hubieron marchado, Madame Pomfrey se puso a curar las heridas y cortes de Draco. Medio dormido, con los ojos cerrados, el chico podía sentir los suaves toques en su cara, su cuello y sus hombros, a medida que ella curaba los morados y las demás heridas, el ojo morado y el labio partido que los mortífagos le habían regalado. Luego la enfermera se centró en su muñeca rota, que también arregló, antes de pasar al corte de su mano.

- No - dijo Draco, apartándola de su alcance -. Déjela como está.

Madame Pomfrey se sorprendió de que sus ojos estuvieran abiertos, pero no lo demostró.

- No seas ridículo - replicó -. Es un corte muy profundo y seguramente te quedará una cicatriz.

- He dicho que la deje - dijo Draco, mirándola con lo que esperaba fuera una mirada amenazadora.

- ¿Quieres la cicatriz? - preguntó la enfermera, incrédula.

Él llevó su mano hasta el pecho y la apretó.

- Usted déjela - repitió.

- De acuerdo - respondió Madame Pomfrey, sacudiendo la cabeza.

Y pasó a curar las heridas y cortes de sus piernas y pies, mientras Draco acercaba la mano herida a la cara y la miraba entrecerrando los ojos. Harry había cortado una línea irregular y profunda a través de su palma, de lado a lado. Era difícil distinguirlo en esa luz tan pobre, pero si se la miraba con atención parecía un pequeño rayo.



***.



A pesar de estar tan cansada como estaba, Hermione se dio cuenta rápidamente de que había pocas posibilidades de dormir antes de contar a Lavender y a Parvati la historia completa de lo que había pasado. Las otras chicas la recibieron con gritos de alegría, y no precisamente porque estuvieran tan felices de verla, pensó Hermione enfadada mientras se sentaba en la cama, vestida ya con su pijama (el precioso pero ahora prácticamente destrozado vestido de satén de Narcisa estaba cuidadosamente doblado sobre su cómoda) sino porque estaban como loca por oír unos cuantos chismes que valieran la pena.

- ¿Besaste a Draco Malfoy dentro de un armario? - preguntó Lavender, cuando Hermione hubo terminado.

- Sí, bueno, ése no es precisamente el centro de toda la historia - contestó Hermione -. Pero sí.

- Pero si es tan... diabólico... - comentó Parvati con la boca abierta.

- Y aún así, muy atractivo - dijo Lavender mientras reía por lo bajo -. Venga, Parvati... está muy bueno... Y es la única persona que he visto en mi vida con el pelo de ese color, como de adornos de Navidad.

- Supongo que tienes razón - comentó Parvati, con aspecto de no estar todavía convencida.

- ¿Y... él empezó a sudar? - preguntó Lavender - ¿Se quitó la ropa?

- LAVENDER - gritó Hermione -, NO TE VOY A CONTAR ESO.

- Vale, ¿y qué pasa con Harry? - preguntó Lavender, sin detenerse - ¿Qué pasó cuando le besaste? ¿Estuvo bien?

Hermione ponderó si besar a Harry pudiera ser considerado como “estar bien”. Había sido extraño, maravilloso, horroroso y le había roto el corazón a la vez. ¿Era eso “estar bien?

- No estuvo mal - contestó.

Lavender puso sus ojos en blanco.

- Qué excitante - dijo.

Parvati intervino, curiosa.

- ¿Así que ahora estás saliendo con Draco?

Hermione consideró la pregunta.

- No lo sé - contestó.

- Pero no estás saliendo con Harry - dijo Lavender, como sin darle importancia.

- Él no me habla - replicó Hermione -, así que la respuesta a eso sería que no. No estamos saliendo, y - añadió, dolida - dudo que nunca lo hagamos.

- Oye - dijo Lavender, un tanto dubitativamente - ya que no funcionó eso de ti y Harry, me preguntaba... si te importaría... que yo quisiera salir con él.

Hermione miró a Lavender con la boca abierta.

- ¡Lavender! ¡Por favor!

Lavender no parecía avergonzada.

- Se ve que no has tenido demasiadas citas, Hermione - dijo sin inmutarse -, así que no me extraña que no sepas cómo funciona esto. No sé las demás, pero yo me he apartado de Harry durante estos últimos años porque sabía que te gustaba y pensaba que tú le gustabas también. Ahora, en cambio...

- ¿Qué es lo que creías, Hermione? - bufó Parvati - Harry es famoso, es rico, está bueno y es una buena persona. Además ha salvado al mundo... espera que cuente, ¿va por la quinta o por la sexta vez? Claro que baila terriblemente mal - añadió pensativamente - pero en fin, casi todo el mundo ignora ese detalle.

- Y el año que viene es nuestro último año aquí - continuó Lavender -. Necesitaremos parejas para el Baile de Navidad y el de alumnos de Séptimo Año, y Harry será capitán del equipo de quidditch cuando llegue todo eso...

- Y quien vaya con Harry seguramente podrá ver su foto en Corazón de Bruja - añadió Parvati.

Hermione las miró como las otras dos chicas se hubieran convertido de pronto en hombres lobo.

- ¿Me estáis diciendo - preguntó - que a partir de ahora se abre la vía libre para Harry?

- Bueno - dijo Parvati -, más o menos... sí.

Hermione se dio cuenta de que después de seis años de estar casi exclusivamente con Harry y Ron, no sabía nada sobre el mundo de las demás chicas. Miró a Lavender horrorizada y en silencio, y Lavender le devolvió la mirada, comprensiva pero firme.

- Lo siento, Hermione - dijo -. Pero la verdad es que no debería importarte, ¿no?



***.

Hermione durmió durante todo ese día y la mayor parte del siguiente. Cuando finalmente se levantó y bajó a comer, temblándole las piernas, descubrió que el mundo que conocía había cambiado durante la noche.

Era una tontería intentar guardar secretos en Hogwarts, especialmente cuando tuvieran algo que ver con Harry. Todo el mundo sabía lo que había sucedido, a dónde habían ido Harry y Hermione y Ron, que el padre de Draco Malfoy estaba en prisión, que Draco casi había muerto... y se rumoreaba que él y Hermione estaban, si no saliendo juntos, al menos sí viéndose a menudo.

Cuando entró en el Gran Salón todo el mundo se giró a mirarla. La chica buscó, como de costumbre, a Ron y a Harry. Los encontró sentados frente a la mesa de Gryffindor, junto a Fred y George. Al verla, Ron sonrió nerviosamente, pero Harry apartó la vista.

Hermione se mordió fuertemente los labios. No lloraría. Apartando la mirada de ellos, vio a Draco, sentado frente a la mesa de Slytherin y ocupando tres asientos con sus largas piernas, como de costumbre. Cuando sus miradas se encontraron le dirigió una sonrisa.

Eso lo decidió todo. Sin pensarlo lo más mínimo, Hermione cruzó el salón y se sentó a su lado.

Se podían oír los murmullos, el zumbido de desaprobación de las voces que recorrieron el salón como si se tratara de un incendio, pero a Hermione esto no le importaba lo más mínimo. Era feliz por poder ver a Draco, cuya mano izquierda estaba completamente cubierta por vendas blancas, aunque aparte de eso parecía tener tanta salud como siempre.

- Eh - dijo él mientras ella se sentaba junto a él, doblando el ejemplar de El Profeta que había estado leyendo - ¿Sabes qué he estado pensando?

- No - contestó ella, sonriendo.

- Qué nombre pondremos a nuestro primer hijo - dijo él -. Supongo que dependerá de si es chico o chica. Si es chico, he pensado en Draco Junior. Aunque también podemos llamarle Harry, sólo para confundir al viejo Cuatro Ojos. Nunca sabrá qué pensar respecto a eso.

- Draco... - empezó a articular ella, antes de ver que él reía y lanzarle una parte de su desayuno.

Él lo esquivó.

- Perdona - dijo -, pero deberías escuchar cómo habla la gente. Parecen creer que hemos tenido el Romance del Siglo, no sólo unos cuantos besos en un armario mohoso.

-Oh... - Hermione se puso las manos sobre el rostro - ¿Cómo puede la gente enterarse de estas cosas?

Draco se encogió de hombros.

- Ni idea. Pero al menos me sirvió para librarme de Pansy Parkinson, de lo que estaré agradecido por toda la eternidad. Esta mañana vino a verme, histérica, y exigiéndome que le dijera si era verdad. Claro que le dije que lo era, pensando que cualquier cosa que la molestara tanto tenía que ser buena. Así que juró que nunca más volvería a hablarme.

Sonrió y desplegó El Profeta de nuevo. Hermione pudo ver la portada del periódico y contuvo el aliento, atónita. LUCIUS MALFOY ARRESTADO; ACUSADO. Consiguió leer algunas de las palabras en una letra más pequeña: “Uso ilegal de Encantamientos Epicíclicos”, "secuestro y tortura", "testimonio de Narcisa Malfoy," "sentenciado a lo siguiente".

Draco siguió su mirada, y apartó el diario.

- Lo siento - dijo ella, alzando la mirada hacia él - ¿Te encuentras bien?

- Estoy bien - respondió él, y parecía cierto -. Ayer me llegó una carta de parte de mi madre, contándome prácticamente todo lo que iba a suceder. Así que ahora no estoy sorprendido. Y - añadió - él no va ir a Azkaban.

- Bien - dijo Hermione, aunque privadamente pensara que Lucius era la persona que más merecía ir a Azkaban de todas las que conocía. Mirando la mesa de Slytherin, vio que la gente desviaba rápidamente la mirada cuando ella la alzaba -. Todos me están mirando - murmuró a Draco.

- Porque eres la chica que despreció a Harry Potter por Draco Malfoy - replicó él animadamente -. Aunque tú ni lo supieras.

- Genial - dijo ella -. Ahora tengo dos novios imaginarios. Cien por ciento de problemas, cero por ciento de beneficios.

- ¿Es que quieres beneficios - preguntó Draco, mirándola con una sonrisa de curiosidad.

Hermione se puso roja como su la hubieran sumergido en agua hirviente.

- Um - dijo.

- Ven - dijo él, tendiéndole una mano -. Vamos a dar un paso hasta el lago. Quiero enseñarte algo.

- Um - repitió ella.

- No ese tipo de cosa - sonrió él.

- De acuerdo - accedió Hermione, dejando su plato y siguiéndole al exterior del salón.



***.
Esta es la primera parte de este capitulo la segunda parte esta en el proximo post.
  • Post a new comment

    Error

    default userpic
  • 0 comments