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Draco Dormiens 11 (Segunda Parte)


Capitulo Once: De Magids y Espejos


***


Harry y Ron contemplaron cómo se iba, Ron con desconcierto y Harry con una expresión bastante diferente.

- Bueno - comentó Harry -, supongo que esto me convierte en El Que Se Quedó Mirando Como Un Imbécil Mientras Ella Se Iba Con Malfoy, a fin de cuentas.

- Oh, no - dijo Ron animadamente -. Tengo el orgullo de decir que al menos no te has quedado simplemente mirando. Te adelantaste valientemente, hiciste el idiota de una manera increíble, y a pesar de todo ella se fue con Malfoy.

- Muchas gracias, Ron - se lamentó Harry.

- Pero al menos hiciste algo - dijo Ron.

- Ése soy yo. Action Man, un chico de acción.

- Aunque - señaló George - estrictamente hablando, es Malfoy el que se está llevando toda la acción aquí.

Harry dejó caer el tenedor.

- ¿Os importaría NO decir cosas así cuando estoy yo cerca? - preguntó acusadoramente a George.

- Lo siento - dijo George, aunque su boca se estaba retorciendo de la risa, así que se tapó el rostro con el plato para ocultar su expresión. Fred hizo lo mismo.

- ¿Por qué es tan divertido verme sufrir? - se preguntó Harry en voz alta.

- Eso debería ser evidente - comentó Ron.

Harry se giró a mirarle.

- ¿Sí?

- Porque es innecesario - replicó Ron -. Ella te quiere, pedazo idiota. Y tú estás siendo un cabeza de chorlito y no quieres hablar con ella, así que ¿qué quieres que haga ella? Especialmente con Malfoy repartiendo todo ese viejo encanto estilo Harry Potter a su alrededor, ya sabes, ése que tiene desde lo de la poción.

- No lo sé - dijo Harry pensativamente -. Creo que ahora es él mismo.

- ¿Quieres decir que crees que él la quiere de verdad? - preguntó Ron, al parecer atónito.

- Sí - dijo Harry -. Lo creo.

- En ese caso - anunció George - estás metido en un buen lío, Harry.

Fred estaba sonriendo de nuevo.

- Piensa en aquella vez en que Malfoy te pidió que le mataras. Apuesto a que desearías revivir ese momento, ¿verdad?

- Con vosotros dos como amigos, ¿quién necesita la miseria y el auto-desprecio? - preguntó Harry retóricamente, mirándolos salvajemente.

- ¿Y cuándo te volviste tan sarcástico? - dijo George, mirando a Harry. Con dureza. Pareces...

- Malfoy - terminó Fred.

Todos miraron a Harry pensativamente.

- Así que parece que Malfoy se ha quedado con los efectos de tu buena personalidad - concluyó Fred, después de una pausa -. Y tú...

- Te has quedado con un extremado mal humor - terminó George.

- Creo que podemos decir que Malfoy es el claro ganador de este escenario - dijo Fred.

- Ya - replicó Harry, mirando hacia la puerta por la que habían salido Draco y Hermione -. Dime algo que no sepa.



***.



Era un hermoso día de sol. Draco y Hermione caminaron junto al lago y se dirigieron hacia un pequeño grupo de árboles. Estaban paseando muy cerca del lugar donde se había producido la segunda prueba durante su cuarto curso. Hermione se preguntó si Draco lo sabría.

El chico se detuvo bajo un árbol y dijo:

- Ven aquí.

Ella se acercó y se quedó de pie cerca de él, tan cerca que sus brazos se tocaban.

- Mira esto - dijo él, señalando con su mano izquierda hacia la base del árbol.

No pasó nada.

- Vaya - comentó él -. Lo había olvidado. Las vendas interfieren.

Señaló con su otra mano hacia la base del árbol, y esta vez sucedió algo. Hubo un sonido que recordó al punteo de la cuerda de una guitarra, y la tierra en la base del árbol se movió. Mientras Hermione contemplaba asombrada lo que sucedía, un brote verde apareció del suelo, se elevó rápidamente, y en segundos estuvo completamente cubierto de pétalos. En unos instantes se había convertido en una rosa negra. La única rosa negra que Hermione viera nunca.

La chica miró a Draco con la boca abierta.

- Eso... ¿cómo lo has hecho...?

Él sonrió.

- Es algo Magid - aclaró -. Me he pasado toda la mañana practicando. ¿Te gusta?

- Nunca había visto una rosa negra - dijo ella, agachándose a examinarla.

- Parece que no puedo conseguir flores de ningún otro color - comentó él, encogiéndose de hombros -. Supongo que es porque no pertenezco a esa clase de chicos enamorados de las flores. Aunque parezco bastante bueno creando plantas carnívoras, y me las arreglé para que granizara, pero las flores... no me van tan bien.

- ¿Hiciste que granizara?

- Bueno, solo en un área muy pequeña. Y el granizo también era negro.

- ¿Y no crees que es peligroso usar tus habilidades Magid cuando no te has entrenado todavía? - preguntó Hermione, sabiendo que parecía mandona, pero, como siempre, sin poder evitarlo.

- Supongo que sí - dijo Draco -. Imagínate que hubiera granizado martillos. Pero no me preocupa demasiado. ¿No te gusta tu flor? - añadió, al parecer ansioso.

Hermione la arrancó del suelo, y se levantó, con la flor entre sus dedos. Tenía unas cuantas espinas grandes y afiladas.

- Sí, me gusta - dijo, alzando la vista hacia él -. Está llena de espinas y es difícil de manejar. Como tú.

Él se inclinó y la besó junto a la boca, y sus cabellos plateados rozaron su mejilla como alas de mariposa. Hermione olió su aroma: café, y lima, y pimienta y zumo del desayuno.

Y se apartó.

- No puedo - dijo.

- ¿Por qué NO? - preguntó Draco, por un momento pareciendo menos un increíblemente seguro de sí mismo y más un chico adolescente de dieciséis años.

-No sé qué está pasando entre Harry y yo.

- Un poco de nada, mejor di - comentó Draco - qué es lo que no está pasando entre Harry y tú. ¿O estoy equivocado?

- No - contestó ella lentamente -. No. No estás equivocado. Pero no puedo hacer nada contigo mientras él no quiera hablarme, porque... porque...

- ¿Porque quieres su bendición? - preguntó Draco.

Hermione se sorprendió al darse cuenta de que podía tener razón.

- Así es - dijo.

- En ese caso - comentó Draco -, empezaremos a salir cuando cumplas los treinta.

- Sólo dame un poco de tiempo - pidió ella, mirándole con una expresión de súplica.

Él alzó las manos.

- De acuerdo - dijo -. Tiempo.



***.



Hermione no había notado antes que el simple hecho de que ella pasara todo el tiempo con Harry había convencido a la mayor parte del colegio de que ellos eran realmente una pareja (y los frecuentes artículos de Corazón de Bruja afirmando que ella y Harry estaban juntos tampoco habían hecho ningún daño). Ahora que había rumores sobre ella y Draco, y se sabía que ella y Harry no eran más que amigos, las chicas empezaban a aparecer de todos lados y a todas horas, rodeando a Harry. De repente había chicas en los entrenamientos de quidditch, chicas en la mesa de Gryffindor, chicas esperando fuera de las clases en los pasillos. Parecía que cada vez que veía a Harry, él estaba rodeado de chicas. Chicas altas, chicas bajas, incluso llegó a ver a Myrtle la Llorona, un día, tratando de llamar su atención cerca del baño. Empezó a tener la impresión de que ella era la única chica en todo Hogwarts que no intentaba hablar con Harry a todas horas. Para Hermione, era como estar en medio de una pesadilla. Fuera donde fuera veía a Harry: después de todo, pertenecía a la misma Casa y asistían juntos a casi todas las clases, pero él no hablaba con ella ni la miraba, y estaba todo el tiempo rodeado de chicas.

Si no hubiera sido por Draco, Hermione se hubiera sentido completamente miserable. Siempre parecía contento de verla, y era muy fácil estar cerca de él. Le presentó a sus amigos de Slytherin, lo que resultó...interesante. Crabbe se asombró tanto de que le presentaran a Hermione que la llenó de migas de comida, y Goyle se limitó a quedarse mirándola con la boca abierta. Pansy Parkinson comenzaba a llorar cada vez que Hermione pasaba junto a ella, y Hermione se negó a que le presentaran a Milicent Bulstrode, recordando el mechón de pelo que ella creía de Milicent durante su segundo año. Algunos de los otros slytherins no estaban tan mal, pero Hermione no se sentía cómoda junto a ellos.

- Cada vez que me miran - comentó a Parvati (hubiera preferido hablar con Ron, pero dado que él siempre estaba junto a Harry, eso era prácticamente imposible) - tengo la impresión de que están lanzando mentalmente un montón de cuchillos afilados en mi dirección.

- Ya, no son precisamente muy amables - asintió Parvati, que se aplicaba un encantamiento alargador de pestañas frente al espejo del dormitorio -. Aunque alguno debe valer la pena, ¿verdad?

- ¿Si no contamos a Draco, quieres decir? - preguntó Hermione, tumbada en la cama mientras contemplaba a Parvati.

- Bueno, obviamente, puesto que estás saliendo con él.

- NO estamos saliendo - protestó Hermione.

- Ah, ¿no? - Parvati se sorprendió tanto que alargó por accidente sus pestañas casi veinticinco centímetros, y Hermione tuvo que ayudarla a que volvieran de nuevo a su largura original. Cuando el proceso hubo terminado, Parvati repitió su pregunta y Hermione suspiró.

- No, no lo estamos - dijo - Sólo somos amigos.

- ¿Quieres que te diga algo, Hermione? - comentó Parvati - Que seas amiga de Draco Malfoy... eso es todavía más raro que si salieras con él.

- ¿Por qué? - preguntó Hermione curiosamente.

- Bueno, si estuvieras saliendo con él podría achacarlo a una incontrolable atracción física. Mira, está muy bueno. Eso es un hecho. Pero si sólo eres amiga suya... - Parvati se encogió de hombros - es porque de verdad te gusta.

Hermione se giró sobre su cama y quedó mirando hacia el techo.

- Me gusta -afirmó.

- ¿A pesar de que sea un malcriado, un egoísta, tenga un mal carácter y un sentido del humor muy rastrero, que le guste molestar a las personas más débiles que él y... - Parvati se detuvo al contemplar la expresión del rostro de Hermione - Bueno, es la verdad - dijo.

- Lo sé - replicó Hermione -. No tanto como lo era antes, pero... realmente es una buena persona, Parvati.

Parvati se volvió y miró a Hermione con dureza.

- ¿Y entonces por qué no estás saliendo con él?

- Porque…

- Porque no es Harry - interrumpió Parvati, demostrando que era una buena observadora.

Hermione se giró sobre la cama, sin descanso.

- No, ya no lo es - dijo.



***.



- Oh, vamos, Ron - dijo Harry desagradablemente -. Tú hazlo.

- NO lo haré - respondió Ron, de una manera igualmente desagradable.

Estaba quieto en el medio del aire por encima el campo de quidditch, montado en su escoba, frente a Harry, que estaba montado en su Saeta de Fuego con los brazos cruzados sobre el pecho, y que parecía furioso. Habían estado dedicándose a entrenar su vuelo más o menos una hora antes de que Harry pidiera Ron lo que, extrañamente le pidió, y ahora los dos chicos estaban sonrojados e irritados. La camiseta blanca de Harry se le pegaba a la espalda por el sudor.

- ¿Por qué no? - preguntó Harry secamente - Tú tírame de mi escoba. ¡Venga, inténtalo!

- ¿Por qué no? - Ron se hizo eco de sus palabras con incredulidad - ¿Qué te parece que porque no quiero pasarme el resto del curso por qué te maté a sangre fría y sin razón aparente?

- Dumbledore dijo que el poder Magid se manifestaría si me enfrentaba a algún peligro - dijo Harry -. No funcionará si me limito a tirarme de mi escoba. Tengo que estar asustado. Y si tú no me ayudas, me limitaré a entrar en el Bosque Prohibido y a ofrecerme como desayuno a Aragog.

- Harry - dijo Ron con desesperación -, Dumbledore también dijo que el poder se manifiesta entre los dieciséis y los dieciocho años. Tú sólo tienes dieciséis. ¡Déjalo descansar!

- Malfoy... él sólo tiene dieciséis...

- ¡Oh, deja en paz a Malfoy! - gritó Ron con rabia - ¡Me pongo enfermo cada vez que oigo hablar de él! ¡Sólo porque él esté saliendo con Hermione no significa que esté dispuesto a ayudarte a suicidarte!

Harry entrecerró los ojos en dos enfadadas rendijas verdes; sacó su varita y, antes de que Ron supiera qué estaba pasando, el otro chico le había apuntado con su varita y había gritado:

- ¡Rapido!

La escoba de Ron comenzó a volar hacia delante sin control, con Ron manteniendo el equilibrio a duras penas sobre ella, y avanzó hacia Harry, tirándole de su Saeta de Fuego. Ron, consiguiendo con muchas dificultades estabilizar finalmente su escoba, vio a Harry caer en picado hacia el suelo; el pelirrojo cogió con fuerza su varita, apuntó con ella a Harry, que caía rápidamente, y gritó:

- ¡Wingardium leviosa!

Harry, que no había emitido ningún sonido mientras caía, gruñó cuando se detuvo a unos cuantos metros sobre el suelo y quedó quieto en el aire, mirando a Ron con expresión de reproche

- Idiota - murmuró Ron, moviendo su varita para dejar de apuntar a Harry.

Harry cayó los metros restantes, quedando tumbado sobre el campo de quidditch.

Ron suspiró, dirigió su escoba hacia abajo y aterrizó bruscamente cerca de Harry, que estaba tirado boca arriba sobre el suelo, mirando fijamente hacia el cielo y con el mismo aspecto de alguien que no quiere volver a levantarse.

- Cero - dijo Harry, malhumorado -. Zip. Nada. NO tengo poderes Magid. Al menos, no todavía.

- Harry - le dijo Ron, desmontando de su escoba -, ¿se te ha ocurrido alguna vez que querer transformar a Draco Malfoy en un gusano y tirarle de su escoba no es motivo suficiente para que tus poderes Magid comiencen a funcionar?

Harry se cubrió la cara con las manos y musitó algo que sonó como "Urgh".

- Debe haber alguna otra manera de conseguir que tus poderes empiecen a funcionar - dijo Ron -. Alguna manera no relacionada con que pongas en peligro tu vida.

- He estado leyendo sobre eso - comentó Harry -. Los poderes de Salazar Slytherin se manifestaron cuando tuvo que enfrentarse a un dragón que amenazaba su aldea. Pero eso fue hace millones de años, cuando todavía había un montón de dragones recorriendo libremente el mundo. El mago tenebroso Grindewald... sus poderes se activaron durante algún tipo de batalla, lo que no me sirve de nada, y los de Rowena Ravenclaw empezaron cuando un rayo le dio de lleno, lo que es difícil de conseguir.

- Harry... - dijo Ron lentamente - Necesitas hablar con Hermione, eso es lo que necesitas hacer.

Harry miró a Ron, apartando los dedos, con los ojos verdes llenos de sospechas.

- ¿Por qué?

- Porque es tu mejor amiga, cretino - respondió Ron -. Porque la echas de menos, y eso te está volviendo loco.

- Cada vez que veo a Hermione - dijo Harry, apartándose las manos del rostro - tengo ganas de ponerme enfermo.

- Vaya, qué romántico es eso - dijo Ron.

- Cada vez que la veo con Malfoy, tengo ganas de ponerme enfermo - aclaró Harry.

- Bueno, con el tiempo tendrás que acostumbrarte - dijo Ron.

- No quiero acostumbrarme - replicó Harry, sentándose bruscamente -. Quiero que mis poderes Magid empiecen a funcionar, eso es lo que quiero.

- Eso es magia - dijo Ron, no sin comprensión en su voz -. Lo que tú tienes es el corazón roto. La magia no curará eso.



***.



- He estado pensando en este verano, Hermione - dijo Draco.

Era la hora del desayuno, y estaban sentados juntos frente a la mesa de Slytherin (era el cuarto desayuno de Hermione con los slytherins, e incluso estaba empezando a acostumbrarse al sonido que producía Goyle sorbiendo y escupiendo en cada comida). Draco estaba comiendo una tostada con una rapidez asombrosa (Hermione ya había descubierto que era uno de esos chicos que podían comer de todo y seguir delgado) y Hermione, que no tenía demasiado apetito, estaba mordisqueando unas pocas semillas de calabaza.

- ¿Qué pasa con eso? - preguntó.

- Bueno, ya sé que hablamos sobre que fuera a visitarte a casa de tus padres. Y todavía quiero hacerlo, pero mi madre me escribió el otro día y me recordó que mi tío Vlad había dicho que esperaba que fuera a verle este verano, tiene un castillo enorme en Rumanía, y he pensado que, si querías...

Subrepticiamente, Hermione miró a través de la habitación hacia la mesa de Gryffindor. Podía ver a Harry, sentado junto a Ron; Lavender estaba a su lado, y Parvati estaba sentada junto a Ron. Al mirar Hermione, Lavender ensartó un trozo de tostada con su tenedor y se lo ofreció a Harry, que se lo comió. Lavender soltó unas risitas.

- Mientras tanto - continuó Draco - he decidido dejar Hogwarts y convertirme en un asesino a sueldo del Ministerio de Magia.

- ¿Qué... qué? - se atragantó Hermione, girándose a mirarle.

El chico estaba sonriendo, pero la sonrisa no alcanzaba sus ojos grises.

- Hermione, amor - dijo, señalando -, ¿de verdad te vas a comer todo eso?

La chica miró donde él indicaba y dio un salto; de alguna manera, se las había arreglado para amontonar una pila de al menos cien semillas de calabaza. Las semillas estaban amontonadas en una pila, y las cáscaras en otra. Y eso que no podía recordar haber pelado una sola semilla.

- Oh - dijo ella, sintiéndose estúpida -. Las iba... esto... a guardar para después, creo.

- De acuerdo, eso es lo que faltaba - dijo Draco, levantándose.

Alarmada, Hermione se levantó también.

- Lo siento - se disculpó -. Estoy un poco distraída últimamente...

- Ya me he dado cuenta - replicó Draco -. No pasa nada. Es sólo que acabo de acordarme de algo que tengo que hacer. Lo he estado aplazando, pero éste parece un buen momento para enfrentarme a ello.

- ¿Puedo ayudarte? - preguntó ella.

- Definitivamente no - contestó Draco.

El chico alzó una mano y le tocó ligeramente la mejilla. Luego se apartó.

- Esta tarde tengo entrenamiento de quidditch - dijo -. Nos vemos en la cena.



***.



Harry se las había arreglado para quedarse a solas en la sala común esa tarde, y estuvo debidamente atónito cuando se abrió el agujero del retrato y Draco Malfoy pasó a través de él, colocándose bien después y mirando a Harry con serenidad.

- Un consejo de belleza, Potter - dijo -: la boca queda mejor cerrada - se dejó caer en una butaca y extendió sus largas piernas hacia el fuego -. No puedo creer que la contraseña todavía sea “boomslang” - añadió -. Vosotros, los gryffindors, sois un grupo muy confiado.

Harry bajó el libro que tenía en las manos y miró ansiosamente a su alrededor.

- Deberías tener un poco más de cuidado, Malfoy - dijo -. Si otras personas supieran que sabes la contraseña...

- No quiero tener más cuidado - replicó Draco -. Quiero pegarte en la cabeza con una escoba. Pero no lo haré, claro.

- ¿Por qué no? - preguntó Harry, volviendo a su libro - Puedo prestarte mi Saeta de Fuego 5000 - alzó la mirada hacia Draco -. Por cierto, ¿a qué viene este súbito ataque de hostilidad? ¿No debería ser yo el que te odiara?

- No - contestó Draco -. Debo ser yo el que te odie por la simple razón de que estás haciendo muy infeliz a Hermione.

Harry dejó caer su libro de nuevo y miró furiosamente a Draco. Sus mejillas estaban rojas de la rabia.

- ¿Has venido a hablarme sobre ella?

- Exacto - dijo Draco.

- Tengo una idea mejor - sugirió Harry -. ¿Por qué no te vas al infierno?

- Mira, conozco a esa chica, Hermione - dijo Draco, como si Harry no hubiera hablado - . Es una chica maravillosa para estar cerca de ella. Inteligente, muy inteligente, y también muy guapa. Una de las personas más valientes que he conocido nunca - ahora estaba mirando por encima de la cabeza de Harry -. El único problema es que tengo el presentimiento de que está muy infeliz por algún motivo. Llora cuando cree que no la estoy mirando. Se queda mirando al vacío en muchas ocasiones. Y siempre que estás cerca de ella... - ahora Draco miró directamente hacia Harry - se queda contemplándote.

El sonrojo había empezado a desaparecer del rostro de Harry, que ahora parecía asustado.

- Ella no quiere hablar conmigo - repuso.

- No - le corrigió Draco -. Eres tú el que no quieres hablar con ella.

Harry le miró pensativamente.

- ¿Por qué me estás diciendo esto?

- No lo sé - contestó Draco, preguntándoselo a sí mismo - La única manera que tengo de hacer estas cosas es diciéndome a mí mismo que no las estoy haciendo. Justo ahora me estoy diciendo que he venido aquí para decirte lo imbécil que eres. Y por ahora funciona.

- ¿Ella... de verdad es infeliz? - preguntó Harry en un tono de voz muy agudo.

- Se siente miserable - contestó Draco -. Mira, Potter, te lo estoy pidiendo. Tú eres su mejor amigo. O al menos lo eras.

El color había desaparecido prácticamente del todo de las mejillas de Harry, que ahora parecía pálido e infeliz.

- No puedo - dijo.

- Oh, sí, puedes - replicó Draco, cuya tranquilidad estaba empezando a resquebrajarse -. ¿De qué tienes miedo?

- De que ella tenga razón - contestó Harry -. La tomé como algo garantizado, durante todos estos años la tomé como algo completamente garantizado. Debería hacerme pagar y pagar. No hay ninguna manera de pagar lo suficiente...

- Mira - le interrumpió Draco -, si lo que quieres es retorcerte por la culpa, me ofrezco voluntario para conseguir que lo hagas. Acaba contigo mismo. Pero - y ahora se adelantó y miró con furia a Harry - yo no seré una segunda opción. No estaré con ella sólo porque ella no pueda estar contigo.

- ¿Harry? - dijo una voz que parecía venir desde detrás de una silla.

Harry dio media vuelta, sobresaltado.

- ¡Sirius! - dijo - Casi había olvidado que me las había arreglado para hablar con él.

Se levantó de la silla en la que estaba sentado y se acercó a la chimenea, arrodillándose junto a ella. Draco le siguió y vio la cabeza de Sirius flotando en el suelo. El salvaje pelo de Sirius estaba ahora cortado, se había afeitado y parecía limpio y aseado.

- Sirius - le saludó Harry complacido, extendiendo una mano como si pudiera estrechar la de Sirius. Al hacerlo, Draco vio la cicatriz en la palma de la mano de Harry, idéntica a la suya. Aparentemente él tampoco se la había curado.

- Tienes buen aspecto, Sirius - dijo Draco con cordialidad, cayendo de rodillas junto a Harry.

Una expresión de placer al ver a Draco se asomó rápidamente al rostro de Sirius, para ser reemplazada por algo que parecía alarma.

- No sabía que estaríais aquí los dos - dijo a Harry.

- Perdona - dijo Harry -. Puse un hechizo repelente en las puertas para que nadie entrara, pero no funciono con Malfoy. Típico - añadió, mirando furiosamente a Draco.

- Basta con que tengas en cuenta que soy un Magid, y por lo tanto mejor que tú, a partir de ahora, Potter - replicó Draco.

- Yo también soy un Magid, estúpido - dijo Harry, molesto.

- Ya, eso es lo que tú dices - contestó Draco en tono de superioridad -. ¿Pero qué es lo que has hecho?

- ¡Parad! - exclamó Sirius, irritado - Os peleáis como un matrimonio de viejos - Harry y Draco dejaron escapar idénticos gritos de horror -. De acuerdo, entonces - continuó Sirius - no importa lo que yo fuera a decir. Me voy. Harry, te mandaré una lechuza.

Y desapareció.

- ¿Sirius? - dijo Harry, atónito, antes de girarse hacia Draco - Muchísimas gracias, Malfoy.

Pero Draco parecía pensativo.

- Me pregunto qué era lo que tenía que decirte.

Harry apoyó la espalda en las patas de un mullido sillón y negó con la cabeza.

- Bueno, ahora tendré que esperar a esa lechuza - dijo, irritado -. ¿Por qué no te marchas de aquí, Malfoy? Me estás dando dolor de cabeza.

- De acuerdo - contestó Draco, poniéndose de pie -. Oh, una cosa, Potter.

- ¿Qué?

- No está en mi naturaleza el sacrificarme por otros - dijo Draco, como si fuera algo sin importancia -. No sé si esto es sólo un pequeño vestigio del hechizo Multijugo o no, pero si lo es, y si pasa esta fase generosa en la que me encuentro ahora, y si todavía estás haciendo sufrir a Hermione, volveré aquí y te arrancaré los intestinos para llevarlos como sombrero. ¿Entendido?

- Entendido - replicó Harry, sonriendo a pesar de sí mismo -. Y un Óscar a las mejores imágenes.

- Gracias - dijo Malfoy, pasando a través del agujero del retrato.



***.



El día siguiente empezó a llover, con rayos, truenos y un cielo que parecía hierro negro y mojado, lo que estuvo de acuerdo con el humor de Hermione. La chica estaba sentada en la sala común, acurrucada en una butaca y contemplando sin ver el rugiente fuego. Se preguntó vagamente dónde estaba Crookshanks. Hubiera estado bien tener un gato que se acurrucara en su regazo en ese momento.

El agujero del retrato se abrió y Ron entró en la sala, sacudiendo agua de sus túnicas.

- Eh, Ron - le saludó Hermione, contenta de verle por una vez sin Harry. Luego vio lo ansioso y preocupado que parecía, y se detuvo -. Ron, ¿pasa algo?

- No estoy seguro - respondió él.

Ella le miró con dureza.

- ¿Dónde está Harry?

- Fui con Harry a un entrenamiento de quidditch - contestó Ron lentamente -, pero lo cancelaron por el tiempo. No te suele apetecer jugar al quidditch en una tormenta de rayos.

- Obviamente - dijo Hermione.

- De todas maneras, ya estábamos a mitad del camino de vuelta... yo estaba hablando con Fred y George... y me giré y Harry estaba... bueno, se había ido.

- ¿Se había ido? - repitió Hermione con incredulidad - ¿Se había desaparecido?

- No desaparecido. Alicia Spinnet dijo que le había visto correr hacia el Bosque Prohibido.

- Bueno... - dijo Hermione con tristeza - Deber haber tenido algún motivo...

- Eso es lo que me preocupa - replicó Ron -. Sus motivos.

Hermione estaba a punto de preguntarle qué quería decir cuando el retrato se abrió de nuevo y Draco pasó por él. Ron no parecía feliz por verle.

- Hablando de la persona más desagradable del mundo - dijo. A pesar de todo lo que había pasado, Hermione sabía que a Ron y a sus hermanos todavía no les caía bien Draco, y que nunca lo haría -. No puedes dedicarte a entrar y salir como si nada de nuestra sala común, ¿sabes? Te pillarán.

- ¿Estabais hablando sobre mí? - preguntó Draco, impasible - Porque he oído un poco de vuestra conversación y más bien parecía que estabais hablando sobre Harry. Se ha decidido a hacer algo estúpido de nuevo, ¿verdad?

- Sí, y es culpa tuya - dijo Ron, bastante irrazonablemente.

- ¿Culpa mía? ¿Por qué es culpa mía?

- Es todo este asunto... - Ron hizo un gesto que abarcaba todo lo que le rodeaba - esto Magid. No puede soportar que tus poderes funcionen y los suyos todavía no, ¿vale? Ha estado haciendo todo lo posible para intentar obligarles a activarse. Me pidió que le tirara de su escoba...

- ¿Que hizo qué? - inquirió Hermione.

- Ya me has oído - dijo Ron -. Y ha estado leyendo sobre Magids y su historia, y ha estado hablando sobre la manera de varios Magids de conseguir sus poderes, y uno de ellos, creo que Rowena Ravenclaw, estuvo fuera durante una tormenta y le dio un rayo y...

Hermione saltó de su asiento.

- ¿Crees que ha ido a intentar que le golpee un rayo?

- Ni siquiera Harry es tan imbécil - comentó Draco.

- No normalmente - asintió Ron -, pero últimamente no ha sido él mismo. Es culpa tuya - dijo, girándose hacia Hermione - por ir por ahí con Malfoy, siempre con besitos y más besitos...

- No ha habido besitos - protestó Hermione, molesta por esta injusticia -, ¿o sí? - añadió, volviéndose hacia Draco.

- Por desgracia no - asintió él.

Ron no parecía convencido.

- ¿Me estás diciendo que Harry se ha ido en medio de una tormenta para intentar activar sus poderes Magid y así poder hacer algo respecto a Draco y a mí? - demandó Hermione con incredulidad.

- Él te añora mucho, Hermione - dijo Ron.

- Y nada dice “te quiero” como reducirte a ti mismo a una pila de cenizas humeantes - añadió Draco.

Hermione se giró hacia él hecha una furia.

- ¡No estás ayudando!

- Mira - dijo Draco, sorprendido por su vehemencia -, no SABEMOS qué es lo que ha ido a hacer, ¿verdad?

- Bueno, ¿qué otra cosa podría ser? - dijo Hermione, ahora al borde de las lágrimas. Se levantó y empezó a buscar su varita por sus bolsillos - Voy a buscarle - declaró -. Vosotros dos podéis hacer lo que queráis.

La chica encontró su varita y se dirigió hacia el retrato. Draco la siguió.

- Voy contigo - dijo.

Ron negó con la cabeza.

- Yo me voy a quedar aquí, por si vuelve - dijo.

- De acuerdo - dijo Hermione a los dos chicos, comenzando a correr hacia el vestíbulo. Draco, cuyas piernas eran mucho más largas que las de la chica, apenas tuvo que correr para mantenerse a su altura.

- Hermione - dijo, según doblaban una esquina -, cálmate, ¿quieres?

- Tú no lo entiendes - respondió ella -. Todo esto es culpa mía.



***.



Corrieron por las escaleras y pasaron por las puertas exteriores del castillo.

Y se encontraron directamente con Harry.

El chico estaba completamente mojado, su camisa y sus pantalones se le pegaban a la piel y su cabello colgaba en goteantes mechones negros sobre su frente, pero por lo demás parecía en perfecto estado. Llevaba las túnicas del colegio por encima del uniforme de quidditch. Y tenía a un mojado Crookshanks entre sus brazos.

- Harry - dijo Hermione, prácticamente llorando -, ¿estás bien? ¿Estás bien?

Harry les miró sin comprender.

- Estoy bien - le dijo -. Tu gato se las arregló para engancharse en una tubería. Le oí maullar cuando volvía del entrenamiento, así que fui a sacarle de allí.

Crookshanks se movió entre los brazos de Harry, haciendo algo que se parecía a un ronroneo... un tanto empapado.

- Está demasiado gordo - dijo Harry desapasionadamente -. Deberías darle de comer un poco menos.

Un trueno rugió por encima de sus cabezas, y un montón de lluvia pareció amenazar con caer sobre ellos. Crookshanks parecía ansioso.

- Deberíamos entrar - dijo Draco, empezando a subir los escalones. Hermione le siguió y, más lentamente, Harry.

Una vez que estuvieron dentro, Crookshanks se liberó de Harry, aterrizó en el suelo y se alejó corriendo para secarse. Hermione y Draco, ninguno de los cuales estaban tan mojados como Harry, se estremecieron. Y Harry se limitó a quedarse allí de pie, mientras un charco cada vez más grande de agua caía de sus empapadas ropas y zapatos.

- ¿Por qué habéis venido a perseguirme de esa manera? - dijo, en una voz sin entonación - ¿Y por qué me habéis estado preguntando si yo estaba bien?

- Esto... - ahora Hermione se sentía muy estúpida -. Deberíamos volver a la torre Gryffindor, Harry, estás empapado...

Harry entrecerró los ojos, pero empezó a subir las escaleras. Ellos le siguieron.

- Eso no es una respuesta - dijo él, girando una esquina.

- Hermione pensó que habías salido para que te diera un rayo - dijo Draco secamente - para conseguir que tus poderes Magid empezaran a funcionar. Le dije que te dejara, pero ella se empeñó en ir detrás de ti.

Harry se detuvo y miró a la chica.

- ¿Qué me diera un rayo? - preguntó - ¿Qué clase de idiota crees que soy?

El carácter de la chica estalló.

- No lo sé, Harry - dijo secamente -. ¿El tipo de idiota que intenta que Ron le tire de su escoba?

- Ron tiene una boca demasiado grande - dijo Harry brevemente, antes de detenerse y quedarse mirando un punto con fijeza.

Hermione se giró para ver qué estaba mirando, y le vio contemplando una habitación medio en tinieblas a través de una puerta entreabierta, por la cual se podía ver el brillo de un cristal.

- No... - balbuceó Harry - No puede ser...

- ¿Qué? - preguntó Hermione, desconcertada, aunque Harry ya había pasado junto a ella y había abierto la puerta, caminando a través de ella.

Hermione y Draco, intercambiando miradas preocupadas, le siguieron.

Era una habitación que Hermione no recordaba haber visto antes. Grande y pobremente iluminada, una pared estaba completamente cubierta de ventanas, que ahora mostraban la tormentosa semi oscuridad del exterior. En la otra pared colgaba el objeto que había producido el brillo que Hermione había visto. Era un espejo redondo, con bordes de madera. Era muy plano, y aún así parecía producir un brillo en la débil luz.

Harry caminó hasta él, y lo miró como si contuviera todos los secretos del universo. El agua goteaba de su cabello, sus pantalones y el empapado borde de sus túnicas, pero él no se daba cuenta.

- ¿Harry? - dijo Hermione con incertidumbre, caminando hasta detrás de él.

El chico no se giró, y ni siquiera pareció advertir que ella se acercara.

- Harry - repitió ella -, ¿qué estás mirando?

- A nosotros - respondió él -. A ti y a mí.

Hermione miró hacia el espejo y se vio a ella y a Harry devolviéndole la mirada.

- También lo veo yo - dijo -. Venga, Harry. Es sólo un espejo.

- No es... - empezó él indignado, antes de girarse a mirarla. Sus ojos estaban completamente abiertos - ¿Qué dices que has visto?

- A ti y a mí - respondió ella, preguntándose de qué iba el asunto -. Aquí estamos - dijo, señalando hacia el espejo.

Y se estremeció. Había algo en ese reflejo suyo y de Harry... algo extraño.

- ¿Qué tal ahora? - dijo Harry, apartándose de ella más o menos un metro y medio - ¿Qué es lo que ves?

La chica volvió a mirar el espejo y su corazón dio un salto.

- Sigo viéndonos a ti y a mí - dijo, con la voz temblorosa -. Sólo que, Harry... en el espejo estás seco. Y tienes... - se detuvo, girándose hacia él - ¿Qué tipo de espejo es éste?

- Lee la inscripción - replicó Harry, que parecía atónito pero no tan triste como antes.

Hermione la leyó. Oesed lenoz aro cut edon isara cut se onotse.

Ya que Hermione era bastante más brillante de mente que Harry, sólo necesitó un momento para darse cuenta de que la inscripción estaba escrita al revés.

Esto no es tu cara sino de tu corazón el deseo.

- Me hablaste de este espejo - dijo lentamente -. Años atrás... te muestra a tu familia, Harry...

- Solía hacerlo - replicó él -. Y aún los veo... sólo que nos veo a nosotros en primer plano. Supongo - dijo - que el deseo del corazón de una persona puede cambiar.

Estaba muy pálido, pero la estaba mirando, la miraba de verdad, de una manera en la que no la había mirado durante días.

Detrás de él, Hermione vio a Draco cruzar la habitación hacia la puerta y salir. Su corazón dio un vuelco. Pero ella no podía marcharse. Allí estaba su vida, justo en esa habitación.

La puerta se cerró detrás de él, y ella se volvió hacia Harry.

- El espejo te muestra lo que deseas - dijo lentamente.

Harry asintió.

- ¿Pero no te dijo Dumbledore que casi todo el mundo desea lo que es peor para él?

- Casi todo el mundo - dijo Harry -. No todo el mundo - la miró fijamente -. ¿Tú me quieres? - preguntó.

- Claro que te quiero - respondió ella -. En toda mi vida no he querido a nadie como te quiero a ti. Pero me asustas, Harry. Me puedes hacer daño muy fácilmente. Por eso es por lo que me gusta estar con Draco. Él no querría hacerme daño y, de todas maneras, no podría.

Harry dio media vuelta, se alejó unos cuantos pasos de ella y volvió a mirarla de nuevo.

- Es curioso - comentó -, pero ayer estuve hablando con Malfoy, y me di cuenta de algo. Me di cuenta de que te debía una disculpa.

Ella se quedó mirándole. Estaba tan pálido que sus ojos parecían el único color en su blanco rostro.

- Lo siento - dijo él -. Siento no haberte dicho nunca que te quería. Siento haber esperado a poder perderte antes de hacer nada. Siento haberte mentido cuando me preguntaste si te quería- Pero nunca pensé en nada así. Siempre has sido una parte de mí, como mis ojos o mis manos. Tú no vas por ahí pensando “amo mis ojos, amo mis manos”, ¿verdad? Pero piensa cómo sería vivir sin ellos - su voz tembló -. No soy como Malfoy. No soy capaz de hacer bonitos discursos. Pero sé lo que quiero.

Hermione se quedó mirándole. No podía decir nada. No podía ni siquiera pensar en nada.

- Quiero que seas feliz - terminó él lentamente -. Y si yo no puedo hacerte feliz, entonces deberías estar con la persona que lo hiciera.

La miró. Harry. A quien siempre había querido, no porque fuera valiente, aunque lo era, o inteligente, que también lo era, o un buen bailarín (cosa que no era), sino porque era bueno, con ese tipo de bondad tan raro entre la gente, y entre los chicos adolescentes... esa bondad que no solo ofrece, sino que también da.

- Él te quiere de verdad - le dijo -. No como yo, pero...

Se detuvo, dio media vuelta y caminó hacia la puerta. Iba a marcharse, la chica lo sabía, porque una vez que su mente había decidido hacer algo lo hacía. Y cuando decía algo, lo decía de verdad. Y luego ella pensó en lo que había dicho, y en lo que sería vivir el resto de su vida sin él a su lado.

- Harry - dijo, apartándose de la pared y dando un paso hacia él -. Vuelve, por favor.

Él se giró. Ella no podía ver su rostro, pues estaba en la oscuridad. Sólo podía ver la fantasmal blancura de su camisa y la palidez de su piel.

- Por favor, vuelve - repitió.

Él volvió, y se detuvo frente a ella, mirándola. Y luego puso las manos sobre sus hombros, las manos de Harry, y la besó. Y cuando ella le rodeó con sus brazos, él estaba empapado y el agua traspasó sus ropas, y la piel de él estaba tan fría como el hielo, pero sus manos, al tocarla, eran ardientes. Sabía a agua de lluvia y a lágrimas.

La chica cayó contra la pared, todavía besándole. Sus manos temblaban y había un murmullo en sus oídos que fue subiendo de volumen hasta convertirse en una música... la música más bonita que oyera nunca.

Se apartó de Harry, atónita, y vio por la expresión de su rostro que él también la oía.

- ¿Qué es eso? - preguntó ella.

- La canción del fénix - respondió él, igualmente asombrado.

- ¿De dónde viene? - inquirió Hermione, medio girándose a mirar a su alrededor. Era difícil ver algo a través de la nieve que caía.

- Oh... - dijo Harry, con aspecto tímido -. De mí, creo.

- Harry - dijo ella entonces, con una voz mortalmente débil -, está nevando.

- Lo sé - replicó él, todavía más tímido.

- ¿Dentro? ¿En junio?

- Bueno - comentó Harry, ahora con las orejas un tanto sonrosadas -, Dumbledore dijo que una “emoción fuerte” podría activar mis poderes Magid.

- ¿Están funcionando?

- Sí - dijo él, con aspecto asombrado pero feliz -. Lo siento. Es como si se encendiera una luz. Supongo que no sé exactamente cómo...

- ¿Controlarlos? - preguntó ella, sonriendo, según caían unas cuantas crías de lechuza del techo, ululando.

- Sí - contestó él, devolviéndole la sonrisa.

- No sabía que te gustaran tanto las lechuzas - dijo ella, según caían unas cuantas más del cielo.

- Bésame de nuevo - sugirió él -. Quizás consigamos canarios.

- Harry - dijo ella, besándole de nuevo -, ¿sabes que está nevando... en azul?

- Me gusta el azul - comentó Harry -. Es mi color favorito.

- ¿Nieve azul?

- ¿Por qué no nieve azul?

- Siempre has dicho que pensabas que la nieve era romántica - dijo Hermione, riendo por lo bajo.

- Pues puedes estar contenta de que yo no sea Hagrid - dijo Harry, acercándola para besarla de nuevo -. O estarían lloviendo Escregutos de Cola Explosiva.



***.



- Tengo que ir a hablar con Draco - dijo ella, algún tiempo después, cuando hubieron dejado la sala del espejo y volvían a caminar por los pasillos. Los zapatos mojados de Harry salpicaban agua a cada paso, pero aún así el chico parecía enormemente complacido con el mundo y todo lo que había en él.

- Lo sé - asintió él -. Yo también debería hablar con él.

- Pero yo debería ir primero - dijo ella.

- De acuerdo - accedió él, soltando su mano -. Pero no decidas que después de todo a quien quieres de verdad es a él - añadió, previniéndola -. No creo que pudiera soportarlo.

- Si tengo alguna duda siempre puedo volver al espejo - dijo ella bromeando, volviendo por el pasillo -. Si puedo encontrarlo de nuevo, claro.

- No me pongas a prueba, Hermione - comentó él -. Tengo nieve azul por toda mi camisa y plumas de lechuza en el pelo. Estoy enfadado.

Pero estaba sonriendo. Ella le lanzó un beso y se dirigió al vestíbulo. Tan pronto como desapareció de la vista de Harry detuvo su paso y sacó el encantamiento Epicíclico de su camisa. Esto, lo sabía, era hacer trampas, pero quería encontrar a Draco y no podía imaginar dónde estaba.

Se concentró, pensando intensamente en Draco, imaginándoselo tan claramente como le era posible... su rostro familiar, sus ojos claros y sus cabellos plateados, y su curiosa y ambigua sonrisa... y el encantamiento se movió suavemente. La chica avanzó un paso y el encantamiento se movió de nuevo.

Siguiendo los movimientos, Hermione salió del castillo y bajó al lago. Había dejado de llover, pero todo seguía muy mojado. Siguió los movimientos hasta el pequeño bosquecillo de árboles donde Draco había hecho crecer la rosa negra dos días antes.

Draco estaba allí, de pie, con la espalda contra un árbol, mirando hacia el lago. Las gotas de lluvia que habían sido detenida por hojas y ramas formaban una especie de brillante jaula de plata a su alrededor.

La chica se acercó a él por su espalda y apoyó suavemente una mano en su brazo.

- Eh - le saludó.

- Él no se giró.

- No tienes que decírmelo - comentó -. Ya lo sé.

- Draco - dijo ella.

Ahora él se giró y la miró. Su expresión era ilegible. Si no hubiera llegado a conocerle bien, a Hermione nunca se le hubiera ocurrido pensar que estuviera molesto.

- Resulta - dijo él en tono comedido - que todavía puedo sentir un poco de lo que siente Harry, si es que siente algo con mucha fuerza.

- Oh - dijo ella, sintiendo que se sonrojaba -. Lo siento...

- No lo sientas - replicó él -. Siempre he sabido que esto ocurriría. Lo he estado ignorando, pero siempre lo he sabido - intentó esbozar una sonrisa, no lo consiguió y se encogió de hombros -. ¿Te acuerdas de esa vez, en el armario de la Mansión?

- Claro que me acuerdo - respondió Hermione.

- Bueno, no dejaste de decir “Harry, Harry, Harry” todo el tiempo.

- ¿Que hice qué? - ahora podía sentir que su cara ardía - ¿Y por qué no dijiste nada?

Draco se encogió de hombros de nuevo.

- Tengo dieciséis años - dijo -. No voy a detener una sesión como esa sólo por un pequeño detalle así, ¿no?

Hermione se cubrió la cara con las manos.

- Estoy tan avergonzada...

- No lo estés - dijo él -. Siempre has sido sincera. Nunca has dicho que no quisieras a Harry. Si estuviera en tú lugar, también le querría a él en lugar de a mí - frunció el ceño -. ¿Pero qué estoy diciendo? No, no lo estaría. Yo soy mil veces mejor que él. Estás loca, Hermione.

- Pero si yo te quiero - protestó ella.

Él se quedó callado durante un segundo. Luego dijo:

- Sí, lo sé. Igual que... que quieres a Ron.

Ella negó con la cabeza.

- Eso es diferente. Nunca he sentido por nadie lo que diento por ti. No puedo explicarlo. Pero eres importante para mí. Esté o no con Harry, no quiero dejarte nunca. Todavía quiero verte, y que vengas de visita este verano - sonrió temblorosamente -. Y ponerme celosa de la cantidad de novias que tendrás cuando la gente descubra que, después de todo, tú y yo no estamos juntos.

- ¿Y a Harry no le importará?

- No. Extrañamente, está bastante orgulloso de ti - dijo ella, consciente de que era verdad -. Creo que te echaría de menos si desaparecieras.

- Yo también le echaría de menos, creo - dijo Draco -. Añoraría todos esos “¡Cállate, Malfoy!”. Me he acostumbrado a ellos. Crabbe y Goyle nunca me dicen que me calle. Es refrescante.

- Creo que podemos confiar en que Harry te diga que te calles de manera regular - comentó Hermione.

Draco la miraba con una curiosa sonrisa en el rostro.

- Así que... - preguntó - a partir de ahora, podemos decir que lo tuyo y de Harry es... ¿oficial?

- ¿Oficial? - repitió Hermione, asombrada - No hemos hablado sobre eso, la verdad, pero...

El chico le cogió la mano y la giró para poder ver su reloj.

- Falta un minuto para las tres - dijo -. Digamos que tu relación con Harry comienza a las tres en punto, ¿de acuerdo?

- ¿Lo que nos da un minuto para qué, exactamente? - preguntó ella.

El chico negó con la cabeza y dijo:

- Hermione. Estás perdiendo el tiempo.

Luego, todavía apoyado contra el árbol, la empujó hacia él por la mano que todavía sujetaba su muñeca. Sorprendida, la chica tropezó y cayó contra él. Y él la besó.

Más tarde, Hermione pensaría que él había puesto todo lo que tenía en ese beso, cada gramo de sentimiento por ella, cada último vestigio de pasión y cada hilo de amor frustrado. Como si hubiera intentado quemar aquello que sentía por ella, exorcizarlo, acabar con ello.

En ese momento, sin embargo, ella sólo fue consciente de que le temblaban las rodillas y de que había un sonido rugiente en sus oídos, como si alguien estuviera sosteniendo conchas de mar junto a ellos. Cerró los ojos y vio la danza de unos rayos a través de sus párpados. Se preguntó si era posible que fuera la única chica que hubiera besado a dos Magids en un solo día. Luego se preguntó si era posible que eso fuera mortal.

Draco la soltó, y el mundo volvió a centrarse.

- Las tres en punto, Granger - dijo él, dejando caer su mano.

- Vaya - dijo ella débilmente, alzando la mirada hacia él.

El chico la estaba mirando, de nuevo con esa sonrisa curiosa en los labios, medio de diversión y medio de tristeza. Sabía que acababa de demostrarle sus verdaderos sentimientos. Y sabía que nunca, jamás, volvería a hacerlo.

Él le dirigió una media sonrisa.

- ¿Y bien?

- Eso ha sido... sorprendente - dijo ella en un tono de voz bastante débil.

- ¿Y?

- Y su vuelves a intentarlo, te pegaré una torta.

La media sonrisa de él se amplió, convirtiéndose en una sonrisa completa.

- Te encanta pegarme, ¿verdad, Granger? - dijo - Puede que quieras centrarte más en eso.

Ella le devolvió la sonrisa.

- Cállate, Malfoy - dijo.



***.



- ¿Y qué dijo Ron? - preguntó Hermione con curiosidad.

- Dijo que ya era hora, y luego hizo un comentario maleducado que no voy a repetir. Luego dijo que ya me lo había dicho.

- ¿Y qué le dijiste tú entonces? - pidió Hermione, con unas risitas.

- Convertí su escoba en un caracol con sólo señalarla.

- ¿De verdad?

- Bueno, lo que quería era convertirla en una rana - admitió Harry -. Y Pigwidgeon se comió al caracol, así que ahora debo una escoba a Ron. Este rollo Magid causa muchos problemas, la verdad.

Hermione se rió, y alcanzó una manzana. Qué diferencia tan grande en sólo veinticuatro horas, pensó. Ayer llovía y ella se sentía miserable, y ahora... Estaban comiendo junto al lago, ya que el cielo se había aclarado completamente y era un maravilloso día de junio. Harry estaba sentado con la espalda contra una roca, y ella estaba apoyada contra sus rodillas.

- Pero no te gustaría no ser un Magid, ¿no? - le preguntó.

- No creo - respondió Harry, que estaba jugando perezosamente con un mechón del cabello de ella, estirando el rizo y luego soltándolo para que se curvara de nuevo -. He hablado con Dumbledore, que me ha dicho que hay un programa tipo educativo para Magids sin entrenamiento, en Irlanda, y que si quiero ir este verano, puedo ir.

- ¿Y quieres? - preguntó ella, girándose a mirarle.

- Bueno, no estarán los Dursley. Y sólo serán dos meses, así que podría ir a verte en agosto.

- Sabes que a pesar de todo Draco va a venir a visitarme, ¿verdad?

- Sí, lo sé - replicó Harry -. Podemos ir todos juntos. Ir a la playa. Reírnos de que Malfoy no se broncea.

- ¡Eh!

Los dos se giraron, y vieron a Malfoy corriendo hacia ellos a lo lardo de todo el perímetro del lago. Se detuvo derrapando una vez que hubo llegado a su altura y se quedó de pie, con las manos en las rodillas, intentando contener el aliento.

- Harry... - jadeó.

Hermione le miró con curiosidad.

- ¿Has venido corriendo hasta aquí?

Él asintió.

- ¿Por qué?

- Tenía que hablar contigo - jadeó, mirando a Harry. Si ver a Harry y a Hermione juntos era algo que le molestaba, no lo demostró. Uno de sus múltiples talentos -. Potter... - y Draco le tendió un sobre - Acabo de recibir una lechuza con esto.

Tanto Hermione como Harry se levantaron, y Harry cogió el sobre de Draco. Lo abrió, leyó la carta y de pronto se puso muy pálido.

- ¿Harry? - dijo Hermione, alarmada - ¿Son malas noticias?

Sin decir nada, el chico le tendió la carta. Era de Sirius.



“Harry y Draco:

He decidido dirigiros esta carta a los dos, ya que este tema os concierne por igual. Quería escribiros para decir dos cosas. Primera, mi petición de adoptar legalmente a Harry ha sido aceptada, y debería estar finalizada en los próximos meses. Estoy muy contento respecto a esto, y espero que tú, Harry, también lo estés. Segundo, como Draco probablemente ya sabe, Narcisa y yo hemos estado hablando, y hemos planeado casarnos en agosto, tan pronto como ella se divorcie de Lucius. También estoy muy contento respecto a ese tema, y espero que vosotros lo estéis igualmente...”



- ¿Qué es lo que quiere decir, lo que tu ya sabes, Draco? - preguntó la chica, asombrada, bajando la carta.

- Esa carta llegó con una de mi madre, que sólo estaba dirigida a mí - contestó Draco, que parecía atónito -. Decía básicamente lo mismo. No puedo creerlo - añadió, moviendo la cabeza -. ¡No puedo creerlo!

- Así que eso es lo que quería decirme el otro día en la sala común - dijo Harry, con el mismo aspecto atónito.

- ¡Sirius! - exclamó Draco - ¡Ese perro astuto! ¡Y literalmente!

- Bueno, ya me imaginé que esto pasaría - dijo Hermione, que ahora estaba sonrojada por el esfuerzo que hacía al no reírse de sus expresiones atontadas -, ¿vosotros no?

- No - dijeron Harry y Draco al unísono, negando con la cabeza.

- Sabéis que quiere decir esto, ¿verdad? - comentó ella, señalando la carta - Si se casan, y si Sirius adopta a Harry, vosotros dos seréis...

- Hermanos - dijo Harry, contemplando horrorizado a Draco.

Draco le devolvió la mirada con la boca abierta.

Hermione no pudo contenerse más tiempo.

- ¡Hermanos! ¡Vosotros dos! - estalló en una carcajada - ¡Vuestras expresiones! - rió - ¡Oh! ¡Las expresiones de vuestras caras!

Harry la miró furioso.

- ¡Hermione!

- ¡No puedo evitarlo! - dijo ella entre risas - ¡Es demasiado gracioso!

Y ahora Draco también había empezado a reír. Harry nunca le había visto reír así... no como burlándose, sino riéndose de verdad. Se había sentado en el suelo, con la cara entre las manos, y gritaba de la risa. Lentamente, Harry empezó a sonreír, y luego, mirando que Hermione se inclinaba y se apretaba el estómago con las manos, empezó a reír también.

El sonido de sus risas, alzándose poco a poco, pasó por encima del lago y los terrenos de Hogwarts y subió hasta el castillo, en la lejanía.


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Bueno esta es la segunda parte del capitulo 11, y tambien el ultimo capitulo de la primera instalacion de la Trilogia de Draco, Draco Dormiens. Pronto subire los dos capis que se tienen traducidos hasta el momento de Draco Sinister, la segunda instalacion de esta Trilogia. Bueno para los proximos capitulos (del tres en adelante) Estoy trabajando con una chica llamada Vectra, pero necesitamos mas ayudantes, si alguien se anima por favor contesten a este post diciendo que quieren ayudar o mandemen un email, que con mucho gusto seran recibidos ya que cualquier ayuda es bienvenida.

Por otra parte quiero agradecer a Estela(pirate_bitch) por traducir esta primera parte, sin su invaluable ayuda posiblemente nunca hubiera nacido este proyecto, Asi que Estela muchas, pero muchisimas gracias por todo lo que has hecho por este trabajo, sabes que seras bienvenida cuando quieras.

Bueno eso es todo, dentro de poco se subira los primeros dos capis de DS. Solo esperemos que la segunda parte de DV14 o DV15 venga rapido ya que nos estamos muriendo de la curiosidad.
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